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‘The Hummingbird Project’: Carrera contra el tiempo Skip to content
 

‘The Hummingbird Project’: Carrera contra el tiempo

Salma Hayek hace de villana en esta película de intriga digital.

DIRECTOR: Kim Ngueyen
GUION: Kim Ngueyen
ELENCO: Jesse Eisenberg, Alexander Skarsgård, Salma Hayek, Michael Mando y Frank Schorpion
DURACIÓN: 111 minutos

Ya no son montañas peligrosas como la Sierra Madre las que tienen que desafiar personajes desesperados por encontrar oro, ni son machos temerarios los que se aventuran. Los “héroes” en The Hummingbird Project son un par de nerds cuya única musculatura es su cerebro. Al contrario del clásico de John Huston El tesoro de la Sierra Madre (1948), la película del canadiense Kim Nguyen trata de trasladar esa misma situación dramática al presente, donde el nuevo material codiciado ni siquiera tiene cuerpo: es intangible. Lo que se persigue, en este caso, es información y la velocidad con la que se pueda transmitir a Wall Street. Los protagonistas buscan que sea un dieciseisavo de segundo, lo mismo que tarda el aleteo de un colibrí; de ahí el título.


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Dos primos de una humilde familia de inmigrantes rusos que sobrevivieron como plomeros, son una nueva generación de profesionales. Ambos trabajan en una compañía de valores en Nueva York. Vinny (Eisenberg) es corredor de bolsa y Anton, quien parece tener el síndrome de Asperger, es un genial físico. Vinny convence a Anton de que el proyecto en el que trabaja para la implacable dueña, Eva Torres (Hayek) se lo vendan mejorado a otra compañía. Anton es fácilmente manipulable y tiene una familia que mantener, así que la oferta de hacer mucho dinero es tentadora. Sobre Vinny no tenemos una clave de que lo mueve a arriesgarse a que Torres los descubra, excepto que recuerda con amargura sus tiempos trabajando como asistente de plomero con su papá para pagarse la universidad. Es irónico, y quizás intencional, que para conseguir su sueño millonario, Vinny tenga que seguir laborando en las entrañas de la tierra. Para lograr la velocidad que necesitan, es preciso que entierren a 10 pies el tubo que contiene la fibra óptica en el centro de Kansas (donde se ubica un importante mercado de valores) hasta un servidor en Nueva Jersey que usa Wall Street. Como concepto no está mal, el problema es que en lugar de inclinarse más por el lado metafórico y de la relación entre los personajes y cómo la avaricia los transforma, Nguyen intenta hacer una película de aventuras siguiendo los absolutamente aburridos y anti-dramáticos pormenores de las excavaciones y los cuartos de hotel llenos de computadoras donde se realiza la “acción”. La única amenaza que los persigue es Torres, pero no con la mejor de las Salmas —la “mujer fatal”—, sino una arpía que quiere frenar el proyecto para que no le haga competencia. El rol de Hayek es muy ingrato, pues es el de una villana acartonada. Lo peor es que le diseñaron un “look” que no le favorece nada (cabello blanco y raíces negras), como si quisieran evocar a Cruella de Vil o a Meryl Streep en The Devil Wears Prada.

Salma Hayek en una escena de la película The Hummingbird Project

Cortesía de The Orchard

Salma Hayek en una escena de la película ‘The Hummingbird Project’.

Por otro lado, la trama es inverosímil. Para empezar: ¿cómo convenció Vinny a un magnate de que invirtiera millones en su loca idea con una simple plática de unos cuantos minutos? Y más importante que el dinero, la verdadera dificultad esta en el “pequeño detalle” de que el tubo tiene que atravesar varios estados, cientos de miles de propiedades privadas, públicas, pantanos y hasta los montes Apalaches. ¿Cómo obtuvieron los permisos? Vinny va de casa en casa ofreciendo miles de dólares a confiados residentes para que les deje meter el tubo por debajo de sus propiedades, y ninguno le pone reparos hasta que se topan con una comunidad Amish. El representante se rehúsa a aceptar que se haga nada en sus terrenos. Vinny no se da cuenta de que tiene frente a sí a un grupo que representa la antítesis de lo que él busca. Los Amish le han dado la espalda a las tecnologías modernas tratando de preservar su cultura. Es aquí, en el último tercio, donde al fin entendemos hacia donde va (o quería ir) la película. The Hummingbird Project por fin empieza a volar y se detiene en la naturaleza que van destruyendo las máquinas para ganarle al tiempo. Irónicamente, esa misma naturaleza está destruyendo el cuerpo de uno de sus infractores.

El director debió decidirse, ya sea por una mejor elaborada cinta de aventuras e intriga corporativa, o por darle desde el planteamiento inicial el tono lírico que tiene el final de la película. Al final, lo que los protagonistas persiguen es tiempo y The Hummingbird Project nos muestra la ironía de perderlo en una empresa tan despiadada que te impide disfrutarlo. Mientras que antes las formas de riqueza eran tangibles, el capital en nuestros días no es más que una abstracción, un espejismo que puede durar lo mismo que el aleteo de un colibrí. Es una buena enseñanza. Lástima que, como ocurre en la vida, también llega demasiado tarde en el filme.

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