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¿Puedes mejorar la salud con tecnología que llevas puesta?

Con estos dispositivos inteligentes, los buenos hábitos son cuestiones de números.

 Mujer se ejercita y a su alrededor hay gráficos sobre números saludables

Foto: ROB TRINGALI / Gráfico: MSJONESNYC

In English | Tengo que hacer una confesión. He sido escritora profesional de temas de salud durante treinta años. Pero si tuvieras que darme una calificación por el modo en que me cuido, reprobaría casi todas las pruebas básicas de vida saludable. Y no es que no supiera ya lo que debo hacer:

  • Comer porciones más pequeñas. (¿El batido viene con papas fritas?)
  • Moverme por lo menos 30 minutos al día. (¿Cuenta moverme en la silla?)
  • Hacer ejercicios con pesas para fortalecer los huesos y los músculos. (Claro, levanto cientos de jarros de café al día)
  • Dormir siempre bien y lo suficiente. (Perdón, ¿me hablabas a mí?)
  • No fumar. (¡Bien! Nunca he fumado.)

Esto significa que me ha pasado lo mismo que a muchas otras personas. En mis consultas médicas de rutina tengo que escuchar el “discurso” de que una persona de mi edad (tengo 62 años) debe tener una actitud más dinámica con su salud para vivir una vida larga y productiva.

Siempre me marcho con buenas intenciones. Pero este año en particular ha sido difícil para la salud de mis amigos y familiares que también tienen entre 50 y 70 años. He perdido seres queridos por enfermedades que hubieran podido prevenirse. Fue un llamado de atención. Y sé que soy la única que puede ayudarme.

Pero ¿es realmente así?

En los últimos años, el mercado se ha desbordado de dispositivos para consumidores que pueden medir casi todos los aspectos de la salud y el bienestar. Todo empezó hace casi diez años con los rastreadores de aptitud física de empresas como Fitbit, aparatos electrónicos que llevas en la muñeca para registrar cuántos pasos das en un día y lo bien que duermes de noche. Estos aparatos se transformaron en relojes inteligentes, liderados por el Apple Watch, y agregaron numerosas funcionalidades además de los aspectos de la salud. En esa pequeña cajita que llevas en la muñeca incorporaron de todo, desde detectores de niveles de ruido hasta electrocardiogramas.


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Ahora hay todo tipo de dispositivos que llevas puestos y que pueden monitorear la salud desde la cabeza (con diademas que miden la actividad cerebral) hasta los pies (con plantillas inteligentes que analizan la forma de caminar). Según la firma de investigación CCS Insight, se proyectó que en el 2019 la venta mundial de aparatos inteligentes para llevar puestos sería de 142 millones. Lo que comenzó con podómetros extravagantes ha florecido en una categoría de productos que nos permiten conocer casi toda la información que queremos saber sobre nuestra salud.

Thomas Rieck, un especialista en bienestar y ejercicio del programa Healthy Living de Mayo Clinic en Rochester, Minnesota, señala que “Las empresas de tecnología grandes y las chicas, todas parecen estar entrando al mercado”.

Si cuentas con el dispositivo adecuado, puedes medir fácilmente la frecuencia cardíaca, la presión arterial y otros signos. Tal vez si adquiriera toda esta nueva tecnología podría controlar mi salud. Así que investigué durante un mes para ver si los dispositivos digitales para la salud podían ayudarme a poner en marcha un cambio real y duradero. Los datos estaban allí, dentro de mi cuerpo. Si pudiera conocerlos en tiempo real, tal vez podría lograr esa actitud más dinámica en vez de simplemente reaccionar cuando los dolores, los síntomas o mi imagen en el espejo me impulsen a actuar.

Diferentes aparatos tecnológicos para cuidar la salud

JUSTIN FANTL

Los dispositivos que probó Andrea

Withings Body+ scale

Monitorea el peso y la composición del cuerpo; $100.

Muse 2 headband

Usa un EEG para monitorear la actividad cerebral. Es útil para la meditación consciente; $250.

Upright Go

Un dispositivo para mejorar la postura; desde $80.

MocaCuff

Monitor de la presión arterial para llevar en la muñeca; $45.

Withings BPM

Monitor de la presión arterial para llevar en el brazo; $100.

Apple Watch

Reloj inteligente que monitorea diversos factores de aptitud física y bienestar; desde alrededor de $450.

(Todos los enlaces son en inglés).

Primer paso: ir de compras. En poco tiempo tuve a mano una balanza inteligente, dos monitores de presión arterial, una diadema para medir las ondas cerebrales, un dispositivo de alerta postural y tres aplicaciones de salud para el teléfono inteligente que funcionan con el reloj Apple que ya tenía.

Luego me senté a conversar con mi médico, Darin Morse, en Lansing, Michigan, para trazar un plan y establecer un punto de referencia para esta nueva iniciativa. Repasamos mis datos iniciales, como el peso, la presión arterial, la frecuencia cardíaca y los niveles de colesterol y glucosa en la sangre. Así fijamos metas realistas para los próximos treinta días.

Estaba entusiasmada con el experimento, y quería que mi médico fuera mi aliado. Quería que viera mis resultados a medida que llegaban los datos. También quería conectarme electrónicamente con su consultorio. Señaló que “En teoría es fantástico. Pero nuestro sistema no está preparado para recibir este tipo de información de los dispositivos digitales de nuestros pacientes”.

Me quedé sorprendida y desilusionada. Hace varios años, cuando otro médico del mismo gran sistema de salud me hizo llevar un monitor Holter para observar lo que parecía ser un latido cardíaco irregular, el dispositivo le envió la información directamente al equipo de cardiología. Pero Morse explicó que “Ese monitor era parte del sistema”.

Me ofreció un trato: “Si registras los datos de tu dispositivo en una libreta y los traes, podemos agregar esos datos a tu expediente médico. Lo que podemos obtener ahora de estos dispositivos personales es maravilloso en cuanto a poder conseguir información, pero aún tenemos que poder entender lo que vemos”.

Luego vino el sabio consejo: me recordó que mi salud no mejoraría solo por llevar un dispositivo digital. “En realidad tienes que hacer el trabajo si quieres ver resultados”. Fue un comentario frustrante, pero sabía que tenía razón. Podía apretar botones todo el día, pero simplemente jugar con mis nuevos aparatos no mejoraría mi salud.

Aún así, llevar los dispositivos digitales tal vez podía ayudar a mantenerme motivada. Si bien ya había intentado hacer cambios en mi estilo de vida, no fui constante ni paciente. Al no ver resultados pronto, no me daba cuenta de si mis acciones tenían algún efecto. Me desalentaba. Y, como tantas otras personas, abandonaba mis hábitos saludables de golpe. Pero quizás esta vez no sería así.

Fue entonces que comencé por concentrarme en mi peso. Lo que tendría que haber sido un primer paso tan fácil como subirme a la balanza cada día terminó siendo algo difícil y un reto para mi ego. Me llevó tres días armarme de valor para subirme a la balanza Withings Body+ a fin de establecer mi peso inicial. Esta balanza inteligente no solo midió mi peso, sino que también me dio detalles de la composición de mi cuerpo, como por ejemplo el porcentaje de grasa. Se comunicaba con mi computadora, mi reloj y mi teléfono para registrar los controles de peso. Junté el valor necesario y pronto estaba anotando nuevos números cada mañana.

Lo siguiente era controlar la ingesta de alimentos con una nueva aplicación para el teléfono llamada Lose It! El plan era anotar lo que comía y bebía y a qué hora, para luego contar el total de calorías y nutrientes que consumía cada día. En las mañanas bebía batidos sin añadirles azúcar. Pesaba la comida cuando cocinaba. Y dejaba de comer a las 7 cada noche.

Sucedió lo que había esperado: el hecho de escribir los datos me ayudó a seguir con mi rutina, y controlar mi progreso me mantuvo motivada. Fue algo muy científico poder ver mi progreso en una pantalla en tiempo real. Ya no lo hacía solo por instinto. Para mi satisfacción, la recompensa fue bajar 10 libras en esos 30 días. Además, tenía más energía y los pantalones me quedaban más holgados.

Consejos para utilizar los dispositivos

Invierte en baterías de larga vida

Thomas Rieck, especialista en bienestar y ejercicio de Mayo Clinic, señala que “Cada vez que te quitas el dispositivo dejas de recibir datos”. Busca aparatos que puedan funcionar días e incluso semanas con una misma carga. Luego limita la recarga a un período de inactividad, tal vez cuando tomes una ducha o de noche, a menos que monitorear los patrones de sueño sea una prioridad.

Socializa

Muchos rastreadores de aptitud física te permiten compartir datos con los demás. No dejes de lucirte. “Se ha demostrado que conectarse con los demás, ya sean amigos, familiares o incluso una comunidad, aumenta el uso general de los dispositivos”, advierte Rieck.

No gastes demasiado dinero

Rieck señala que “Sin duda estamos viendo que muchos rastreadores excelentes bajaron bastante de precio”. Entonces, no vayas directo al mejor aparato del mercado. En muchos casos, un modelo más antiguo o más económico funcionará muy bien. –Emily Paulin

Mientras tanto, empecé a prestarle atención a mi aptitud física. Este era mi gran desafío: tengo mi oficina en mi casa. Mi viaje matinal al trabajo es de 15 pasos. ¿Cómo iba a dar varios miles de pasos por día? Sería un gran esfuerzo. Para registrar algunos datos aceptables, me levantaba cada mañana y me ponía el reloj Apple para contar los pasos mientras caminaba por el vecindario. También hacía algunos mandados. Cuando me fijaba el total de pasos al terminar cada día, me daba cuenta de que no eran suficientes. Volvía a salir con la misión de caminar 2,000 o 3,000 pasos más. Después de un mes estaba dando 6,000 pasos diarios.

Muchos rastreadores de actividad incorporan elementos de juegos para motivar a los usuarios. Es una técnica psicológica: el aparato te da placas virtuales u otras recompensas cuando alcanzas ciertas metas. “La investigación parecería demostrar que si podemos darte un desafío en el que intentes lograr una determinada cantidad de puntos o pasos en el día, ayuda con el uso en general”, señala Rieck.

También medí mis otras actividades físicas: yoga, Pilates y levantamiento de pesas livianas. Además, como un amigo servicial, el reloj me recordaba sutilmente que me levantara y me moviera un poco cuando detectaba que había estado pegada a la silla mucho tiempo. Más elementos de juegos.

Había otros dispositivos para probar, y así lo hice.

  • Me tomé la presión arterial tres veces por día con un dispositivo MocaCuff. Fue emocionante ver los números bajar durante ese mes, al final de a más de 10 puntos en el promedio de la presión sistólica y la diastólica. Debe de haber sido por el ejercicio extra y algunos cambios en la dieta. Decirle “adiós” a las papas fritas y “nos vemos” al helado fue difícil, pero rastrear mi progreso en tablas y gráficos lo hizo un poco más fácil.
  • Dos aplicaciones para meditar (Headspace y Calm) y un dispositivo para llevar puesto llamado Muse 2 me ayudaron a terminar con el círculo vicioso de beber café para quedarme despierta pero luego perder el sueño por toda la cafeína y la ansiedad, que solo me hacía beber más café al día siguiente. Las aplicaciones me enseñaron a meditar con mi teléfono inteligente. Y luego Muse 2 usó sensores electroencefalográficos para medir la actividad de las ondas cerebrales. Le dediqué hasta 15 minutos de meditación dos veces por día, y los datos indicaron que logré serenar la mente. Esto me ayudó a dormir mejor.
  • Llevar puesto un dispositivo postural, Upright Go, me ayudó a darme cuenta de cuando la espalda no estaba bien alineada con métodos molestos pero necesarios: un zumbido cada vez que detectaba que estaba encorvada. Lo usaba alrededor de 15 minutos al día, pero fueron suficientes refuerzos negativos para mejorar la postura, incluso sin los zumbidos recordatorios. El resultado fue tener menos molestias y dolores.

Después de 30 días de aventuras científicas, visité a mi médico. Pero ya conocía la noticia: ¡mi pequeño experimento había funcionado! Había podido mantenerme centrada en mi salud de una manera que nunca había podido hacer, por lo que todos mis signos vitales habían mejorado. “Estoy orgulloso de ti”, dijo Morse. “Estás moviendo todos los resultados en la dirección adecuada, y ahora tienes que continuar en este buen camino”. El médico tenía razón. El desafío difícilmente terminaría allí.

Rieck señala que “Lamentablemente, sabemos que muchas personas que tienen un rastreador de actividad lo usan durante alrededor de tres meses y luego lo abandonan. La gente se entusiasma mucho porque es nuevo y diferente, pero luego se dan cuenta de que compraron el modelo equivocado, o que no registra bien la actividad, o que es muy complicado de usar y dejan de hacerlo”.

No importa. Sigo entusiasmada con las posibilidades. Estos son los últimos datos: cero. Esos son los nervios que tuve cuando fui al consultorio del médico. No necesito un rastreador para saber que no me he sentido así en mucho, mucho tiempo.

Andrea Collier es periodista de salud en multimedios con sede en Lansing, Michigan. Es autora de los libros The Black Woman's Guide to Black Men's Health y Still With Me ... A Journey of Love and Loss. Emily Paulin, redactora adjunta de AARP The Magazine, contribuyó con este informe.

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