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Conceptos básicos acerca de la vista y los ojos: cómo vemos

Conoce la increíble anatomía que nos permite ver el mundo.

Toma cercana de un ojo humano

GETTY IMAGES

In English | El globo ocular promedio es pequeño: aproximadamente de una pulgada de ancho, una pulgada de profundidad y 0.9 pulgadas de alto (un poco más pequeño que una bola de chicle). Pero esta estructura en forma de globo es un mecanismo complejo, finamente ajustado y bastante sorprendente, con una variedad de partes que funcionan juntas para permitirnos ver.

El proceso detrás de nuestra visión:

"El ojo es un contenedor", señala el Dr. Richard Rosen, cirujano vitreorretiniano en el New York Eye and Ear Infirmary of Mount Sinai, en la ciudad de Nueva York. La capa exterior del ojo es una capa protectora blanca resistente llamada esclerótica (más comúnmente conocida como el "blanco del ojo"). "La esclerótica, compuesta por fibras de colágeno que le dan una estructura densa, proporciona cierta protección para el globo ocular", señala Rosen.

Anatomía del ojo humano

LAUREN SHAVELL / GETTY IMAGES /AARP

La luz se refleja desde el objeto que estamos viendo y entra al ojo a través de la córnea, un tejido claro, delgado y con forma de cúpula en la parte frontal del ojo. La córnea tiene una curvatura y cubre el ojo, similar a un cristal que cubre la esfera de un reloj. "Cuando los rayos de luz entran en el ojo, quedan paralelos entre sí", señala Rosen. "Pero a medida que atraviesan la córnea, se doblan y empiezan a converger hasta casi llegar a un punto en la retina". Desde allí, la luz viaja a través de un líquido claro, llamado humor acuoso, el cual llena pequeñas cámaras detrás de la córnea, nutre el ojo y ayuda a retener la presión para ayudar al ojo a conservar su forma.

A medida que la luz continúa, pasa a través de una abertura llamada pupila, el punto negro en el centro del ojo. La pupila está rodeada por el iris, la parte del ojo que tiene color. El trabajo del iris es controlar cuánta luz deja entrar la pupila en el ojo. Cuando hay luz brillante, el iris usa músculos para cambiar el tamaño de la pupila (la contrae) para dejar entrar menos luz. Cuando hay poca luz, el iris abre la pupila, la ensancha, para dejar entrar más luz.

Luego, la luz penetra en el cristalino, una estructura transparente que trabaja con la córnea para desviar la luz y enfocarla en la retina, que se encuentra en la parte posterior del ojo. "El cristalino acumula proteínas a medida que envejecemos, lo que provoca un cristalino nublado o cataratas", señala la Dra. Jaclyn Haugsdal, profesora adjunta clínica de Oftalmología y Ciencias Visuales en la Facultad de Medicina Carver de University of Iowa. Pequeños músculos elásticos, conocidos como músculos ciliares, que están unidos al cristalino, lo ayudan a cambiar su forma para enfocar a varias distancias. Cuando estos músculos se contraen, la curvatura del cristalino aumenta, lo que nos permite ver objetos que están cerca. Cuando estos músculos se relajan, el cristalino se aplana, lo que ayuda con la visión de largo alcance.

El gran espacio detrás del cristalino, en la parte posterior del ojo, está lleno de una sustancia transparente similar a un gel, llamada vítreo. El gel ayuda a mantener despejado el espacio en el centro del ojo para que la luz pueda llegar a la retina. "También proporciona cierta elasticidad al ojo, lo que ayuda a mantener su forma", señala Rosen. "Por ejemplo, frotarse los ojos hace que la presión ocular aumente, pero vuelve a la normalidad cuando dejas de frotarte. O, si te pinchas el ojo, no se desinfla automáticamente porque una especie de material elástico llena el ojo y absorbe el impacto, lo que evita que cause mucho daño".

Desde allí, la luz llega a la retina, una capa delgada (y sensible a la luz) de tejido que recubre la pared posterior del ojo. (Dato interesante: la curvatura del cristalino y el desvío de la luz crean una imagen al revés en la retina. El cerebro luego le da la vuelta a la imagen). En la retina hay millones de células incrustadas sensibles a la luz, llamadas fotorreceptores. Hay dos tipos: conos y bastones. Los conos son responsables de producir la agudeza visual del ojo (ver las señales de tráfico al conducir y las letras pequeñas al leer o reconocer detalles faciales como el color de los ojos de alguien), así como la visión del color. "La mayoría de estos conos se concentran en un área muy específica en el centro de la retina, llamada mácula", señala Haugsdal.

Los bastones se encuentran principalmente en los bordes exteriores de la retina. Son más sensibles a los niveles de luz más bajos y nos ayudan con la visión nocturna, lo que nos permite ver en una habitación con poca luz, por ejemplo. "Lo maravilloso de nuestros ojos es que tienen un rango dinámico increíble que les permite ajustarse a un enorme diferencial en términos de luz", señala Rosen. "Se puede ver casi en la oscuridad total, pero también se puede ver a la luz brillante del sol. Una cámara no tiene ese rango. Hay niveles de luz que son demasiado oscuros o demasiado brillantes para obtener una buena imagen".

Estas células trabajan juntas en la retina para detectar y absorber los rayos de luz, luego convertirlos en señales eléctricas, que después se envían a la corteza visual en la parte posterior del cerebro, a través del nervio óptico en la parte posterior del ojo. El cerebro interpreta estos impulsos y convierte las señales en las imágenes que vemos.

Casi la mitad de la capacidad de nuestro cerebro se dedica a procesar información visual, según investigadores de MIT. De hecho, cuando se trata de la visión, nuestro cerebro, y su capacidad para procesar esos puntos de luz, es tan importante como los ojos marrones, azules y verdes a través de los cuales vemos. En última instancia, "es donde se reúne la información", señala Rosen. "Vemos con nuestro cerebro".

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