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Dr. Elmer Huerta

El galeno peruano es voluntario en los estudios clínicos que buscan la vacuna contra la COVID-19.

Dr. Elmer Huerta

Cortesía del Dr. Elmer Huerta

Esta pandemia ha sido el evento más serio e importante de salud pública que he vivido, como ciudadano y como médico; y que nunca pensé vivir. Esta crisis ha cambiado mi perspectiva de lo frágil que somos los seres humanos frente a una enfermedad desconocida.

Nos tenemos que aferrar a la esperanza de que vamos a tener una vacuna. De las seis vacunas que están en proceso de estudio pienso que las seis van a funcionar, pero la duda que sigue latente es por cuánto tiempo nos van a proteger.

Cuando decidí inscribirme como uno de los voluntarios de la vacuna que está desarrollando el laboratorio Moderna, del Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas, lo hice porque, en primer lugar, soy un hombre de ciencia y segundo porque soy un comunicador.


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Como médico y como conductor de programas de radio, televisión y prensa escrita, llevo décadas alentando a mis pacientes, oyentes, televidentes y lectores a que participen en estudios clínicos. He ayudado a reclutar a miles de personas para distintas investigaciones, especialmente a los hispanos porque, al igual que otras minorías, no estamos representados en estos estudios. Y ahora que se me dio la oportunidad, ¿cómo no hacerlo?

El proceso de recibir la vacuna voluntariamente

Me inscribí como lo puede hacer cualquier ciudadano a través de la página de La Red de Prevención COVID-19. A las tres semanas me informaron que había sido preseleccionado y que de ser seleccionado lo sabría en una semana.

A la semana me confirmaron que estaba entre los elegidos, cuestión que me alegró muchísimo. Al día siguiente de esa llamada ya estaba en The George Washington University Hospital recibiendo la inyección en mi hombro izquierdo.

El estudio es aleatorio, lo que quiere decir que lo mismo pude haber recibido la vacuna o un placebo. Ni la persona que me la suministró ni yo sabemos que fue lo que me inyectaron. Solo los científicos a cargo del estudio tienen esa información, es confidencial.

Como voluntario tuve que leer y firmar un consentimiento que consta de veintiuna páginas en el que se explica todo sobre la vacuna, así como los posibles efectos secundarios. Se alerta sobre la posibilidad de alguna enfermedad rara, que si los doctores no pudieran resolver tendrían que llamar al lugar donde el voluntario recibió la inyección.

“Tenemos que fijar nuestras esperanzas y esfuerzos en la vacuna”.

Dr. Elmer Huerta

Durante los primeros siete días tuve que reportar la temperatura, si tuve dolor de cabeza, escalofríos, dolor muscular, de coyunturas y otros datos. Yo nunca experimenté ninguno de los posibles diecisiete síntomas de los efectos secundarios. Solo sentí un poco de dolor en el hombro y cansancio, el primer día, y eso lo atribuyo al trajín de irme a poner la vacuna.

Este es un compromiso de dos años, tengo que ir al hospital cada dos meses para que me examinen y me saquen sangre y tengo que contestar una llamada mensual para reportar algún cambio. A los veintiocho días de haber recibido la primera inyección, ponen una segunda dosis y el monitoreo continúa.

Cuando esta vacuna se licencie, que estoy seguro que será el próximo año, ellos van a llamar a los 30 mil voluntarios que han participado en este estudio para informarles si recibieron la vacuna o el placebo.

Necesitan hispanos en el estudio clínico

Algo que me impresionó del proceso y que no está ayudando a incrementar el nivel de participación de los hispanos en este estudio es que, aunque el consentimiento de veintiuna páginas se puede solicitar en español, no hay personal bilingüe para atender a los interesados ni tampoco un número de teléfono donde contesten dudas.

Creo que no se está haciendo el esfuerzo para reclutar más hispanos. En el mismo centro donde me pusieron la inyección les pregunté si estaban haciendo algo especial para incluir más latinos en el estudio, se miraron entre ellos y me dijeron: "no".

Para que estos estudios sean efectivos necesitamos una participación equitativa de grupos étnicos y raciales. El Dr. Anthony Fauci, director del Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas, ha dicho que quisiera tener más del 60% de minorías en estas investigaciones, pero apenas estamos en un 26%.

Cuanto más hispanos participemos, más datos vamos a poder tener de cómo esta vacuna va a funcionar en nuestra comunidad y será un beneficio para todos. Entre los criterios de elegibilidad buscan participantes entre los 18 y 75 años, que no hayan contraído la COVID-19, y que en el momento del estudio no estén enfermos.

Es importante entender que si se va a participar como voluntario en cualquier estudio clínico hay que leer bien el consentimiento y hacer todas las preguntas que surjan al personal de salud que está reclutando. Siempre se corren riesgos, cada persona los mide y los acepta o no. La verdad es que yo no tuve miedo al momento de tomar la decisión.

La esperanza está en la vacuna

Estamos viviendo un evento masivo en el cual no son decenas ni centenares, sino cientos de miles de personas que enferman y mueren. El coronavirus ha desnudado nuestras realidades. En la esfera médica, nos ha hecho ver que los seres humanos no tenemos todas las soluciones; en la económica, han salidos a relucir las disparidades entre los sectores de la población.

Cuando leía sobre la historia de otras pandemias, pensaba: ¿cómo habrá sido enfrentar una pandemia? En la escuela de medicina aprendemos a curar muchas enfermedades, pero también aprendemos a aceptar que hay otras que no tienen cura. No veo una cura cercana para la COVID-19, no hay ninguna molécula, ninguna medicina candidata, pero sí tenemos que fijar nuestras esperanzas y esfuerzos en la vacuna.

 

—Según relatado a Hirania Luzardo

 

El Dr. Elmer Huerta es graduado de médico y oncólogo en Perú; completó estudios en medicina interna, prevención del cáncer y salud pública en EE.UU. En la actualidad es profesor e investigador en la Escuela de Medicina de la Universidad George Washington, en Washington D.C., y director del Preventorio en el Centro de Cáncer de dicha universidad.

Fue Presidente de la Sociedad Americana Contra el Cáncer, y fue distinguido por el presidente Barack Obama con el premio Campeón de la Prevención y la Salud Pública.

Además, es autor de los bestsellers: La Salud Hecho Fácil. ¡Consejos vitales para llegar a viejo, lo más joven posible! y 100 preguntas sobre tu salud. Es colaborador asiduo de AARP en español.

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Nota del editor: Este ensayo forma parte de una serie sobre cómo vivimos los latinos en Estados Unidos el brote de coronavirus. A continuación, la lista de perfiles que forman parte de esta serie:

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