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Lupe Ontiveros: La suegra Juanita Solís

La actriz de origen mexicano habla sobre su papel en 'Amas de casa desesperadas' y otros proyectos.

La actriz texana Lupe Ontiveros falleció la tarde del jueves 26 víctima de de cáncer

Foto por: Mark Savage ©Corbis

Lupe Ontiveros, actriz de origen mexicano.

Lupe Ontiveros no es ninguna ama de casa desesperada. De hecho, es el centro de atención mientras almuerza en una cálida mesa de esquina de una popular cafetería en Hollywood. Los camareros van a su mesa constantemente, mantienen su copa llena, mezclan su deliciosa ensalada California y la sorprenden con un soufflé de chocolate, cortesía de la casa. Si el éxito puede ser saboreado, eso es justamente lo que Ontiveros está haciendo.

“Estoy disfrutando del mayor éxito de mi carrera, y doy gracias al Buen Señor por eso”, nos dice con un destello en los ojos que ilumina su expresivo rostro.

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Ontiveros se ha ganado su éxito. Tres décadas de teatro, cine y televisión han familiarizado a la audiencia con su rostro. Millones de espectadores nuevos se han unido a su club de admiradores, ahora que vuelve a la pantalla con Desperate Housewives (Amas de casa desesperadas), una novela descabelladamente divertida que se transmite por las noches en ABC y que se ha convertido en lo mejor de la temporada 2004-2005. Allí hace el papel de Juanita Solís, una suegra insoportable en conflicto con su adinerada y manipuladora nuera.

“La pareja latina del show no está constituida por lo que uno llamaría personajes ideales, pero por lo menos son adinerados y de clase alta. Eso es lo que siempre hemos querido ver en la televisión durante todos estos años”, nos dice la actriz, que evade el tema de su edad, pero cuyo hijo mayor pronto cumplirá los 40.

En contraste con su personaje en Desperate Housewives, el papel de Ontiveros en el nuevo serial animado de PBS, Maya and Miguel, nos muestra una faceta más dulce. Esta abuela de dos nietos nos dice: “Mi personaje se llama Abuelita. Ella corretea con un delantal puesto, baila y canta. Está llena de vida, adora a sus nietos y le encanta la aventura. Su mentalidad es muy joven”.

Ontiveros demuestra que el éxito en la “segunda juventud” de una persona puede resultar especialmente grato. La actuación es su segunda profesión. Esta nativa de El Paso se graduó en la Universidad para Mujeres de Texas, con un título en psicología y asistente social. Luego de casarse y trasladarse a California, ejerció durante 18 años como asistente social, trabajando con el  programa Head Start y ayudando a ancianos y a niños con discapacidades  mentales.

¿Qué la llevó a la actuación? “Una locura, me imagino”, nos dice Ontiveros riendo.

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La locura y la necesidad de trabajar. Era asistente social y, al mismo tiempo, criaba tres niños junto a su esposo Elías. “Un día abrí el diario y vi un anuncio en el que buscaban extras para una película. Elías me dijo: ‘ve si quieres’, y ése fue el principio del fin. Apuesto a que todavía se arrepiente de eso”, nos dice con ironía.

Luego de trabajar como extra en varias películas, Ontiveros estaba completamente entusiasmada. Se decidió, entonces, a estudiar actuación, y, para ello, tuvo que sacrificar mucho de ella misma y de su familia. “Trabajaba ocho horas como asistente social en Compton, regresaba a casa, alimentaba a mis hijos y me iba a hacer teatro por las noches en Nosotros”, recuerda, en alusión a un teatro comunitario latino en Los Ángeles.

“No me contrataron por mi belleza ni por mi cuerpo. Pagué mi derecho de piso. Las humillaciones que sufrí como mujer y como latina fueron increíbles”. <br> —Lupe Ontiveros

En Nosotros, Ontiveros se rodeó de un grupo de pares con los que pudo aprender el oficio; también descubrió que tenía una habilidad especial para hacer reír a la gente. Pero, por sobre todas las cosas, encontró la voluntad para continuar con su nueva profesión.

El rostro de Ontiveros, que siempre está sonriente, se pone serio. “No me la hicieron nada fácil, nada de eso. No me contrataron por mi belleza ni por mi cuerpo. Pagué mi derecho de piso. Las humillaciones que sufrí como mujer y como latina fueron increíbles”, recuerda. Sin embargo, considera que “valió la pena”.

Su mejor momento llegó en 1978, cuando hizo el papel de Dolores en la famosa obra de Luis Valdez, Zoot Suit. Posteriormente, Ontiveros llevó su actuación a Nueva York como parte de la primera producción teatral mexicano-estadounidense en Broadway. Cuando la obra fracasó, luego de algunos meses, regresó a trabajar en una clínica y consideró la posibilidad de abandonar la actuación.

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Afortunadamente, decidió perseverar. “Al principio sentía curiosidad. Luego mi curiosidad se transformó en rabia. Me propuse hacer que Hollywood nos tuviera en cuenta [a los hispanos].” Poco a poco, Hollywood los fue teniendo en cuenta. Ontiveros consiguió participar como invitada en espectáculos televisivos y algunos papeles de poca importancia en películas. Generalmente hacia el papel de mucama.

Repitió el papel de “Dolores” en la versión cinematográfica de Zoot Suit, en 1982. Luego, le siguió un papel en El Norte (1983), nominada al Oscar. También en Born in East L. A. (1987),  Mi Familia (1995), y Selena (1997), en donde hace el papel de Yolanda Saldívar, la asesina de la cantante tejana.  Ontiveros trabajó con Jack Nicholson en As Good As It Gets (1997), y bajo la dirección de Johnny Depp en The Brave (1997).

La actriz ha cosechado galardones y admiradores a lo largo de los años. Ganó el premio a la mejor actriz dramática en el Festival de Cine de Sundance por su papel como Carmen García en Real Women have Curves (2002). Su actuación en la independiente y extravagante película Chuck and Buck (2000) le mereció el premio a la mejor actriz secundaria que otorga la Comisión Nacional de Crítica (NBR por sus siglas en inglés) y un premio especial de actuación otorgado por el Festival de Cine de Sundance. “Me gané muchos admiradores en la comunidad homosexual por esa película”, agrega.

Los veinteañeros a menudo la reconocen por la calle; especialmente, por su papel como Rosalita en la película Goonies, de Steven Spielberg (1985), el cual estuvo a punto de rechazar. “Steven Spielberg había visto El Norte donde, por supuesto, yo hacía el papel de mucama. Él le envió a mi representante el guión, pero yo estaba cansada de interpretar mucamas. Le dije a mi agente que no estaba interesada, pero me convenció. Después de todo, se trataba de Spielberg.”

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A pesar de que nunca se trazó la meta de ser famosa, Ontiveros se siente halagada cuando la gente la reconoce. “Lo más hermoso que la gente hace es bendecirme. Eso hace que la batalla valga la pena”, nos dice.

Actualmente, se encuentra en condiciones de ayudar a los demás en su lucha. “Soy mentora de los productores jóvenes. Es mi manera de dar algo a cambio. Yo no tuve mentor alguno”. También dedica su tiempo a temas sociales que son importantes para ella como, por ejemplo, crear conciencia de la amenaza del SIDA en la comunidad latina y ayudar a las víctimas de la violencia doméstica. “Me imagino que todavía queda algo de asistente social dentro de mí”, nos dice.

Una causa que tiene un significado particularmente especial para ella es la defensa de las personas sordas. Su segundo hijo nació clínicamente sordo, y actualmente, trabaja como asesor de estudiantes hipoacúsicos con trastornos emocionales.

Después de 30 años en el oficio, Ontiveros considera que está en su mejor momento. “Tengo tanto más que dar ahora que cuando era joven”, observa. Se siente muy orgullosa de las invitaciones que recibe para actuar de jurado en festivales de cine en todo el mundo. “He estado en Cuba; en Toulouse, Francia; en la ciudad de Québec; en Santo Domingo. Me hace sentir realizada de tantas formas: como mujer, como mexicana-estadounidense, como artista y como compañera de trabajo”.

El éxito de Desperate Housewives le está trayendo muchos y nuevos papeles, pero Ontiveros no deja de ser realista.

“Me va muy bien ahora, pero nada puede asegurar que el próximo papel que me ofrezcan no sea nuevamente el de una mucama. No desprecio ese papel; en tanto y en cuanto se me permita interpretarlo como el de un ser humano, más allá de cualquier estereotipo negativo, voy a hacerlo con orgullo y hasta el fin de mis días”.

Y añade: “Déjame decirte algo. No soy ninguna señora fina. Soy una tipa vieja, y eso me permite divertirme de lo lindo. Estoy satisfecha y agradecida con lo que he logrado en la vida. Si yo pude hacerlo, el mundo entero puede hacerlo”. 

Y con esto, saborea la última porción de su soufflé de chocolate.

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