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Navegador de beneficios de salud: Revisa esta guía para veteranos y sus familiares.

 

El viaje que cambió mi vida

Joan Lunden, Sanjay Gupta, Michael López Alegría y otros comparten las experiencias de viaje que los transformaron, y los países que desean conocer.

De izquierda a derecha fotos de Escocia Tailandia y Singapur

Getty / Reinhard Schmid Huber eStock Photo / Getty

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Viajar puede ser maravilloso, fascinante o hasta estimulante y relajante. A veces, sin embargo, es más especial cuando un viaje cambia nuestra forma de pensar o cuando nos ofrece momentos hermosos y trascendentales. Les pedimos a varias personalidades que describieran una experiencia de viaje inolvidable y los lugares que les encantaría conocer.

Río Smith en Montana Estados Unidos

Brian Grossenbacher

Henry Winkler: Smith River, Montana

Al actor de 75 años, un río le proporcionó una alegría casi divina.

Era la primera vez que iba a pescar con mosca al río Smith, en Montana. Mi esposa, Stacey, y yo pasamos cinco días allí con un par de amigos. Ansío poder transmitirles la intensa alegría que sentí: el río es donde más me he acercado a lo divino.

Pescábamos, comíamos, cenábamos y dormíamos en la orilla. Se ven águilas calvas o algún alce. El sonido del torrente de agua chapoteando contra tus botas de pescar o contra el bote disipa todas tus preocupaciones. Lo más importante es concentrarse en las truchas, porque hay que tener paciencia. Tienes que jugar con la trucha, tienes que cansarla. Cuando la has pescado, le sacas una foto, le das las gracias, un beso, y la devuelves al río para el año próximo. Para que pueda crecer y repitamos todo otra vez. Alzas las palmas de tus manos y piensas, ¿no es increíble?

Lista de viajes pendientes

Mientras pueda y tenga deseos de viajar, me gustaría recorrer Italia saboreando sus delicias de Roma a Milán. Después, tal vez, caminar por las calles de Lyon, Francia, y disfrutar de todas sus comidas.


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Personas en una piscina junto a una playa en Koh Samui, Tailandia

Reinhard Schmid / Huber / eStock Photo

Sanjay Gupta: Koh Samui, Tailandia

Al corresponsal médico de 51 años un desvío imprevisto lo obligó a reflexionar sobre la fragilidad de la vida.

Una de mis experiencias de viaje más felices fue también la más desgarradora. En diciembre de 1998, mi esposa y yo fuimos a Koh Samui, una pequeña isla situada en la costa este de Tailandia. Nos alojamos en un lugar en la playa llamado Smile House, que costaba entonces unos $20 la noche. Fue una experiencia imborrable, pero no solo por los panqueques de plátano que desayunábamos.

Para llegar a Koh Samui hay que tomar un vuelo nocturno o viajar en autobús 12 horas durante el día y después viajar en ferri otras dos horas. Hicimos cola en el aeropuerto, pero no pudimos conseguir un billete así que acabamos en el autobús. Justo era el cumpleaños de mi mujer y pensaba ¡vaya, la he arruinado! El aire acondicionado del autobús estaba tan frío que se nos acalambraron los brazos y las piernas. Prácticamente no podíamos movernos. Cuando llegamos a Surat Thani, la ciudad en la que debíamos tomar el ferri, ya era de noche, pero el horizonte estaba iluminado por las luces de rescate y las sirenas. Al principio no entendíamos qué había pasado, pero resultó que el avión que queríamos abordar se había estrellado. Fue espantoso. Habían muerto más de 100 personas. Fue uno de esos momentos en los que no sabíamos qué decirnos. No hay nada que te haga sentir más vivo que cuando te disparan y no aciertan, y así nos sentíamos.

Cuando uno envejece, le da valor a la fragilidad de la existencia. Puedes pasarte todo el día culpándote de algo —como no haber sacado esos billetes de avión— pero el destino puede dar un vuelco en un momento. En general, no soy así, pero creo que ciertas cosas suceden por una razón. Si ese día hubiera conseguido lo que quería —o lo que creía que quería— no habríamos sobrevivido. En cambio, fue un momento inolvidable que ha permanecido conmigo todos estos años: comiendo esos panqueques, mirando el mar, pensando en lo afortunados que somos, ¡qué afortunados somos!

Lista de viajes pendientes

Las Catalinas, en la provincia costarricense de Guanacaste, es una nueva ciudad de playa, no turística, diseñada según los principios del nuevo urbanismo que apunta a crear comunidad y adentrarse en la naturaleza. No circulan automóviles, es peatonal, y tiene plazas y rutas de senderismo diseñadas para que te sientas parte de la comunidad, aunque solo estés de visita.


Casco antiguo junto al mar en Ibiza España

Getty

Michael López Alegría: Ibiza, España

Donde el astronauta, de 63 años, estuvo expuesto a las complicadas formas de comportamiento de los adultos cuando era niño.

Mi padre tenía un amigo en Ibiza, y nos quedamos en un hotel llamado El Corsario, que significa “el barco pirata”. Recuerdo las hermosas playas y el calor, pero más que nada, recuerdo el entusiasmo y la emoción. ¿Has visto esos momentos en que, de niño, puedes vislumbrar cómo son realmente los adultos? Eso es lo que sentí allí. Un amigo de mi padre salió con nosotros una noche y terminó peleándose en un bar. Alguien lo golpeó con una botella, y mi madre y yo lo vimos salir a los tropezones con ese fuertísimo golpe en la frente. Imaginamos que mi padre estaría caído en el piso, pero cuando entramos lo vimos conversando tranquilamente con el hombre que le había pegado el botellazo a su amigo. No sé qué sabiduría, buena o mala, encerraba ese momento, pero diré esto: nunca participé en una pelea de puños, probablemente porque creo que se veía mucho mejor ser la persona pacificadora que la que recibió el botellazo.

Lista de viajes pendientes

He estado en otras partes del Caribe, pero no he estado en las Bahamas. Desde el espacio, el agua que rodea esas islas es el color más bello que puedas imaginar. Sé que es un destino común, pero me encantaría nadar en esos azules brillantes.


Tiendas de campaña por la noche

Getty

Joan Lunden: Marruecos

La ex presentadora de Good Morning America, de 71 años, descubrió una nueva forma de pensar sobre la vejez.

En el 2019, estaba en el desierto del Sahara con mis hijas menores. Temprano, una mañana, dimos un paseo en camello desde el campamento hasta una duna para ver salir el sol sobre el Sahara. Estábamos solas, en comunión con el mundo y la naturaleza. Cuando bajamos, nos subimos a un vehículo y nos llevaron por estos pequeños pueblos marroquíes con los mercados coloridos. Algunos pastores nos invitaron a su tienda para ver cómo viven. Nos arrastramos adentro y allí estaba una anciana, al parecer era la matriarca, quien nos hizo sentarnos en el piso de tierra. Eran nómadas. Nos dijeron que no tenían relojes ni calendarios. Solo la luna y las estrellas. Cuando cambian las estaciones, desmontan su tienda y comienzan a caminar de nuevo. Miré a la mujer. Su rostro estaba tan curtido por el viento y el sol, que no pude calcular su edad. Entonces le pregunté: "¿cuántos años tiene usted?" Me dijo: "no lo sé. Nacimos aquí en el desierto, y nadie hace un seguimiento de nada de eso. No tengo ni idea de la edad que tengo". Creo que fue lo más fascinante que había escuchado en mi vida. Regresé al auto y pensé: ¡vaya! Estamos tan amarrados a nuestra edad en el mundo occidental. Tenemos nuestras fiestas de cumpleaños y tarjetas de cumpleaños y bromas divertidas sobre la vejez, pero allá no funciona así. 

Cuando llegaba el día en que ella tenía que desmontar la tienda y poner sus cosas en el burro y caminar otras 75 millas, no decía: "vaya, ¿soy demasiado mayor para esto?" Ese es un mensaje bastante profundo para llevar a casa con sus hijas.

Lista de viajes pendientes

Pasamos los veranos en Maine, pero nunca he estado en el Parque Nacional Acadia, que tiene algunas de las montañas más altas de la costa atlántica. Todo el mundo dice que es uno de los lugares más increíbles en Estados Unidos.


Personas en un mercado callejero en Singapur

Getty

Alan Cumming: Chaah, Malasia

En un viaje del 2010, el actor de 56 años descubrió una verdad familiar incómoda.

El relato de la muerte de mi abuelo paterno nunca tuvo sentido para mí. Sabía que había muerto en Malasia. Después de la Segunda Guerra Mundial, Gran Bretaña envió a soldados profesionales como él a proteger las plantaciones de caucho de los comunistas insurgentes. La historia era que Thomas Darling, un veterano condecorado, había muerto a los 35 años mientras limpiaba su arma. Pero cuando viajé a Malasia en el 2010 como parte de un programa de televisión que indaga los antepasados de personajes famosos, me enteré de la horrible verdad: al parecer mi abuelo murió jugando a la ruleta rusa. En el pueblo de Chaah conocí a soldados que habían prestado servicio junto a mi abuelo. Me contaron lo carismático que era y me llevaron al café donde había estado bebiendo el día de su muerte. Sentí una oleada de emociones cuando llegué al lugar preciso donde prácticamente se suicidó Tommy Darling. ¿Hay locura en mí? ¿Será por esta razón que soy imprudente? Y qué conmovedor fue que allí, al otro lado del mundo, aquellos hombres hicieron que una callecita (y también un parque) llevara el nombre de mi abuelo —el Paseo Darling—. Tiempo después llevé a mi madre, a mi marido y a mi hermano y su esposa a ver la tumba del abuelo, que está en Singapur, y luego los llevé a Chaah. Es extraño, creces pensando que tu historia es una y luego, en un instante, todo cambia. Pero supongo que es algo inevitable cuando te conviertes en adulto.

Lista de viajes pendientes

Tengo muchas ganas de tomar el Expreso Transiberiano de Moscú a Vladivostok. Me encanta visitar los lugares donde se produce un choque cultural, tan raro en esta época en la que los viajes se parecen tanto.


Una foto de una casa de campo encima de un viñedo en Toscana Italia

Getty

Rick Steves: Toscana, Italia

En un viaje donde el gurú de los viajes, de 66 años, sintió una euforia en la granja de una familia. 

Nunca olvidaré al hombre de la casa en una granja en Toscana, en la que habían estado haciendo vino con el nombre de la familia por más de 150 años. Es uno de los lugares más hermosos de Italia, en parte por la calidez y el encanto de la gente. En el momento en que llegas, este caballero está sosteniendo la botella de una manera que muestra su nombre. Ves el orgullo en su rostro y, cuando se van reuniendo los familiares —jóvenes, mayores y de más edad—, se siente el amor de varias generaciones, los años de experimentación y de amor por la vida misma. Ves a los niños que respetan y admiran a sus padres. Ves a la abuela y al abuelo que miran hacia atrás, llorosos de la emoción. Tal vez ya no sean lo suficientemente fuertes para trabajar en la granja, pero esta es su granja y este es el trabajo de toda su vida. Entonces, vierten ese vino en una copa grande y hermosa y yo puedo tomar eso. ¡Yo! ¡De otro hemisferio! Ese es el regalo de los viajes. Puedo estar allí y festejar esa experiencia que distorsiona el tiempo: la herencia de una familia que se disfruta, consume y comparte. Es una verdadera comunión. 

Lista de viajes pendientes

He pasado 100 días al año en Europa cada año desde la escuela secundaria, pero nunca he explorado realmente el Pacífico Sur. Me encantaría ir a Tahití, Fiyi o Bora Bora.


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George Takei: Edimburgo, Escocia

El actor y activista de 84 años recuerda que una visita a Edimburgo lo convirtió en amante de todo lo escocés.

Hace treinta años me invitaron a hacer una obra de teatro en el famoso Festival de Edimburgo, en Escocia. La obra era maravillosa, pero la ciudad en sí era el verdadero atractivo porque se puede explorar a pie, y yo soy un corredor. Pocas ciudades son tan espectaculares para salir a trotar como Edimburgo y lo hacíamos todas las mañanas. Hacia el sur de la ciudad hay una colina llamada Arthur’s Seat que se dice está relacionada con la leyenda del rey Arturo. Se puede subir corriendo y tener una vista panorámica de todo Edimburgo, incluso del Palacio de Holyrood. Ofrece las mejores vistas de esa ciudad medieval, con sus calles adoquinadas. Desde entonces, he vuelto muchas veces con mi esposo, Brad, a quien conocí gracias al trote, para poder correr allí, juntos, o caminar, ahora que somos un poco mayores.

Lista de viajes pendientes

No salimos de Los Ángeles durante la COVID, pero en la Sierra Blanca de Arizona tenemos una cabaña estupenda, en medio de un magnífico bosque de pinos ponderosa. Después de casi dos años de ausencia, no veo la hora de volver allí.


lago Myvatn en Islandia

Getty

Shari Belafonte; Gullfoss, Islandia

La actriz de 67 años encontró un paraíso inesperado siguiendo los pasos de su padre en Islandia.

Mi mejor amiga, Ellen, y yo hemos recorrido todo el mundo —Italia, Sudáfrica, Belice— pero lo mejor ha sido Islandia. Mi padre [Harry Belafonte] había ido allí en misión de UNICEF, pero lo único que yo sabía era que Islandia es verde y que Groenlandia tiene hielo. Queríamos salirnos de los circuitos concurridos, lo que no es difícil de lograr allí. Si conduces fuera de Reikiavik, son todas cascadas, ruinas vikingas y pueblitos de pescadores. Estuvimos allí en pleno verano, lo que nos dio mucho tiempo para explorar porque nunca oscurece. Los hoteles tienen persianas para oscurecer la habitación, pero ¿quién necesita dormir cuando hay tantas maravillas que ver? Ellen y yo estuvimos de aquí para allá las 24 horas del día mirando los burbujeantes charcos volcánicos, los manantiales de aguas termales (ten cuidado con las moscas) y los preciosos caballos islandeses de largas crines.  Fue mucho más sorprendente de lo que esperaba.

Lista de viajes pendientes

Senderismo en Nueva Zelanda. Es uno de mis sueños, pero el vuelo es una verdadera paliza. Estoy segura de que mi marido no querrá ir. Oye, Ellen, ¿quieres ir a Nueva Zelanda?


Una foto de comida szechuan  en un restaurante en Visby Suecia

Cortesía Cheryl Strayed

Cheryl Strayed; Visby, Suecia

La escritora de 53 años, autora del éxito Salvaje, descubrió la magia y los descubrimientos casuales en un restaurante sechuan de una ciudad medieval en una isla sueca.

En el verano del 2017, mi familia y yo llegamos a Visby, una ciudad medieval en la isla sueca de Gotland, en el mar Báltico. No es aquí donde uno espera encontrar la mejor comida china sechuan del planeta, pero eso es exactamente lo que ocurrió, y nada menos que en un lugar llamado Surfers. Es uno de esos restaurantes en los que se piden 10 platos para compartir entre cuatro personas. Pedimos todo lo que nos recomendó el camarero, una variedad de carnes, tofu y verduras, y luego devoramos todo. La comida fue parte de la magia, y estaba realmente deliciosa, pero también hay una magia intangible cuando se descubre un lugar así. Nos envuelve una sensación de ¡guau! ¿cómo llegamos aquí?

Lista de viajes pendientes

Una de las cancelaciones más difíciles del 2020-2021 fue nuestro viaje a Gales, una excursión de una semana por el sendero de la Costa Pembrokeshire. ¡Pero te lo aseguro, llegaremos allí!