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Cómo seguir adelante cuando la persona que amas ya no está

El hombre cuya esposa escribió “Tal vez quieras casarte con mi esposo” dice que hables de tus deseos.

Amy y Jason Rosenthal

Courtesy Jason Rosenthal

Amy y Jason Rosenthal

In English | En el 2017, Amy Krouse Rosenthal escribió un ensayo desgarrador para la sección Modern Love del New York Times titulado “You May Want to Marry My Husband” (Tal vez quieras casarte con mi esposo, en inglés). En el ensayo, Amy, de 51 años, una prolífica autora de libros infantiles y cineasta que se encontraba en la última etapa de un cáncer de ovario, utilizó un estilo de anuncio personal para explicar por qué Jason Rosenthal, su devoto esposo durante 26 años, sería un marido maravilloso. ("Espera. ¿Mencioné que es increíblemente guapo?”, preguntó). Su objetivo era darle a Jason un permiso muy público de encontrar la felicidad y el amor después de que ella muriera.

El conmovedor ensayo se volvió viral y fue leído por millones en todo el mundo. Lamentablemente, Amy falleció diez días después.

A raíz del artículo del New York Times y del fallecimiento de Amy, la historia de amor de la pareja atrajo mucha atención. Jason recibió miles de cartas de lectores: algunas expresaban sus condolencias y otras expresaban un interés personal en él. Jason es abogado, y descubrió que su experiencia lo condujo por otro rumbo que lo llevó a dar una charla TED (en inglés) profundamente personal y a escribir y hablar sobre el dolor y la vida después de una pérdida. En su autobiografía, My Wife Said You May Want to Marry Me (Mi esposa dijo que tal vez quieras casarte conmigo), Jason, de 55 años, habla sobre su labor como cuidador de Amy y su nueva vida como viudo y padre soltero de tres hijos.

Uno de los motivos por el que quisiste escribir este libro fue para ayudar a otros a sobrellevar “su propia oscuridad personal”. ¿Hablar sobre Amy, su enfermedad y su fallecimiento te ha ayudado a superar tu dolor?

Jason Rosenthal: Me preguntan esto con frecuencia, incluso mi propia familia. Me llevó un tiempo, pero he llegado a un punto en el que agradezco profundamente lo que tuve con Amy y la increíble vida que tuvimos juntos, llena de amor, alegría, fantasía y familia. Por eso no me molesta volver a hablar de Amy, incluso al seguir adelante con mi vida, porque realmente es alguien de quien se debe hablar. No solo de su muerte, sino de su vida. Ella vivió una vida realmente muy hermosa.

¿Cómo afrontaste convertirte en el cuidador de tu esposa?

JR: No creo que haya ningún tipo de guía, así que simplemente me sumergí en la tarea. Sentía un amor tan profundo por Amy que quería que el final de su vida fuera lo más tranquilo y hermoso posible.

En AARP recomendamos reunir un equipo de cuidadores. ¿Tú armaste un equipo?

JR: Los cuidados terminales en el hogar te brindan cierta ayuda, pero para ser sincero, no fue allí donde encontré una fuente de consuelo. La encontré en mi hija [Paris], que básicamente se ausentó un tiempo de la universidad y vino a estar con nosotros durante el cuidado paliativo. Realmente colaboró conmigo en el cuidado de Amy. Y mi suegra, por supuesto, que estuvo conmigo en casi todas las citas médicas, tomando abundantes notas y siendo ella misma, maravillosa. Así que principalmente nos ocupamos nosotros tres y mis dos hijos, Miles y Justin.

¿Qué lecciones has aprendido durante el cuidado paliativo?

JR: Debes hacer lo que sea mejor para ti y para tu familia. Por ejemplo, la música fue muy importante en la vida que vivimos juntos, así que instintivamente recurrí a un par de contactos. Tengo un amigo músico de blues de renombre mundial, y lo trajimos con otro amigo para que tocara música para Amy. También tuvimos una musicoterapeuta que venía todas las semanas y a quien le pedí que aprendiera algunas de las canciones que a Amy le gustaban mucho.

En el libro haces hincapié en las formas originales en que los amigos se acercaron durante la enfermedad de Amy.

JR: Un amigo mío, que tal vez no sea el tipo más expresivo, me enviaba con frecuencia algunas letras de las canciones que más le gustaban, y eran hermosas, hablaban de amor y amistad. Otro muy buen amigo nuestro, sin esperar nada a cambio, venía a casa todos los sábados mientras Amy recibía cuidados terminales y nos traía tres objetos amarillos al azar: un paquete de mostaza, un patito de goma o una pelota de béisbol amarilla [el símbolo del legado de Amy es un paraguas amarillo].


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Como pareja, hablaron abiertamente sobre los deseos para el final de la vida. La mayoría de la gente tiene miedo de hablar de eso.

JR: Oh, Dios mío, eso es muy cierto. En toda mi trayectoria de presentaciones en público siempre recomiendo que hablen de estos temas mientras son jóvenes, mientras están bien y tienen memoria y salud. Nosotros tuvimos tiempo, pero muchos no lo tienen. Hablamos del tipo de servicio que Amy prefería. ¿Quería que pasaran música? De ser así, ¿tendría que elegir yo las canciones? ¿Quería que hablaran algunas personas en particular? Ese tipo de cosas. Fue muy importante para mí.

Después de que Amy murió, comenzaste a tener ataques de pánico. ¿Qué les dices a las personas sobre el proceso de duelo?

JR: No tenía mucha experiencia con la pérdida, pero lo que diría es que te des un respiro. El dolor es una criatura muy poderosa que te atacará con mucha fuerza. Probablemente vivas el resto de tu vida entrando y saliendo de algún tipo de duelo si la persona que perdiste era valiosa para ti, si la amabas o si tenía alguna importancia en tu vida. Debes aceptar el dolor y el sentimiento profundo de tristeza, el llanto, cualquier forma que tome, y saber que en algún momento ese nudo de dolor se aflojará un poquito. Y habrá momentos de dicha que te sorprenderán.

¿Cómo ayudaste a tus hijos adultos a sobrellevar la pérdida?

JR: Lo que sucede al principio es que te preocupas más por los demás que por ti mismo, y sin duda es así cuando tienes hijos. La mejor respuesta es ser lo más sincero posible con ellos, sin importar la edad que tengan. Ellos me enseñaron mucho durante este proceso. Estoy sufriendo la pérdida de mi esposa, pero seamos sinceros, estos tres jóvenes perdieron a su madre. Y así continuamos teniendo diálogos francos sobre lo que eso significa para ellos y la manera de ayudarnos mutuamente a superar esas pérdidas.

¿Cómo ha cambiado tu perspectiva sobre la vida en los últimos tres años?

JR: Fue un cambio radical. Es decir, total. Hice a un lado mi carrera de treinta años en la abogacía, aunque todavía no la he abandonado del todo. Quiero concentrarme en lo que considero que es una manera más significativa de seguir adelante con el resto de mi vida. En un principio, fue poner en marcha la [Amy Krouse Rosenthal] Foundation, que es una labor maravillosa y muy significativa. Parte del proceso incluyó navegar el Park District de la ciudad de Chicago, encargar una obra de arte pública en honor a Amy… y se trata de vivir de una manera no tan apresurada, detenerse e intentar apreciar los momentos simples a los que se refería Amy, esos momentos que por lo común pasan desapercibidos.

Ahora tienes pareja, pero dices que cuando comenzaron a salir te sentías incómodo al ser visto en público. Sentías que te juzgaban.

JR: No me considero un hombre joven, pero sin duda espero que todavía me quede una cantidad razonable de años por vivir. Quiero decir, no había tenido una cita en 30 años. Esos momentos incómodos al principio cuando piensas, guau, ¿estoy engañando a esta mujer con la que estuve casado durante tanto tiempo? Por supuesto que no; sabes que ella no está aquí. Pero es muy complejo. Como decía, fue algo de lo que en general no se habla mucho, y yo pensé que era importante hacerlo. No me divorcié, no dejé de estar enamorado. Amy siempre tendrá un lugar en mi corazón. Y eso está bien.

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