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Gato Barbieri: Saxofonista por excelencia

El músico argentino nos lleva en un recorrido por su ilustre carrera

Gato Barbieri

Reuters

Gato Barbieri

Nota del editor: El famoso saxofonista Leandro “Gato" Barbieri falleció el sábado, 2 de abril, en la ciudad de Nueva York. Tenía 83 años. 

En el 2015, el Premio a la Excelencia Musical de los Latin Grammy se le otorgó al compositor argentino Gato Barbieri, uno de los músicos más merecedores de un homenaje a su extensa trayectoria, a lo largo de la cual creó un puente entre la música latina y un público internacional.

Enamorado del jazz desde sus años formativos en la ciudad de Rosario, Barbieri se formó tocando junto a grandes figuras del jazz estadounidense durante la década de los 60. Pero su corazón nunca abandonó la sensibilidad de Latinoamérica. Cuando conoció la fama como solista y líder de su propia agrupación, vendió millones de discos forjando un lenguaje personal que se inspira en el tango, las cadencias brasileñas, los sonidos de los Andes y el folklore sudamericano.

Durante los últimos años, Barbieri, que el 28 de noviembre cumple 83 años, ha sufrido varias complicaciones de salud. Desde su casa en Nueva York, el músico habló con notable sinceridad sobre esta nueva etapa de su vida, ya lejos de la juventud pero repleta de aceptación y esperanza.

Hace poco, se presentó en el club Blue Note de Nueva York y se vendieron todas las entradas. ¿Cómo se siente ser una leyenda del jazz a los 80 y tantos años?

Cuando toco acá en el Blue Note, viene gente de Rusia, de Europa, de todos lados, porque la gente se identifica con lo que ha hecho Gato.

Ahora, estoy un poco enfermo y se me hace difícil caminar. Eso no me gusta. Tengo que hacer ejercicios y cosas por el estilo. Voy a cumplir 83 años y es necesario hacer estas cosas que me ponen de un humor horrendo [risas].

La vida es así, tiene cosas lindas y feas, y tienes que seguir andando, andando, andando…  Es como un tango. Si le prestas atención, el tango habla sobre cosas hermosas: la gente, los hermanos, los amores, los detalles dulces de la existencia. Hasta el día de hoy, hay algunos temas de tango que me parecen increíbles.

¿Qué recuerdos atesora de los comienzos de su carrera?

Cuando empecé a tocar con la orquesta Casablanca, a los 17. Tocábamos música bebop, que para mí era algo increíble. Nos presentábamos en los carnavales en las provincias de la Argentina. También tengo lindos recuerdos de tocar en Europa con el trompetista Don Cherry, porque aprendí tanto. Él nunca decía nada; no nos hablaba ni explicaba nada de la música que íbamos a interpretar. Cuando tocábamos juntos, se improvisaba, y además nunca paraba de cambiar sus composiciones. Era algo estupendo.

Y después, en 1972, llegó la música de Last Tango in Paris, que le otorgó la fama internacional. ¿Cómo fue escribir la banda sonora de una película tan polémica?

Fue una cosa mágica, porque Bernardo [el director italiano Bernardo Bertolucci] es un tipo increíble, un director de un talento formidable. Yo me sentía bien de ánimo, pero no fue un trabajo fácil porque en la película había 50 momentos que necesitaban música. Me acuerdo que subimos un piano a la casa de Pepito Pignatelli [dueño de un legendario club de jazz en Roma], que quedaba en un quinto piso. Hacer algo así hace 50 años no era nada fácil, pero cuando lo grabamos, fue una cosa hermosa. A veces las cosas difíciles son las más lindas.

¿Y ese tema principal, inolvidable, que se repite a través de la película, cómo surgió?

Bernardo me llamó y me pidió que le presentara varias melodías, y que fueran lo más hermosas posibles. Justo habíamos ido a Italia para tocar unos conciertos, y nos encontramos con Bernardo. Le toqué tres o cuatro temas, y enseguida eligió uno y dijo: “Este es el tema de El último tango en París”.

¿Cuál cree que ha sido el secreto de su éxito?

Desde 1970 en adelante, grabé unos 45 discos. Son muchos. Era un tipo que siempre estaba haciendo algo, para mí ese estilo de vida fue una gran satisfacción. En cuanto al saxo, nunca supe mucho sobre acordes. Yo invento mis propios acordes, les pongo una cosa arriba... y basta. Es difícil explicar por qué tomé las decisiones artísticas que tomé. Quería hacer un poco de todo, tocar una chacarera argentina, o grabar con un cantante italiano como Antonello Venditti [la exitosa balada “Modena”, en 1979]. Siempre elegí tocar música de muchos países distintos, y la gente se identifica con eso.

Indudablemente, usted ha vivido una vida privilegiada...

Sí, de una cierta manera, sí. Michelle [su primera esposa, que falleció en 1995] me ayudó muchísimo. Siempre la tengo en el corazón, porque era increíble. Sabía de cine, arte, tantas cosas. En ese sentido, aprendí mucho de ella. Y ahora estoy viviendo con Laura, mi mujer, que es una gran persona. Ella me ha dado mi único hijo, que ahora tiene 17 años. Es alto y muy inteligente, aunque un poco perezoso, como lo era yo mismo a su edad. Debe ser hereditario [risas].

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