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<i>Jane Eyre</i>

Sencilla pero impactante.

   
Dirección de Cary Fukunaga
Clasificación: PG-13
(Público general, mayor de 13 años)
Duración: 115 minutos

In English | De alguna manera, llegué a mi edad sin leer la clásica novela de Charlotte Brontë, Jane Eyre (escrita en 1847), ni tampoco —lo admito— ninguna de las 18 adaptaciones cinematográficas anteriores. Pero aun si lo hubiera hecho, estoy segura de que no hubiera disfrutado menos esta versión. El director Cary Joji Fukunaga nos brinda una visión fresca y original de esta estampa de época. Refrena los esperados elementos góticos y pasionales, pero extrae impresionantes estudios de carácter de sus protagonistas, Mia Wasikowska en el papel de Jane y Michael Fassbender en el del volátil Rochester. Y lo logra no tanto con el diálogo sino mediante la cámara, con la que enmarca la cara de los actores y sus expresiones de ansia y angustia.

No era de esperar que Fukunaga, cuya película anterior fue su primer y bien recibido largometraje Sin Nombre, drama sobre un grupo de centroamericanos que entran ilegalmente en Estados Unidos, fuera seleccionado para dirigir este filme. Pero, como señala la productora Alison Owen, ambas historias abordan los temas de la pérdida y la lucha por una vida mejor. Fukunaga tiene reputación de perfeccionista que insiste en marcar sus trabajos con la impronta de su singular visión, y eso es exactamente lo que Owens buscaba para esta Jane Eyre. Fukunaga abrazó con entusiasmo la adaptación de la guionista Moira Buffini, que utiliza una estructura no lineal. Abre la película con imágenes de Jane Eyre huyendo de la fantasmagórica Thornfield Hall, corriendo como un bólido por los rocosos valles de Derbyshire, Inglaterra. Pronto la vemos instalada en la casa de St. John Rivers (Jamie Bell) y sus dos hermanas. La primera parte de la vida de Jane —bajo el cuidado de su cruel tía (Sally Hawkins, ganadora de un Golden Globe), en el austero orfelinato de Lowood y al llegar a Thornfield de adolescente, donde se hace cargo de ella la encantadora ama de llaves, Mrs. Fairfax (interpretada por la igualmente encantadora Judi Dench)— se relata por medio de escenas retrospectivas.

Para supervisar la cinematografía del filme —bella aunque un poco oscura, típica de los filmes ambientados en el siglo XIX— Fukunaga utilizó al director de fotografía de Sin Nombre, Adriano Goldman. Los detalles de época en la escenografía y el vestuario (qué maravilla esos corsés y almidonada ropa interior que crujen como deben) están muy bien. Pero la verdadera brillantez está en el reparto. Wasikowska, la joven actriz australiana en rápido ascenso que vimos el año pasado en el papel de Alice en Alice in Wonderland (Alicia en el país de las maravillas) y en el de la hija de Annette Bening y Julianne Moore en The Kids Are All Right (Los chicos están bien), es fascinante en el papel de Jane. Wasikowska, de edad perfecta (21 años) y rostro poco agraciado, aquí usa el pelo amarrado hacia atrás, lo que realza su aire de resolución cuando los ojos le centellean y aprieta la mandíbula.

Seguramente esta Jane se merece su reputación de una de las primeras defensoras de los derechos de la mujer, y todo gesto de Wasikowska transmite su fuerza interior. Fassbender, famoso por Inglorious Basterds (Malditos bastardos), es un Rochester mejor mozo que como lo pintó Brontë, pero nos ofrece un irresistible lado paternal al intentar sacar a Jane de su cascarón, siempre insinuando el secreto que lo atormenta. Están hechos uno para el otro.

Como la película tiene escaso diálogo, cuando Jane y Rochester hablan, sus intercambios son explosivos. La sutileza de Fukunaga mantiene absorto al espectador durante toda la película y nos emociona justo en los momentos indicados.

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