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Por qué la ‘crisis de la mediana edad’ puede ser positiva para ti

Los retos de la mediana edad pueden conducir a un examen de conciencia para descubrir lo que realmente te hace feliz.

Una mujer sentada en sofá, pensativa

WESTEND61 / GETTY IMAGES

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Cuando tenía 44 años, Adam Earnheardt “mejoró su salud”, algo que incluía ponerse en forma para correr una carrera de 5 km. A los 50, eliminó el desorden de su casa, redujo el nivel de trabajo y comenzó a disfrutar de más momentos valiosos con su esposa y sus hijos.

El profesor universitario y escritor de Youngstown, Ohio, que ahora tiene 51 años, dice que esos cambios fueron reacciones a dos “crisis de la mediana edad” distintas. Explica que la primera llegó cuando le diagnosticaron una enfermedad arterial coronaria precoz mientras criaba a cuatro hijos pequeños: “Yo pensaba, ‘quiero estar cerca de ellos. …Siento que voy a morir en cinco años a menos que haga algo al respecto’”. Earnheardt dice que la segunda crisis ocurrió durante la pandemia de COVID-19, cuando estuvo confinado en su hogar y tuvo mucho tiempo para reevaluar sus prioridades. Empezó a deshacerse de las cosas que lo distraían de lo más importante, de dos maneras. “No solo eliminé el desorden de mi casa”, explica. “También eliminé el desorden de mi vida”.

Si los problemas de Earnheardt no se parecen en nada a las crisis estereotípicas de la mediana edad que suponen divorcios impulsivos, costosos automóviles deportivos o peluquines desacertados, son algo que los psicólogos que estudian el bienestar durante toda la vida humana conocen de sobra. Muchos dicen que el estereotipo negativo sobre la mediana edad es fundamentalmente un mito (o al menos una gran exageración). Algunos psicólogos incluso hacen referencia a investigaciones que demuestran que la mediana edad es una época especialmente satisfactoria para muchas personas.


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Es cierto que durante la mediana edad —es decir, entre alrededor de los 40 y los 60 años— muchas personas se sienten estresadas, y no es para menos, dice David Almeida, profesor de Estudios sobre la Evolución Humana y la Familia en Penn State University. “La mediana edad es una etapa de la vida en la que eres responsable de muchas personas, que también dependen de ti”, señala. Esa posición central en el mundo —en la familia, el trabajo y la comunidad— es la razón por la cual la mediana edad a veces puede parecer una “crisis cotidiana”.

Y en este momento, mientras el mundo continúa lidiando con la pandemia, las exigencias de la mediana edad son realmente demasiadas, según Almeida.

Breve historia de la crisis de la mediana edad

La expresión “crisis de la mediana edad” surgió en 1965, cuando el psicoanalista canadiense Elliott Jaques publicó un artículo académico titulado “Death and the Mid-Life Crisis” (La muerte y la crisis de la mediana edad). En él, escribió: “A la edad de 35 años, la persona alcanza la plenitud de la vida y observa ante sí un trayecto en declive que concluye con la muerte. Esto produce una crisis que es más intensa en unos que en otros. …Es un período de angustia y depresión”.

La idea de que la mediana edad es un momento de crisis se popularizó a mediados de la década de 1970 con el libro de Gail Sheehy, Passages: Predictable Crises of Adult Life. En lo sucesivo, el concepto se arraigó en la cultura popular: recuerda cuando Dudley Moore perseguía a la joven Bo Derek en la película 10, de 1979.

Las investigaciones rigurosas sobre el bienestar de la mediana edad tardaron más en surgir. Pero cuando lo hicieron, los primeros resultados describían un panorama más optimista. Las personas de mediana edad se mantenían estables o estaban más satisfechas con su vida, según el estudio “The Midlife in the United States” (MIDUS, La mediana edad en Estados Unidos, enlace en inglés), que en 1999 comenzó a publicar los resultados de una encuesta inicial de más de 7,000 participantes Los informes posteriores del MIDUS y otros estudios que han realizado un seguimiento continuo de sus participantes aún no han encontrado datos convincentes que demuestren que la satisfacción disminuye entre los primeros años de la vida adulta y la mediana edad, según Margie Lachman, profesora de Psicología en Brandeis University, en Massachusetts.

Otros tipos de estudios, en su mayoría de economistas, describen un panorama más sombrío. Estos estudios, que piden a personas de diferentes edades que califiquen su satisfacción con la vida o su felicidad, a menudo en una escala de 10 puntos, encuentran repetidamente un perfil característico: en varios países, los adultos de mediana edad reportan un nivel menor de bienestar que los adultos más jóvenes o mayores, lo que crea la llamada “curva en forma de U” de la felicidad.

“Los datos son absolutamente contundentes. …Ya ni siquiera vale la pena continuar debatiendo”, dice David Blanchflower, profesor de Economía en Dartmouth College. Blanchflower establece el nivel más bajo de la felicidad adulta alrededor de los 48 años.

Sin embargo, el debate continúa. En una crítica reciente, Lachman y sus colegas sostienen que los datos de la curva en forma de U “no son tan convincentes” como afirman sus autores. Señalan que por ejemplo, diversos estudios encuentran el punto más bajo en diferentes edades que oscilan entre los 30 y los 70 años.

Incluso aunque el declive de la mediana edad sea real, no significa que todas las personas de mediana edad, o incluso el promedio de las personas de mediana edad, se sientan deprimidas o en crisis, dice Lachman. “Esto hace que la gente se sienta nerviosa con respecto a envejecer y se preocupe innecesariamente por lo mal que va a ser la mediana edad”.

El factor estrés: ¿está empeorando?

En su libro Did I Say Out Loud: Midlife Indignities and How to Survive Them, Kristin van Ogtrop enumera 31 razones por las que una persona de mediana edad podría tener problemas para dormir. Estas razones incluyen los hijos, los cónyuges, los padres, la ansiedad, la depresión, el cambio climático, las noticias y la “desesperación generalizada”.

Van Ogtrop, de 57 años, una exredactora de revistas y ahora agente literaria que vive en el condado de Westchester, Nueva York, dice que cuando se despierta estos días a las 3 a.m., tiene que preguntarse: “¿Es por la mediana edad? ¿Es por las hormonas? ¿La pandemia?”.

Los psicólogos indican que es demasiado pronto para determinar qué grupo de edad ha sido el más afectado por el estrés de la pandemia, pero algunas encuestas iniciales sugieren que los adolescentes y los adultos jóvenes son los que peor lo están pasando. Según el informe “Stress in America” de octubre del 2021 (en inglés) a cargo de la American Psychological Association, el 79% de los adultos de la Generación Z (nacidos en 1997 o después) reportaron haber “tenido cambios de comportamiento en el último mes a consecuencia del estrés”. Eso se compara con solo el 37% de los boomers.

Sin embargo, en los datos (en inglés) recopilados antes de la pandemia, Almeida de Penn State descubrió que el estrés de la mediana edad ya era muy superior para las personas de mediana edad de hoy en día que para las generaciones anteriores en la mediana edad, y señala que hay muchas razones para pensar que ha empeorado. En su estudio, las personas de 45 a 64 años en el 2012 reportaron casi un 20% más de días estresantes que las personas de la misma edad en 1995.

Si bien los resultados de la encuesta anterior indicaron que los adultos más jóvenes sentían mucho más estrés que los de mediana edad, los dos grupos reportaron el mismo nivel de estrés en la fase posterior, dice Almeida. Él supone que las consecuencias de la Gran Recesión del 2007 al 2009 pueden haber afectado particularmente a las personas de mediana edad debido a la función fundamental que desempeñaban en su familia y su trabajo. Lo mismo podría estar sucediendo durante la pandemia, señala, ya que las personas de mediana edad intentan resolver todos los problemas de sus hijos, sus padres mayores y su trabajo. Está analizando nuevos datos para averiguarlo.

Hay otros datos que sugieren que las últimas décadas han sido difíciles para algunas personas de mediana edad en el país. En particular, los investigadores descubrieron que las “muertes por desesperación”, por suicidios, por drogas y por alcohol se han disparado entre las personas blancas de mediana edad, en particular entre aquellas con poca educación.

“Hay muchas personas que sí sufren en la mediana edad”, dice Lachman. Sin embargo, agrega, también es cierto que “muchas personas consideran que la mediana edad es la flor de la vida”.


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El cambio de la mediana edad puede ser favorable

Douglas LaBier, un psicólogo y psicoanalista empresarial de Washington D.C., sostiene que muchos de sus pacientes de mediana edad efectúan cambios productivos en su vida. Dice que algunos encajan con el antiguo estereotipo de crisis: luchan contra un pasado sin resolver y un futuro incierto, “escapan por medio de algo que parece momentáneamente placentero... el auto nuevo, la esposa trofeo, la bebida o las drogas”.

Sin embargo, advierte que muchas más personas efectúan cambios positivos a medida que “comienzan a sentir una especie de anhelo por otras dimensiones de [ellas mismas]”. Para una persona eso podría significar cambiar de carrera; para otra, podría significar dedicarse a la carpintería. Algunas personas se divorcian y son más felices, y otras encuentran nuevas formas de conectarse con su cónyuge o su pareja.

Eso fue lo que sucedió con Earnheardt cuando él y su esposa, ambos profesores de Youngstown State University, disfrutaron de “citas en casa por la noche” —con fondue de chocolate y karaoke— que sus hijos organizaron durante los primeros meses de la pandemia. “Simplemente me di cuenta de que eso era lo que necesitaba, lo que había estado deseando”, dice. Agrega que esta revelación lo ha inspirado a reequilibrar su vida para darle prioridad a su familia.

Van Ogtrop también llevó a cabo cierto reequilibrio en la mitad de su vida, comenzando por dejar su trabajo como jefa de redacción de la revista Real Simple hace varios años. Señala que renunció debido a una “profunda disconformidad” con un trabajo que consistía cada vez más en despedir personal para hacer frente a los recortes presupuestarios. “Es difícil comenzar una nueva carrera después de los 50 años”, advierte, pero en su caso ha valido la pena.

En su libro, van Ogtrop escribe sobre otras dificultades y sinsabores de la mediana edad, que incluyen tratamientos de conducto, colonoscopías, grasa en los brazos y no saber usar el teléfono inteligente tan inteligentemente como lo hacen sus hijos.

Sin embargo, señala que prefiere sus 50 años a sus inestables 20 sin dudarlo. Si bien “cada persona se encuentra en una situación muy diferente en la vida”, su propia mediana edad es positiva: “Cada año estoy más agradecida. Estoy más agradecida por los días en que me despierto y no siento ningún dolor”.

Kim Painter es una autora especializada en salud y psicología. Colabora con frecuencia con el programa Staying Sharp de AARP y anteriormente trabajó como reportera y columnista de salud para USA Today.