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Lo que deben saber los adultos negros sobre el riesgo de derrame cerebral

La clave es prevenir y reconocer los signos de esta emergencia médica.


spinner image Médico y paciente miran una tableta digital en una consulta
LWA/DANN TARDIF Facebook Twitter LinkedIn

Reduce tus riesgos

No se pueden controlar todos los factores de riesgo de derrame cerebral, pero muchos sí. Puedes hacer lo siguiente para reducir tu riesgo:

  • Come más frutas y verduras.
  • Reduce la cantidad de sal en tu dieta.
  • Aumenta la actividad física.
  • Deja de fumar.
  • Pierde el sobrepeso.
  • Controla el estrés

Fuente: American Heart Association

Richard Horton, agente de seguros de Pasadena, California, pasó al menos una década de su mediana edad con una presión arterial de alrededor de 178/95 milímetros de mercurio (mm Hg, la unidad de medición de la presión arterial), acercándose peligrosamente a una crisis hipertensiva y siendo candidato seguro para un derrame cerebral. Para comparar, la presión arterial que se considera normal para la mayoría de los adultos es de menos de 120/80 mm Hg.

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Cuando le diagnosticaron hipertensión arterial en un examen físico de rutina a fines de la década de 1990, no se preocupó. Según órdenes del médico, se presentó a las visitas semanales para controlar si había cambios. Los valores de la presión no mejoraron. Pero Horton, que es negro, no recibió tratamiento.

“En ese momento”, recuerda él, “el médico dijo que en el ámbito de la medicina es común ver que los afroamericanos tengan presión arterial más alta que los blancos y otras personas. Y por eso no vamos a aconsejarte medicación, pero seguiremos controlando la presión. Si aumenta mucho más, entonces te recetaremos un medicamento”. (Las investigaciones indican que a los pacientes negros no les suelen ofrecer la gama completa de tratamientos adecuados para tratar la presión arterial).

En agosto del 2011, mientras se preparaba para cerrar una venta importante, Horton se levantó de la cama y se estrelló contra la pared de la habitación. Estaba sufriendo un derrame cerebral. Durante la hospitalización de más de dos meses, Horton, que en ese momento tenía 55 años, sufrió un segundo derrame. No podía caminar, hablar ni usar el brazo izquierdo.

Una brecha creciente

Anualmente, hay casi 800,000 casos de derrame cerebral en el país. El derrame ocurre cuando un vaso sanguíneo que transporta oxígeno y nutrientes al cerebro se bloquea o estalla, y las personas negras representan un porcentaje desproporcionado de esos casos.

De hecho, el riesgo de derrame cerebral entre los adultos negros es casi el doble de alto que para los adultos blancos, según indican los datos de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC); otros estudios sugieren que es incluso más alto (en inglés). Además, los negros son mucho más propensos a morir por un derrame y los que sobreviven corren más riesgo de quedar discapacitados que los sobrevivientes de otros grupos raciales.

Los motivos de estas tendencias inquietantes son a la vez simples y complejas, explica el cardiólogo Donald Lloyd-Jones, jefe del Departamento de Medicina Preventiva de la Facultad de Medicina Feinberg de Northwestern University y expresidente de la American Heart Association (AHA).

Hay varios factores de riesgo de un derrame cerebral —presión arterial alta, enfermedad cardíaca y diabetes, entre otros— que son comunes en la comunidad afroamericana. En efecto, más de la mitad de los adultos negros tienen presión arterial alta, según la AHA, lo cual puede dañar los vasos sanguíneos y allanar el camino para un bloqueo.

La genética puede jugar un papel en este factor de riesgo en particular. En un estudio del 2019, los investigadores de los Institutos Nacionales de Salud hallaron que las variantes de un gen pueden estar relacionadas con la presión arterial alta entre los negros.

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“Se puede decir que las personas cuya composición genética revela una mayor ascendencia africana son más propensas a presentar presión arterial alta, en particular en una sociedad como la nuestra donde los alimentos contienen demasiado sodio”, señala Lloyd-Jones. “Sin duda es una mala combinación. Y eso es en parte lo que propicia los casos de presión arterial más alta en la comunidad negra del país”.

A ello se suma la anemia de células falciformes y la enfermedad de células falciformes, un trastorno de la sangre poco común que afecta a las personas de ascendencia africana. La AHA explica que, como las células falciformes pueden aglomerarse y bloquear los vasos sanguíneos, esta enfermedad hereditaria también es un factor de riesgo de derrame cerebral.

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Pero la genética no es el único factor que interviene. Los llamados determinantes sociales de la salud —condiciones que componen el entorno donde vives— también tienen mucho que ver con la disparidad entre quienes sufren derrames cerebrales, explica Lloyd-Jones. Un informe del 2022 (en inglés) de Kaiser Family Foundation reveló que los determinantes sociales afectaron más a los negros que a los blancos en muchas áreas, entre ellas el acceso al transporte personal y a los alimentos.

“Es posible superar los riesgos causados por factores genéticos si contamos con alimentos más saludables o si ofrecemos acceso a una dieta sana [y] a atención médica”, señala Lloyd-Jones. “No tiene por qué ser un desenlace negativo”.

Los alimentos sanos no siempre fueron accesibles para Mark Moore, sobreviviente de un derrame cerebral, autor y actualmente filántropo que vive en la zona norte de Virginia. Cuando era niño y vivía en el vecindario de Jamaica, en Queens, Nueva York, con siete hermanos, sus padres no conducían y la tienda de alimentos más cercana no tenía una buena selección de productos.

“Esa tienda local a la que íbamos caminando no estaba surtida de frutas y verduras frescas. Tenían pan de miel, pastelitos de crema y chocolate, y otros comestibles de ese tipo, y entonces era eso lo que comprábamos. Si comes ese tipo de alimentos, en general serás más propenso a padecer presión arterial alta, colesterol alto, diabetes y obesidad”, factores que agravan el riesgo de un derrame cerebral, dice Moore, de 61 años, quien sufrió dos en el 2007.

Las investigaciones indican que los "desiertos de alimentos" —zonas donde es difícil encontrar alimentos sanos y frescos— son más comunes en los vecindarios de minorías. Es más, es tres veces más probable que los niños negros vivan con inseguridad alimentaria que los blancos, según la organización sin fines de lucro Feeding America.

“Cuando hablamos de disparidades de salud, a veces se cree que estamos culpando a otros. Pero no se trata de culpar, sino que es un hecho. Esta es la situación que enfrentamos”, aclara Moore. 

El impacto del racismo en la salud

El racismo también puede ser un factor. Los estudios demuestran que tanto la discriminación interpersonal como la estructural están relacionadas con los resultados deficientes de salud (en inglés) entre las personas negras. Y uno de los motivos tiene que ver con “la carga del estrés crónico” que causa el racismo, dice Michael D. Brown, jefe del Departamento de Kinesiología de University of Maryland College Park, cuya investigación se concentra en la hipertensión, la salud vascular y el ejercicio en los afroamericanos.

Los científicos dicen que cuando el cuerpo humano enfrenta un estrés extremo, reacciona segregando hormonas y neurotransmisores como la norepinefrina, la epinefrina y el cortisol. La expulsión constante de esas sustancias puede dar lugar a efectos secundarios como la presión arterial alta. El estrés también puede desencadenar la inflamación, que se ha relacionado con el riesgo de derrame cerebral.

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“Lo singular de la comunidad negra de este país —tal vez no sea algo singular sino persistente y prevalente— es el estrés percibido por la discriminación racial y la marginalización que sufren diariamente las personas negras en este país”, explica Brown. “Siempre está presente y no tiene que ser real. Vivimos en un estado de alerta agudizada porque siempre estamos previendo de dónde vendrá la próxima situación estresante”.

Este fenómeno se conoce como carga alostática, es decir, la carga biológica acumulativa durante la adaptación diaria al estrés físico y emocional. Se considera un factor de riesgo de enfermedades cardiovasculares, obesidad, diabetes, depresión, deterioro cognitivo, así como trastornos inflamatorios y autoinmunitarios, según la American Psychological Association.

Cómo prevenir y reconocer un derrame cerebral

Lloyd-Jones dice que para reducir la brecha existente, será preciso montar una fuerte ofensiva: una que incluya los recursos de la ciencia, la defensa de derechos y la equidad. “Tenemos que valernos de todos los medios posibles”, agrega él.

Entre tanto, hay algunas noticias alentadoras: alrededor del 80% de los derrames cerebrales pueden prevenirse con tan solo adoptar hábitos de vida más sanos. Y “nunca es tarde para empezar” a hacer esos cambios más sanos, señala Lloyd-Jones.

“Haz todo lo que puedas: mejora la dieta, aumenta la actividad física, baja de peso, deja de fumar, y controla el colesterol, la presión arterial y el azúcar en sangre. Elige una de estas áreas y verás un enorme impacto en tu salud en los años siguientes”, explica.

Además de reducir los riesgos, también es importante conocer los signos de un derrame cerebral porque si te sucede a ti o a un ser querido, cada segundo cuenta. Según los CDC, los signos de advertencia más comunes de un derrame cerebral incluyen:

  • Debilidad o entumecimiento repentinos en la cara, el brazo o la pierna, especialmente si ocurre en un lado del cuerpo.
  • Confusión repentina o dificultad inesperada para hablar o entender.
  • Dificultad repentina para ver con un ojo o con ambos.
  • Dificultad para caminar, mareo, pérdida del equilibrio o falta de coordinación.

Cuanto más tiempo pasa sin tratar el derrame, más células cerebrales mueren y será menos probable que surta efecto el tratamiento. Sin embargo, las investigaciones indican que la gran mayoría de las víctimas de derrame cerebral (alrededor del 70%) no reciben atención médica dentro de la primera hora de padecer síntomas.

Ese fue el caso con Horton y Moore, que no obtuvieron atención médica inmediata. A pesar de todo, se recuperaron, aunque todavía tienen dificultades con algunos efectos del derrame cerebral. Es por eso que su misión ahora es evitar que otros sufran lo que padecieron ellos. Horton fundó una entidad sin fines de lucro que patrocina una caminata anual de 5 kilómetros; y Moore escribió sobre su experiencia en un libro de memorias titulado “A Stroke of Faith”.

“Lamentablemente es común que los pacientes lleguen al hospital en etapa avanzada cuando es más difícil salvar la función y el tejido cerebrales”, explica Lloyd-Jones. “Es de importancia crítica contar con voces elocuentes en la comunidad que persuadan al público de que [el derrame cerebral] es algo que merece atención”. ​ ​​

Joyce Sampson es una periodista que escribe sobre salud y bienestar, entre otros temas. Sus artículos se han publicado en Montgomery Magazine y en Brain & Life Magazine. Además, sobrevivió un derrame cerebral.

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