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Cómo conseguir la cancelación de tu préstamo estudiantil si tienes una discapacidad

El Gobierno está eliminando algunos obstáculos para las personas totalmente incapacitadas.

Hombre en una silla de ruedas sostiene la mano de otra persona.

ISTOCK / GETTY IMAGES

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Las personas con discapacidades graves han podido recibir la cancelación de sus préstamos estudiantiles desde 1965. Pero es un proceso muy complicado que a menudo no funciona para quienes más necesitan la condonación de esa deuda.

Por ejemplo, un informe (en inglés) creado por defensores de las personas discapacitadas narra la historia de una mujer que perdió ambas piernas por debajo de la rodilla y no podía trabajar. Solicitó los pagos por incapacidad del Seguro Social y la cancelación de la deuda restante de su préstamo estudiantil.

Los beneficios fueron aprobados. Pero la documentación relacionada con el préstamo estudiantil fue rechazada porque su médico olvidó certificar el hecho —ostensiblemente obvio— de que la falta de ambas piernas por debajo de la rodilla cuenta como el tipo de discapacidad “muy grave” necesaria para que se cancele la deuda.

Obstáculos burocráticos como este les han costado miles de millones de dólares a quienes tienen alguna discapacidad que les impide generar suficientes ingresos para continuar pagando el préstamo estudiantil, entre las cuales una gran cantidad tienen 50 años o más.

Ahora, el Gobierno federal está intentando corregir el proceso, y ofrece condonar hasta $20,000 en préstamos estudiantiles. Pero si bien los críticos dicen que las mejoras son sustanciales, todavía quedan salvedades importantes, especialmente para las personas mayores de 62 años.

“El problema que estamos tratando de resolver es un problema que tienen muchos programas gubernamentales, que es simplemente burocracia y documentación complicada”, dice Bethany Lilly, directora sénior de políticas de ingresos en The Arc, una organización que defiende a las personas con discapacidades intelectuales y de desarrollo.


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Las reformas han sido lentas

Es posible condonar los préstamos estudiantiles de quienes tienen una discapacidad total y permanente (o TPD), es decir, personas a quienes les resulta imposible generar ingresos debido a una incapacidad médica o mental que ha durado al menos cinco años o se anticipa que causará la muerte. Los veteranos con discapacidades relacionadas con el servicio también pueden recibir la cancelación de los préstamos estudiantiles.

En la práctica, esto resultó ser una “protección ilusoria”, según una investigación del Student Borrower Protection Center. Muchos prestatarios con derecho a la cancelación no lo sabían o se perdieron en obstáculos burocráticos innecesarios, al tiempo que hacían malabarismos para acomodar el pago de los préstamos estudiantiles y los costos médicos a largo plazo con un flujo de ingresos fijos.

Uno de los obstáculos más grandes: el requisito de que los solicitantes verificaran anualmente sus ingresos para asegurar que no tenían un empleo remunerado. Si no confirmaban sus ingresos, o si dejaban de pagar el préstamo, el Gobierno podía tomar lo que aún debían de los cheques del Seguro Social.

“Era terrible. Absolutamente terrible”, dijo John Whitelaw, director de defensa de derechos en la Community Legal Aid Society. “El Departamento de Educación tenía reglas exageradamente restringidas sobre quién reunía los requisitos”.

Para el 2016, a alrededor de 114,000 prestatarios de 50 años o más se les retenía el 15% de sus pagos del Seguro Social porque no habían cumplido con los términos de pago del préstamo estudiantil, según una investigación realizada por la Oficina de Responsabilidad Gubernamental de Estados Unidos (GAO) —en inglés—. La GAO halló que una gran cantidad de prestatarios con discapacidades habían comenzado el proceso de solicitud de la cancelación de la deuda, pero nunca lo habían completado, incluso cuando era probable que tuvieran derecho a obtenerla; el 90% de las personas de 50 años o más a quienes se les retuvieron beneficios porque no habían cumplido con el pago de sus préstamos fueron identificadas más tarde como con derecho a la cancelación de su préstamo.

El requisito de verificación de ingresos demostró ser el culpable en muchos de esos casos. A aproximadamente el 20% de los prestatarios de 50 años o más que habían logrado la cancelación de la deuda de pronto se les volvió a restituir, en casi todos los casos porque no habían presentado el formulario, informó la GAO.

“En todos esos casos, las personas fracasaron no porque ganaban demasiado, sino porque no pudieron presentar la documentación”, dijo Whitelaw. Es especialmente común, agregó, que las personas con discapacidades se vean bloqueadas por problemas como ese.

Incluso cuando el Departamento de Educación trató de facilitar algo las cosas para estas personas, muchas de ellas igualmente no completaron la solicitud para que se les cancele la deuda. En el 2016, el departamento escribió a 234,000 prestatarios de todas las edades cuyos registros del Seguro Social indicaban que tenían derecho a la cancelación de su préstamo porque estaban discapacitadas, y que tenían grandes probabilidades de que su solicitud se aprobara cuando la presentaran. Menos de una de cada diez de esas personas respondió.

Bajo presión del Congreso y de los fiscales generales estatales, el Departamento de Educación en el 2019 accedió a eliminar la documentación y cancelar automáticamente el saldo restante de los préstamos estudiantiles de aproximadamente 20,000 veteranos que tenían una discapacidad total y permanente. Pero no se aplicó el mismo criterio inicialmente para los no veteranos; eso solo surgió el año pasado.

Ahí fue cuando el departamento extendió la cancelación automática a los no veteranos que, según la base de datos del Seguro Social, satisfacían la definición de sufrir una discapacidad total y permanente, o TPD. También eliminó en forma temporal el requisito de una verificación anual de ingresos, un cambio que ha propuesto convertir en permanente. Un vocero del departamento anunció que se anticipa que las nuevas reglas estarán finalizadas para noviembre.

“Tenían toda esta información, y uno pensaría que podrían haber ido y cruzar las referencias”, dijo Lilly, pero recién ahora lo hicieron.

Algunas buenas noticias

Todos estos cambios tuvieron como resultado la cancelación rápida de la deuda restante del préstamo estudiantil de 400,000 prestatarios con discapacidades totales y permanentes, por un valor de $7,800 millones, dice el departamento.

“Escuchamos claramente el mensaje de los prestatarios con discapacidades y sus defensores sobre la necesidad de efectuar este cambio”, dijo el secretario de Educación de Estados Unidos, Miguel Cardona.

Pero el nuevo proceso se basa mayormente en registros de la Administración del Seguro Social para establecer si la persona tiene una discapacidad total y permanente, que es la determinación necesaria para recibir la cancelación automática del préstamo. El problema es que, una vez que llegan a los 62 años, las personas con discapacidades se traspasan de los libros de discapacidad del Seguro Social a los libros de beneficios jubilatorios del Seguro Social. En muchos de esos casos, es posible que la discapacidad que tuvieron ya no aparezca en sus registros.

También es posible que los préstamos de las personas que no estaban discapacitadas antes, pero que sufrieron una incapacidad después de jubilarse no se cancelen automáticamente. “Si sufres una discapacidad más adelante, cuando tienes más de 62 años y, supongamos, de pronto necesitas una silla de ruedas, podrías tener derecho a la cancelación, algo que no tenías antes”, dijo Lilly.

“Tal vez no sepas que tienes derecho a la cancelación por TPD, y eso no sucederá automáticamente”, dijo. “Me preocupa el hecho de que hay personas que se pierden dentro del sistema”.


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Como solicitar la cancelación

Los préstamos de esas personas todavía pueden cancelarse, si bien eso significa que ellas o su representante deberán ingresar nuevamente al laberinto de la burocracia.

Primero, hay que descargar una solicitud de cancelación por TPD o completarla en línea. Segundo, un médico debe verificar la incapacidad y reunir todos los otros materiales. Tercero, es necesario esperar a que el administrador del préstamo dé una respuesta.

Gracias a una pausa en el repago que se estableció en marzo del 2020, los titulares de préstamos estudiantiles federales que reúnen los requisitos no están obligados a hacer pagos hasta fines de agosto, fecha en que finalizará la pausa. Pero después de eso, suponiendo que la pausa no se extienda nuevamente, deberán pagar.

“Para la mayoría de las personas que han estado clasificadas como incapacitadas durante un tiempo, en algún momento se les va a perdonar el préstamo. Lo que no querríamos ver es que las cobranzas comiencen antes de que eso suceda”, dijo Whitelaw. “Es un problema temporal de corto plazo, pero puede ser devastador”.

Según la Reserva Federal, alrededor de 8.4 millones de titulares de préstamos estudiantiles tienen 50 años o más y, en conjunto, adeudan $336,100 millones —es decir, un promedio de $36,421 cada uno—, lo que representa una quinta parte de los $1.59 billones en deudas de préstamos estudiantiles que mantienen todas las personas en el país.

Hay otras dos advertencias para quienes reciben la condonación de sus préstamos debido a discapacidades totales y permanentes: algunos estados cobran impuestos sobre la cantidad de deuda estudiantil que se condona, y quienes todavía están estudiando o tienen planes de volver a estudiar no pueden obtener nuevos préstamos federales una vez que se condonan sus préstamos actuales, excepto en muy pocos casos. Por esos motivos, el Departamento de Educación ha prometido que el proceso de cancelación automática tendrá una provisión para rechazarla.

En cuanto a la mujer a quien le amputaron ambas piernas, finalmente obtuvo la cancelación de su préstamo, luego de que el médico completara la solicitud por segunda vez y verificara que la falta de gran parte de ambas piernas constituía, de hecho, una discapacidad “muy grave”.


Nota de redacción: este artículo se publicó el 3 de mayo del 2022. Ha sido actualizado con nueva información.

Jon Marcus es el redactor de temas de educación superior de The Hechinger Reports y también escribe para The Washington Post, The New York Times y otras publicaciones.