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La leyenda viva de Los Tigres del Norte

Su líder, Jorge Hernández, hace un recorrido por la carrera de la legendaria banda.

Los Tigres del Norte

AP

Los Tigres del Norte, la banda más representativa de la música norteña, ha grabado 578 canciones en su carrera musical.

Dentro de la música norteña, Los Tigres del Norte son amos y señores. Dueños de una discografía prodigiosa que incluye docenas de éxitos, el grupo formado en Sinaloa en 1968 y radicado hace décadas en el norte de California, ha vendido más de 30 millones de sus discos. También ha ganado seis premios Grammy, seis Latin Grammy y, desde el año pasado, cuenta con su propia estrella en el Hollywood Walk of Fame.

AARP en español habló con Jorge Hernández, líder y, junto a varios de sus hermanos, fundador de la banda, que se encuentra actualmente de gira por Estados Unidos.

¿Cuál es el primer recuerdo que tiene de escuchar música mexicana?

Me voy a remontar a la época de las victrolas con megáfonos. En mi rancho tenían una y así escuchábamos canciones mexicanas desde que yo era niño. Justamente la bocina del premio Grammy me recuerda esos momentos.

¿Y de México —un país infinitamente mágico— cuáles son sus memorias?

El sabor de las tortillas, de las comidas. Todo lo que me tocó vivir allá: el campo, la sierra, el arroyo que corría por mi tierra. Son cosas maravillosas que tengo en mi mente. Esos sabores y olores que añoramos cuando estamos en otro país, por más cercano que esté geográficamente.

La canción Contrabando y traición, de 1974, significó un cambio fundamental para la música norteña...

Sí, ese tema fue muy valioso para Los Tigres. Todos dicen que es un corrido, pero para mí es una balada que habla del amor entre un hombre y una mujer: Emilio Varela y Camelia [la Texana]. Él la traiciona y ella decide matarlo. Hasta el día de hoy, esos dos personajes viven en la gente. Es inexplicable cómo las canciones penetran nuestra mente y nos llegan a conquistar.

En ese momento, ¿ustedes sabían que estaban cambiando el rumbo de la música mexicana?

No, porque cuando la grabamos, mis hermanos y yo éramos muy niños y no teníamos idea del efecto que tendría. Tampoco estábamos acostumbrados a interpretar ese tipo de canción. Inicialmente la letra mencionaba la palabra marihuana y nosotros nos sentíamos incómodos. Decidimos cambiarla y cantar “repletas de hierba mala”. [risas]

De toda su discografía, mi momento favorito es Jefe de jefes, de 1997. Un álbum doble que parece una novela llena de historias fascinantes. ¿Cómo hicieron para crear un disco tan redondo?

Buscábamos un título muy fuerte con el que se pudiera identificar el público. Un día llegué al hotel Fiesta Americana en la capital de México. Había un niño que me gritaba: ‘Jefe, jefe’. Era el ‘bolero’, el que limpiaba los zapatos, y me gritaba para que lo contratara. Me quedé pensando que a todos nos gusta que en algún momento nos llamen ‘jefe’. Le conté esto al compositor Teodoro Bello cuando lo fui a buscar al aeropuerto para trabajar en el disco nuevo. Cuando llegamos al estudio, teníamos la primera canción terminada. Ahí decidimos hacer un disco de corridos con historias. Ensayamos entre 30 y 40 canciones y por eso decidimos sacar disco doble. Para filmar un video, queríamos ir a un lugar donde nadie hubiera podido entrar. Como vivimos en San José, pedimos un permiso especial y filmamos en [la famosa prisión] Alcatraz.

Ver a Los Tigres en vivo es una experiencia distinta a un concierto convencional. Ustedes tocan por horas y horas, para así complacer todos los pedidos del público. ¿Cómo surgió este concepto del recital eterno?

Cuando empezamos a trabajar en esto, me di cuenta que hay compañeros que no se comunican con la gente, nomás se paran ahí y les da igual cuál sea la reacción del otro lado. Le dije a mis hermanos, ‘Vamos a hacer un intercambio, a ver qué piensa el público. Que nos manden sus papelitos, sus peticiones’. Así fuimos dándoles a entender que necesitábamos información. Lo importante es saber qué es lo que quiere la gente, no lo que nosotros queremos cantar. Esto ha creado un vínculo entre ambos que es muy valioso para nosotros. Creemos que es la única manera de sentir que somos parte de la vida de nuestro público.

¿Cuántas canciones tienen actualmente en su repertorio de conciertos?

Afortunadamente, son pocas las canciones que hemos grabado que no recordamos. La gran mayoría las aprendimos de memoria y constantemente damos una revisada para refrescar la mente. De repente, a veces se nos escapa una que otra. En total hemos grabado 578 canciones, y yo diría que recordamos unas 500.

Hasta Los Beatles tuvieron que terminar un día. ¿Cómo se imagina el último rugido de Los Tigres?

Uno siempre reflexiona positivamente. Afortunadamente, estamos muy bien de salud, pero uno nunca sabe. No sabemos lo que el destino nos tenga preparado. Cuando las cualidades artísticas no nos permitan seguir, quisiéramos retirarnos bien con una última despedida. Hasta ahorita, estamos tranquilos.

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