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Gary Oldman y Joe Wright: ‘Darkest Hour’

El actor y el director de la cinta hablan de su visión de Winston Churchill.

Retrato de Gary Oldman en la biblioteca Churchill en Washington, DC.

Tasos Katopodis/Getty Images for Focus Features and Comcast/NBC Universal

Retrato de Gary Oldman en la biblioteca Churchill en Washington, DC. durante una visita para promocionar la película 'Darkest Hour'.

Gary Oldman fue celebrado desde sus inicios por su interpretación de personajes extremos como Sid Vicius en Sid & Nancy o Joe Orton en Prick Up Your Ears. Sus éxitos continuaron en Hollywood en grandes producciones como la trilogía de Batman de Christopher Nolan, Harry Potter y Planet of the Apes. Pero, ninguna actuación ha sido mejor recibida que la de Churchill en Darkest Hour. Oldman ya debe estar sintiendo el frio metal del Óscar en sus manos; tanto él como el encargado de caracterizarlo, el maquillador y escultor japonés, Kazuhiro Tsuji. Nada de esto se hubiera logrado sin la visión de Joe Wright, el realizador de grandes filmes de época como Pride & Prejudice y Atonement. Wright y Goldman estuvieron en Washington D.C. para promover Darkest Hour, y AARP en español conversó con ellos.

Joe Wright: Hola. ¿De dónde eres?

Anne Hoyt: De México.

Wright: ¿Cuál es la percepción de Churchill en México, en América Latina?

Hoyt: Es muy admirado. Era el héroe de mi propia madre, por ejemplo, quien solía decirnos que había ganado la guerra con saliva.

Gary Oldman: Mmm… “ganó la guerra con saliva”. ¡Genial! Winston sí que tenía mucha labia.

Hoyt [a Wright]: ¿Cómo se imaginó a Gary Oldman como Winston Churchill?

Wright: Me atribuiré el mérito, aunque no es sólo mío. El productor Eric Fellner, quien produjo Sid & Nancy hace 30 años, me envió el guion de Darkest Hour y, aunque me encantó, yo dudaba porque pensaba: ¿quién va a ver otra película más sobre Winston Churchill? Discutiéndolo con Fellner, nos topamos de pronto con la idea de Gary Oldman e inmediatamente la respuesta fue: ¡sí! La gente sí iría a ver a Oldman como Churchill. Tienes dos opciones: o eliges a un actor que se parezca al personaje, o a uno que tenga la esencia de eso que piensas que es el personaje. Y Gary tiene esa extraordinaria energía, vitalidad e intensidad que también definía a Churchill por encima de todo. Puedes fingir el exterior. Es más difícil fingir el interior.

Hoyt [a Oldman]: ¿Qué pensó cuando le propusieron el papel? ¿Alguna vez se le habría ocurrido interpretar a Churchill?

Oldman: Jamás. Siendo de Inglaterra, Churchill es omnipresente; es parte de nuestro ADN, pero nunca lo contemplé como una posibilidad como actor. Pero en realidad la mayoría de los roles que he interpretado en mi carrera me llegaron sin que los buscara. No tengo una lista personajes que sueño interpretar. Cuando me llegó el guion de Darkest Hour, mi primera reacción fue de rechazo porque no había la menor semejanza física con Churchill, pero luego de hablar con Joe y leer detenidamente el guion, me convencí, puesto que no tenía que interpretar diez años en la vida de Churchill, sino cinco semanas en un tiempo crucial de la historia del mundo.

Anne: ¿Cuánto tiempo les tomaba caracterizarlo?

Oldman: Cuatro horas que incluían ponerme una botarga.

Wright: De hecho, como Gary estaba caracterizado todo el tiempo en el set y no lo vi sin maquillaje en los tres meses que filmamos, cuando hice una fiesta en mi casa y Gary llegó, no lo reconocí. Se me había olvidado como se veía en la vida real.

Anne: ¿Cómo se preparó para el papel intelectualmente?

Oldman: Bueno, la interpretación de este Churchill, en ese momento que abarca la película, está en el papel. Es decir, puedes traer ideas, sugerencias sobre la figura histórica según la investigación que hayas hecho, pero finalmente te tienes que limitar a los elementos que te da el guion.

Anne: Churchill ha sido interpretado innumerables veces por decenas de actores, pero parece que Darkest Hour lo aborda desde un ángulo muy diferente.

Wright: Alguien le dijo alguna vez a Churchill que la historia sería amable con él y Churchill respondió: "Lo será porque yo voy a escribirla". Y efectivamente, así fue. Churchill siempre fue retratado como un héroe, un líder que nunca dudaba y todos se suscribieron a esa versión de él y de los eventos. La verdad es que cuando llegó al poder, era profundamente impopular con su propio partido. De hecho, la única razón por la que llegó al poder es porque era el único político conservador que la oposición (el Partido Laborista) apoyaba. Cometió muchos errores en su carrera, al menos durante la Primera Guerra Mundial. Entonces realmente ya nadie confiaba en él. Y en ese sentido yo lo abordé de la misma manera en la que trato a la mayoría de mis personajes que son figuras que tienen que probar su valía, que deben triunfar sobre la adversidad, superan las expectativas.

Anne: Cuando ocurren los hechos, Churchill tenía 65 años, una edad en la que estuviera más bien planeando su retiro después de una larguísima carrera, ¿Creen que la edad, por el contrario, le sirvió para darle la madurez y sabiduría que no tuvo en su juventud?

Oldman: Yo creo que con la edad se volvió emocionalmente más inteligente. Eso es lo que trajo a la mesa en ese momento. Como dijo Joe, había cometido errores en el pasado, pero aprendió de ellos y siguió adelante. Creo que de joven era demasiado impetuoso, ¿sabes? Era como adicto a la adrenalina. Se fue a la guerra, y cuando regresa se da cuenta que como político no está dejando huella, vuelve a la guerra e incluso se pone en peligro. Le encantaba la acción, la aventura. A los 65 años se le presentaba como un viejo gruñón, pero yo creo que era mucho más que eso: que tenía una energía y vitalidad que solo estaba buscando la ocasión adecuada para expresarse.

Anne: ¿Puede un director contribuir en crear una gran actuación?

Oldman: Sí, sí, por supuesto, pero no como se podría suponer, dando indicaciones muy precisas, sino al contrario: creo que la mejor dirección es saber cuándo no intervenir. Te daré unos ejemplos. Cuando hice Prick Up Your Ears (1987), hacíamos la escena y el director, Stephen Frears, se volteaba a la continuista y le preguntaba: "¿Cuánto duró?" Y ella decía: "1 minuto y 26 segundos". Y Frears respondía: "Esta bien, pero redúcele 15 segundos". Estamos hablando del gran Stephen Frears. Por otro lado, en los siete años que trabajé con Christopher Nolan no me dirigió más de siete palabras.

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