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La vacuna contra la COVID-19: ¿Dónde vacunarte? Encuentra información en tu estado

 

Pareja conocida como 'los tortolitos' murió de COVID con días de diferencia

La vacunación contra la COVID-19 en su hogar de ancianos iba a comenzar solo dos semanas después.

Ramona y BJ Frasher celebraron su 60 aniversario en 2007, mientras vivían en un apartamento independiente en Connecticut.

Courtesy Vickie Meyers

Ramona y BJ Frasher celebraron su 60.º aniversario en el 2007, mientras vivían en un apartamento de vida independiente en Connecticut.

In English | Casados más de 73 años, Billy Jim "BJ" y Ramona Frasher eran conocidos en su hogar de ancianos de Connecticut como "los tortolitos". Compartían una habitación al final de un pasillo, con sus camas individuales unidas. Él le leía todas las noches, y si ella salía a una cita médica durante el día, él la esperaba en el vestíbulo durante horas hasta que regresaba. Ella insistió en que un paisaje que había pintado para él se colgara de manera prominente en la pared para que él lo pudiera ver desde su sillón.

"Habían estado casados muchos, muchos años, pero todos los días era como si fueran recién casados", dice Angela Ruple, directora de admisiones en el Centro de Rehabilitación y Hogar de Ancianos Greentree Manor en Waterford, en el cual la pareja residió durante casi siete años.


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La directora médica de las instalaciones, Lauren Doherty, agregó: "Él solía decir: ‘Quiero que ella muera cinco minutos antes que yo, para que así ella no tenga que verme morir y después yo no tenga que vivir sin ella'".

A medida que los casos de coronavirus aumentaron en todo el país a finales del otoño pasado, un brote del virus afectó enormemente a Greentree. La pareja tuvo un resultado positivo en noviembre y su salud empeoró rápidamente. Poco después estaban compartiendo una habitación de hospital, con sus camas acomodadas una junto a la otra, y luego pasaron a cuidados terminales. Ramona, de 92 años, murió el 5 de diciembre. Aunque él estaba inconsciente, BJ, de 95 años, permaneció a su lado y se mantuvo fiel a su palabra: su respiración disminuyó en cuanto las enfermeras le dijeron que su esposa había fallecido, dijo su hija Vickie Meyers, de 69 años. Murió cuatro días después.

"Yo no quería que pasara ahora, pero quería que se fueran juntos”, dice Meyers, quien, al igual que el personal de Greentree Manor, temía lo que pasaría si uno sobrevivía y el otro no.

Menos de dos semanas después de que ellos fallecieran, los residentes del hogar de ancianos en Connecticut empezaron a recibir las vacunas. El estado se convertiría en el primero en el país en vacunar a su población en hogares de ancianos. Una colaboración federal con las farmacias para vacunar a casi todos los residentes de los hogares de ancianos del país, donde la pandemia se ha cobrado más de 131,000 vidas, recientemente concluyó su labor y el índice de mortalidad ha disminuido drásticamente.

Las nuevas pautas federales han permitido las visitas después de un año de aislamiento a causa del coronavirus.

Cada vez que Meyers ve imágenes de familias que se reúnen y abrazan a sus seres queridos que viven en centros de cuidados a largo plazo, dice que es como "un cuchillo que me atraviesa el corazón".

De muchas formas, ellos eran opuestos

La historia de BJ y Ramona Frasher empezó en una pista de patinaje sobre ruedas en la región central de Ohio, donde ella encontró un trabajo después de terminar la escuela de belleza y él se mudó para trabajar con un tío en una fábrica de cajas de papel después de prestar su servicio en la Segunda Guerra Mundial. BJ, un extrovertido consumado, bailaba por la pista con sus ajustados pantalones del uniforme de la marina, pidiéndoles a "todas las chicas" que firmaran el yeso en su muñeca fracturada, dijo Meyers.

Ramona se negó, pensando que él era demasiado atrevido, hasta que finalmente accedió. Después, él consiguió su nombre y número de teléfono y "se la ganó, al 100%", dijo Meyers. Según la leyenda familiar, BJ le dijo al amigo con el que estaba esa noche que se "iba a casar con esa chica". Unos meses después, lo hizo.

Ambos eran los más jóvenes de siete hermanos y compartían el amor por la música y el baile. Él tocaba el piano y la guitarra de oído, y después cantó en un cuarteto. Ella leía música y tocaba la corneta en una orquesta de baile femenina que visitaba las bases militares para presentarse en clubes de oficiales. A ella le pusieron ese nombre por una exitosa canción de 1928, "Ramona", que BJ le cantaba suavemente mientras la desplazaba girando por la cocina. A la más joven de sus tres hijos, Cathy "Cass" Frasher, de 67 años, le gusta pensar que ellos ahora están bailando el jitterbug en el cielo.


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La pareja se casó pocos meses después de conocerse. Aquí están en Ohio, a fines de la primavera de 1947, poco antes de su boda.

Courtesy Vickie Meyers

La pareja se casó tan solo unos meses después de conocerse. Aquí están en Ohio, a finales de la primavera de 1947, poco antes de su boda.

Pero no todo era perfecto. Al principio, BJ tenía sus defectos como esposo, dicen las hijas. Un alcohólico en recuperación que logró la sobriedad en los años 70, se pasó el resto de su vida haciendo las paces con Ramona. Él nunca olvidó que ella se mantuvo a su lado.

De muchas formas, ellos eran opuestos. Él contaba historias con mucho sabor y bullicio. Ella era callada, prefería escuchar y levantaba un dedo cuando tenía algo que decir. Ella estaba satisfecha con la vida, mientras que él —quien se describía a sí mismo como un "campesino terco" de Virginia Occidental— era propenso a quejarse.

La familia se mudó varias veces; pasaron tiempo en Pensilvania, Nueva Jersey y Connecticut, aunque la pareja vivió la mayoría de sus últimos años en Ohio. Pero un día, después de caerse juntos por un tramo de escaleras y terminar golpeados y conmocionados, decidieron mudarse más cerca de uno de sus hijos.

Meyers, quien vive a cinco minutos de Greentree Manor al sureste de Connecticut, bromea que a ella "le tocó la peor parte". Al principio, la pareja se quedó en un apartamento de vivienda independiente sobre el río Thames, donde el veterano de la marina BJ podía ver la fábrica de submarinos General Dynamics Electric Boat al otro lado del agua. Meyers los ingresó al hogar de ancianos seis años después, cuando un par de derrames cerebrales dejaron a Ramona en una silla de ruedas y con necesidad de más ayuda.

'Estoy ansioso por poder abrazarte otra vez'

BJ fue perdiendo el interés en socializar ya antes de que llegara la COVID, pero Ramona todavía disfrutaba yendo a juegos de bingo, presentaciones musicales y eventos sociales donde servían helado. Él prefería tomar sus alimentos en la habitación, mientras que ella cenaba en una mesa con amigas. Él permaneció mayormente independiente, aunque empezaba a depender más de un caminador o silla de ruedas —que él mismo empujaba— cuando la neuropatía en sus pies hizo que caminar fuera más difícil.

Si la pareja pasaba uno cerca del otro en sus sillas de ruedas por el pasillo, se detenían para tomarse de la mano, recuerda Ruple, la directora de admisiones. BJ insistía en empujar la silla de ruedas de Ramona, incluso cuando él mismo estaba en su silla.

La familia se reunía en la habitación de ellos durante los días festivos, cumpleaños y para el aniversario de la pareja. Si todos se reunieran hoy, habría tres nietos, cinco bisnietos y dos tataranietos, incluido uno que no llegaron a conocer.

A BJ le gustaba la idea de cumplir 100 años, y los dos anticipaban el día en que Al Roker diría el nombre de ellos en la televisión en celebración de sus 75 años de matrimonio. Cada jueves después del trabajo, Meyers visitaba a sus papás y les llevaba bolsas de caramelos duros a la antigua que ellos le pedían, así como historias sobre sus últimos hallazgos de investigación genealógica. A él le fallaba la memoria a largo plazo, pero Ramona, "quien no se acordaba de lo que almorzó ese día", dice Meyers, y a menudo batallaba para expresarse después de los derrames cerebrales, estaba a su lado para ayudar a corregirlo.

Antes de que el brote del virus en noviembre terminara con las visitas con distanciamiento social en el exterior, Meyers recuerda que su padre decía "estoy ansioso por poder abrazarte otra vez". Estaban a seis pies de distancia, tan cerca, y la vacuna estaba por llegar.

A Cass Frasher, quien llamaba con frecuencia, pero no había visto a sus padres en más de un año, haberlos perdido todavía no le parece real. "Mi papá acostumbraba a decir: 'Quiero que me cremen y me arrojen en cualquier cuerpo de agua. Si no pueden encontrar agua, mándenme por el inodoro. Yo llegaré al agua por mi cuenta'”, dice Frasher con una sonrisa. "Pero Mamá dijo que no, que ella quería que lo enterraran junto a ella. Y él dijo: 'Esta bien, crémenme y pónganme en su ataúd'".

Ella sospecha que no asimilará completamente el duelo hasta que pueda reunirse con su hermana y su hermano mayor en forma segura al pie de la tumba en las afueras de Marion, Ohio, donde la pareja que nunca quería separarse fue enterrada junta, tal como ellos querían.

Jessica Ravitz escribe sobre hogares de ancianos y temas de interés humano. Escribió para CNN Digital y su trabajo también se publicó en la revista SmithsonianThe Washington Post y The Atlanta Journal-Constitution.

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