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Cómo obtener la condonación de los préstamos estudiantiles

No es fácil lograr la cancelación de algunos préstamos, pero es posible.

Parte de un billete de 100 dólares con un ojo de Benjamin Franklin cubierto bajo un texto que dice deuda de préstamo estudiantil  10 mil

ISTOCK / GETTY IMAGES

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Stanley Merritt. como muchos, está preocupado porque se ha previsto que finalice la suspensión de los pagos de préstamos estudiantiles federales establecida a raíz de la pandemia. Y cuando vuelvan a llegar las facturas, serán de un importe superior al que puede pagar ahora con su pensión y los beneficios por incapacidad del Seguro Social de su esposa, cuyo poder adquisitivo sufre las consecuencias de la inflación. Ya está recortando otros gastos —como la televisión por cable y los alimentos— y tiene planes de recurrir a sus ahorros jubilatorios.

La suspensión de los pagos “ha sido una gran ayuda”, observa Merritt, quien tiene 59 años y tuvo que solicitar un préstamo para ayudar a pagar los estudios universitarios de su hijo. No obstante, tener que reanudar los pagos “agravará una situación que ya es precaria”.

Pocas veces se han producido tantos cambios y confusión en torno a las normas que rigen los préstamos estudiantiles. Esa suspensión de pagos ha estado a punto de finalizar en varias ocasiones, para luego ser prorrogada. El 31 de diciembre del 2022 es el último plazo. Además, se han flexibilizado algunos requisitos relacionados con la condonación de deudas, y el Gobierno federal ahora ofrece condonar hasta $20,000 en préstamos estudiantiles.

Al mismo tiempo, muchas de las empresas privadas que el Gobierno contrata para gestionar los préstamos están dejando el negocio y transfiriendo a los prestatarios frustrados de una empresa a otra. “Las personas no saben a dónde acudir cuando surgen problemas o tienen preguntas”, señala Kyra Taylor, una abogada especializada en los préstamos estudiantiles en el National Consumer Law Center. “Es demasiado complicado determinar quién tiene derecho a qué”.

Todo esto ocurre en el marco de un debate en el Congreso sobre la posibilidad de condonar totalmente los préstamos estudiantiles pendientes.

“He presenciado períodos de inestabilidad, ya sean económicos o a causa de una catástrofe, y este es el momento más descabellado por el que he pasado”, dice Betsy Mayotte, presidenta del Institute of Student Loan Advisors. “Simplemente tenemos demasiadas dificultades por delante”.


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Sin embargo, entre tanta conmoción, también hay oportunidades de ahorro o de condonación de las deudas pendientes, si se tiene la determinación y la perseverancia necesarias y se cumplen numerosas condiciones. Esto incluye a los cerca de 8.4 millones de titulares de préstamos estudiantiles de 50 años o más que, según la Reserva Federal, deben en conjunto $358,100 millones —es decir, un promedio de $42,630 cada uno—, lo que representa una quinta parte de los $1.58 billones en deudas de préstamos estudiantiles que mantienen todas las personas en el país.

Por ejemplo, los expertos recomiendan a los prestatarios que puedan afrontarlo que sigan pagando sus préstamos durante la suspensión, ya que de este modo ahorrarán en el pago de intereses. El Gobierno también está cancelando en su totalidad préstamos federales por valor de miles de millones de dólares cuyos titulares son personas que tienen una discapacidad permanente o que fueron defraudadas por instituciones que las engañaron o que cerraron antes de que obtuvieran su diploma, como ITT Technical Institutes y Westwood College. Estas reclamaciones llamadas “condonación de la deuda del préstamo por medio de una defensa del prestatario” se habían limitado previamente.

Una de las opciones más alentadoras para reducir la deuda de los préstamos estudiantiles federales es un programa conocido como Condonación de Préstamos por Servicio Público (PSLF, Public Service Loan Forgiveness) que se ideó con el fin de incentivar a las personas a aceptar trabajos de servicio público, como el de maestro o el de socorrista, a cambio de que se les cancele la deuda pendiente después de efectuar 120 pagos consecutivos. Sin embargo, en la práctica, hasta el año pasado sólo se había cancelado la deuda de 16,000 solicitantes durante los más de diez años de vigencia del programa. Esta cifra supone una pequeña fracción de la cantidad de solicitantes, y esto se debe no solo a que las normas son incomprensibles, sino a los errores documentados que han cometido los administradores de los préstamos (en inglés).

En octubre, la Administración de Biden flexibilizó ciertos requisitos del programa PSLF, lo cual permitió que otros 70,000 prestatarios pudieran solicitar ayuda con los préstamos restantes por un valor de casi $5,000 millones. Sigue siendo un proceso complejo —se presentaron 391,000 solicitudes, pero 8 de cada 10 solicitantes aún no habían efectuado los 120 pagos necesarios— y la ampliación de los requisitos también tiene un plazo límite: finaliza en octubre.

Préstamos Parent PLUS

Muchas personas mayores de 50 años que tienen deudas de préstamos estudiantiles para sus hijos los solicitaron por medio de Parent PLUS. Además de haber trabajado en el servicio público, para poder acceder al programa PSLF primero deben consolidar sus préstamos (es gratis y se puede hacer en el sitio web federal de préstamos estudiantiles) en un plan de devolución basado en los ingresos.

“Es necesario conocer el programa y saber que es preciso consolidar”, afirma Winston Berkman-Breen, subdirector de promoción y asesoramiento sobre políticas del Student Borrower Protection Center. “Debes estar inscrito en el plan de devolución apropiado, tener el tipo de préstamo adecuado y desempeñar un trabajo de servicio público que cumpla con los requisitos”.

Antes de octubre, la consolidación de un préstamo reiniciaría el requisito de realizar los 120 pagos obligatorios; por ahora, y hasta octubre, no será así. (Aunque el préstamo consolidado fuera rechazado para poder acceder al programa PSLF, adoptar el sistema de pagos basados en los ingresos puede reducir el saldo mensual de las personas de bajos recursos).

Si todos estos parecen ser trámites innecesarios, es porque realmente lo son. Esto se debe a que los titulares de préstamos Parent PLUS “son una de las categorías de prestatarios más descuidadas”, según Whitney Barkley, asesora sénior de políticas del Center for Responsible Lending. “Ni siquiera los tenemos en cuenta cuando comentamos temas como la condonación de préstamos basada en los ingresos y otras opciones de las que disponen otros prestatarios para obtener ayuda”.

Es un proceso complicado

Los numerosos cambios efectuados en las normas no han logrado más que suscitar más preguntas para personas como Merritt, quien trabajaba en recursos humanos para el Gobierno local del estado de Nueva York, pero no estaba seguro de poder solicitar el programa PSLF como jubilado ni de si los préstamos que obtuvo para su hijo podrían cumplir los requisitos.

Puede solicitarlo (hasta octubre), y es posible que reúna los requisitos, excepto que aún no ha efectuado los 10 años de pagos requeridos para que se cancele la deuda que tiene pendiente. Aunque los titulares de préstamos que podrían acceder al programa PSLF no hayan efectuado 120 pagos, Berkman-Breen recomienda que consoliden sus préstamos antes de la fecha límite de octubre para obtener crédito por todos los pagos que puedan.

Cada vez es más frecuente que los adultos mayores en el país también tengan su propio préstamo estudiantil que solicitaron para obtener licenciaturas a una edad avanzada o para cursar estudios de posgrado. Si tienen, o tuvieron, una carrera en el servicio público, también podrían acceder al programa PSLF, suponiendo que sean capaces de navegar el campo minado de la burocracia. 

Patricia Bradley, que ahora tiene 64 años, todavía debe $35,000 de los préstamos que solicitó para cursar sus estudios de licenciatura y maestría. Después de trabajar toda la vida para organizaciones sin fines de lucro, solicitó el préstamo del programa PSLF. Sin embargo, “cada vez que lo intento, me dicen que no cumplo los requisitos”. Bradley no tiene muy claro el motivo, pero piensa que puede tener que ver con la transferencia de su préstamo de un administrador a otro. “No he podido obtener respuestas”, dice Bradley, quien vive en Massachusetts y dirige una guardería en una YMCA. “Solo consigo que me den evasivas”.

Hace tiempo que tiene pensado adquirir una casa rodante y viajar por todo el país —ya decidió llamarla “Patti Wagon”— pero el plan ha quedado en suspenso. Con el aumento del alquiler y la imposibilidad de deshacerse de su persistente deuda por el préstamo estudiantil, señala: “Me da mucho miedo jubilarme. Es una verdadera lástima. A veces siento ganas de llorar. Puedo dejar de pagar el alquiler, puedo dejar de pagar el resto. Lo único que no desaparece es ese maldito préstamo estudiantil”.

Unas horas después de compartir su frustración, Bradley llegó a su casa y encontró otra carta del administrador de su préstamo informándola que en su última solicitud faltaban documentos para poder acceder al programa PSLF.

“Tiene 10 páginas. Voy a ver si puedo resolverlo”. Suspira. A este paso, añade, “me van a desenterrar y sacar el oro de mi cuerpo para pagar mis préstamos estudiantiles cuando me muera”.

Nota de redacción: este artículo se publicó el 7 de marzo del 2022. Ha sido actualizado con nueva información.

Jon Marcus es el redactor de temas de educación superior de The Hechinger Report y también escribe para The Washington Post, The New York Times y otras publicaciones.