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Los beneficios del SNAP ayudaron a evitar la inseguridad alimentaria durante la pandemia

Con menos opciones, los adultos mayores dependían de una mayor ayuda para mantener una dieta saludable.

Una mujer sostiene una bolsa de peras

Justin Sullivan/Getty Images

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A veces, durante la pandemia, Y-Antoinette Echols comía menos para que su sobrino nieto pudiera comer más.

Ayudaba a cuidar al niño y se aseguraba de darle prioridad cuando, por ejemplo, se empezaban a acabar las frutas favoritas de él.

“Podría comerme cuatro arándanos azules de un paquete”, dijo Echols, de 63 años, de Englewood, Nueva Jersey. “Pero está bien”.

Para Echols y millones de adultos mayores de bajos ingresos en el país, la la pandemia de COVID-19 hizo más difícil que pudieran obtener la comida que necesitaban para mantenerse sanos.

La amenaza del coronavirus hizo que los centros para adultos mayores suspendieran las comidas en grupo, y algunos bancos de alimentos redujeron las horas o incluso cerraron cuando los voluntarios se quedaron en casa. Muchos adultos mayores tenían miedo de hacer viajes frecuentes al supermercado. Algunos perdieron sus empleos. El aislamiento solo empeoró las cosas, separando a los adultos mayores de los familiares que podrían ayudarlos a cocinar o compartir comidas.

“Los adultos mayores se vieron obligados a tomar decisiones y a reducir sus gastos”, dijo Jean Toth, directora ejecutiva del Food Bank of Northeast Louisiana (en inglés). “Y pedir ayuda es difícil, por lo que a veces pasar hambre puede ser un dolor muy silencioso”.

Ese dolor afecta a millones de personas. En el 2020, 3.3 millones de adultos de 65 años o más tenían inseguridad alimentaria, según un análisis del Instituto de Política Pública de AARP (en inglés). Eso representa el 6% de la población mayor.

Cómo ayudó el aumento de beneficios del SNAP

Para muchos adultos mayores de bajos ingresos, los beneficios de cupones de alimentos ampliados creados por las leyes de alivio de la pandemia marcaron una gran diferencia en su capacidad para mantener dietas más saludables. Estos son dos ejemplos.

Y-Antoinette Echols

  • Edad: 63
  • Residencia: Englewood, Nueva Jersey
  • Problemas de salud: Presión arterial ligeramente elevada, propensa a la deshidratación
  • Desafíos: A principios de la pandemia de COVID-19, cerraron algunos de los pequeños bancos de alimentos de los que dependía, y luego abrieron durante horas limitadas. Recibió ayuda regular del Center for Food Action, una organización grande sin fines de lucro que presta servicios a los residentes más pobres y vulnerables del norte de Nueva Jersey, pero en un momento dado, su auto se dañó y no podía llegar a la ventanilla del centro. Ella ayuda a cuidar de un sobrino nieto y se colocaba en segundo lugar cuando no quedaba suficiente comida.
  • Ayuda alimentaria: Durante años, recibió $15 al mes en ayuda del Programa de Asistencia Nutricional Suplementaria federal, comúnmente conocido como cupones de alimentos. Eso subió a $19 al mes poco antes de la pandemia. Con los aumentos en la ayuda federal y estatal, que se hizo posible debido a la legislación de alivio por la pandemia, sus beneficios del SNAP aumentaron a $204 al mes.
  • Lo que tiene que decir: Ella dice que todavía tiene dificultades económicas, incluso cuando algunas personas en Estados Unidos están empezando a recuperarse de la crisis económica de la COVID: “Las cosas no han vuelto a la normalidad para las personas del lado inferior de la mediana de ingresos”.

Mary Andrews

  • Edad: 84
  • Residencia: Monroe, Luisiana
  • Problemas de salud: Presión arterial alta, diabetes
  • Desafíos: Durante toda la pandemia, ha dependido del Food Bank of Northeast Louisiana, del cual recibe una caja de comida cada mes, que contiene productos enlatados, leche, mantequilla y otros alimentos básicos.
  • Ayuda alimentaria: Solía recibir $16 al mes en beneficios del Programa de Asistencia Nutricional Suplementaria federal. Con el aumento de la ayuda federal y estatal, que se hizo posible debido a la legislación de alivio por la pandemia, recibe más, pero no sabe cuánto, solo que puede comprar más con su tarjeta electrónica de transferencia de beneficios (EBT) en el supermercado.
  • Lo que tiene que decir: “Me ayuda mucho”, dijo sobre la ayuda que recibe del SNAP y del banco de alimentos. “Si los aumentos continuaran, sería una bendición”.

El hambre puede ser especialmente mortal para los adultos mayores. David Carr, geriatra de Washington University en St. Louis, dijo que no obtener una nutrición adecuada puede reducir la fuerza y la masa muscular, y afectar la marcha, el equilibrio e incluso las habilidades cognitivas. También puede reducir la inmunidad, lo que hace que las personas sean más vulnerables a contraer la COVID-19 y morir a causa de la enfermedad en un momento en que la contagiosa variante delta está aumentando.

“Es un círculo vicioso”, dijo Carr. “Cuanto más te debilitas, más frágil eres”.

Durante la pandemia de COVID, muchos adultos mayores recibieron aumentos en la ayuda del Gobierno federal que prometían ayudar a romper ese ciclo. Las asignaciones de emergencia se pusieron a disposición de los hogares que reunían los requisitos para el Programa de Asistencia Nutricional Suplementaria (SNAP), comúnmente conocido como cupones de alimentos, y el beneficio máximo del SNAP aumentó en un 15%, aproximadamente $27 adicionales por persona al mes para quienes recibían los beneficios máximos.

Ese aumento del 15% vence a fines de septiembre, después de que algunos estados terminaron las asignaciones de emergencia. Para muchas personas que reciben beneficios del SNAP, la pérdida del aumento de la ayuda durante la pandemia podría compensarse con el cambio recientemente aprobado a la fórmula del plan federal Thrifty Foods, que determina cuánto dinero puede recibir un hogar en beneficios del SNAP. El beneficio más grande que un hogar de una persona podría recibir bajo el nuevo plan será de $250 al mes (o $2.74 por comida), un aumento de un máximo de $234 al mes (o $2.56 por comida), sin incluir todos los beneficios de alivio económico por la pandemia que están terminando.

Tiempos difíciles para los adultos mayores

El aumento en la ayuda alimentaria del SNAP durante la pandemia tuvo su beneficio en un año y medio de lucha.

Cuando se desató la pandemia, Carr dijo que los adultos mayores que dependían de los programas de comidas en grupo en centros para adultos mayores y en otros lugares vieron que esas opciones desaparecieron en gran medida. Esos programas no solo proporcionaban comidas confiables de bajo costo o incluso gratis, “cuando estás cerca de personas y hay esa emoción”, dijo Carr, “estás más dispuesto a comer y cuidar mejor tu nutrición”.

El aislamiento durante la pandemia tuvo el efecto opuesto. Carr recuerda que algunos pacientes confinados en hogares y habitaciones se hundieron en la depresión y no se levantaron de la cama durante semanas. “Muchas personas dejan de cuidarse por completo y pierden mucho peso”, lo que las hace aún más vulnerables a la COVID, dijo.

Al mismo tiempo, la pandemia puso a prueba la red de seguridad alimentaria del país. Los programas Meals on Wheels perdieron voluntarios —preocupados por su propia seguridad— y tuvieron que reclutar a nuevos voluntarios, cambiar las rutas de entrega y encontrar nuevas fuentes de alimentos. Muchos bancos de comida pequeños redujeron las horas, y tanto los grandes como los pequeños solo distribuían alimentos por medio de ventanillas para autos.

Echols, quien recibe beneficios por incapacidad del Seguro Social, dijo que algunos de los lugares donde había buscado comida antes de la pandemia, incluida una iglesia, cerraron por completo por un tiempo y luego abrieron durante horas muy limitadas. “Al principio no había ningún lugar a donde ir”, dijo.

Echols estaba sumamente agradecida por la ayuda que obtuvo del Center for Food Action, una organización grande sin fines de lucro que presta servicios a los residentes más pobres y vulnerables del norte de Nueva Jersey, distribuyendo alimentos a través de una ventanilla para autos. Pero ella también perdió temporalmente el acceso a esa ayuda cuando su auto se dañó y tuvo que reemplazarlo.

Llegar a los supermercados ―y pedir comida en internet― también resultó difícil para millones de adultos mayores. Toth dijo que muchas áreas rurales en Luisiana, por ejemplo, no cuentan con acceso a internet ni tienen grandes supermercados.

Incluso antes de la pandemia, Luisiana y Virginia Occidental empataron al tener la quinta tasa más alta de inseguridad alimentaria entre los adultos mayores del país, de todos los estados, según el estudio “The State of Senior Hunger in America 2019”. Ese estudio, realizado por Feeding America y sus asociados Craig Gunderson de Baylor University y James Ziliak de University of Kentucky, encontró que casi 1 de cada 10 adultos mayores en ese estado tenía inseguridad alimentaria; es decir, que no estaba seguro de dónde vendría su próxima comida.

La devastación financiera de la COVID empeoró las cosas, y la gente recurrió a bancos de alimentos para satisfacer sus necesidades.

Mary Andrews, de Monroe, Luisiana, dijo que ha estado recogiendo una caja de comida todos los meses del banco del noreste de Luisiana durante la pandemia, recibiendo productos enlatados, leche, mantequilla, jugo, pollo y más.

“Ayuda mucho”, dijo Andrews, de 84 años.

Kathryn Marles, otra clienta del banco de alimentos de Monroe, estuvo de acuerdo.

“Cuando recibes esa caja, estás realmente sorprendido y feliz”, dijo Marles, de 66 años, quien tiene diabetes, presión arterial alta y colesterol alto. “Te dan todo lo que puedes usar en la cocina”.

Marles dijo que solía ir a los centros para adultos mayores para comidas en grupo antes de la pandemia, “pero el lugar para adultos mayores está cerrado, así que voy al banco de alimentos”.

Lisa Smith, directora de servicios al cliente de ElderServe en Louisville, Kentucky, dijo que muchos adultos mayores encontraron maneras de obtener lo que necesitaban, incluso si esto significaba probar varias vías diferentes o buscar ayuda por primera vez.

“Definitivamente ha sido difícil para los adultos mayores”, dijo. “Pero han sido muy resistentes”.

Igual lo han sido quienes tratan de ayudarlos. En los últimos meses, la vacunación generalizada contra la COVID ha permitido a muchos voluntarios volver a trabajar en bancos de alimentos y programas de comidas, y también ha ayudado a las personas a sentirse más seguras al visitar a sus familiares mayores.

Durante los primeros días de la pandemia, no hubo mucha ayuda para los adultos mayores, dijo Carr. “Pero eventualmente, la gente encontró una manera”.

El aumento en los cupones de alimentos es ‘una bendición’

Para muchos adultos mayores, los aumentos en los beneficios del SNAP han sido otra fuente de sustento crucial. Carr los considera “una bendición”.

Según el Instituto de Política Pública de AARP, el 44% de todos los hogares que recibieron el SNAP en el 2018 incluían al menos un adulto de 50 años o más. Casi un tercio de esos hogares recibían el beneficio máximo, que era de $194 al mes para un hogar de una sola persona. Pero 1 de cada 6 hogares recibió el beneficio mínimo, que en los últimos años fue de $16 al mes para los hogares de una y dos personas en todos los estados excepto Hawái y Alaska.

El Center on Budget and Policy Priorities señaló una serie de cambios en el programa durante la pandemia, a partir de marzo del 2020, la Families First Coronavirus Response Act (Ley de familias primero en respuesta al coronavirus) otorgó al Departamento de Agricultura de EE.UU. (USDA) la autoridad para permitir que los estados modifiquen temporalmente los procedimientos para facilitar que las personas soliciten o continúen recibiendo beneficios del SNAP.

La ley también permitió que los estados otorgaran asignaciones de emergencia a los hogares que reciben el SNAP; todos los estados lo hicieron. Al principio, algunos de los hogares de ingresos más bajos quedaron fuera, según el Center on Budget and Policy Priorities. Pero la Administración Biden revirtió esta política, y a partir de abril, todos los hogares en estados con esos beneficios recibieron asignaciones de emergencia de al menos $95.

Para muchos adultos mayores, esto significó un gran impulso. Nicole Burda, representante legislativa sénior de AARP, dijo que una sola persona mayor que recibía $16 antes de la pandemia vio que sus beneficios aumentaron a $204 al mes con las asignaciones de emergencia por la pandemia, y luego aumentaron a $234 en enero debido al aumento temporal del 15%. Alguien que ya recibía el máximo eventualmente vio sus beneficios aumentar a $329 al mes.

Pero esas asignaciones dependían de que el Gobierno federal declarara una emergencia de salud pública y los estados emitieran una declaración de emergencia o desastre. El impulso temporal federal del 15% durante la pandemia para los beneficios del SNAP termina este mes, y algunos estados ya han dejado de proporcionar sus asignaciones de emergencia.

Sin embargo, una vez que los beneficios de emergencia venzan, los beneficiarios del SNAP continuarán recibiendo un nivel de ayuda mayor, debido al cambio en la fórmula de beneficios que el USDA aprobó recientemente. Burda dijo que los adultos mayores generalmente verán un aumento en sus beneficios en comparación con los niveles de beneficios previos a la pandemia a medida que el Gobierno federal ajuste su plan Thrifty Food, la base para calcular los beneficios del SNAP. Según esos cambios, el beneficio máximo para un hogar de una persona será de $250 en el año fiscal que comienza el 1.º de octubre.

Pero el mínimo será de solo $20 al mes, lo que significa que cuando terminen las asignaciones de emergencia, aquellos que hubieran recibido $16 al mes solo verán un aumento de $4 con respecto a los beneficios de antes de la pandemia.


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Andrews dijo que los aumentos relacionados con la pandemia le han permitido comprar más alimentos de lo habitual. La continuación de los beneficios más altos “sería una bendición”, expresó.

Echols dijo que los beneficios que solía obtener antes de la pandemia —unos 50 centavos al día— no eran suficientes.

 “Gracias a Dios por el aumento. Realmente puedo tener una dieta más saludable”, dijo. “Puedo comprar toda el agua que quiero. Y frutas y verduras frescas, y los mejores cortes de carne. Y puedo hacer que me duren más”.

Burda dijo que la investigación encargada por AARP Foundation muestra que los beneficios del SNAP relacionados con la pandemia “han ayudado a asegurar que los adultos mayores no tengan hambre durante estos tiempos increíblemente difíciles”. Dijo que las oficinas estatales de AARP han estado monitoreando las decisiones estatales sobre las asignaciones de emergencia, y tomando medidas. Por ejemplo, AARP Idaho se unió a los grupos contra el hambre en una carta en la que pedían al gobernador que reestableciera las asignaciones, y AARP South Carolina emitió una declaración en la que pedía al gobernador que reconsiderara la posibilidad de levantar una declaración de estado de emergencia debido a sus implicaciones para los beneficios del SNAP.

“Nos preocupa mucho que la ayuda alimentaria esté a punto de caducar antes de que termine la crisis financiera para muchos adultos mayores”, dijo Burda. “A medida que el país se recupere de la pandemia, las necesidades variarán de una comunidad a otra y de una persona a otra. AARP está comprometida a asegurar que los adultos mayores puedan continuar poniendo alimentos sobre su mesa en el momento en que los necesiten”.

Marles dijo que espera que los aumentos del SNAP permanezcan tanto tiempo como sea posible. Ella dijo que tiende a ser anémica, pero ha podido comer mejor y evitar la deficiencia de hierro porque tiene dinero extra para comprar más alimentos para complementar lo que recibe del banco de alimentos.

“Si esa cantidad disminuye, sería algo difícil”, dijo. “Realmente lo sería”.

Laura Ungar es una colaboradora de AARP. Ha escrito sobre la inseguridad alimentaria entre los adultos mayores para Kaiser Health News y también ha trabajado para USA TodayThe Hartford Courant en Connecticut y The News Journal en Delaware. Es editora de noticias de investigación y de empresa en The (Louisville) Courier-Journal.