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¿Corregir la vista podría reducir el riesgo de la enfermedad de Alzheimer?

Investigaciones recientes revelan un vínculo entre la pérdida visual y la demencia.

Una oftalmólogo usa un foróptero para revisar los ojos de un paciente

THOMAS NORTHCUT / GETTY IMAGES

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Si has estado postergando la operación de cataratas o has retrasado pedir unos anteojos nuevos, te ofrecemos un motivo para pensarlo dos veces: la corrección de la vista podría ayudar a prevenir la demencia y la enfermedad de Alzheimer (el tipo más frecuente de demencia).

En años recientes, los investigadores han descubierto una fuerte correlación entre la discapacidad visual y la demencia. Si bien los estudios no han indicado que los problemas de la vista causan demencia, ni viceversa, sí demuestran que existe un vínculo entre el tratamiento de un problema de la visión y la reducción del riesgo de padecer, a largo plazo, problemas relacionados con la memoria y las capacidades cognitivas.

"Esto es importante porque implica la posibilidad de incidir en algo que afecta a las personas de edad avanzada", señala Jennifer Deal, investigadora de salud pública que estudia la demencia y el deterioro cognitivo en la Facultad de Salud Pública Bloomberg de Johns Hopkins University.


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Hasta la fecha, los medicamentos con los que se trata la enfermedad de Alzheimer han logrado pocos resultados en la lucha contra esta enfermedad. Por eso, muchos funcionarios de la salud pública han empezado a centrarse en los "factores de riesgo modificables" —así llamados por los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC)— que podrían ayudar a prevenir el deterioro cognitivo antes de que ocurra.

A la luz de las más recientes investigaciones, algunos expertos han planteado que se debe prestar más atención a las pérdidas de visión sin tratar, como factor de riesgo modificable con respecto a la demencia.

Más de 1 de cada 10 personas mayores de 65 años en el país presentan problemas de visión, según los CDC. Y, según los expertos, hasta un 70 u 80% de estos casos pueden corregirse fácilmente con los anteojos adecuados o con una operación de cataratas.

"Esto puede brindar una gran oportunidad", afirma Willa Brenowitz, epidemióloga de University of California, San Francisco. "En comparación con muchos otros factores de riesgo, [la pérdida de la visión] ha sido poco estudiada, y los adultos mayores suelen tener alguna necesidad de corrección visual, o bien están esperando a someterse a la operación de cataratas. El tratamiento de su pérdida visual podría mejorar su calidad de vida, lo cual, a su vez, podría prevenir la demencia o frenar el deterioro".

Las investigaciones revelan un vínculo entre la pérdida visual y la demencia

La noción de que un problema sensorial podría contribuir a la demencia no es nada nuevo. La pérdida auditiva, cuyo vínculo con los problemas cognitivos se conoce desde hace mucho tiempo, es el principal factor de riesgo modificable de la demencia, según un informe publicado en el 2020 por la Comisión Lancet (en inglés). Se estima que la pérdida auditiva contribuye a aproximadamente un 9% de los casos de demencia, según el informe.

Sin embargo, fue solo en años recientes que los investigadores descubrieron que podría existir un vínculo similar con respecto al deterioro de la visión.

En el 2021 se realizaron diversos análisis a gran escala de estudios observacionales —en los que se observa a las personas sin proporcionarles tratamiento ni intentar incidir en los resultados—, y en estos análisis se determinó que los adultos mayores con deficiencias visuales corrían mayor riesgo de presentar problemas cognitivos a largo plazo. En una reseña, publicada en la revista Ophthalmology, se reveló que las personas con problemas de la vista eran un 66% más propensas a presentar un problema cognitivo, así como un 109% más propensas a padecer demencia, en comparación con las personas sin problemas visuales. Un análisis similar reportó que estas probabilidades eran un 35 y 47% mayores, respectivamente.

Entretanto, un estudio publicado en JAMA Internal Medicine (en inglés) en diciembre del 2021 podría sustentar la noción de que el tratamiento de un problema visual podría servir para prevenir el deterioro cognitivo. En dicho estudio se realizó un seguimiento a dos grupos de personas mayores de 65 años que tenían cataratas, pero que no padecían demencia. Se determinó que aquellas que se operaron para eliminar las cataratas tenían un 30% menos de probabilidades de recibir un diagnóstico de demencia en años posteriores, en comparación con quienes no se operaron. (Cabe señalar que los investigadores tuvieron en cuenta otros factores que podrían incidir en los resultados, como la educación, la raza y los antecedentes de tabaquismo).


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Posibles razones del vínculo

Los investigadores no saben exactamente cómo ni por qué existe un vínculo entre la visión y la salud cognitiva, aunque creen que se debe al mismo mecanismo que vincula la pérdida auditiva con la demencia.

Es posible, por ejemplo, que el mismo proceso patológico que provoca el deterioro visual también perjudique la capacidad cognitiva, según afirma el Dr. Joshua Ehrlich, oftalmólogo e investigador de salud poblacional en el Kellogg Eye Center de University of Michigan.

"El ojo es una extensión del cerebro. Está hecho de tejidos neuronales", explica Ehrlich. "En un caso de degeneración neuronal, sería lógico que el ojo, al igual que el cerebro, pudiera verse afectado".

Se ha planteado otra hipótesis relacionada con la llamada "carga cognitiva". Como la pérdida visual dificulta las tareas cotidianas, como el pago de facturas o la lectura de una receta, el cerebro tiene que hacer más esfuerzo, lo cual podría afectar otras capacidades relativas al pensamiento y la memoria. Así lo señala la Dra. Heather Whitson, directora del Duke Center for the Study of Aging and Human Development y profesora de la Facultad de Medicina de Duke University.

Otros expertos especulan que la falta de información sensorial —ya sea visual o auditiva— podría provocar la reducción o atrofia de ciertas partes del cerebro.

Por último, es posible que la pérdida visual no ocasione de forma directa cambios en el cerebro, sino que dificulte la vida social, la actividad física y la participación en actividades significativas a nivel cognitivo, como ir al teatro, asistir a un evento deportivo o leer un libro.

"La pérdida visual da lugar al aislamiento social y repercute de muchas maneras en la calidad de vida", afirma Brenowitz. "La persona sufre de aislamiento y realiza menos actividades físicas. Todos esos factores son posibles causas de demencia, así que eso sería un vínculo más indirecto".

La pérdida visual no es un aspecto "normal" de la vejez

Cualquiera que sea la razón del vínculo entre las capacidades cognitivas y la visión, los expertos recalcan que las personas con problemas visuales no tienen que padecer demencia.

"El riesgo es mayor, pero no es algo inevitable", señala Whitson. "Lo bueno es que se trata de un factor totalmente modificable".

En un reciente análisis publicado en la revista JAMA Neurology (en inglés), Ehrlich y sus coautores examinaron datos provenientes del Health and Retirement Study, del 2018, y hallaron que aproximadamente el 1.8% de los casos de demencia podrían haberse prevenido con una mejor atención de la salud ocular.

Es decir, más de 100,000 personas en el país posiblemente puedan proteger su salud cerebral con sencillas intervenciones como el uso de anteojos o la operación de cataratas, según Ehrlich.

Incluso si tienes una enfermedad que no puede resolverse fácilmente —como el glaucoma o la degeneración macular—, los tratamientos pueden retardar el progreso de la enfermedad, agrega.

"La pérdida visual no es normal, ni siquiera en la edad avanzada", dice Ehrlich. "Si experimentas cambios en la visión, o si esta no es tan aguda como debería ser, hazte un examen de la vista. Es importante para la salud visual, y podría también ser importante para la salud cognitiva".

Michelle Crouch es una escritora colaboradora que ha cubierto temas de salud y finanzas personales para algunas de las principales publicaciones del país. Su trabajo se publicó en Reader's Digest, Real Simple, Prevention, The Washington Post y The New York Times.