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'Sueño en otro idioma': Deseo inconfesable

La ganadora a mejor película de los premios Ariel 2018 es un triunfo visual.



DIRECTOR
: Ernesto Contreras
GUION: Carlos Contreras
ELENCO: Fernando Álvarez Rebeil, Eligio Meléndez, Manuel Poncelis, Fátima Molina, Norma Angélica, Mardonio Carballo, Juan Pablo de Santiago, Hoze Meléndez, Nicolasa Ortiz Monasterio y Mónica Miguel
FOTOGRAFÍA: Tonatiuh Martínez Valdez
DISEÑO DE ARTE: Bárbara Enríquez
MÚSICA ORIGINAL: Andrés Sánchez Maher
DURACIÓN: 100 minutos

El misterio que se le escapa al protagonista de Sueño en otro idioma se nos va revelando lentamente en un discurso visual que expresa lo que no se puede decir con palabras. El espacio geográfico del lugar donde se desarrolla la trama sirve también como una metáfora de los confines del lenguaje y la sociedad. La comunidad indígena a la que llega el lingüista para estudiar una lengua milenaria, está enclavada en una espesa selva mexicana junto al mar. Los tres escenarios en los que se mueven los personajes son espacios que limitan o permiten su actuar y que van de la aldea como rígida estructura social, a  la oscuridad de la tupida selva, hasta al espacio abierto del océano como símbolo ​de la naturaleza irreprimible del deseo. Es jugueteando entre las olas donde vemos por primera vez a los tres protagonistas; una imagen que, como veremos, pertenece al pasado.

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Escena de la película Sueño en otro idioma

Víctor Mendiola

Escena de la película 'Sueño en otro idioma'.

En el presente, Martín, un joven lingüista, llega a un pueblo para estudiar la lengua zikril que está a punto de desaparecer. El problema es que sus dos últimos hablantes, los ancianos Evaristo e Isauro, llevan cincuenta años de no hablarse. Martín considera indispensable que los dos se reconcilien para poder contrastar el lenguaje puro de Isauro, con el ya mezclado con el español de Evaristo, pero los ancianos se profesan un odio a muerte. Martín tiene que recurrir a Lluvia, la nieta de Evaristo (el más reacio), para que le ayude a convencerlo de que colabore. La guapa jovencita representa a una nueva generación que, en contraste a su abuelo, más bien está tratando de asirse de otra lengua, el inglés, para escapar de aquello que Martín insiste en rescatar e irse a buscar fortuna en Estados Unidos. Lluvia es la traductora, la intermediaria, que le narra a Martín la historia que separó a los amigos.

Los jóvenes que veíamos alegres en la primera secuencia en el mar eran Evaristo, Isauro y María, la razón de su pelea. María y Evaristo se hicieron pareja, y desde entonces Isauro, despechado, se fue a vivir a las afueras del pueblo y se convirtió en un ermitaño. Evaristo e Isauro eran amigos inseparables desde la infancia, pero la seducción de María, precisamente ese fatídico día, los alejó para siempre. Con extraordinaria economía de recursos, el director Ernesto Contreras nos revela, volviendo a esa crucial secuencia, un entramado de oposiciones. Isauro no habla español, por lo que asumimos un nivel socioeconómico inferior. María, asoleándose en medio de ellos en la playa, se burla de su hablar. Su tez blanca y su “moderno” bikini (como de los años 50), la ubican en el extremo opuesto. Evaristo, a pesar de sus rasgos indígenas, domina el castellano y ello denota un nivel quizás intermedio entre los otros dos: tal vez también por eso se entiende mejor con María.

Lluvia y Martín terminan enamorándose y la cercanía hace que ella le vaya confiando detalles más exactos sobre los eventos que llevaron a la ruptura de Evaristo e Isauro. De entrada, le dice que su misma abuela María se lo contó antes de morir con el propósito de que tratara de reconciliar a los amigos. Con sutileza, Contreras nos revela, a través de Lluvia, información al parecer irrelevante, pero que al irse acumulando presenta un panorama completo. La educación de Isauro, por ejemplo, estaba en manos de los curas, que a la par del español, le inculcaban valores cristianos. Evaristo y María también estaban expuestos a la religión y a sus prejuicios sexuales. Con la ayuda de Lluvia, Martín logra un primer acercamiento entre los dos ancianos y los graba en su primera charla. La conexión se da entre ellos de forma natural a través de esa lengua que solo ellos entienden. No se hace partícipe al espectador de su contenido y es ahí donde encontramos la clave principal de Sueño en otro idioma.

Además de que es un idioma inventado exclusivamente para la película, traducir el diálogo para nosotros sería traicionar el espíritu y último mensaje de la película: por un lado, solo Isauro y Evaristo pueden entenderse; lo ocurrido no es traducible a otros porque es una experiencia íntima y suya. Por el otro, como se verá en los siguientes acontecimientos, las heridas no son unas que se puedan restañar con las palabras. La charla entre ellos no lleva a una reconciliación; al contrario: el conflicto, tal como ocurrió 50 años atrás, es el mismo y trasciende la barrera del idioma. En todo caso, la comunicación sería el problema solo si la entendemos como una falla en la comunicación con uno mismo: Evaristo lleva décadas mintiéndose. El zikril (que la leyenda dice es el idioma con el que los humanos se pueden comunicar con los animales de la selva), se muestra incapaz de atravesar el puente con la verdadera naturaleza.

Sueño en otro idioma —que, con seis estatuillas, se consagró como la máxima ganadora de los premios Ariel 2018 a lo mejor del cine mexicano— es un triunfo visual, una historia que se comunica a través de atmósferas; a veces asfixiante, otras oníricas, o empecinadamente voluptuosas como la vegetación. El espacio geográfico es también la expresión física de sus límites: tanto el lenguaje como la selva. Ese rincón del mundo le muestra a Martín también los confines del lenguaje para explicar la realidad; una que tiene otras dimensiones que Contreras nos narra visualmente y que, felizmente, escapan nuestro raciocinio. Una lección que puede aplicar también al cine mismo.

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