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Cómo adaptar el ejercicio a tu estilo de vida

Aunque no te guste el deporte, un poco de ejercicio es mejor que nada.

Tres mujeres observan un mapa

Hero Images/Getty Images

Practicar deporte con regularidad desde la juventud es lo ideal para alcanzar la madurez en buen estado físico, mental y emocional. En mi década de los 20 fui instructora de fitness, después inicié danza, he sido corredora casi toda mi vida y, en los últimos dos años y medio, encuentro refugio en una práctica diaria de yoga.

A los 54 años, y tras toda una vida de hacer ejercicio físico, me siento realmente bien. Esto no quiere decir que no tenga mis achaques, pero no me quedo sin aliento subiendo las escaleras, no me cuesta agacharme para recoger algo del suelo, y duermo bastante bien todas las noches. Aprendí muy joven a canalizar una personalidad adictiva y compulsiva hacia la práctica del ejercicio físico, y esto me ha ayudado.

¿Pero qué pasa si no eres como yo? ¿Cómo empiezas a hacer ejercicio cuando realmente odias hacerlo y has pasado casi toda una vida sin apenas moverte? Esa es la pregunta que más me hacen mujeres que me siguen en las redes sociales, sobre todo en Instagram.  

Tengo un ejemplo realmente cercano: mi esposo. Durante su carrera como reportero gráfico caminaba mucho durante sus frecuentes viajes. Esto era estupendo, porque siempre aborreció ir al gimnasio o practicar deporte. Cuando cumplió 50 y cambió de profesión (ahora da clases en la universidad y escribe libros), dejó de caminar por cuestiones de trabajo. Me costó mucho convencerle que no es saludable pasar todo el día sentado. Me decía que odiaba practicar deporte, y yo le respondía que un poco de ejercicio es mejor que ninguno. Si detestas ir al gimnasio, no hay que castigarse. Lo mejor es incorporar el movimiento a tu vida diaria prácticamente sin que te des cuenta. A los 53 años, mi esposo sigue sin ser fanático del deporte, pero ha conseguido convertir en hábito el ir al gimnasio durante media hora, tres veces por semana. Si él ha sido capaz de esto, cualquiera puede.

Si te repele la idea de un régimen de ejercicios, a continuación, comparto algunos trucos que puede utilizar cualquiera para incorporar un poco de movimiento a su día a día sin excederse y sin aburrirse.

●      Busca una actividad que realmente te divierta. Para qué torturarte con una disciplina que detestas desde el primer día. Cuando haces algo que te gusta, no estás pendiente de lo cansado que es o de lo mucho que te duelen los músculos.

●      No temas probar varias disciplinas hasta que des con la adecuada. ¿Cómo vas a saber qué es lo que más te gusta si no te das la oportunidad de probar varios deportes o rutinas de ejercicio?

●      Ponte una alarma en el reloj o el teléfono para que suene cada hora y haz una breve rutina, siempre la misma. Durante una época muy ocupada de mi vida, cada 50 minutos hacía 25 sentadillas, 25 push-ups y 25 ejercicios abdominales. Al final del día eso se acumula y es fácil ver resultados.

●      Márcate metas alcanzables y auméntalas poco a poco. Es muchísimo más fácil caminar 15 minutos al día que dos horas una vez a la semana.

●      Modifica el tipo de ejercicio según la estación del año y así evitarás que te de pereza. Elige actividades al aire libre cuando no haga demasiado calor o demasiado frío. En cambio, ve al gimnasio o a la piscina cubierta en invierno o verano.

●      No creas que solo una rigurosa tabla de ejercicios te ayudará a ponerte en forma. Bailes de salón o bailes regionales, hacer senderismo, pasear al perro ... hay muchas maneras de practicar deporte. Repito que mejor es hacer algo —lo que sea— que nada.

●      No presupongas que realmente odias un determinado deporte si no te has dado la oportunidad de probarlo. Una de mis mejores amigas decía que odiaba correr. Pues bien, empezó a correr a partir de los 40 años ¡y ahora le encanta!

●      Procura realizar un deporte que puedas incorporar con facilidad a tu día a día. Si tienes que atravesar la ciudad en autobús para ir a nadar, lo abandonarás enseguida. Adapta tu rutina de ejercicios a los cambios en tu vida. Por ejemplo, si viajas, practica yoga en la habitación, o ve al gimnasio del hotel. Si estás en la playa, camina o nada. Si vas a la montaña, haz senderismo, y así sucesivamente.

●      Haz una actividad en equipo. Rendir cuentas ante un grupo de personas es más fácil que si practicas deporte sola. No temas probar algo como el baloncesto o voleibol. El apoyo del grupo hará que te sientas motivada.

La clave es empezar poco a poco y ser constante. Cuando compruebes por experiencia los beneficios de la práctica de una rutina de ejercicio —por sencilla que sea esta rutina— te costará menos ponerte en movimiento. Te aseguro que merece la pena.

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