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Lo que aún no sabemos sobre la COVID-19 y el cerebro

En un informe de AARP, los expertos recomiendan qué estudiar para contener los daños de la pandemia en la salud cerebral.

Un doctor mira una radiografía del cerebro

GETTY IMAGES

In English | Mientras continúan los asombrosos estragos de la pandemia de coronavirus, los expertos en salud cerebral están comenzando a evaluar el impacto a largo plazo. 

"Aunque todavía no conocemos el alcance total de los daños que causará la pandemia, han surgido pruebas científicas de que, además de enfermedad grave y muerte, el virus también está causando daños en la salud cerebral de las personas", dice Sarah Lenz Lock, directora ejecutiva del Global Council on Brain Health (GCBH, Consejo Mundial sobre la Salud Cerebral), una organización colaborativa internacional que reúne a científicos, médicos y expertos en políticas convocados por AARP para ayudar a las personas mayores a mantener y mejorar la salud cerebral.


Para información actualizada sobre la COVID-19 visita aarp.org/ElCoronavirus


En un esfuerzo por reducir ese daño potencial, las recomendaciones publicadas por el GCBH en el informe "The Global Council on Brain Health's Recommendations on COVID-19 and Brain Health" definen las áreas clave en las que se deben enfocar las futuras investigaciones. Entre ellas se encuentran los síntomas de la COVID que pueden perdurar a largo plazo, la relación de la enfermedad con la demencia y su efecto sobre ella, y el impacto del aislamiento en el bienestar mental y la salud cerebral de los adultos mayores de Estados Unidos.

Síntomas cerebrales: ¿cuánto pueden durar? 

Mientras los investigadores se esfuerzan por comprender los efectos inmediatos de la COVID-19 en el cerebro —desde la pérdida del gusto hasta la "niebla cerebral"—, su impacto a más largo plazo sigue siendo un misterio. 

Un estudio publicado en Annals of Clinical and Translational Neurology analizó a más de 500 pacientes hospitalizados con COVID-19 y descubrió que en el 82% de los casos había síntomas neurológicos como dolor muscular, dolor de cabeza, mareos y pérdida del gusto y el olfato. Para algunas personas, estos síntomas persisten incluso después de haberse recuperado. "Hay algunos datos provocativos que sugieren que algunas personas pueden tener efectos a largo plazo, como problemas persistentes con la atención, la concentración y la capacidad de realizar varias tareas a la vez, o la pérdida del sentido del gusto y el olfato", dice el Dr. Jason Karlawish, miembro del GCBH y profesor de Medicina, Neurología y Ética Médica y Políticas de Salud en la Facultad de Medicina Perelman de University of Pennsylvania. 

Pero aún no está claro, señala Karlawish, por qué ocurre esto y si los pacientes se recuperan gradualmente de ese daño neurológico. "Es realmente urgente obtener estas respuestas, en especial para los adultos mayores cuyo cerebro ya tiene un mayor riesgo de sufrir problemas cognitivos", afirma. Con el objetivo de recopilar parte de esta información, el National Institute of Neurological Disorders and Stroke (NINDS) de los Institutos Nacionales de la Salud (NIH), entre otros grupos, puso en marcha una base de datos, añade.

El papel y los riesgos de la demencia 

Otra área que el informe del GCBH sugiere como una necesidad crítica de investigación es evaluar si la COVID-19 contribuirá al deterioro cognitivo o la demencia más tarde en la vida. "Tenemos la esperanza de que una comprensión más profunda de cómo la COVID-19 afecta el funcionamiento neurológico también nos ayude a entender por qué algunas personas sufren síntomas cognitivos durante más tiempo que otras, y si las personas con enfermedades que afectan el cerebro, como el mal de Alzheimer, están en mayor riesgo", dice Karlawish. "En este momento, simplemente no lo sabemos".  

Los autores del estudio señalan que, para investigar estas cuestiones, un grupo que incluye a investigadores de todo el mundo —de acuerdo con las pautas de la Organización Mundial de la Salud— puso en marcha un estudio global de más de 40,000 pacientes mayores de 50 años a fin de analizar los efectos a corto y largo plazo de la COVID-19 en el cerebro.  

Mientras seguimos luchando contra el virus, los investigadores también quieren saber más sobre sus efectos en los pacientes con demencia, que se sabe tienen más probabilidades de infectarse, ser hospitalizados y morir a causa de la COVID-19 que quienes no tienen la enfermedad. "No es una sorpresa, porque los pacientes con demencia son más vulnerables a una serie de enfermedades debido a las dificultades que tienen para protegerse, como usar una mascarilla o practicar el distanciamiento social", dice Karlawish, y añade que también son más propensos a tener enfermedades que los ponen en mayor riesgo, como diabetes tipo 2. "Por eso es tan importante estudiar a esta población, para ayudarnos a encontrar formas de revertir estos malos resultados".


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El precio del aislamiento

El informe del GCBH también sugiere hacer un seguimiento de los efectos sociales y mentales de la pandemia en el cerebro de los adultos mayores. "La necesidad de distanciamiento social ha dejado a muchos adultos mayores completamente aislados, lo que además sabemos que no es bueno para la salud cognitiva", dice Lock. "También significa vivir con más ansiedad, miedos y preocupaciones, y este tipo de estrés acumulado a lo largo del tiempo puede afectar la función cerebral general, incluidas la capacidad de pensar y razonar, así como la atención y el estado de ánimo". Por estas razones, los expertos en salud cerebral del Consejo recomiendan recopilar datos sobre cómo la pandemia afectará el bienestar mental —que incluye el estado de ánimo y la estabilidad emocional— de los adultos mayores a largo plazo. 

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