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Cómo motivar y apoyar a la persona que cuidas Skip to content
 

Cómo motivar sin presionar a la persona a quien cuidas

Crea una variedad de estrategias para que quien está a tu cargo se sienta apoyado, no desafiado.

Una persona conforta a un hombre mayor sentado a la mesa

GETTY IMAGES

In English | Durante los años en los que cuidé a mi madre, ella y yo tuvimos muchos momentos de tensión cuando hacía falta que se levantara de la cama y se alistara para sus citas médicas. Yo entraba a su habitación y la despertaba, le recordaba unos minutos más tarde que de verdad necesitaba levantarse, después la halagaba, le rogaba y por último usaba mi tono más duro y serio. En esas ocasiones, pensé que la ayudaba a motivarse. Ella decía que sentía que yo la acosaba.

Nunca me gustó que me llamaran “hostigador” y negué apremiarla con insistencia. A fin de cuentas, siempre estábamos de apuro. Razoné que si la presionaba, era por su propio bien. Pero ahora, en retrospectiva, 20 meses después de su muerte, me pregunto si yo tenía razón. ¿Qué era lo verdaderamente importante para ella en esos momentos? ¿Se aferraba a la comodidad de su almohada porque todavía estaba cansada o incluso deprimida? ¿Era más importante para ella controlar su propia vida y levantarse tarde en vez de someterse a otro examen rutinario realizado por un médico que de todas maneras no podía ayudarla mucho? En vez de eso, yo invalidaba sus decisiones y esperaba que ella me “obedeciera”. 

No creo que yo sea el único cuidador familiar que sobrepasa la línea borrosa entre sugerir de manera comprensiva y presionar. Muchos cuidadores, a veces cuando se sienten cansados, frustrados o impacientes —o cuando en realidad la situación es muy urgente—, tienden a presionar demasiado a las personas a su cargo para que cumplan con horarios y regímenes. Racionalizamos el enfoque que escogimos en función de lo práctico y lo conveniente. Pero muchos de nosotros después nos preguntamos si eso era necesario.


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Ciertas cosas sí deben hacerse. De lo contrario, los cuidadores podrían sentirse culpables de ser irresponsables o descuidar a su ser querido. ¿Pero cómo podemos ser entrenadores en vez de jefes, y motivadores eficaces en vez de hostigadores que inspiran temor? A continuación, presento algunas ideas.

Casi nunca les des importancia a las tareas por encima de la relación: hay pocas tareas de prestación de cuidados que son tan esenciales como para justificar herir los sentimientos de tu ser querido en el proceso de lograrlas. Más bien, hay lo que considero asuntos de primer y segundo plano. Los de primer plano son en su mayoría asuntos relacionados con la seguridad, como tomar los medicamentos adecuadamente o conducir de manera competente, sobre los cuales el cuidador debe ser firme y persuasivo. Sin embargo, la mayoría de los demás asuntos son de segundo plano en términos de importancia y necesidad de hacer algo al respecto. Para estos asuntos, los cuidadores deben permitir que sus seres queridos decidan por sí mismos lo más que se pueda y luego cambiar de plan según haga falta. Eso significa ser más flexible y complaciente, al igual que respetuoso. En retrospectiva, yo podría haber programado las citas médicas de mi madre más tarde durante el día, incluso si era más incómodo para mí, o haberlas cancelado.

Formula una variedad de enfoques y estrategias: los buenos entrenadores reconocen el estado de ánimo de sus jugadores y aplican los métodos correctos en el momento adecuado para estimular el máximo esfuerzo y desempeño. Los buenos cuidadores también pueden percibir lo que sienten las personas a su cargo en un momento dado y adaptar sus solicitudes —por ejemplo, pedir sensatez, recurrir al sentido del humor o cambiar por completo de tema— a la modalidad que motivará a su ser querido.  En general, descubrí que era más probable que un estilo más suave funcionara con mi madre, pero también había momentos en los que ella no estaba para nada de acuerdo conmigo. Entonces yo recurría a mi esposa, quien, con una sonrisa y un tono todavía más suave, podía de alguna manera lograr que mi madre cooperara con lo mismo que yo le había pedido antes y se había negado a hacer.

Pide opiniones y tenlas en cuenta: a veces nos enfrascamos tanto en el ritmo ajetreado de la vida de cuidar a un ser querido que no nos damos cuenta de la impresión que les causamos a los demás. Pero podemos escuchar las opiniones de nuestros familiares sobre nuestra conducta. Dedica unos minutos a decirle a la persona a quien cuidas: “Ahora tenemos que trabajar juntos con una proximidad que nunca tuvimos antes. ¿Te estoy tratando de la manera en la que quieres que te traten?”. Toma mucho en cuenta la respuesta.

Cuidado con la presión que surge poco a poco: ningún cuidador se propone desde el principio dar órdenes constantemente. Pero si descubre que presionar a la persona a su cargo es la manera más eficaz de terminar sus muchas tareas, entonces poco a poco podría tender a usar la fuerza. Sin embargo, la prestación de cuidados no tiene que ver con la eficiencia; se trata de cuidar de alguien con cariño. Y nada podría ser menos cariñoso que obligar a tu ser querido a ceder a tus deseos. Debemos estar al tanto de los excesos de nuestro propio estilo y no convencernos nunca de que el propósito justifica los medios.

Barry J. Jacobs, psicólogo clínico, terapeuta de familia y asesor sobre el cuidado de la salud, es también coautor del libro AARP Meditations for Caregivers (Da Capo, 2016) (en inglés). Síguelo en Twitter, @drbarryjacobs, y en Facebook.

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