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Cómo los cuidadores y las personas a su cargo pueden vivir en medio de la COVID-19

Sopesa los riesgos y las implicaciones para la salud, y toma decisiones informadas.

Una mujer mayor mirando afuera.

PamelaJoeMcFarlane/Getty Images

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“Tuve una larga conversación con mi madre de 80 años sobre tomar precauciones para no enfermarse con la variante ómicron”, me dijo una amiga la semana pasada. “Pero cuando hablé con ella al día siguiente, dijo que acababa de regresar de jugar canasta con sus amigas en el centro para adultos mayores”.

 Mi amiga estaba molesta y con miedo. Ella se preguntó, ¿es que mi madre no entiende qué tan tremendamente contagiosa es esta variante? ¿No le importa que, como persona mayor, sea más propensa a sus efectos dañinos? Pero mi amiga también sabía que su madre había leído recientemente que algunos expertos en salud pública ahora creen que las personas en Estados Unidos deberían aprender a vivir lo más normalmente posible con COVID-19. Y sabía que su madre sentía que socializar con amigos era más importante que tener cuidado en esta etapa de su vida.


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A medida que ómicron aumenta en algunas partes del país y comienza a disminuir en otras, estas situaciones familiares se han vuelto cada vez más comunes. Incluso después de casi dos años de vivir con la incertidumbre de la pandemia, los cuidadores y las personas a su cargo todavía tienen dificultades para determinar la manera correcta de vivir de manera segura. Existen argumentos convincentes en cada lado del debate:

  • Ya que los cuidadores familiares, por definición, se sienten responsables de proteger a las personas a su cargo, tienen buenas razones para pecar de cautelosos. Ante una variante imparablemente contagiosa, muchos se sienten obligados a alentar a los adultos mayores a permanecer en casa o a mantenerlos en casa si viven juntos. También tienden a quedarse en casa ellos mismos para reducir sus posibilidades de contraer el virus y luego infectar a sus seres queridos.
  • Pero incluso antes del comienzo de la pandemia, abundantes investigaciones demostraron que los adultos mayores socialmente aislados sufren más problemas médicos y psicológicos. También hay investigaciones recientes que indican que ómicron presenta muchos menos riesgos para la salud de las personas vacunadas. Si los cuidadores familiares responsables siguen el mismo criterio que los médicos de “primero, no hagas ningún daño”, entonces, ¿es realmente la mejor opción el mantener a las personas en su cuidado encerradas en casa para evitar que se contagien?

Ningún cuidador quiere tomar una decisión “equivocada” y luego sentirse atrapado por la culpa y la vergüenza. Pero todas las opciones que tienen que tomar corren cierto riesgo. Estas son algunas consideraciones para sopesar cuidadosamente las opciones disponibles al tomar una decisión:

No esperes a que todo se calme

Todos queremos que se declare que la pandemia terminó para que podamos abrazarnos unos a otros en una celebración repentina en Times Square en Nueva York, como un V-Day de la edad moderna. ¿Pero alguna autoridad hará tal declaración? No es probable que el virus que ha invadido al mundo con sus mutaciones y varias maneras de atacar el cuerpo desaparecerá como las hostilidades en tiempos de guerra. El mejor escenario que los expertos creen es que algún día será endémico, es decir, continúe circulando, como el virus anual de la gripe, pero no cause índices alarmantes de hospitalizaciones y muertes. Sin embargo, eso puede demorar años, no meses. En mi opinión, como psicólogo clínico (no como experto médico), tratar de esperar ese día puede dañar la salud mental y física. Es mejor que el cuidador y la persona a su cargo consideren la posibilidad de volver a las actividades normales lo antes posible.

Sopesa los factores de riesgo de tu familia

Incluso si la Organización Mundial de la Salud (OMS) o los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) anunciaran el fin oficial de la COVID-19, los cuidadores todavía tendrían que considerar las circunstancias únicas de sus propias familias. Harían bien en elaborar literalmente una lista de las variables que afectan incluso si la pandemia ha terminado para ellas. Estas variables incluyen:

La salud de la persona a su cargo. Algunos adultos mayores son más frágiles o inmunodeprimidos que otros. Tal vez siempre necesiten evitar reunirse en grupos grandes en espacios públicos. Pídele orientación al médico de tu ser querido, pero ten en cuenta que a los médicos también les cuesta determinar cuál es el curso más prudente para cada paciente.

Enfermedades locales, como la prevalencia del virus y las tasas de vacunación. Algunos vecindarios, ciudades o estados enteros presentan mayores riesgos para los adultos mayores con problemas médicos que otros. Ese contexto local siempre se debe tener en cuenta, independientemente del progreso nacional o internacional para acabar con la pandemia.

Tendencia a resentir el encierro. Estar socialmente aislado durante largos períodos de tiempo nos lleva a la mayoría de nosotros a sentirnos inquietos, irritables y solitarios. Las consecuencias perjudiciales para la salud mental y física a largo plazo a menudo suceden. Pero estar encerrados no afecta a todos los cuidadores y personas a su cargo. Cada familia debe juzgar su grado de angustia causada por la falta de interacción social.

Tolerancia al riesgo. Algunos cuidadores se sienten más cómodos que otros al tomar riesgos. Incluso si sus seres queridos se enferman, mencionarán la importancia de vivir en el mundo, en vez de existir apartados de él, como justificación por sus decisiones. Cada cuidador debe reflejar su tolerancia al riesgo y la susceptibilidad a la culpa.

Valorar las buenas intenciones

Los cuidadores tienden a criticarse por sus resultados, no por sus buenas intenciones. Sin embargo, ningún cuidador tiene el control completo sobre si una persona a su cargo prospera o se deteriora. Ya sea que nos cuidemos de ómicron o de cualquier otro riesgo de salud a nuestros seres queridos, obtenemos la mejor información, tomamos la mejor decisión en base a esa información y hacemos nuestro mejor esfuerzo. Luego esperamos lo mejor. Eso es lo mejor que cualquier cuidador familiar podía hacer antes de esta terrible pandemia. Eso es lo mejor que cualquier cuidador familiar puede hacer ahora, ya que permanece indefinidamente.

Barry J. Jacobs, psicólogo clínico, terapeuta de familia y asesor del cuidado de la salud, es el coautor del libro Love and Meaning After 50: The 10 Challenges to Great Relationships — and How to Overcome Them y de AARP Meditations for Caregivers. Síguelo en Twitter y en Facebook (enlace en inglés).