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‘You Were Never Really Here’, lírica y sórdida a la vez

Joaquin Phoenix en un fútil rescate de la “inocencia”.



DIRECTOR(ES):
Lynne Ramsay
GUION: Lynne Ramsay (basado en la novela corta homónima de Jonathan Ames)
ELENCO: Joaquin Phoenix, Ekaterina Samsonov, Alessandro Nivola, Alex Manette, John Doman y Judith Roberts 
MÚSICA:
Jonny Greenwood
DURACIÓN
: 90 minutos

A punta de martillazos va por la vida un asesino a sueldo realizando una noble misión: rescatar a jovencitas secuestradas. Al igual que la paradójica existencia de Joe, la estructura de You Were Never Really Here se mueve entre dos polos extremos y que son el sello de su directora. La escocesa Lynne Ramsay se distingue por tratar temas sórdidos con suavidad lirica. La extrema violencia física y psicológica de sus filmes es atenuada por un estilo visual poético y un toque de humor negro. Si en su anterior película, We Need to Talk About Kevin (2011), la disfunción de Kevin se explicaba tangencialmente a través de la mirada cruel de su gélida madre, en You Were Never Really Here, el lado bueno de Joe solo se entiende por la tierna relación que tiene con su mamá. Por otro lado, si en Kevin la maldad se constreñía al ámbito familiar, en You Were Never Really Here abarca un círculo mucho más amplio y por lo tanto aún más difícil de erradicar: la sociedad entera.

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Joaquin Phoenix en la premier en Nueva York de 'You Were Never Really Here'

ANGELA WEISS

Joaquin Phoenix da vida a un asesino a sueldo con una noble misión en 'You Were Never Really Here'.

La primera vez que lo vemos, Joe (Joaquin Phoenix) está trabajando hasta tarde; es decir, atacando despiadadamente un criminal. Joe, un veterano de guerra que sufre de estrés post-traumático, es un matón a sueldo que se especializa perseguir a bandas de traficantes sexuales que secuestran adolescentes en Nueva York. El celo con el que realiza su encomienda se revela en el arma de su elección: un martillo. La fuerza de su ira no requiere de sofisticadas pistolas automáticas porque el martillo es una extensión de su brazo justiciero. La suya es una cruzada personal. Desde esa primera secuencia, Joe es asaltado por recuerdos de un pasado lleno de violencia, tanto en la guerra como por parte de un padre abusivo en la infancia. En pequeñas dosis y repartidos a lo largo de la historia, varios flashbacks nos van dando atisbos de su vida. En su estructura de rompecabezas, You Were Never Really Here refleja la fracturada psique del protagonista.

Como cualquier empleado terminando su jornada laboral, Joe regresa a casa. En una modesta vivienda escuchamos una frágil vocecita: “¿Dónde estabas? ¿Por qué te tardaste tantas horas? ¿No me vas a decir donde trabajas?”, le pregunta su mamá (Judith Roberts, Orange is the New Black).  La anciana está en la sala viendo televisión; nada menos que Psicosis. Por un momento Ramsay juega con nuestras expectativas de que la relación de Joe con su madre solo podría ser tan siniestra como la de Norman Bates en el filme de Alfred Hitchcock, pero es todo lo contrario, no hay nada patológico en ella. Joe es extremadamente cariñoso y solícito con su mamá. En otro flashback descubrimos que la mujer era también víctima del abusivo padre de Joe y que trataba de proteger al niño a toda costa.  

Joe es contratado para rescatar a la hija de un senador de Nueva York que ha sido secuestrada por una red de trata de menores. Joe sigue la pista de los criminales y los localiza en un prostíbulo de los barrios bajos de Manhattan. Ahí encuentra a Nina (Samsonov), la imagen misma de la inocencia con su cabello rubio y camisón blanco. La adolescente está obviamente traumatizada y no habla, pero aun así alcanza a preguntarle a Joe su nombre y después lo abraza. El sicario se siente profundamente conmovido, y se esfuerza más que nunca en rescatar a Nina. Sin embargo, esta vez la misión no será tan fácil puesto que se está enfrentando a un enemigo mucho más poderoso que abarca los círculos más altos de la política en la ciudad.

Agobiado por las circunstancias, Joe intenta suicidarse. En medio de toda esta sordidez, Ramsey inserta, como es típico en su cine, una escena cargada de poesía. La sublime secuencia explica metafóricamente el sentido más profundo de You Were Never Really Here. Con la suave música de fondo de Jonny Greenwood, Joe se avienta al río, pero mientras se hunde con el peso de lo único bueno que tuvo en su horripilante existencia, recuerda a Nina. Esa imagen de inocencia lo lleva a dejar ir su carga y Joe se empuja hacia arriba en el agua, hacia la luz que lo espera en la superficie determinado no solo a rescatar a Nina, sino quizás también a sí mismo. La secuencia funciona como una especie de bautismo en el que en lugar del asesino implacable surge de las aguas un hombre que saca del recuerdo de su amorosa su madre, la fuerza para rescatar su propia alma.

            

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