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William Webster ayudó en caso de fraude jamaiquino de la lotería Skip to content

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Amenazas, mentiras y agresión física: cómo las estafas de la lotería se vuelven violentas

William Webster, un exdirector del FBI a quien intentaron estafar, ayudó a resolver un caso enorme.

 Juez William Webster

DAVID HUME KENNERLY/GETTY IMAGES

William Webster, quien aparece durante una entrevista realizada en el 2014, fue juez federal antes de dirigir el FBI y luego la CIA.

In English | William Webster, de 94 años, quien fue director del Federal Bureau of Investigation (FBI, Buró Federal de Investigaciones), apareció de nuevo en las noticias se revelaron detalles de su ayuda secreta a un grupo de agentes más jóvenes que investigaban un caso internacional de delincuencia


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Pero Webster, quien además fue director de la Central Intelligence Agency (CIA, Agencia Central de Inteligencia), no solo se limitó a dar consejos profesionales. A su esposa, Lynda Clugston Webster, y a él intentaron engañarlos con una estafa jamaicana de la lotería. En este tipo de fraude, las víctimas reciben una llamada telefónica inesperada y les dicen que se ganaron una lotería o sorteo, pero que necesitan pagar dinero para reclamar el premio. Según las autoridades del orden público, esta es una estafa con la que a menudo se intenta engañar a los adultos mayores en Estados Unidos.

“Fue toda una experiencia”, dice Webster, quien después de pasar años en altos puestos gubernamentales, entre ellos como juez federal, director del FBI y jefe de la CIA, está muy familiarizado con las estrategias que usan los estafadores para engañar a los adultos mayores.

Los estafadores, señala, “comienzan con promesas y luego empiezan a exigir, en vez de dar las cosas que dijeron que iban a otorgar, y cuando empiezan con sus demandas, los estafadores tienden a volverse implacables, y esa es una experiencia que asusta mucho”.

Por ejemplo, el estafador le dijo a Lynda Webster que un francotirador la mataría de un tiro si la pareja no enviaba miles de dólares para reclamar lo que fue descrito como un premio de $72 millones.

“Oye, es tan fácil matarte”, le dijo el estafador, quien siguió con una descripción con palabras todavía más vívidas y aterradoras.

Las estafas de la lotería son comunes

Esta fue una amenaza violenta como parte de una de las estafas jamaicanas de loterías y sorteos, que suceden con una frecuencia alarmante. Según la Federal Trade Commission (Comisión Federal de Comercio), en términos generales, en el 2017, 142,974 personas de todas las edades denunciaron que fueron víctimas de estafas relacionadas con premios, sorteos y loterías, con pérdidas de un total de $94.8 millones. Esta agencia no detalla el número de casos que provienen de Jamaica.

Este problema es tan generalizado allí que el sitio web de la Embajada de Estados Unidos en Kingston advierte que recibe consultas “frecuentes” de personas a quienes estafadores en Jamaica les robaron cientos o miles de dólares.

Según esta advertencia: “Si suena demasiado bueno para ser verdad, no es verdad. NO creas que ganaste una lotería en la que nunca has participado”.

El que intentó estafar a los Webster en el 2014 fue Keniel Thomas, de 29 años, quien vivía en los alrededores de Montego Bay y fue arrestado a fines del 2017 cuando llegó al Aeropuerto Internacional Kennedy de Nueva York. Se declaró culpable en el 2018.

Thomas acaba de ser condenado a casi seis años de prisión en un tribunal federal en Washington D.C., donde viven los Webster, por haber intentado extorsionarlos. 

“Nunca me olvidaré del día en que me amenazó diciendo que la sangre de mi cabeza mancharía nuestra casa de ladrillos blancos”, dijo Lynda Webster al juez de sentencia. A pesar de que la CIA tomó medidas para “reforzar” el hogar de la familia para volverlo más seguro, ella agregó: “Nunca nos sentimos completamente seguros por las amenazas peligrosas que recibimos”.

Según los documentos del procedimiento judicial, Thomas también estafó a un puñado de personas en California de entre 52 y 82 años. 

Su intento de extorsión fue captado durante conversaciones con los Webster que fueron grabadas en secreto.  

Thomas, quien usó un nombre falso, llamó a William Webster y le prometió, además de $72 millones en premios de lotería Mega Millions, un nuevo Mercedes-Benz con seguro de automóvil incluido por un año. Pero antes, Thomas quería recibir $50,000 de los Webster —y rápido—. Luego los instó a enviar parte del dinero, pero la pareja nunca mandó nada. 

Webster, quien es socio jubilado del bufete de abogados Milbank, Tweed, Hadley & McCloy, dice que su esposa y él están compartiendo lo que sucedió ahora porque “vi lo terriblemente penosos que pueden ser estos casos. Las personas no están acostumbradas a que las amenacen; no están acostumbradas a que las extorsionen”.

Se revelan más víctimas

Según un agente del FBI que investigó el caso, la cooperación del exdirector del buró y de su esposa ayudó a que los agentes dieran con otras personas a quienes Thomas estafó —quienes enviaron a Thomas y a sus familiares cientos de miles de dólares—.

De acuerdo con los documentos del procedimiento judicial, una víctima de 82 años estaba teniendo varios problemas de salud cuando envió entre $600,000 y $700,000 a Thomas durante un solo año.

Thomas será sometido a procedimientos de deportación después de cumplir su condena en prisión, según las autoridades.  

El agente del FBI John Gardner dice que ha estado investigando a estafadores jamaicanos de lotería y sorteos desde el 2011. Calcula que se ha topado con al menos 100 víctimas en Estados Unidos.

“Recibo quejas todo el tiempo”, dice Gardner, quien agrega que la culpa la tienen los delincuentes sofisticados que operan en bandas organizadas de ciberdelincuencia.

Tratan de estafar a personas mayores de 60 años en Estados Unidos después de comprar “listas de posibles candidatos” con cientos o miles de blancos, comenta. Las listas contienen nombres, fechas de nacimiento, números del Seguro Social y detalles sobre el estado civil y la propiedad de vivienda, agrega.

“Siempre tratan de engañar a personas mayores de 60 años”, dice. “Simplemente empiezan a llamar para ver a quién pescan”.

Gardner, quien además investiga casos de fraude de valores, correo postal y transferencias bancarias, dice que los autores de las estafas jamaicanas de lotería y sorteos intentan engañar a personas que se sienten solas. Dice que cree que hasta el 95% de estas personas no están casadas y algunas enviudaron. “Casi nunca vemos que una pareja casada se convierta en víctima de una estafa”.

El exdirector del FBI fue un blanco en el pasado

Lynda Webster, de 63 años, le dice a AARP que antes de que Thomas entrara en la vida de la pareja, su esposo había sido blanco de otras estafas dos veces. Una vez, dice, fue una estafa de abuelos, donde un “hombre se pincha la nariz y dice: ‘Soy tu nieto, me dieron puñetazos en la cara y me asaltaron. ¿Puedes mandarnos dinero?’”.

Uno de los compañeros de trabajo de su esposo detuvo en seco ese intento, pues le preguntó a Webster si había hablado con su hija, la madre del nieto, dice Lynda Webster.

En otra ocasión, su esposo recibió un correo electrónico falso supuestamente de un amigo que había sido atacado en España, dice. “Creo que él estaba pidiendo quinientos dólares”, comenta la esposa.

Su esposo hasta fue a Western Union para hacer la transferencia electrónica, pero un empleado le advirtió que no lo hiciera, dice.

“Esta generación de más edad, yo los llamo la generación que confía”, dice Lynda Webster, fundadora y presidenta de Webster Group, una empresa mundial de planificación de eventos. Hasta a las personas brillantes les puede fallar el juicio, agrega, y anima a las personas a verificar cómo se encuentran sus padres y abuelos.

Gardner, el agente del FBI, dice que los estafadores jamaicanos se esfuerzan mucho para cubrir sus rastros, pues usan cuentas de correo electrónico fantasmas, y números de teléfono y de fax que son difíciles de rastrear. “Tienes que investigar paso a paso para averiguar quiénes son en verdad, para tratar de descubrir el rastro del dinero y la identidad real de quien llama”, dice.

Los estafadores se concentran en las dos ciudades más grandes del país, Kingston y Montego Bay, pero es un problema “de toda la isla”, según el agente. En Jamaica, “tienen canciones de rap que glorifican esto”, dice. “Hay alumnos de escuela intermedia, que cuando les preguntan qué quieren hacer cuando sean mayores, dicen ‘estafadores de la lotería’”.

Los delitos, comenta, pueden ser hasta más lucrativos que vender drogas y pistolas. Muchos casos no se denuncian porque a las víctimas les avergüenza demasiado admitir que las estafaron, señala Gardner.

También se ha topado con víctimas que están tan engañadas con la estafa que cuando el FBI se comunica con ellos, le avisan al estafador sobre el contacto y preguntan qué deberían decirles a los agentes. “Piensan que estoy interfiriendo con su premio”, dice.

Según Gardner, aunque la queja de William Webster al FBI pareció rutinaria al principio, el caso se convirtió en una “gran oportunidad” para trabajar con una persona de confianza que está familiarizada con la manera en que los agentes encuentran a los delincuentes. Los agentes sabían “que podríamos identificar a otras víctimas de este estafador gracias a la colaboración del juez Webster”, dice Gardner, “y obviamente lo hicimos”.

“La Sra. Webster y el juez Webster fueron fantásticos”, agrega. “Dieron todas las pruebas para el caso. Ellos en verdad son las estrellas de esta investigación. Si tuviéramos más colaboradores como ellos, mi trabajo sería mucho más fácil”.

William Webster, quien cumplirá 95 años en marzo, dice que la admiración del FBI es mutua. “Me alegro de que pudimos hacer lo poco que hicimos”, dice.

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