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La mujer que mejor conocía a George Harrison ofrece una mirada íntima al artista

Olivia Harrison conversa con AARP acerca de su nuevo y muy personal libro de poemas sobre su famoso esposo, que relata su amor, su convivencia y lo que significó perderlo.

La portada del libro Came the Lightening: Twenty Poems for George.

Genesis Publications/Michael Simon

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Para ella, prender una vela no fue suficiente. Olivia Harrison, de 74 años, está conmemorando el 20.º aniversario de la muerte de su esposo, George Harrison, con sentimientos encontrados y sus versos apasionados y elegantes en Came the Lightening: Twenty Poems for George, una colección de 20 poemas muy personales sobre la vida de esta pareja.

El libro también contiene fotografías y obras de arte inéditas, y un prólogo de Martin Scorsese, un viejo amigo y el director del documental George Harrison: Living in the Material World (2011)​, quien escribe: “Esta es una obra que rinde homenaje al amor, pero percibe con claridad su naturaleza pasajera”.


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Su relación empezó como muchas historias de amor modernas: en el trabajo. Pero eso fue lo único rutinario de su romance. La primera vez que el ex-Beatle conoció a la perspicaz joven de cabello castaño, que en esa época tenía 26 años, ella trabajaba en mercadeo para A&M Records en Los Ángeles, la distribuidora del sello discográfico Dark Horse de Harrison. Se casaron en 1978, un mes después de que naciera su hijo Dhani.

La espiritualidad fue uno de sus intereses en común. La pareja disfrutaba mucho de la privacidad y serenidad de Friar Park, una mansión de 30 habitaciones en un terreno de 62 acres ubicada en Oxfordshire, Inglaterra, que data de 1889. George la compró en 1970 y después se convirtió en un entusiasta de la jardinería.


Olivia Harrison.

Josh Giroux

Olivia Harrison.

En Came the Lightening, Olivia habla sobre los lazos de ambos con la naturaleza, sus infancias parecidas, cómo se adaptó a ser la esposa de una celebridad y de cuando en 1999 George estuvo a punto de ser asesinado, luego de que un hombre delirante entrara en el hogar de la pareja y lo apuñalara. (Olivia contraatacó con un atizador de chimenea y una lámpara de mesa). Aborda con franqueza la muerte de George en el 2001 a causa de cáncer de pulmón y la pena profunda que la abatió.

Después de permanecer recluida durante su duelo, Olivia asumió el papel de su esposo como uno de los cinco directores de Apple Corps, que dirige el imperio de los Beatles. Escribió un libro como acompañamiento para el documental de Scorsese, produjo el homenaje estelar Concert for George, supervisó su catálogo de grabaciones y campañas de reedición, y produjo películas, documentales y cajas recopilatorias. Sigue siendo una filántropa incansable y ahora, sorprendiéndose a sí misma, es poetisa. Conversa con AARP sobre cómo se enamoró de George, cómo compite en un mundo obsesionado con los Beatles y cómo pudo encontrar consuelo en el jardín en medio de una tristeza profunda.

¿Por qué decidiste expresar en forma de verso tus recuerdos sobre George?

Realmente no elegí ese camino, sino que me eligió a mí. Alrededor del 2018, mientras me enfrentaba a un torbellino emocional, un amigo neurólogo me dijo: “Deberías leer poemas durante tres días. Eso es lo que te prescribo”. Y eso me activó el cerebro. Comencé a escribir, y mis sentimientos salieron en forma de poesía. Me aterré porque no conocía las reglas ni la cadencia. Pensé que tal vez podría escribir una autobiografía, pero todos mis conocidos lo habían hecho. Esto es mucho más profundo, mucho más personal. 

¿Siempre habías planeado escribir sobre George?

Nunca lo planeé. A veces pensaba, Todas nosotras las chicas [de los Beatles] tenemos tantas historias, ¿no sería entretenido si cada una escribiera varios capítulos? Había estado trabajando mucho en archivado e investigación, y pensé, Ahora me toca a mí. ¿Qué vería en mi último recorrido por el camino de Friar Park? Una noche en el 2018 en la que me quedé despierta hasta tarde, estaba pensando en un poema de Edna St. Vincent Millay, “Here Is a Wound That Never Will Heal, I Know” (Esta es una herida que nunca sanará, lo sé). Así fue como empezó. 

Olivia Harrison sentada en un jardín.

Tim P. Whitby/Getty Images for Universal Music Group

Olivia Harrison hace alusión a la icónica portada del álbum ‘All Things Must Pass’ de George Harrison para conmemorar el 50.º aniversario del disco con una instalación de arte pública y en vivo elaborada por Ruth Davis, una famosa florista británica, en la plaza Duke of York en Londres, Inglaterra, el 6 de agosto del 2021.

Confrontas tu pena en “Another Spring” (Otra primavera) y “Death Is Good for the Garden” (La muerte embellece el jardín), que además revela cómo la naturaleza te ayudó a recuperarte. Desatas tu furia contra el jardín, y luego recurres a él para encontrar consuelo.

George murió en noviembre. Creímos que íbamos a tener al menos otra primavera. Ambos trabajamos mucho en el jardín. Lo que quería expresar al escribir que me tiré sobre el césped y arranqué la hierba es la rabia y el dolor que sentí. A medida que pasó el tiempo experimenté remordimiento. Me sumergí en el jardín, y toda esa energía se dispersó por la naturaleza. 

George fue el más reservado de los Beatles. ¿Qué esperas que aprendan los lectores sobre él?

Su vida se ha documentado un poco. El público sabe de Hamburgo y Liverpool. Pero quería que lo escucharan en mis palabras. Escribí “Tuum Corpus” (“tu cuerpo” en latín) porque quería que los lectores supieran cómo era George físicamente, por qué tenía cicatrices en los dedos de la mano, sus lecciones de vida. Él contaba: “Atrapé un pez con un arpón. Era demasiado pequeño, aunque parecía muy grande al mirarlo con las gafas de buceo. Lo devolví al agua, y me cortó los dedos de la mano. Tuve que exprimirme limón en los dedos”. Decía que esas cicatrices eran karma instantáneo.

Se te reconoce por haber suavizado sus asperezas. 

Tuve que hacer un poco de limpieza, abrir espacio. Yo dije: “Si vamos a tener una familia, debemos ser una pareja”. Él solía estar deprimido. Como tenía el ceño fruncido, decíamos que eso era “la marca de la bestia”. Salir por completo del negocio de la música fue renovador para él. Le permitía hacer cosas normales, ir a sitios normales. Y tener un hijo cambia tu perspectiva de la vida. 

“Her or Me” (Ella o yo) es un poema sensual acerca del amor de George por su guitarra. ¿Te sentías eclipsada por su enorme devoción por la música?

George siempre decía que “no es una competencia”. Respeto mucho a los artistas y el proceso creativo. Ese don los absorbe por completo y ocupa un lugar que flota sobre ellos. Sabes que proviene de un lugar que esa persona ni siquiera conoce. Yo misma lo sentí mientras escribía este libro. Si estábamos de vacaciones y George empezaba a componer una canción, yo enseguida le daba papel y lápiz. Nunca me sentí celosa de eso. Era impresionante.


Incluiste mucho en “My Arrival” (Mi llegada), una crónica densa sobre la dificultad de adaptarte al estilo de vida y al círculo social de George.

Nadie debió pensar que yo duraría mucho. Lo entiendo. Yo no tenía ninguna experiencia anterior con ninguno de ellos, así que no sentía ningún rencor. Escribí sobre cuando entré en su casa y puse flores sobre la repisa de su chimenea y todos me dijeron: “No, no, no. A él no le gustan las flores ahí”. Mi perspectiva al ser una extraña fue fascinante.

El poema “She” (Ella) examina tu crianza modesta y su paralelismo con la niñez de George.

Tuvimos comienzos parecidos. “She” trata sobre mi niñez en Hawthorne, al sur de Los Ángeles. Era una ciudad donde solo vivían blancos, algo de lo que solo me enteré hace poco. Éramos una familia mexicana grande en un barrio blanco. George nació en su hogar durante la guerra, en una casa con dos habitaciones arriba y dos abajo. Una vez le dije a uno de sus compañeros: “Ustedes eran muy flacos”. Él contestó: “No comíamos nada de carne ni proteínas. No teníamos suficiente para comer”. En Inglaterra el racionamiento duró hasta 1953. El padre de George, después de pasar todo el día conduciendo un autobús, llevaba personas a refugios antiaéreos en el centro de la ciudad.

Su poema acompañante, “He (Never Hurt No One)” [Él (nunca hirió a nadie)] es una entrañable biografía.

George era un hombre amable, comprensivo, compasivo y pacífico, en todo sentido. Defendía a su familia y si se sentía amenazado, era valiente y podía incluso meterse en situaciones peligrosas. A George lo amaron y lo admiraron. Lo criticaron, lo culparon y fue objeto de violencia, sin merecerlo; en toda su vida, nunca hirió a nadie. Muchas veces escribía cosas con errores gramaticales, y yo intentaba corregirlo: “Eso no lo puedes decir”. “Sí puedo”, me contestaba. Pues sí, él nunca le hizo daño a nadie.

Ustedes se conocieron mientras trabajaban juntos. ¿En qué momento supiste que estaban hechos el uno para el otro?

Después de un par de meses. ¡Yo intentaba trabajar! Había 10 personas esperando a que las atendiera en la oficina. Creo que él necesitaba una amiga. La relación evolucionó así. Cuando lo conocí, él estaba un poco desconectado.


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Olivia y George Harrison juntos de vacaciones en Italia.

AP Photo/pa/File

Olivia y George Harrison juntos de vacaciones en Italia.

¿Crees que la muerte es el final absoluto, o que es posible que vuelvas a ver a George?

No sé. No creo que exista un final. Creo que nuestros elementos se separan. Nuestro fuego se apaga, nuestro aire se acaba, pero la energía no termina. Simplemente adopta otra forma. 

Has asumido responsabilidades enormes como filántropa y con los legados de George y de los Beatles. ¿Por qué no has aflojado el paso?

Tal vez necesito sentir que podré terminar todo antes de morir. ¿Cómo lo equilibro? No muy bien. Me cuesta trabajo concentrarme en cosas porque quiero estar en el jardín. Pero escribir este libro fue una verdadera revelación. No pude parar. Quería expresar esa pena profunda. No es que la haya borrado de la mente durante 20 años. No cabe duda de que estuve de duelo y lo enfrenté con seriedad por un par de años después de la muerte de George. Pensé: ¿Qué significa eso para mí? Lo mismo con Dhani. George murió por alguna razón. ¿Qué nos enseña eso a nosotros? Más vale que lo averigüemos, o será un gran desperdicio. Primero, Eric [Clapton] me llamó para organizar el homenaje Concert for George. Luego hicimos una película, un libro y lo de la música. Después lanzamos algunas de las canciones inéditas de George. Tengo un fuerte sentido del deber. Todavía quedan guardadas en la bóveda un montón de cintas de 24 pistas.

¿Cuáles se podrían estrenar?

En 1974, durante los ensayos para la gira “Dark Horse”, se grabaron nueve conciertos de noche en Occidental College. Y estos incluyeron a las figuras más representativas de la música clásica hindú. Shivkumar Sharma acababa de morir. Nunca se lanzaron. Por eso, creo que nadie más lo hará. Más vale que lo haga yo, o las cintas caerán en el olvido.

Edna Gundersen, quien escribe con frecuencia reseñas musicales para AARP, se desempeñó durante muchos años como crítica de música pop para USA Today.