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Los hogares de ancianos están recibiendo miles de millones en ayuda por COVID, pero ¿a dónde va ese dinero?

Los centros piden más ayuda, pero los expertos de la industria quieren respuestas.

 Un hombre sentado en una silla de ruedas en el pasillo de un hogar de ancianos.

BOSTON GLOBE/GETTY IMAGES

In English |  Hace poco, un hogar de ancianos en Kansas fue noticia nacional (enlace en inglés) después de revelar que todos sus 62 residentes habían dado positivo a la COVID-19. Al menos 10 murieron. Unos meses antes, el centro había sido citado por no cumplir con las pautas federales de control de infecciones. Los miembros del personal no usaban mascarilla todo el tiempo y dijeron que no habían recibido una capacitación completa sobre el control de infecciones.

Sin embargo, el centro Andbe Home en Norton, Kansas, había recibido más de $300,000 en apoyo federal a través de un programa establecido por el Congreso para ayudar a los hogares de ancianos y otros proveedores de cuidados de salud durante la pandemia. El programa, conocido como Fondo de Ayuda para Proveedores (Provider Relief Fund), comenzó a distribuir decenas de miles de millones de dólares en ayuda federal poco después de su creación con la aprobación de la ley CARES en marzo. Se asignaron aproximadamente $21,000 millones a los hogares de ancianos (este total no incluye los préstamos del Programa de Protección de Pago ni el apoyo estatal que recibieron muchos establecimientos).


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El apoyo del Gobierno ha sido descrito como un maná por una industria de hogares de ancianos que se ve afectada por la pandemia de coronavirus. Más de 67,000 residentes y personal de hogares de ancianos han muerto a causa de la COVID-19, lo que representa más de un cuarto de todas las muertes por coronavirus del país. En general, los centros de atención a largo plazo han visto más de 90,000 muertes, o un 40% de todas las muertes causadas por el virus.

Y mientras los casos aumentan en todo el país y los centros de cuidados a largo plazo se preparan para un invierno difícil, los hogares de ancianos están pidiendo más fondos. Dos de las organizaciones comerciales más grandes de la industria, la American Health Care Association/National Center for Assisted Living y LeadingAge (enlaces en inglés), han pedido que se asignen $100,000 millones adicionales al Fondo de Ayuda para Proveedores.

Pero muchos expertos y organismos fiscalizadores de la industria se oponen a distribuir más ayuda federal sin comprender mejor a dónde va el dinero. Los registros públicos muestran que los fondos de ayuda han ido a parar a centros que han sido citados repetidamente por violaciones de salud, cuidados insuficientes o cosas peores. Una investigación de The Washington Post (enlaces en inglés) encontró que cientos de millones de dólares en ayuda se enviaron a centros que habían sido demandados en los últimos años por fraude a Medicare. "Soy escéptico y me preocupa el destino de ese dinero", dice Mike Wasserman, expresidente de la California Association of Long-Term Care Medicine.

Él y otros críticos de la industria dicen que los fondos federales han sido distribuidos sin suficiente transparencia y con muy pocas condiciones, lo que potencialmente abre las puertas para que grandes empresas con fines de lucro aumenten sus ganancias. Los registros públicos muestran qué operadores han recibido dinero —y cuánto— pero no cómo se ha gastado ese dinero. Los pagos varían considerablemente de un establecimiento a otro. El centro de enfermería especializada Brooks Rehabilitation en Jacksonville, Florida, recibió más de $2 millones a través del Fondo de Ayuda para Proveedores, mientras que el hogar de ancianos y centro de vida asistida Lutheran Haven en Oviedo, Florida —aproximadamente a dos horas al sur de Jacksonville— recibió poco más de $300.000.

Se espera que el Gobierno federal ponga en marcha un sistema de auditoría a principios del año que viene para rastrear cómo los centros han gastado el dinero que recibieron. Pero a medida que aumentan las peticiones de pagos de estímulo adicionales, los expertos temen que la auditoría sea demasiado pequeña y llegue tarde, y que las grandes empresas con fines de lucro puedan proteger el dinero de la vista del público.

"Estamos hablando de miles de millones de dólares", dice Elaine Ryan, vicepresidenta de Defensa de Derechos y Estrategias Estatales de AARP. "No digo que sea adecuado o inadecuado. Solo digo que los contribuyentes, los residentes y el personal merecen respuestas. ¿Qué se ha hecho con esos fondos?".


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'El sector sigue perdiendo dinero'

Pocos cuestionan que la pandemia asestó un golpe financiero a la industria de los hogares de ancianos. Muchos centros de enfermería —con o sin fines de lucro— dependen de los pagos de Medicare para los pacientes en rehabilitación a corto plazo y de los pagos de Medicaid para los residentes de centros de cuidados a largo plazo. Cuando disminuyeron las operaciones electivas y los hogares de ancianos se volvieron menos atractivos para los pacientes a corto plazo en medio del desastre de la COVID-19, los fondos de Medicare se agotaron. Y a medida que las familias de los residentes los retiraban de los centros —y residentes infectados con COVID-19 morían y las camas quedaban vacías por falta de nuevos residentes—, los hogares también quedaron con menos beneficiarios de Medicaid.

Una encuesta de hogares de ancianos (enlace en inglés) publicada en agosto por American Health Care Association/National Center for Assisted Living encontró que el 55% de los centros en todo el país estaban operando con pérdidas. Casi tres cuartas partes de los miembros de la industria encuestados dijeron que no podían mantener sus operaciones durante un año más al ritmo actual.

En centros de enfermería especializada más pequeños y en centros sin fines de lucro, los fondos públicos han ayudado a mantener las luces encendidas. En el hogar de ancianos y comunidad de cuidados para personas mayores Eliza Bryant Village en Cleveland, el índice de ocupación del hogar de ancianos ha bajado casi un 30% desde febrero, dice Marc Rubinstein, director financiero. La organización sin fines de lucro ha recibido más de $1 millón en apoyo federal y estatal este año. Pero los ingresos bajaron entre $150,000 y $200,000 por mes. Y los costos se han disparado, dice Rubinstein, quien describe el equipo de protección personal, los suministros para las visitas al aire libre y las tabletas y otros dispositivos de comunicación como "la punta del iceberg".

Janet Snipes, directora ejecutiva del Holly Heights Care Center en Denver, que cuenta con 133 camas, dice que los aproximadamente $800,000 que su centro con fines de lucro recibió a través del Fondo de Ayuda para Proveedores han sido "muy útiles" para cubrir gastos como pruebas de detección, equipo de protección personal, contratación de personal, nuevos sistemas de filtración, purificadores de aire y más.

Y los fondos federales también han mitigado el impacto de la COVID-19 en empresas más grandes con fines de lucro. Genesis HealthCare, uno de los operadores de cuidados de la salud y enfermería especializada más grandes del país, estima que la pandemia redujo las ganancias de la compañía en casi $60 millones en julio, agosto y septiembre, a pesar de haber recibido $64 millones en ayuda federal y estatal solo durante el tercer trimestre. Genesis recibió más de $250 millones en subvenciones y apoyo del Gobierno entre abril y septiembre, según su último informe de ganancias. "El sector sigue perdiendo dinero", dijo el director ejecutivo George Hager Jr. durante una llamada con los periodistas sobre las ganancias en noviembre.

La industria ha señalado grandes pérdidas como evidencia de que se necesita más dinero para mantener los centros a flote durante el invierno. Mike Cheek, vicepresidente sénior de Políticas de Reembolso de American Health Care Association/National Center for Assisted Living, dice que su organización apoya "los esfuerzos razonables para asegurar que esta ayuda federal se ha dirigido adecuadamente a los proveedores para cubrir los gastos y las posibles pérdidas relacionadas con la COVID". Pero dice que se necesitarán más fondos para ayudar a los hogares de ancianos a sobrellevar "una enorme crisis financiera, que amenaza el acceso a los cuidados a largo plazo de millones de adultos mayores".

'Hay tantas formas de ocultar estas cosas'

Pero los paquetes de ayuda para las grandes empresas con fines de lucro han llamado la atención de los organismos fiscalizadores de la industria. Brian Lee, director ejecutivo del grupo de defensa Families for Better Care, señala a Ensign Group, una empresa de enfermería especializada que cotiza en la bolsa y que en agosto anunció que iba a devolver los $110 millones que había recibido a través del Fondo de Ayuda para Proveedores. La organización disfrutó de una sólida rentabilidad durante el segundo trimestre del año. "Sabemos que hay un alto grado de responsabilidad que acompaña el reembolso del Gobierno", dijo Barry Port, director ejecutivo, en una llamada sobre las ganancias.

A pesar de la pandemia, el precio de las acciones de Ensign se ha disparado a niveles récord. Zacks Equity Research (enlace en inglés) recientemente calificó a Ensign como "acciones de crecimiento increíble", y estimó que el crecimiento de su flujo de fondos aumentó más de un 18% a lo largo del año. "Están operando al más alto nivel que jamás hayan operado, en medio de una pandemia en la que se supone que estén perdiendo dinero", dice Lee, y sugiere que el éxito de Ensign desafía la noción de que los hogares con fines de lucro están teniendo dificultades, y plantea la posibilidad de que otras empresas con una base financiera sólida que recibieron fondos del Gobierno optaron por quedarse con el dinero.

Pero muchas empresas de hogares de ancianos que cotizan en bolsa vieron caer sus acciones en febrero y marzo y no se han recuperado. Sin embargo, la forma en que están estructurados los hogares de ancianos dificulta la evaluación de lo bien o lo mal que les va financieramente a las organizaciones con fines de lucro. Estos centros se suelen establecer como pequeñas empresas de atención y cuidados propiedad de corporaciones más grandes. Esas corporaciones pueden ser propietarias de un grupo de empresas independientes que contratan al personal de los hogares de ancianos o alquilan bienes inmuebles, lo que mantiene la operación cotidiana de los hogares de ancianos separada del resto de la organización. Es una estructura que permite a la empresa matriz proteger muchos activos si un hogar de ancianos es demandado por negligencia.

"Todas estas grandes empresas tienen otras empresas independientes para la propiedad, la gestión, la contratación, la terapia, la financiación", dice Charlene Harrington, profesora emérita de Sociología y Enfermería de University of California en San Francisco. "Si solo se mira a la compañía operadora, no se puede saber qué pasa con el dinero".

A los organismos de vigilancia de la industria les preocupa que algunos hogares con fines de lucro estén canalizando los fondos de ayuda a estas compañías separadas, en lugar de invertir el dinero en el cuidado de los residentes. Las empresas de hogares de ancianos pueden usar fondos federales para pagar el alquiler a su compañía matriz, por ejemplo.

Si una empresa matriz también es dueña de una empresa fabricante de suministros médicos o tiene una relación estrecha con un fabricante —algo poco común, pero no inaudito—, puede efectivamente cobrarse a sí misma una prima por equipo de protección personal y usar la ayuda federal para pagarla. "Si se gasta $1 millón en equipo de protección personal, eso no nos dice cuántos equipos se compraron. ¿La compra fue a precios de mercado? Hay tantas formas de ocultar estas cosas", dice Wasserman.

La escasez de personal persiste a pesar de los paquetes de ayuda

A pesar de la distribución de los fondos, la escasez de personal sigue siendo común, lo que contribuye a la propagación de la pandemia en los hogares de ancianos. Un análisis reciente de AARP de datos federales de los hogares de ancianos encontró que más de uno de cada cuatro hogares de ancianos en todo el país tuvo escasez de personal en las cuatro semanas que terminaron el 18 de octubre. En Dakota del Sur y Kansas, aproximadamente la mitad de los centros estaban faltos de personal.

Las investigaciones han vinculado la escasez de personal al aumento del riesgo de infección por coronavirus, ya que los empleados asumen más responsabilidades e interactúan con más residentes de lo que lo harían en operaciones con más personal. Harrington realizó un estudio este año (enlace en inglés) que encontró que los centros para el cuidado de adultos mayores de California con poco personal tenían el doble de probabilidades de tener infecciones por coronavirus que los hogares de ancianos que tenían suficiente personal.

Dice que los residentes estarían mejor atendidos si los fondos de ayuda del Gobierno se utilizaran para contratar a más trabajadores y enfermeros registrados, o para aumentar los salarios para hacer estos puestos más atractivos. Muchos de los aproximadamente 700,000 asistentes de enfermería certificados de la industria ganan menos de $15 por hora.

"La investigación es muy sólida, si se tiene más personal y más enfermeros registrados, ese es el único factor que realmente protege contra la COVID", dice Harrington. "Les estamos dando todo ese dinero, pero no les exigimos que cumplan con los estándares".

La industria de los hogares de ancianos ha sostenido durante años que los centros tienen escasez de personal en parte porque es difícil encontrar trabajadores calificados. Harrington afirma que las dificultades de reclutamiento de la industria son en parte autoinfligidas por los bajos salarios, en particular en los centros con fines de lucro. El salario medio de los asistentes de enfermería en EE.UU. es de poco menos de $30,000 anuales, según datos federales (enlace en inglés). Los enfermeros registrados en centros para el cuidado de adultos mayores ganan la suma más holgada de $70,000 (enlace en inglés), pero ganarían mucho más en hospitales o en centros quirúrgicos o de atención ambulatoria.

"La escasez se debe a que podrías conseguir un trabajo como conserje [en su lugar]", dice Harrington. "No necesitarás el entrenamiento, y puede que ganes más dinero de lo que ganarías en un hogar de ancianos donde estás expuesto a la COVID".

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