Skip to content
 

Una mirada a la devastadora crisis de personal en los hogares de ancianos en Estados Unidos

Los trabajadores han renunciado a sus empleos en forma masiva, lo que ha dejado a los residentes sin cuidados críticos.

Sylvia Abbeyquaye

OLIVIA FALCIGNO

In English

Sylvia Abbeyquaye, directora de enfermería en un hogar de ancianos con 120 camas en Brookline, Massachusetts, dio positivo a COVID-19 tan solo unas semanas después de que comenzará la pandemia. El virus le provocó una inflamación grave en los pulmones y fue hospitalizada a causa de una neumonía bilateral. “No pensé que fuera a superarlo”, dice.

Mientras tanto, su empleador seguía llamando. ¿Cuándo iba a regresar? Era abril del 2020, cuando el virus se empezaba a propagar y había más trabajadores enfermos. Cada vez morían más residentes. Después de seis semanas de baja, Abbeyquaye, de 48 años, regresó para ayudar a combatir el caos. “Pero nunca volví a ser la misma”, dice. “Estaba completamente agotada, sin fuerzas y deprimida.  No podía más”.


Ahorra un 25% el primer año cuando te unes a AARP con opción de renovación automática. Obtén acceso al momento a descuentos, programas, servicios y toda la información que necesitas para mejorar tu calidad de vida.


Entregó su carta de renuncia sin tener aún otro empleo. “Simplemente me fui”, dice Abbeyquaye, quien había trabajado en centros de cuidados a largo plazo desde que emigró de Ghana hace más de 20 años. “No sabía qué me depararía el futuro”.

Según un análisis de datos de la Oficina de Estadísticas Laborales de EE.UU. (enlace en inglés), la industria de hogares de ancianos del país ha perdido aproximadamente 235,000 puestos de trabajo desde marzo del 2020. Eso significa que ha desaparecido aproximadamente un 15% de la fuerza laboral de los hogares de ancianos. La cifra supera con mucho las pérdidas de personal en otros sectores de la atención médica, que también han visto grandes pérdidas.

Y no se debe a que la demanda de trabajadores haya disminuido. Todos los meses desde el verano del 2020 —cuando el Gobierno federal comenzó a recopilar datos sobre la COVID-19 de los hogares de ancianos— más de una quinta parte de los hogares de ancianos en el país han experimentado una falta de trabajadores, según un análisis de AARP. La escasez registró su momento más crítico este año entre mediados de diciembre y mediados de enero, durante el auge de ómicron, cuando el 39% de los hogares de ancianos informaron una falta de enfermeros y auxiliares. En Alaska, Minnesota y Washington, más del 70% de los centros reportaron una escasez de personal.

Los trabajadores dicen que sus renuncias están impulsadas por condiciones laborales peligrosas, salarios y beneficios deficientes, oportunidades de promoción limitadas, agotamiento y falta de respeto hacia su profesión. Estos problemas se vieron intensificados por la pandemia, pero han existido desde hace mucho tiempo y están profundamente arraigados en toda la industria. “Sus cimentos eran débiles”, dice Abbeyquaye. “La COVID fue la gota que derramó el vaso".

Algunos trabajadores han cambiado a otros puestos de atención médica en hospitales y hogares particulares. Muchos se han convertido en enfermeros itinerantes, que cobran salarios más altos trabajando en puestos temporales en centros con escasez de personal. Otros han dejado sus puestos por salarios más altos en empresas como Amazon y McDonald's (enlaces en inglés). Algunos tuvieron que asumir las responsabilidades de prestación de cuidados en el hogar o han optado por jubilarse temprano. Muchos trabajadores inmigrantes han regresado a sus países de origen. Y muchos, como Abbeyquaye, simplemente renunciaron.

A medida que el personal desaparece, la salud de los residentes en los hogares de ancianos se ha deteriorado, según un análisis de datos federales realizado por la National Consumer Voice for Quality Long-Term Care (enlace en inglés). El estudio también halló que además de los miles de muertes por COVID-19 entre los residentes —que ahora ascienden a alrededor de 170,000—, durante la pandemia aumentaron las úlceras de decúbito, la pérdida de peso, la depresión y el uso de medicamentos antipsicóticos.

La salud física y mental de los trabajadores también se está deteriorando a medida que lidian con el exceso de trabajo. Según una encuesta a enfermeros (enlace en inglés) en hospitales, centros de cuidados a largo plazo y otros entornos de atención médica realizada por la agencia nacional de empleo Incredible Health, aproximadamente un tercio de los enfermeros dijeron que es muy probable que renuncien a fines de este año, principalmente por el estrés y el agotamiento.

La crisis de personal está obligando a un número creciente de hogares de ancianos a rechazar a nuevos residentes o a cerrar por completo. Una encuesta de LeadingAge (enlace en inglés), una asociación nacional sin fines de lucro que representa a proveedores de cuidados para adultos mayores, encontró que más de un tercio de sus miembros no pueden admitir a nuevos residentes ni atender a nuevos clientes debido a la falta de personal. Y hasta el 40% de los residentes de hogares de ancianos viven en instalaciones en riesgo de cerrar en el 2022 debido a problemas financieros, según CliftonLarsonAllen, asesor patrimonial para la industria del cuidado a largo plazo.

Mientras tanto, se espera que la creciente población de adultos mayores aumente aún más la demanda de cuidados en los hogares de ancianos en los próximos años. Se proyecta que el número de adultos de 85 años o más llegará a 19 millones en el 2060, en comparación con 6.5 millones en el 2016.

“Muchas personas dirían que ‘crisis’ no es una palabra lo suficientemente fuerte” para describir la escasez, dijo David Grabowski, investigador de la Facultad de Medicina de Harvard que estudia los aspectos económicos de los cuidados a largo plazo. “La pandemia ha causado una crisis encima de otra crisis.  La situación actual ha sido descrita como un apocalipsis de personal”.


Recibe contenido similar, suscríbete a nuestro Boletín


‘El salario no alcanza para cubrir los gastos mensuales’

Los hogares de ancianos en el país eran lugares difíciles para trabajar incluso antes de la COVID-19. La rotación de personal ya era “astronómicamente alta”, dice Ashvin Gandhi, economista de salud en UCLA y coautor de un estudio nacional que encontró que la tasa media anual de rotación de casi todos los hogares de ancianos en Estados Unidos en el 2017 y el 2018 fue del 94%. Para mantener un personal de 100 empleados durante un año, un centro tendría que contratar a 94 nuevos trabajadores al año.

Esto se debe en gran parte a que los asistentes de enfermería certificados (CNA), que conforman el grupo más grande de empleados de hogares de ancianos, se encuentran entre los trabajadores con los salarios más bajos en la industria del cuidado de la salud, con un ingreso anual promedio de aproximadamente $30,000. Muchos de ellos son contratados como contratistas independientes o empleados a tiempo parcial y no reúnen los requisitos para recibir licencia remunerada o seguro de salud. A menudo manejan varios trabajos para poder cubrir sus gastos; la mayoría de aquellos que no lo hacen es porque brindan cuidados no remunerados a familiares, según un estudio reciente. Un número desproporcionado son mujeres, personas negras e inmigrantes.

Los CNA brindan alrededor del 90% de la atención directa a pacientes en hogares de ancianos. Sus responsabilidades incluyen levantar, bañar, ayudar a ir al baño, vestir y alimentar a los residentes. Antes de la pandemia, tenían 3.5 más de probabilidades de sufrir lesiones en el trabajo que el trabajador típico en Estados Unidos. Varias décadas de escasez crónica de personal han resultado en horarios impredecibles, horas extra de forma habitual y poco apoyo para la capacitación y el desarrollo profesional.

Tamara Blue (derecha), miembro del sindicato SEIU Healthcare Michigan, con la representante estadounidense Debbie Dingell (derecha) en un mitin en julio de 2021.

SEIU HEALTHCARE MICHIGAN

Tamara Blue (derecha), miembro del sindicato SEIU Healthcare Michigan, con la representante estadounidense Debbie Dingell (derecha) en un mitin en julio de 2021.

Tamara Blue, de 48 años, ha tenido que trabajar en dos empleos a la vez —CNA en hogares de ancianos y auxiliar de salud en el hogar en Detroit— durante la mayor parte de su carrera de 30 años. En junio, renunció a su trabajo de auxiliar de salud en el hogar después de que su cliente falleciera. Ahora está dedicando esas horas a cuidar de su nuevo nieto, sin remuneración, pero es probable que tenga que buscar otro trabajo de salud en el hogar pronto porque “un solo empleo remunerado no es suficiente para mí”.

Aunque trabaja a tiempo completo, su contrato a tiempo parcial solo le da derecho a 30 horas de vacaciones y licencia por enfermedad cada año. Su empleador le brinda cobertura dental y de la visión, pero no tiene otro seguro de salud, y no tiene beneficios jubilatorios ni seguro de vida. Cobra alrededor de $19 por hora, gracias a una ley reciente de Míchigan que aumentó temporalmente el salario del personal de atención directa en $2.35 por hora.

“El salario no alcanza para cubrir los gastos mensuales”, dice Blue. “No cobramos suficiente para pagar el alquiler completo; tampoco podemos costear la guardería; llenar el tanque de gasolina es un lujo. Trabajas muchísimo, pero no puedes poner suficiente comida sobre la mesa”. Agrega: “Entregamos nuestra vida, nuestro cuerpo, nuestro corazón a estos trabajos, pero cuando estamos listos para jubilarnos, tenemos las manos vacías”.

Blue trabaja durante el turno de noche, cuidando a 16 residentes en las noches más fáciles y hasta 32 en las noches más duras. Ambas cifras están por encima del estándar oficial estatal que exige un empleado de atención directa por cada 15 residentes por noche. “Tiene un impacto en las personas a las que cuidamos”, dice. “Los CNA son la primera línea de defensa. Somos los ojos y los oídos de los médicos.  Cuando estamos abrumados, se pasan por alto muchas cosas”.

El impacto de la COVID

Cuando llegó la COVID-19, las condiciones laborales, ya deficientes, empeoraron. Ser un CNA en un hogar de ancianos se convirtió en uno de los trabajos más mortíferos del 2020 (enlace en inglés), ya que más de un tercio de todas las muertes por COVID-19 en el país tuvieron lugar en los centros de cuidados a largo plazo. Según datos federales (enlace en inglés), más de un millón de trabajadores de hogares de ancianos se han contagiado con el virus, aunque sin duda se trata de un recuento bajo debido a la insuficiencia de pruebas y de casos reportados.

La presión por trabajar horas extra aumentó debido a la gran cantidad de trabajadores enfermeros y a que se prohibió el acceso de los cuidadores familiares a los centros durante las cuarentenas del 2020 y del 2021. Y el trabajo se hizo más difícil, a medida que más residentes se enfermaron gravemente y los centros enfrentaron pautas de control de infecciones y requisitos de notificación de casos cambiantes, impuestas por las autoridades de salud. Las exenciones de capacitación emitidas por el Gobierno permitieron que los centros contrataran a más personal, pero eso empeoró la falta de conocimientos sobre el control de infecciones entre los trabajadores.

Más allá del impacto físico y mental, los trabajadores sufrieron agotamiento emocional. El número cada vez mayor de muertes era “una pesadilla”, dice Blue. “Un día moría otro [residente], y al día siguiente sucedía lo mismo, una y otra vez. Lo único que podías hacer era respirar hondo, aguantar y seguir adelante.  No había tiempo para el duelo”.

A medida que continúan los casos y las muertes, ese sigue siendo el caso. “Todavía estamos atravesando un tornado sin saber realmente qué esperar”, dice Blue, ahora que los casos en los hogares de ancianos vuelven a aumentar. “Yo sigo adelante. No nos paramos a pensar realmente en lo que ha sucedido porque creo que si lo hacemos nos rendiremos y renunciaremos como tantas otras personas”.

Muchos empleados de hogares de ancianos se sintieron olvidados cuando se les dio prioridad a otros trabajadores de la salud para recibir equipo de protección personal, pruebas e incentivos monetarios por ser héroes y desempeñar trabajo de alto riesgo al comienzo de la crisis, lo que aumentó su angustia. Y si bien otros trabajadores de la salud fueron elogiados por su heroico trabajo relacionado con la COVID-19, muchos empleados de hogares de ancianos fueron culpados por introducir el virus en centros llenos de residentes vulnerables.

En el norte de Oklahoma, Lindsay Raupe, directora de servicios sociales en un centro religioso de cuidados continuos, temía salir a su comunidad. Explica que una vez le escupieron cuando llevaba puesto su uniforme de empleada médica “porque la gente decía que éramos nosotros quienes propagábamos” la COVID-19. También le preocupaba su hijo de primer grado, que era acosado en la escuela por llevar puesta una mascarilla para ayudar a proteger a los residentes de la residencia en la que ella trabajaba.

Raupe, de 32 años, dice que su empleador respaldó al personal. “Hemos recibido un apoyo increíble”, dice, y atribuye el hecho a que se trata de una organización sin fines de lucro y pequeña. “No trabajamos para una corporación con sede lejos del centro y que tome decisiones que afecten nuestra vida diaria.  Las personas que establecen las normas están luchando aquí junto a nosotros”.

Muchos trabajadores no han sido tan afortunados. Aproximadamente el 70% de los hogares de ancianos en el país son empresas con fines de lucro, y más de la mitad son administradas por cadenas corporativas. Las empresas de capital privado, cuyo negocio depende de las ganancias a corto plazo, poseen una porción creciente de los centros, en la actualidad alrededor del 11%. Los estudios demuestran (enlace en inglés) que los centros con fines de lucro generalmente tienen una calidad de atención significativamente peor que los hogares sin fines de lucro. Para algunos, “lo más importante es cuánto dinero pueden ganar, no qué tipo de atención pueden brindar a los residentes”, dice Patricia McGinnis, directora ejecutiva de California Advocates for Nursing Home Reform.

Adelina Ramos, una CNA que trabaja para un hogar de ancianos con fines de lucro en Rhode Island, se pregunta por qué no hay ningún gerente que trabaje los fines de semana, “cuando tenemos menos personal”, dice. Los CNA terminan realizando tareas de administración, como hacer cambios de último minuto en los horarios de los trabajadores y contestar quejas familiares, programar visitas y supervisar las salas de pacientes, cuando “deberían dar a los pacientes el cuidado que se merecen”.

“Estos directores ejecutivos ahorran dinero contratando a menos personal”, dice Ramos, de 36 años. “Se guardan ese dinero, y al final del año se premian a ellos mismos con grandes bonificaciones mientras que los demás tenemos que lidiar con una escasez de personal”.

‘Es como si lanzáramos dardos’

Algunos hogares de ancianos han aumentado los salarios u ofrecen bonificaciones a la contratación o de retención para detener el éxodo de empleados. Y algunos estados (enlace en inglés) han aumentado el salario mínimo para los trabajadores de los hogares de ancianos. De hecho, en comparación con puestos en otras áreas del cuidado de la salud, los empleos en los hogares de ancianos vieron el mayor aumento salarial en el 2020 y el 2021, según un estudio en JAMA Health Forum (enlace en inglés). Pero los niveles de contratación en los hogares de ancianos siguieron disminuyendo a un ritmo más rápido que en cualquier otro sector del cuidado de la salud.

Porque “no se trata solo del dinero”, dice Abbeyquaye, “Los trabajadores están enojados. No se sienten empoderados, se sienten menospreciados.  Hay un elemento emocional que debe sanarse”.

Los centros ahora ofrecen una variedad de beneficios adicionales para retener a los trabajadores, incluidos viviendas con subsidio y cuidado infantil, horarios de trabajo flexibles, licencia remunerada, terapia y grupos de apoyo, y servicios gratuitos de comidas y alimentos. Algunos han creado nuevos puestos, a menudo llamados coordinadores de cuidados para residentes, para desempeñar tareas que no son de atención médica, como hacer camas, entregar bandejas de comida y contestar teléfonos, para aliviar la carga de los CNA y aprovechar a los trabajadores del sector de hostelería y minorista que perdieron sus empleos por la pandemia.

“Es como si lanzáramos dardos”, dice Jacci Nickell, vicepresidenta sénior de operaciones de atención médica de Volunteers of America, una organización sin fines de lucro que administra más de 20 comunidades para adultos mayores en todo Estados Unidos, “nos preguntamos: ‘A ver si este da en la diana’”. 

Una nueva estrategia de Volunteers of America permite que los empleados se desplacen a otros estados para trabajar en sus centros con poco personal a una tasa más alta por hora. Nickell espera que reduzca la necesidad de su organización de usar a enfermeros itinerantes externos, quienes pueden ser muy costosos y a menudo no se presentan, dice.

Jennings, un proveedor de cuidados a largo plazo sin fines de lucro más pequeño, en el noreste de Ohio, está instalando elevadores de techo, que ayudan a los residentes a subirse y bajarse de las camas, para ayudar a prevenir lesiones del personal. También está usando nuevas máquinas para administrar y empaquetar los medicamentos de los residentes y ahorrar tiempo a los trabajadores. E introdujo “entrevistas de retención de empleados”, una alternativa a las entrevistas de salida, cuando un empleado deja su empleo, para ayudar a conservar a los empleados. “Esperamos que todos estos pequeños cambios combinados marquen una gran diferencia”, dice Allison Salopeck, presidenta y directora ejecutiva de Jennings.

Sin embargo, continúa habiendo una escasez de personal sin precedentes. Volunteers of America perdió más del 15% de su fuerza laboral durante la pandemia, lo que obligó a suspender las admisiones. “Esta es posiblemente la peor situación que he visto en 35 años”, dice Nickell. Jennings está rechazando a los pacientes remitidos por hospitales y contratando a trabajadores temporales por primera vez en 20 años, y alrededor del 10% del personal ahora está administrado a través de agencias temporales. “No recibimos el mismo número de solicitantes que antes", dice Salopeck.

¿Una solución nacional?

La crisis ha captado la atención del presidente Joe Biden, quien presentó una serie de propuestas de reformas para los hogares de ancianos en febrero, cuyo objetivo es mejorar la calidad y la supervisión de los más de 15,000 centros que participan en los programas de Medicare y Medicaid. El plan incluye reducir el exceso de ocupantes en las habitaciones, aumentar las inspecciones de salud y seguridad y las multas, y mejorar la transparencia de las corporaciones propietarias y más.

También propone un requisito de contratación mínima a nivel nacional que podría exigir cierta cantidad y tipo de cuidados por residente. Ha sido bien documentado (enlace en inglés) que los niveles altos personal se traducen en una mejor atención, pero la ley federal solo exige que los hogares de ancianos proporcionen "suficiente” personal de enfermería para cubrir las necesidades de los residentes. Aparte de exigir que un enfermero registrado esté de guardia durante ocho horas al día y que los centros dispongan de enfermeros licenciados las 24 horas del día, lo que se considera “suficiente” es subjetivo.

Un informe del 2001 (enlace en inglés) para los Centros de Servicios de Medicare y Medicaid (CMS) encontró que se requieren al menos 4.1 horas de enfermería de atención directa por residente y por día para prevenir el deterioro clínico en los residentes, pero no se incluye ese umbral en la ley federal. Alrededor de 30 estados tienen algún tipo de requisito mínimo de personal, pero la mayoría “se quedan muy cortos” del límite de 4.1 horas, según un informe de diciembre de National Consumer Voice for Long-Term Quality Care (enlace en inglés).

No se espera que la nueva regulación federal que establece requisitos mínimos de personal entre en vigor hasta el año próximo, luego de un estudio para determinar el nivel y el tipo de personal necesario. Mientras tanto, algunos estados están tomando medidas por su cuenta. Nueva York, Rhode Island, Massachusetts y otros aumentaron recientemente los requisitos mínimos de personal para sus hogares de ancianos. Otras estrategias incluyen el lanzamiento de un programa de aprendizaje en Iowa que permite que los estudiantes de secundaria se conviertan en CNA antes de graduarse, y el compromiso de Illinois de ofrecer un reembolso adicional de la matrícula para los estudiantes que se capaciten en carreras que los preparen para trabajar en hogares de ancianos.

Pero otros estados han relajado sus requisitos. Georgia ha disminuido permanentemente su requisito mínimo de personal, mientras que Oregón y Carolina del Sur lo han hecho temporalmente. Florida aprobó una ley en abril que redujo las horas mínimas de cuidados proporcionados por los CNA de 2.5 por residente y por día a 2. Esta ley, a la que AARP se opuso firmemente, también amplió los tipos de atención que se pueden contar para el mínimo obligatorio, lo que reduce aún más la cantidad de horas de atención de enfermería requeridas.

Mientras tanto, la industria de los hogares de ancianos ha expresado su oposición a los requisitos nacionales mínimos de dotación de personal, y afirma que es un objetivo inalcanzable debido a la escasez de trabajadores y que es prohibitivo con los fondos que reciben actualmente del Gobierno.

“Nos encantaría contratar más enfermeros y auxiliares de enfermería”, dijo en un comunicado (enlace en inglés) Mark Parkinson, presidente y director ejecutivo de la American Health Care Association, una asociación nacional de más de 14,000 proveedores de cuidados a largo plazo con y sin fines de lucro. “Sin embargo, no podemos cumplir los requisitos adicionales de personal si no encontramos personas para cubrir los puestos vacantes ni tenemos los recursos para competir con otros empleadores”.

Algo que no se ha visto ni escuchado antes

A medida que muchos trabajadores de hogares de ancianos renuncian, otros cientos de miles de empleados no se dan por vencidos. “Me encantan mis residentes”, dice Julie Martinez, una enfermera práctica licenciada en un hogar de ancianos del oeste de Nueva York. “Tanto en los buenos momentos como en los malos”.

La atención nacional durante la pandemia ha hecho que muchos trabajadores de hogares de ancianos sientan que por primera vez en sus carreras se les ve y se les escucha. “El presidente Biden nos ha dado una nueva esperanza”, dice Blue, refiriéndose a las reformas propuestas. “Sigo trabajando, esforzándome y manteniendo una actitud positiva porque tengo la esperanza de que, si aguantamos un poco más, al final llegará la ayuda”.

Y Abbeyquaye, quien dejó su trabajo en el 2020, ha regresado. Durante un día por semana, trabaja como asesora en un pequeño hogar de ancianos en Worcester, Massachusetts, brindando su ayuda para encontrar y contratar a un director de enfermería. Pero la mayoría de los días se encarga de cuidar a los residentes debido a la escasez de personal. En los días en que no trabaja allí, enseña enfermería en Massachusetts College of Pharmacy and Health Sciences en Boston, ayudando a capacitar a la próxima generación de trabajadores de hogares de ancianos.

“Cuando envejezca, viviré en uno de ellos”, dice sobre los hogares de ancianos. “Muchos de nosotros lo haremos. Así que no podemos rendirnos”.