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Las muertes por Alzheimer aumentaron un 16% durante la pandemia de coronavirus

Las condiciones de vida, la falta de distanciamiento social y el no usar mascarilla pueden ser factores.

Manos de una mujer mayor que sostienen una mascarilla

YULIA SHAIHUDINOVA/GETTY IMAGES

In English | La crueldad de la pandemia de COVID-19 ha dejado su huella en todas las personas en Estados Unidos, pero pocas han sufrido un impacto más catastrófico que las que padecen Alzheimer u otros tipos de demencia, según un nuevo informe de la Alzheimer's Association.

Según el informe Alzheimer's Disease Facts and Figures (Datos y cifras sobre la enfermedad de Alzheimer —en inglés) del 2021, las muertes por Alzheimer y otras demencias aumentaron un 16% —y se cobraron la vida de al menos 42,000 adultos mayores más en el 2020— en comparación con la media de los cinco años anteriores.

Igual de alarmante: entre el 2000 y el 2019, las muertes por Alzheimer aumentaron un 145%, un crecimiento de más del doble.


Para información actualizada sobre la COVID-19 visita aarp.org/ElCoronavirus


Ahora, incluso cuando todos en el país se están vacunando al entrar en el segundo año de la pandemia, las cifras generales de Alzheimer continúan siendo abrumadoras. Alrededor de 6.2 millones de personas de 65 años o más en Estados Unidos padecen de demencia de Alzheimer. Eso es más de 1 de cada 9 personas de 65 años o más. Aproximadamente dos tercios de las personas de 65 años o más con demencia de Alzheimer son mujeres.

La conexión entre la COVID y la demencia

"No creo que muchas personas conozcan la conexión entre la demencia y las muertes por COVID-19", dice Sarah Lenz Lock, vicepresidenta sénior de Política y Salud Cerebral de AARP y directora ejecutiva del Global Council on Brain Health (Consejo Mundial sobre la Salud Cerebral —en inglés). "Las personas mueren no solo porque ya estaban enfermas o eran mayores, sino también por las condiciones en las que viven".

La Dra. Sevil Yasar, geriatra y profesora adjunta de Medicina en la Facultad de Medicina de Johns Hopkins University, ciertamente es consciente de esa conexión. Pero aun así, le sorprende el impacto mortal en sus pacientes. En un mes más normal, dice, quizá muera uno de sus pacientes de Alzheimer. Pero solo en enero, perdió a cinco de sus pacientes de Alzheimer a causa de la COVID-19.

"Todos eran pacientes desde hace mucho tiempo que se sentían como de la familia; realmente te afecta", dice.

Es más, incluso con las vacunas contra la COVID-19 que muchos de sus pacientes y sus cuidadores están empezando a recibir, no cree que la tasa de mortalidad mejore mucho en el 2021. Esto se debe a que muchos pacientes de Alzheimer y demencia sufrieron tanto estrés, depresión y angustia en el 2020 que esto continuará afectando su salud física y emocional en el 2021.

"Habrá un efecto a largo plazo en su bienestar", dice Yasar, lo cual es otro impacto indirecto de la COVID-19.

Más allá del paciente

Incluso antes de la aparición del virus mortal, la enfermedad de Alzheimer era un asesino implacable. La Alzheimer's Association afirma que aproximadamente 1 de cada 3 adultos mayores muere con Alzheimer u otra demencia.

Con la pandemia hay mucho más en juego. Pero el intenso sufrimiento durante la pandemia se extiende mucho más allá de los pacientes de Alzheimer; también sufren las familias y los cuidadores. En el 2020, más de 11 millones de cuidadores de personas con Alzheimer u otras demencias proporcionaron aproximadamente 15,300 millones de horas de cuidados no remunerados, según el informe. Esa es una contribución valorada en casi $257,000 millones. Alrededor de dos tercios de estos cuidadores son mujeres; un tercio de los cuidadores de personas con demencia son hijas de los pacientes.

Posibles causas de las tasas de mortalidad más altas

Aunque está claro que las personas con Alzheimer mueren por enfermedades relacionadas con la COVID-19 a un ritmo mayor que el resto de la población, la ciencia sobre el porqué no está muy clara, dice Lock. Pero dice que algunas posibles razones son:

  • Las personas con demencia pueden estar predispuestas a contraer infecciones debido al deterioro cognitivo que les impide tomar las medidas de salud adecuadas.
  • Las personas con deterioro cognitivo suelen estar en desventaja económica y tienden a vivir en centros que tienen problemas.
  • Las personas que viven en centros de enfermería suelen estar rodeadas de trabajadores de bajos ingresos que, a su vez, son más susceptibles a la COVID-19 debido a sus condiciones de vida.

Además, dice Yasar, cuando los pacientes de Alzheimer enferman, ellos o sus cuidadores suelen dudar en acudir a la sala de emergencias debido a lo que perciben como el alto riesgo de contraer COVID-19, por lo que retrasan la atención urgente que necesitan.

Asimismo, muchos pacientes de Alzheimer viven en centros con muchos otros pacientes mayores, por lo que simplemente corren un mayor riesgo de contraer COVID-19, afirma Yasar.


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Una posible solución: mascarillas transparentes

Uno de los principales problemas podría mitigarse en gran medida si los trabajadores de los centros con pacientes de Alzheimer llevaran mascarillas transparentes que dejaran ver más de su rostro, afirma Lock.

"Es posible que los profesionales de la salud y los cuidadores que lleven mascarillas transparentes no intimiden o asusten tanto a los pacientes", afirma. En ese escenario, los pacientes también podrían estar más inclinados a usar sus propias mascarillas y a hacer un mayor esfuerzo para mantener el distanciamiento social.

De hecho, las personas con Alzheimer tienen un riesgo mucho mayor de contraer la COVID-19 porque les cuesta mucho seguir las normas sobre el uso de mascarillas y el distanciamiento social, afirma Yasar.

Otras formas de prevenir las infecciones mortales entre los pacientes de Alzheimer: asegurarse de que los cuidadores usen mascarillas, se laven las manos y mantengan el distanciamiento social, dice Yasar. Y cuando sea posible, sugiere, programar citas médicas de telemedicina en lugar de citas en persona.

La vacuna contra la COVID-19 acabará siendo muy útil, pero muchos pacientes de Alzheimer y demencia dudan en ponérsela, dice Yasar. Solo un 50% de sus pacientes con demencia mayores de 65 años han recibido la vacuna. Si tienen dudas —dice—, ella trata de abordar todas sus preocupaciones de forma muy específica.

"Trato de alentar a todos [mis pacientes] a que se vacunen", afirma Yasar.

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