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El poder salvador del diario de un cuidador

Escribir un diario puede ayudarte a alejar la depresión y recuperar una sensación de control.

Una cuidadora escribiendo en su diario.

digitalskillet/Getty Images

In English | Al releer hace poco el diario que escribí entre el 2010 y el 2017 cuando cuidaba de mi padrastro, que padecía demencia, y más adelante de mi madre, me topé con este fragmento del 28 de agosto del 2010:

“Hoy me quedé en el apartamento con mi padrastro mientras mi madre hacía las compras con mi esposa. Francamente, él estaba paranoico; decía que se iría y que llamaría a la policía. Intenté tranquilizarlo y luego distraerlo con una película de John Wayne en la televisión. Se tranquilizó, pero siguió pellizcándose la piel del cuero cabelludo hasta que sangró. Lo observé, pero yo estaba demasiado agotado para discutir con él para tratar de detenerlo”.


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Fue una entrada breve sobre los eventos insignificantes de una tarde, pero en ella se recogía mucho: las situaciones cotidianas, con sus muchas dificultades y frustraciones. Había olvidado el incidente en cuestión, probablemente porque fue una entre cientos de pequeñas interacciones que viví como cuidador de las que apenas guardo recuerdo. Me alegra ahora tener este documento por escrito que me recuerda lo que pasé y que tuve la suficiente paciencia —al menos un día— para aportar, al menos en parte, algo positivo.

El diario me sirvió de archivo histórico y de espacio para poder desahogarme sin tener que molestar a nadie durante el tiempo que fui cuidador familiar. Los diarios de otros cuidadores son listas llenas de preocupaciones o críticas indignadas dirigidas al médico de un ser querido; o bien se usan para llevar un control de sus propios pensamientos y estados de ánimo. Como prueba de que ser cuidador no es siempre sinónimo de penas y fatiga, hay quienes llevan un diario de gratitud en el que describen tres momentos de alegría o de humor que hayan tenido ese día y por los que se sintieron agradecidos.

Las investigaciones sugieren que escribir nuestras experiencias, independientemente del formato que usemos, disminuye las probabilidades de que nos deprimamos. Tal y como señala el sitio web de la popular rama de la psicología conocida como psicología positiva (enlace en inglés), escribir un diario “nos ayuda [a las personas] a crear un amortiguador entre nuestros pensamientos negativos y nuestra sensación de bienestar”.

Hay algo acerca escribir sobre lo que sucede y las reacciones emocionales que permite a los cuidadores familiares distanciarse de la avalancha de tareas y crisis en las que se ven inmersos y poder así observar por lo que están pasando, reflexionar sobre el significado de la situación y sentir un mayor control.

No hay una manera correcta de escribir un diario; quienes siguen esta práctica encuentran el enfoque y el estilo que les funciona. Sin embargo, a continuación te presentamos algunas sugerencias generales para tener en cuenta si quieres escribir un diario que sirva de técnica útil para afrontar situaciones:

Escribe, pero no lo edites

No se trata de una tarea de la escuela. Nadie te está calificando. Lo importante es que las preocupaciones y las reacciones que te pasan por la cabeza queden plasmadas en el papel (o en la pantalla de una computadora) para que te preocupen menos. No hace falta que uses palabras pomposas ni frases completas (ni tan siquiera palabras); los dibujos también sirven. Solo vacía tu mente sin juzgarte.


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Escribe cuando quieras, pero léelo muy de vez en cuando

No tienes ninguna obligación de escribir cada día, cada semana ni siquiera de manera habitual. Escribe sobre los momentos que, como cuidador, te parezcan conmovedores o importantes. Si escribes tu diario cada día, vuélvelo a leer una vez a la semana como máximo; si escribes cada semana, vuélvelo a leer una vez al mes como máximo. Es necesario que transcurra ese tiempo para adquirir una mayor distancia emocional de las experiencias y las reacciones inmediatas que se han escrito, poder reconocer la tendencia general y lograr reflexiones más profundas.

Piensa en tu público, pero que tu diario sea algo personal

Si te cuesta empezar, imagina un público al que te dirijas para hablar de tus pensamientos y tus sentimientos como cuidador familiar. ¿Será la persona que eres hoy o la que serás dentro de cinco años cuando mires atrás y recuerdes este momento difícil? ¿Serán los familiares que no han estado dispuestos a ayudar? ¿Será la persona de la que te ocupas, que puede que ya no sea capaz de comprender lo que le dices? El público que elijas creará un contexto, pero tu diario es algo personal. Te sentirás más desinhibido para expresarte de manera abierta y sincera.

Piensa en tu diario como si se tratase de un diario de viaje

Si es cierto el cliché de que ser cuidador es un viaje, el diario de un cuidador es entonces un diario de viaje: repleto de experiencias nuevas, colores locales y, a veces, quejas acerca del sitio al que has ido a parar. Releerlo en algún momento, como lo hice yo hace poco, te devolverá los paisajes y los sonidos, los espacios en los que te perdiste y la nueva jerga que adoptaste en el camino. Aunque también pondrá de relieve lo que has aprendido de ti a lo largo del tiempo en cada uno de los tramos recorridos y cada uno de los puertos a los que has llegado.

Barry J. Jacobs, psicólogo clínico, terapeuta de familia y asesor del cuidado de la salud, es el coautor del libro Love and Meaning After 50: The 10 Challenges to Great Relationships — and How to Overcome Them y de AARP Meditations for Caregivers (Da Capo, 2016). Síguelo en Twitter y en Facebook (enlaces en inglés).

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