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'The 5th Quarter'

Andie MacDowell y Aidan Quinn enfrentan su pérdida en este abrumador drama familiar.

Director: Rick Bieber
Clasificación PG-13 (Público general, mayor de 13 años)
Duración: 141 minutos

Andie MacDowell y Aidan Quinn en una escena de la película The Fifth Quarter.

The 5th Quarter, LLC

Andie MacDowell y Aidan Quinn protagonizan a Maryanne y Steve Abbate en 'The 5th Quarter' (El quinto cuarto).

In EnglishThe 5th Quarter no desea que usted piense. Desea que usted sienta. Por supuesto, tiene un argumento: relata la verdadera historia de cómo la muerte de un adolescente inspiró al equipo de fútbol americano de Wake Forest University a jugar esa temporada mejor que nunca. Pero en el fondo de su corazón sensiblero, la película sólo busca que el público alterne entre estallar en lágrimas triviales o aplausos triunfales —sin intentar transiciones intermedias ni ofrecer lecciones para aprender—. Es como emprender un largo y arduo camino por la subida empinada de una montaña, sólo para encontrar la cumbre rodeada de nubes.

Refiriéndose a la tragedia griega, Aristóteles describió el concepto como una “catarsis dramática”. Refiriéndome a The 5th Quarter, lo considero una “explotación descarada”. Tengo que admitir que no me gustó mucho The 5th Quarter —prefiero las corrientes dramáticas más sutiles y las que encierran entre líneas un mensaje significativo—. Aún así, sospecho que The 5th Quarter proporciona precisamente el efecto que espera conseguir, y que existe un público considerable que busca esencialmente tal descarga emocional.

Andie MacDowell y Aidan Quinn (quienes, de paso, hacen una de las parejas en pantalla más atractivas que se puedan imaginar), protagonizan a Maryanne y Steven Abbate. Los conocemos a ellos y a su familia, todos felices y enamoradísimos el uno del otro, en una serie de viñetas alentadoras. Pero mientras más se sonríen tiernamente y más consiguen los padres que los besen sus encantadores y cariñosos hijos antes de bajarse del automóvil, más adivinamos que algo verdaderamente espantoso va a suceder.


Así ocurre: el segundo hijo, Luke, fallece en un accidente automovilístico sin sentido. La mayoría de los cineastas haría aquí lo previsto: un automóvil a toda velocidad, árboles arremolinados, y un cambio de escena al entierro. Pero Rick Bieber, director y escritor, nos relata con lujo de detalles todo lo sucedido entremedio. Allí está papá recibiendo la terrible llamada, la sonrisa desapareciendo de su rostro, reemplazada por falta de comprensión y más tarde terror. A continuación, el largo viaje hacia el sitio del accidente, seguido del recorrido desesperado hacia el hospital; luego vemos a la familia reunida alrededor de la cama del muchacho en estado de coma, cada familiar turnándose para rezar y llorar. Después viene el médico a decirles que es hora de desconectar el respirador artificial, y vemos la resistencia de la familia y su consentimiento final; luego, el desfile de amigos y desconocidos que pasan por la habitación del hospital para despedirse. Entonces llega la representante de la fundación de donación de órganos, y la familia sufre angustiosamente por eso. Por fin, la familia sigue la camilla hasta la sala de operaciones, donde se realizará la extracción de los órganos de Luke, y se vuelven a despedir de él.

¿Dije por fin? Ahora pasamos al entierro, y aguantamos lo que parece ser la triste ceremonia completa, incluyendo a una muchacha que nos relata una larga historia desde un atril acerca de cómo Luke bromeaba con ella. Y el clérigo, que pronuncia un discurso funerario conmovedor sobre las virtudes de un personaje que en realidad nunca hemos conocido.

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Así que en este momento, más o menos a media hora de empezar la película, pensé: “Espera, ¿no se trata esta película del fútbol americano?”. Y aproximadamente a los 45 minutos de empezar la película, por fin vemos al hermano mayor, Jon (Ryan Merriman), practicando con poco entusiasmo con sus compañeros de equipo de Wake Forest. Tiene dificultad para concentrarse, y un amigo lo convence para que se oriente con un experto motivacional en el ámbito deportivo, quien, en un montaje inspirado por Rocky, lo ayuda a volver a ponerse en forma, física y emocionalmente.

En algún momento, no se sabe exactamente cuándo, al equipo se le ocurre dedicarle la temporada a Luke —un chico que ellos, como nosotros, apenas conocían—. Milagrosamente, Wake Forest pasa de ser el equipo con menos probabilidades de ganar en su división al favorito, aunque hasta en la narración de la película su éxito tiene más que ver con el hábil liderazgo de su entrenador (Michael Harding) que con el espíritu de Luke, que se supone esté sonriendo con benevolencia sobre el campo de fútbol. De vez en cuando recuerdan a Luke, pero en el torbellino de juegos importantes y actos heroicos realizados contra toda posibilidad, el filme parece perder interés en él y en su lugar deriva su poder emocional del milagro que ocurre en Wake Forest. El sentimiento triunfador que desea despertar Bieber nunca me convenció, pero estoy bastante seguro de que en algunas partes de este país habrá aquellos que alzarán sus puños durante los últimos segundos.

Da la impresión de que The 5th Quarter son dos películas paralelas, cada una con su propio tipo de impacto. Quinn, especialmente, interpreta su personaje con una extraordinaria y emocional actuación: la angustia de Steven en el hospital es palpable; durante el entierro, parte el corazón cuando despide a los portadores del féretro y, a solas y llorando de modo incontrolable, se lleva el ataúd de su hijo de la iglesia. Y al final, cuando con lágrimas en los ojos presiona su oído contra el pecho de la mujer en el cual palpita el corazón de Luke, bueno, a uno tiene que faltarle el corazón para no sentir un nudo en la garganta.

Fiel a la opinión de Aristóteles acerca de la catarsis dramática, los personajes de The 5th Quarter no hacen nada para merecer sus tribulaciones, y al final tampoco se espera que hayan aprendido nada. Aguantan. También rezan, y aunque desde el principio hasta el final aparenta ser que su fe los sostiene, esa parte de su experiencia parece estar amortiguada —una extraña elección por parte de una película que claramente se dirige al corazón del público estadounidense—. Bien pensado, cuando se ponen las cosas en manos de Dios, se puede reducir el drama de la vida, y The 5th Quarter trata del drama más obvio y exagerado.

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