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Una conversación íntima con Linda Ronstadt

La cantante, ya mayor, recuerda su notoria carrera musical y reflexiona sobre la realidad de un futuro con el mal de Parkinson.

In English | Desde sus primeros éxitos en los años 60 como cantante principal de los Stone Poneys de Los Ángeles, conocemos a Linda Ronstadt tanto por la intensidad con la que protege los detalles de su vida privada como por su vigorosa y gloriosa voz de soprano que la hizo una de las mejores cantantes de su generación.

Vea también: Boleros de todos los tiempos.

Linda Ronstadt tiene Parkinson

Fabio Nosotti/Corbis

Linda Ronstadt (foto de 1985), ganadora de 11 premios Grammys durante una carrera de 40 años, dijo que no volverá a cantar debido a que padece el mal de parkinson.

Sin embargo en una entrevista con AARP en anticipación de la próxima publicación de sus memorias, Simple Dreams (Simon &Schuster, 17 de septiembre), habla sin reservas sobre la noticia que cambió su vida, una que no incluyó en el libro —padece del mal de Parkinson— y su trágico efecto secundario: "Soy incapaz de cantar ni una sola nota".

Aunque en su libro menciona que su voz comenzó a cambiar a los 50 años de edad, Ronstadt, que en la actualidad tiene 67 años, nunca había explicado formalmente su jubilación en el 2009 (el libro menciona misteriosamente aquel entonces cuando todavía tenía "una voz saludable"). Ganadora de 10 premios Grammy durante una carrera que abarcó 40 años y produjo 33 álbumes (CK), Ronstadt grabó su último CD (Adieu, False Heart, con Ann Savoy, cantante de música cajún) en el 2006. Tres años después —el 7 de noviembre del 2009— ofreció lo que ella denomina "su último concierto" en el Brady Memorial Auditorium en San Antonio.

Más tarde, Ronstadt simplemente dejó de aceptar todas las invitaciones que recibió para dar más conciertos. A finales del 2012, cuando un amigo le pidió que cantara en un álbum en el que se le rendiría homenaje a Jackson Browne, un íntimo colega suyo desde sus años en Los Ángeles, ella escribió en un correo electrónico: "Sufro de un caso grave de tener 66 años y estoy completamente jubilada, ya no canto. Por supuesto, me agrada que hayan pensado en mí, así que diles que se lo agradezco".

Lo que sus viejos amigos y admiradores no sabían era que por los últimos siete u ocho años, Linda Ronstadt había sufrido síntomas que implicaban el mal de Parkinson. Hace ocho meses, un diagnóstico médico lo confirmó. Ronstadt, que no suele temerle a los desafíos, se enfrenta a su enfermedad resuelta a luchar por más y mejores tratamientos, ambos para ella misma y para otros pacientes de Parkinson.

En el intercambio a continuación, evalúa su carrera y explica cómo se le detectó el mal de Parkinson.

Alanna Nash: Escribiste tus "memorias musicales" Simple Dreams completamente por tu cuenta. ¿Fue difícil para ti?

Linda Ronstadt: Bueno, nunca antes había escrito nada más largo que una nota de agradecimiento. Nunca escribí en un diario. Pero me encanta leer, y puedo escribir oraciones coherentes, así que pensé que podría lograr que fuera honesto y claro.

P: Hablas en tu libro sobre tu amor por los animales y la vaca que tenías como mascota, Luna.

R: ¡Oh, Luna! Sí, la amaba —era tan buena amiga— pero me picó una garrapata que ella llevaba, y probablemente es por eso que estoy enferma.

Portada del libro Linda Ronstadt

Simon & Schuster

Las memorias de Linda Ronstadt saldrán al público el 17 de septiembre de 2013.

P: ¿Quieres decir que ahora padeces de una enfermedad propagada por garrapatas?

R: Bueno, sufrí dos picaduras muy malas de garrapatas en los años 80 y desde entonces mi salud nunca se ha recuperado.

P: ¿Es por eso que no te vemos tan frecuentemente?

R: No puedo cantar. Padezco del mal de Parkinson, que podría ser consecuencia de esa picadura de garrapata. Ahora piensan que existe una relación entre las picaduras de garrapatas y el mal de Parkinson —que un virus puede activar genes, o provocar enfermedades neurodegenerativas—. Así que soy incapaz de cantar.

De hecho en los últimos cinco o seis años en los que aparecí en escena no podía cantar, pero seguía intentándolo. Pensaba, "¿Qué tal si canto al revés? ¿O me paro de cabezas? ¿O canto mientras hago juegos malabares? [Se ríe] Quizás entonces pudiera cantar mejor".

Así es que no sabía por qué no podía cantar —solo que era un problema muscular, o mecánico—. Entonces, cuando recibí el diagnóstico de mal de Parkinson, por fin me explicaron el motivo. Ahora entiendo que nadie puede cantar si padece del mal de Parkinson.  No importa cuánto te esfuerces. Y en mi caso, soy incapaz de cantar ni una sola nota.

P: ¿Cuándo te diagnosticaron el mal de Parkinson?

R: Hace unos ocho meses —en efecto, precisamente cuando estaba escribiendo los agradecimientos del libro—. Recibí el diagnóstico inicial, pero solo lo confirmaron después de seis meses. No quise escribir sobre ello en el libro, porque no estaba segura. 

P: ¿Te diste cuenta de los síntomas en tu voz antes de cualquier otra cosa?

R: Sí, pero no se me ocurrió consultar con un neurólogo. Creo que lo he padecido por siete u ocho años, porque he tenido los síntomas por ese tiempo. Entonces me operé del hombro, y pensé que sería por eso que me temblaban las manos. Es muy difícil diagnosticar el mal de Parkinson. Por eso cuando por fin consulté con un neurólogo y me dijo, "Oh, padeces del mal de Parkinson", quedé completamente estupefacta. Totalmente sorprendida. No lo hubiera sospechado ni en una eternidad.

P: Emocionalmente, pareces estarle haciendo frente muy bien.

R: No hay nada que pueda hacer excepto mantenerme informada. Y me he enterado, a través de otros pacientes de Parkinson, que existen otros tratamientos, no solo los fármacos que te recetan. Se pueden probar otros remedios que no sean (el medicamento) L-dopa, que comenzaré a tomar solo cuando esté desesperada y casi muerta. [Se ríe] Soy tan sensible a los fármacos que hay que convencerme para que me tome una aspirina.

Muchos pacientes me dicen que la marihuana es muy eficaz contra el mal de Parkinson. Pero tampoco la tolero bien, por eso pienso que no me ayudará. A no ser que tenga un bajo nivel de THC —¡tendría que encontrar el tipo que no me drogara!— [Se ríe]

P: Aun así, has mantenido el sentido del humor.

R: Bueno, es prácticamente lo único que me queda. [Se ríe]

P: Ahora tienes 67 años de edad. Nuestra generación pensó que siempre seríamos jóvenes. ¿Te sientes a los 67 como alguna vez pensaste que te sentirías, o lo ha cambiado tu enfermedad?

R: Bueno, mi padre, hasta su muerte a los 82 años, fue bastante robusto. Mi abuela falleció a los 96 años. Ella estaba bien. Mi mamá no tuvo la misma suerte, pero no demoró en fallecer una vez que se enfermó. No vi a nadie en un estado decrépito. Por eso me choca un poco.

Antes me sentía un poco impaciente con las personas que no podían hacer las cosas con rapidez, o no recordaban cosas. Ahora siento una tremenda compasión por ellas. Todavía puedo caminar y hablar, pero camino muy despacio.

Cantante Linda Ronstadt en el escenario en los Premios ALMA 2008

John Shearer/WireImage/Getty Images

Linda Ronstadt en el escenario de los premios ALMA, al año siguiente en que dio su último concierto y anunció su retiro.

P: Ahora vives en San Francisco, con tus hijos. ¿Cómo están ellos?

R: Hay dos casas en mi propiedad —una casita de campo muy chiquita y otra aún más chiquitica— así que yo ocupo una y mi hija, Mary [de 22 años], ocupa la otra. Le gusta el arte. Es muy creativa —esculpe, construye, dibuja y pinta cosas—. A mi hijo, Carlos [de 19 años], le interesa la física. Se piensa mudar a Santa Cruz con su novia en septiembre, así que se me quedará vacío el nido.

P: Famosamente saliste con Jerry Brown la primera vez que fue gobernador de California (1975-1983), y lo mencionas en Simple Dreams. ¿Todavía son amigos?

R: Oh, sí. Siempre nos mantenemos en contacto. Es una buena persona.

P: ¿Sigue siendo tan ahorrativo como lo representas en el libro?

R: [Se ríe] Pasó por mi casa una vez cuando yo estaba a punto de salir a cenar con Rosemary Clooney, y se invitó a la cena —algo muy típico de Jerry—. Entonces dijo, "Espera —debemos llevarle algo—". Alguien me había enviado un gran ramo de rosas coral. Jerry las vio y dijo, "Le llevaremos estas". Pasaron años antes de que pudiera confesarle a Rosemary Clooney que Jerry Brown le había regalado rosas de segunda mano.

P: George Lucas fue un personaje muy importante en tu vida, por un tiempo. ¿Todavía son amigos? ¿Considerarías hacer algo creativo con él?

R: Todavía somos amigos, pero nunca mezclamos la amistad con los negocios. Se acaba de casar —su esposa es encantadora, me doy cuenta— y tiene un bebé. ¡A esta edad! [Se ríe] Hay personas por las que me preocupo apasionadamente, pero no deseo que todavía viviera con ellos ni que me hubiera casado con ellos. De otra manera, no los hubiera dejado, ¿sabes? [Se ríe] Sencillamente no soy amiga del matrimonio.

P: Tu libro menciona a muchos artistas que la industria de la música aplastó: Brian Wilson, Jim Morrison, Janis Joplin son solo unos cuantos...

R: Brian pasó muchas dificultades en su niñez, pero realmente lo amo y pienso que es tan fuerte. Siempre he conocido a Brian como una persona amable y hermosa con un talento increíble. Pienso que fue uno de los grandes genios de la música pop estadounidense, junto con Gershwin y demás.

Nunca me gustó Jim Morrison. Tenía algo muy viperino. Y no me agradaba su forma de cantar, ¡pero su banda! The Doors eran fantásticos.

Respecto a Janis, era imposible no amarla. Era una persona dulce y sincera, que verdaderamente amaba la música. No solo sentía pasión por el blues, respetaba mucho a las personas sobre cuyos hombros iba sentada, cosa que aprecio. Estamos todos sentados sobre los hombros de alguien, ¿no es así?

P: Y entonces, por supuesto, la banda que te acompañaba logró fama como los Eagles. En aquel entonces, ¿sabías lo fabulosos que eran?

R: ¡Claro que sí! [Se ríe] ¡Eso me hubiera sido difícil ignorar! Ya conocía el trabajo de Glenn Frey y pensaba que era bueno, y cuando nos dimos cuenta de lo bien que cantaba Don Henley, nos quedamos sencillamente asombrados. Don y Glenn comenzaron a escribir canciones juntos, y eran tan claras y tan buenas que juntos se convirtieron en su propia pequeña fábrica de éxitos.

P: ¿Piensas escribir más?

R: Estoy asombrada de haber escrito un libro, y ¡me molesta que ahora tengo que salir y promocionarlo! [Se ríe] No me importa hablar, pero no me gusta viajar. Viajé por todo el mundo felizmente y nunca me quejé, pero cuando la salud se encuentra como la mía está ahora, viajo como un cartón de huevos sin el cartón. Es difícil, y necesito una silla de ruedas, así que no puedo seguir haciéndolo.

P: Pero en este momento, no necesitas estar en una silla de ruedas todo el tiempo, ¿verdad?

R: No, pero si debo caminar largas distancias, termino agotada al final. Me resistí a usar cualquier tipo de bastón para ayudarme a caminar, pero ya no me resisto a usarlos. Me ayuda, y estoy agradecida.

P: Entonces, ¿ahora usas un bastón?

R: Bueno, tengo dos cosas que se parecen a los bastones de esquí. No los necesito usar todo el tiempo, pero los uso si sé que estaré en superficies desniveladas, o si debo caminar mucho.

P: Definitivamente te enfrentarás a nuevos desafíos.

R: Como escribí en el libro, siempre se aprende más de los fracasos que de los triunfos. Verdaderamente lo creo. Pienso que la adversidad es una gran maestra.

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