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Cómo establecer buenos hábitos de gasto

Unas cuantas reglas buenas y un poco de sentido común pueden ayudarte a gastar más acertadamente.

Búho sosteniendo dos fajos de dólares

ILUSTRACIÓN FOTOGRÁFICA POR CHRIS O’RILEY, FOTOGRAFÍA DEL BÚHO POR ZACK SECKLER/GALLERY STOCK

El economista Dan Ariely tiene una regla aparentemente sencilla para tomar decisiones sobre el dinero: sé racional.

In English |  Hace mucho que Dan Ariely, un economista de Duke University, viene estudiando el comportamiento extraño de las personas en relación con el dinero, un tema que explora en su libro recientemente publicado, Dollars and Sense (Dólares y sentido) (escrito junto con Jeff Kreisler). Ariely habló con AARP The Magazine sobre cómo tomar decisiones financieras que traigan más satisfacción.

Dices que a menudo la toma de decisiones financieras es irracional. ¿Puedes dar un ejemplo?

Gastamos de manera muy distinta según el método de pago. Por ejemplo, cuando las personas pagan sus cuentas con un cheque —digamos, la cuenta de la electricidad— y luego lo cambian a deducciones automáticas, terminan gastando en promedio un 4% más. ¿Por qué? Porque cuando giramos un cheque, prestamos atención: pensamos en lo que podemos ahorrar, asustamos un poco a nuestra familia y apagamos algunas luces. Pero cuando el dinero se deduce automáticamente de nuestra cuenta corriente, no pensamos tanto en eso y terminamos gastando más.

Por eso, los pagos no solo tienen que ver con el dinero que sale; también se trata de cuánta atención le prestamos a eso. A medida que envejecemos, si pagamos más y más cosas mediante deducciones automáticas, significa que prestaremos cada vez menos atención a en qué estamos gastando el dinero.

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¿Cambia nuestra irracionalidad sobre el dinero a medida que nos volvemos mayores?

Pienso que la gran diferencia es cuando nos jubilamos. Pasamos de ser alguien que mantiene a la familia a ser alguien que gasta dinero, y comenzamos a considerarnos no como personas que ayudamos a nuestras familias, sino como seres que consumen los ahorros. Ese es un cambio tremendo. Cuando las personas comienzan a gastar su capital, les preocupa mucho. En un estudio que realizamos hace bastantes años, descubrimos que los jubilados se preocupaban varias veces por semana acerca de si se les acabaría el dinero. Hasta personas que podían permitírselo estaban muy preocupadas.

Digamos que tengo suficiente con qué vivir, pero todavía me preocupo. ¿Qué puedo hacer para sentirme mejor?

Elabora un presupuesto discrecional. Debes decir: “Calculemos cuánto podemos gastar al mes en restaurantes, cines y otras cosas”.
La vida es para gozarla, y si tienes un presupuesto de $600 al mes para café, restaurantes y cerveza, no intentes gastar $400. Trata de gastar $600. Y pienso que el enfoque adecuado no es crear un presupuesto para café y otro para el cine y así sucesivamente, sino crear un presupuesto grande para todos los gastos discrecionales. Lo ideal es colocar esa cantidad en efectivo en un sobre separado, o en una tarjeta prepagada o algo parecido, y fijarte la meta de gastar esa cantidad.

¿Hay personas que intentan aprovecharse de nuestra irracionalidad?

Existe mucha riqueza en este grupo de edad, y hay muchas personas que intentan vender varios tipos de asesoramiento financiero y cosas que no necesariamente necesitamos.
A medida que envejecemos, nuestra actitud frente a la vida se vuelve más optimista. Laura L. Carstensen de Stanford Center on Longevity ha realizado investigaciones sobre esto. Su interpretación es que cuando somos jóvenes, queremos mirar lo negativo y lo positivo, porque podemos aprender mucho de lo negativo. Pero a medida que envejecemos, hemos aprendido nuestras lecciones y no queremos aprender mucho más, y por eso nuestro enfoque cambia hacia lo positivo. Y sospecho que por eso estafan a muchos adultos mayores. No tienen el mismo nivel de recelo, y son más confiados.

¿Qué haces para protegerte contra eso?

No pienso que una vida en la que dudas de todos es una buena vida. No es una manera positiva de vivir. Pero pienso que necesitamos reglas de comportamiento —pautas que nos protegerían de nosotros mismos—. Necesitamos reglas que nos ayudarían a decir: “Este es mi presupuesto y no me aparto de esto”. Reglas como esa ayudarían a las personas a actuar de mejor manera.

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