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Imagina a una mujer de 53 años llamada Melissa que, seis meses después de comenzar a recibir un salario por servir como cuidadora personal de su padre, se siente generalmente satisfecha con el acuerdo. Aunque solo gana $13 la hora por ayudarlo a vestirse, asearse y moverse por su apartamento, así como limpiar y cocinar para él, el dinero que gana le permite pagar los copagos médicos de su padre, comprar los suplementos de proteína y hacer las reparaciones básicas de su casa, donde ahora vive con él. También se queda con una parte de sus salarios para compensar el ingreso que perdió al dejar su trabajo mejor remunerado como asistente administrativa para convertirse en su cuidadora a tiempo completo.
Una revisión sistemática reciente de estudios de investigación en la edición de septiembre del 2024 de The Gerontologist parece confirmar las impresiones de Melissa. Los estudios analizados trataban todos sobre familiares que recibieron dinero por cuidar a un familiar bajo un programa de cuidados autodirigido y administrado por el estado. El programa permite a los beneficiarios de Medicaid elegir quién es contratado para cuidarlos y muchos eligen a familiares. (Otros cuidadores familiares cuyos seres queridos no reúnen los requisitos para Medicaid aún pueden recibir un pago acordado directamente por su ser querido u otros parientes). La revisión encontró, como era de esperar, que los cuidadores familiares remunerados experimentan una mejora en su bienestar personal y social. También se señaló que pagarles aumentaba su intención de continuar siendo cuidadores.
Podemos interpretar estas conclusiones para decir que el dinero importa material y psicológicamente para los cuidadores familiares. Incluso un salario modesto puede ayudar a mantener el hogar de un cuidador. Puede ayudar a que los cuidadores familiares se sientan reconocidos y valorados, no dados por sentado, como muchos cuidadores familiares no remunerados se sienten.
Sin embargo, la revisión no fue completamente positiva. Se descubrió que los cuidadores familiares remunerados experimentan más "tensión emocional" que los asistentes de cuidado personal que no tienen parentesco con quien cuidan. Eso sugiere que cuidar de alguien con quien se tiene un vínculo familiar causa más estrés (aunque esto probablemente también sea cierto para los cuidadores familiares no remunerados). También es posible que recibir dinero pueda complicar la dinámica familiar.
Por ejemplo, sin decirlo directamente, parece que los dos hermanos de Melissa resienten que ella se esté beneficiando del deterioro de su papá como si fuera una especie de mercenaria codiciosa en lugar de su hija amorosa. Desde que empezó a recibir un salario, pasan por la casa con menos frecuencia y rara vez ofrecen ayudarla. Es como si creyeran que el trabajo de cuidador familiar ahora es solo de ella y de nadie más.
Los cuidadores familiares deberían poder ganar un salario por su duro trabajo sin dramas familiares. ¿Cómo es posible? Aquí ofrecemos algunas ideas:
No hay un único programa de cuidado autodirigido implementado en todo el país para pagar a los cuidadores familiares; cada estado tiene su propio programa o varios diferentes, y varían en términos de quién reúne los requisitos y cómo se ejecutan. Por ejemplo, en algunos estados, los cónyuges pueden recibir pago por cuidar a su pareja; en otros, no. Algunos requieren que los cuidadores familiares se sometan a un entrenamiento específico; otros no.
Para averiguar qué reglas del programa pueden aplicarte en el estado donde reside la persona a la que cuidas, puedes poner el nombre de ese estado y el término "autodirigido", "dirigido al consumidor" o "dirigido al participante" (en inglés: “self-direction”, “consumer-direction” o “participant-direction”), que también son comúnmente utilizados para el mismo tipo de programa) en un motor de búsqueda en internet para encontrar un sitio en línea con información. De otra manera, puedes llamar a la oficina de Medicaid del estado (a menudo llamado el Departamento de Servicios Humanos) o a la Agencia del Área sobre Envejecimiento (AAA) local de la persona que recibe los cuidados para obtener información. Puedes buscar a qué AAA contactar al acceder al localizador de recursos para adultos mayores (Eldercare Locator) y luego ingresar el código postal del ser querido.
Los cuidadores familiares remunerados no dejan de ser, ante todo, familiares. Eso significa que deben dejar claro a las personas que cuidan y a otros miembros de la familia que no son empleados que están obligados a obedecer cada orden dada a gritos; son familia cuidando a la familia y merecen respeto.
Si el padre de Melissa se vuelve exigente, impaciente o irritable con ella, ella puede decirle que espera que la trate con cortesía, como lo haría en cualquier interacción entre padre e hija. Si uno de sus hermanos expresa su resentimiento porque ella está ganando un "gran" salario, ella puede decirle que espera que él sea un hermano solidario.
No debería haber secretos familiares sobre el dinero en el cuidado familiar. Los cuidadores familiares remunerados deben informar a las personas que cuidan y a otros familiares exactamente cuánto están recibiendo por desempeñar tareas y qué parte de esa cantidad se está destinando a pagar por servicios que benefician a quienes reciben los cuidados. Debería ser evidente que el cuidador principal no se está enriqueciendo con el deterioro de un pariente. Y los cuidadores familiares remunerados no deben sentirse culpables o tímidos al pedir ayuda. Recibir un salario no les da superpoderes para manejar lo que puede ser un trabajo abrumador; todavía necesitan apoyo. Otros parientes no están de repente exentos de toda responsabilidad hacia el ser querido o el cuidador familiar remunerado. El dinero cambia muchas cosas, pero no esto.
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