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Segunda oportunidad

Enamorado de su esposa, Catherine Zeta-Jones, Michael Douglas está aprovechando al máximo su buena suerte.

In English | Michael Douglas visitó la prisión. En esta tarde fría y gris acaba de recorrer las 14 millas que separan su hogar, en el elegante Upper West Side de Manhattan, del Metropolitan Correctional Center (Centro Correccional Metropolitano), donde su hijo Cameron de 31 años, está detenido, acusado de distribución de drogas. “Ha sido muy doloroso”, suspira, acomodándose en un sillón de un rojo profundo, con una taza de café. Por la ventana del apartamento se ve el Central Park, una profusión de naranjas y rojos debido al cambio de estación. Adentro, Douglas, con los ojos azules despejados, pero un poco tristes, está vestido de negro: pantalones negros, camisa tejida negra y zapatos negros.

Es difícil imaginar que la ironía del momento pueda pasar inadvertida para él. Después de todo, en su film, Wall Street 2: Money Never Sleeps (Wall Street 2: El dinero nunca duerme), que se estrenó el 23 de abril, Douglas recrea a uno de sus personajes más inolvidables: el despiadado y manipulador financista Gordon Gekko. En 1987, cuando finaliza su primera encarnación en la pantalla, Gekko cambia su penthouse por una prisión federal. En la continuación, está libre. ¿Qué hará con esta segunda oportunidad? Ese es el núcleo del argumento, y para Douglas, de 65 años, quien está gozando la experiencia de volver a empezar de cero como esposo, padre e hijo, su vida actual se trata, precisamente, de segundas oportunidades.

 “Mi carrera era lo más importante de mi vida, seguida de mi matrimonio y mis hijos —confiesa—. Ahora, las cosas se han invertido completamente. Nunca preví comenzar una familia y la alegría que implica criar niños a mi edad”.

Para Douglas, la posibilidad de volver a empezar como esposo y padre llegó después de que se separara en 1995 de quien fuera su mujer durante 23 años, Diandra. Michael creyó que no volvería a abandonar la vida de soltero; una relación permanente “no estaba en los planes”, asegura. Todo eso cambió un día de 1998, cuando se sentó en una oscura sala de proyección de Hollywood para ver una película nueva: The Mask of Zorro (La máscara del Zorro).

“Sólo me senté —recuerda— y dije: ‘¿Quién es ella?'"

 “Ella” resultaría ser Catherine Zeta-Jones, de 29 años, que hacía su debut como protagonista en la película de espadachines. Cuando se encontraron en un festival de cine, a finales de ese mismo año, su pasión no había desaparecido. Como hace a menudo, Douglas expresó exactamente lo que tenía en mente: “Quiero ser el padre de tus hijos”, le dijo.

Eso cayó como un soufflé de plomo.

“He escuchado mucho sobre ti —le respondió Zeta-Jones, con calma—. Es bueno saber que todo es cierto. Buenas noches”. Y desapareció.

“Oh —se dijo a sí mismo—, lo eché todo a perder”.

Douglas no se dio por vencido. A la mañana siguiente, Zeta-Jones voló a la isla de Mull, Escocia, para filmar Entrapment (La trampa), con Sean Connery; cuando llegó, se encontró con un enorme ramo de rosas. La tarjeta decía: “Me disculpo por haberme pasado de la raya”.

Las disculpas fueron aceptadas.

"No hay dudas de que estaba locamente enamorado de ella”, reconoce Douglas. La pareja pasó el año viéndose cada vez que se podían encontrar en el mismo huso horario. Para cuando se casaron, en el 2000, ya tenían un bebé de tres meses, Dylan, quien ahora tiene nueve años (también tienen una hija de seis, Carys).

Al principio, la pareja resolvió la brecha de 25 años que hay entre ellos: “Catherine es un espíritu viejo”, señala Douglas. De todos modos hubo complicaciones. Los futuros suegros de Douglas, David, repostero jubilado, y Patricia, quienes ahora tienen 62 años, eran tres años más jóvenes que el novio. “Yo no era precisamente el yerno que ellos habían soñado —dice Douglas, con ironía—. Realmente me gusta tomarle el pelo al papá de Catherine y llamarlo ‘Pops‘ (papá)”.

Desde entonces, Douglas ha aprendido mucho acerca del compañerismo y atribuye el mérito a dos de las fortalezas de su esposa que hacen que el matrimonio funcione: “Catherine posee un gran sentido del humor y no es una persona exigente”, observa. Como consecuencia de ello, él es más paciente de lo que lo fue en su primer matrimonio: “Intento darles a todos un poco más de espacio”.

Zeta-Jones dice que ella también ha aprendido de su esposo. “Una de las cosas que me encantan de Michael, y hay muchas, muchas otras más, es que él consigue lo que se propone —señala—. Me ha enseñado cómo llevar una vida ajetreada sin estar tan centrada en mí misma donde voy dejando todo lo demás de lado”.

Por casi una década, la familia Douglas vivió en Bermuda, donde la mamá de Douglas, Diana Dill Douglas, de 87 años, tiene raíces que se extienden tres siglos atrás. Allí, Douglas tuvo la oportunidad de darle un enfoque relajado a su carrera. Él lo explica así: “Al tener Catherine y considerando que tiene mucho por hacer en su vida profesional, hice un concienzudo esfuerzo para decirle: ‘Haz lo que tengas que hacer y yo te seguiré'”.

 La familia se mudó hace poco al apartamento que Douglas posee, desde la década del 80, en Central Park, para que los niños puedan asistir a una escuela de Nueva York que ellos consideran apropiada. De paso, Michael, que estaba filmando Wall Street 2 (con Shia LaBeouf como coprotagonista) no tendría que estar viajando para visitar su hogar. Poco después de que se mudaran, Zeta-Jones obtuvo su último papel, como protagonista del musical de Broadway A Little Night Music. Mientras ella trabaja pasada la medianoche y duerme hasta tarde, cada mañana, Douglas está experimentando el estilo de vida como la del personaje “Mr. Mom" (película del mismo nombre), levantándose antes de las 6:00 para ayudar a los niños a prepararse para ir a la escuela. “Me encanta ser la primera persona que ven —dice—. Es un placer egoísta. Son momentos muy especiales las mañanas”.

Zeta-Jones sostiene que Douglas se luce en su rol doméstico: “Michael me dice que [esta nueva paternidad] lo mantiene ágil. Es un padre extraordinario y muy entregado”.

 No se podía decir lo mismo de él cuando era un padre joven criando a Cameron, su único hijo del primer matrimonio, una falla que Douglas admite abiertamente. Reflexionando, Douglas dice: “Asumiré cualquier responsabilidad que deba admitir. ¿Hubiera sido mejor haber estado más tiempo cerca de él? ¡Por supuesto! Hubo ausencias y yo no fui ningún ángel”.

En tanto Douglas se deleita en su rol de hombre de familia que ha vuelto a nacer, también está reeditando el retrato original del financista manipulador Gordon Gekko, un personaje que personificaba la arrogancia de Wall Street de los últimos años de la década de 1980 y que le valió el Premio de la Academia al Mejor Actor, en 1988. Ese premio no sólo hizo que sus acciones en Hollywood se dispararan, sino que también tuvo un profundo impacto en lo personal. “Me permitió sentir que, por fin, había logrado salir de la sombra de mi padre —reconoce Douglas—. También me identificó como un villano seductor. Es divertido como actor, desempeñar roles como el malo de la película, ya que en la pantalla puedes hacer cosas que a la gente sólo se le ocurrirían en sus sueños más oscuros”.

Oliver Stone, quien dirigió las dos películas acerca de Wall Street, está perplejo por la facilidad de Douglas para desempeñar roles de villanos encantadores. “Michael tiene la habilidad de simular los ingredientes tóxicos —sus ojos, un toque reptil en su sonrisa— que le otorgan frialdad a personajes como Gekko” sostiene Stone. “Puede moldear la voz para que suene malvada o encantadora. Algunos de sus papeles más grandiosos han sido de verdaderos canallas”.

Este punto es indiscutible. En 1998, en A Perfect Murder (Un crimen perfecto) (con Gwyneth Paltrow), desempeñó el papel de un suave manipulador que trama un plan para asesinar a su esposa infiel. Y, ¿quién puede olvidarlo cómo el esposo sinvergüenza de Fatal Attraction (Atracción Fatal), en 1987, la película que le dio un giro aterrador a las aventuras de una noche?

Sin embargo, con los años, Douglas ha demostrado una extraordinaria versatilidad. Ha protagonizado el film romántico American President (El presidente y Miss Wade), junto a la notable Annette Bening, en 1995; también ha desempeñado roles de policía (Basic Instinct (Bajos instintos), 1992) y cómicos (Wonder Boys (Jóvenes prodigiosos), 2000). El próximo protagónico que tiene programado lo llevará de astuto malicioso a kitsch, personificando a Liberace, con Matt Damon como su joven amante.

Douglas ha estado produciendo películas casi tanto tiempo como ha actuado en ellas, comenzando con One Flew Over the Cuckoo's Nest (Alguien voló sobre el nido del cuco), en 1975. Al desempeñar dos roles —actor y productor—, ha disfrutado un extraordinario éxito financiero que, según se dice, le ha hecho ganar $200 millones. Sin embargo, se resistió a sacar crédito de una continuación de la película de Wall Street durante años, argumentando que, una vez que se gana el oro en Hollywood, el riesgo está en que “desde allí, todo es cuesta abajo”. Entonces, en el 2008, sobrevino la crisis de Wall Street, y Douglas —uno de los productores de Wall Street 2— decidió que había llegado el momento de revivir a Gordon Gekko.

Cuando estaba trabajando en la continuación del filme, el actor se dio cuenta de que las bravuconadas todavía pueden seguir vigentes, pero que el sector financiero de 1987 y los mercados globales que manejan cantidades estratosféricas hoy en día son mundos apartes. “El dinero del que hablábamos en aquel entonces, decenas de millones de dólares, son ahora una gota en un balde en comparación con los cientos de millones que se invierten actualmente”, afirma. Douglas sufrió en carne propia las consecuencias cuando el mercado se desplomó, a fines del 2008, tomándolo desprevenido y generando en él la desconfianza respecto de los caprichos de Wall Street. “Mira, el capitalismo es parte de nuestro sistema —afirma—, pero no es para los que se atemorizan fácilmente”.

Recrear la vida en el carril rápido de Wall Street hizo que Douglas tuviera que reavivar el torrente de adrenalina profesional, de modo que le fue de gran ayuda tener una esposa que sepa cómo es trabajar en esto: “Nos entendemos profundamente y no tenemos que preocuparnos por satisfacer las expectativas del otro. Ella sabe lo que es llegar a la noche totalmente exhausto. Y está bien tener momentos de silencio”.

 Y, ¿sigue acelerándose su pulso como en aquella oscura sala de proyección, mientras miraba Zorro? “Oh, sí —se ríe—. Al menos en tu cabeza, el fuego arde con la misma intensidad. No nos engañemos. Pero, gracias a Dios, a ella le gustan los hombres mayores. Y, en los últimos años, han aparecido algunas novedades maravillosas, como el Viagra o el Cialis, que pueden hacer que uno se sienta más joven”.

Douglas se mantiene en forma y lleno de energía corriendo, buceando y llevando a la familia a esquiar cerca de su granja, en Quebec. Sin embargo, admite que la edad impone sus limitaciones, particularmente cuando va al gimnasio. “Antes, uno iba y hacía 30 minutos de ejercicios cardiovasculares y tenía esa gran sensación de euforia. Ahora, terminas y te vas diciendo: ‘¡Uf, qué suerte que terminó!’”. Un problema que podría plantearse en el futuro: “Tiemblo cuando pienso que tendré casi 75 años cuando mi hija tenga 16. ¡No estaré en condiciones físicas de ahuyentar a los muchachos!”

Afortunadamente, eso todavía no es un problema. Por estos días, la vida social de la familia Douglas se resume, con frecuencia, en salir con los niños o encontrarse con amigos en un restaurante de la zona. “Catherine es un poco solitaria —señala Douglas—. Y creo que, históricamente, yo también lo he sido”. Y añade: “Tienes estos pocos años de amor inequívoco en los cuáles mamá y papá nunca se equivocan. De modo que somos una estrecha unidad familiar.”

Es un escenario doméstico diferente de aquel en el que él se crió. Según Michael, su padre, Kirk, no manejó bien la paternidad. “Fui el producto de una familia divorciada —recuerda—. Papá siempre se sentía en un dilema; trabajaba muchísimo pero también quería vernos. Entonces, con toda la pasión que lo caracterizaba, intentaba ser padre por una semana, un verano, lo que fuera. Fue duro”.

“Creo que es más fácil para mí ser un buen padre. No estoy tan preocupado por mi carrera —prosigue—. Ahora, me gusta mucho más estar en casa. Puedo ver la confianza que tienen mis hijos en sí mismos y compararla con mi propia lucha o la lucha que pueda haber enfrentado Cameron por ganar la misma confianza”.

Visitar a Cameron en el Metropolitan Correctional Center esta fría tarde de invierno le dio a Douglas la oportunidad de trabajar en estrechar la relación con su hijo mayor. Michael cree que la encarcelación de Cameron puede servirle como el llamado de atención que necesita. “Cameron tiene mucha vida por delante —afirma—. Ahora reconoce sus propios demonios y luchas”.

Estos demonios son muy familiares para Douglas. “En una época, el alcohol fue un problema en mi vida —admite—. Un hermano murió de sobredosis hace unos años. En casi todas las familias hay alguien para quien el abuso de sustancias es un problema”.

Aunque Cameron podría enfrentar diez años de prisión o hasta una condena perpetua si lo condenan por los cargos de los que se lo acusa —complicidad en la distribución de metanfetaminas—, Douglas se muestra esperanzado: “Es un joven fuerte”. Luego, pasándose la mano por su famosa cabellera, suspira y añade: “De todos modos, está en una prisión federal, y allí hay chicos grandes y malos”.

Decidido a mantenerse positivo, Douglas está disfrutando sus muy mejoradas relaciones familiares, incluida la relación con su padre, quien ahora tiene 93 años y vive en Los Ángeles. Le encanta llevar a sus hijos menores a visitar a Kirk. “Es como una sensación de inmortalidad —explica Douglas—. El solo hecho de saber que es el papá de su papá emociona verdaderamente a mis hijos”. Michael afirma que Kirk, quien sufrió un derrame cerebral en 1996, se ha recuperado totalmente y ha redescubierto el lado espiritual de la vida. “Es una persona muy distinta de la que solía ser cuando estaba activamente comprometido con su carrera —cuenta—. Me asombra poder contemplar cómo, con suerte, me comportaré en el próximo acto”.

Kirk mismo dice que ha visto un cambio notable en la manera en que Michael se relaciona con sus hijos y con él. “Michael parece, ahora más que nunca, un verdadero padre —observa—. Y, a medida que envejecemos, está cada vez más cerca de mí”.

 Este verano, para la película biográfica de Liberace, Michael Douglas planea mudar temporalmente a su familia de la ciudad de Nueva York a Los Ángeles, de modo de poder estar cerca de su padre y permanecer todos juntos mientras dure esta producción. Con casi nueve décadas de diferencia entre su padre y sus hijos pequeños, Douglas es perfectamente consciente del precioso valor del tiempo. “Cuando miro a mis hijos de seis y nueve años despegar en sus computadoras, no puedo ocultar mi asombro; me miran como si fuera un dinosaurio. El tiempo pasa rápido, muy rápido”. Hace una pausa y añade: “Estoy intentado que vaya un poco más lento”.

Jim Jerome ha escrito perfiles de celebridades para People, Ladies’ Home Journal e InStyle.

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