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¿Y los trabajadores de hogares de ancianos que no se vacunaron contra la COVID-19?

Ya son más los trabajadores que quieren vacunarse, pero de pronto el acceso a la vacuna es más limitado.

Tina Frost, enfermera registrada en Kendal-Crosslands Communities en Kennett Squar, recibe la vacuna Pfizer BioNTech-COVID-19 el viernes 8 de enero de 2021 por la mañana.

Pete Bannan/ MediaNews Group/ Daily Times via Getty Images

In English | La COVID-19 ha arrasado con los hogares de ancianos y otros centros de cuidados a largo plazo, donde hasta el momento causó cerca de 180,000 muertes. Por eso, cuando las primeras vacunas contra el coronavirus estuvieron disponibles a fines del año pasado, los residentes y el personal de hogares de ancianos fueron considerados de máxima prioridad, junto con el personal de emergencia y los proveedores de atención médica.

El Gobierno federal les pagó a CVS y a Walgreens para que ofrecieran tres clínicas de vacunación para los residentes y el personal de casi todos los hogares de ancianos del país. Ese esfuerzo, conocido como Pharmacy Partnership for Long-Term Care Program, concluye este mes.


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Entonces, ¿cómo se vacunan ahora los nuevos residentes y el personal de hogares de ancianos que no participaron en las clínicas en el lugar? Para los residentes, se están haciendo planes para garantizar que reciban las vacunas. Pero hasta ahora, muchos de estos planes no incluyen al personal que los atiende.

La responsabilidad de la vacunación ahora corresponde a cada centro, dijo Katherine Grusich, portavoz de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC). El Gobierno federal está distribuyendo las vacunas contra la COVID-19 a los departamentos de salud locales y a las farmacias especializadas en cuidados a largo plazo que suministran otros medicamentos a los centros, aunque los CDC no exigen que los hogares de ancianos vacunen a sus residentes. Incluso los Centros de Servicios de Medicare y Medicaid (CMS) —la entidad federal que regula los hogares de ancianos— "actualmente no exigen que los hogares de ancianos ofrezcan vacunas contra la COVID-19 a los residentes o al personal", dijo un portavoz de los CMS.

Sin embargo, la mayoría de los residentes han sido completamente vacunados y los casos del virus y las muertes resultantes han disminuido drásticamente en los últimos meses. Por otro lado, la aceptación por parte del personal de hogares de ancianos ha sido mucho más baja: en los centros incluidos en un estudio publicado el mes pasado en el Journal of the American Medical Association, el 78% de los residentes estaban vacunados, en comparación con solo el 38% de los empleados.

Esto es un problema, ya que las personas que entran y salen de los hogares de ancianos pueden ser portadoras del virus aunque no presenten síntomas. Los trabajadores pueden convertirse en vectores de transmisión del virus. La buena noticia es que las dudas sobre las vacunas entre los trabajadores parecen estar desapareciendo. "Vimos que muchos miembros del personal rechazaron la vacuna en la primera visita, pero optaron por vacunarse en las clínicas posteriores", dijo David Grabowski, profesor de Política de Atención Médica de la Facultad de Medicina de Harvard, al referirse a las tres clínicas respaldadas por el Gobierno federal en los centros.

Pero una vez que los hogares de ancianos han completado las tres clínicas, dijo, "no hay ningún plan [federal] para volver a comenzar".

'Muchos de nosotros teníamos miedo al principio'

Muchos de los empleados de hogares de ancianos, que en general son mal pagados y a menudo trabajan sin beneficios (como licencia por enfermedad, por ejemplo), en un principio se mostraron escépticos con respecto a las vacunas contra la COVID-19. "Muchos de nosotros teníamos miedo al principio porque no recibíamos suficiente información", dijo Adelina Ramos, asistente de enfermería certificada en un hogar de ancianos en Rhode Island. Ella habló con AARP después de testificar ante el Comité de Finanzas del Senado la semana pasada sobre cómo los hogares de ancianos han respondido a la pandemia.

Asistente de enfermería certificada Adelina Ramos de pie en el pasillo de un hogar de ancianos.

CORTESÍA DE ADELINA RAMOS

Adelina Ramos, asistente de enfermería certificada, al principio tenía dudas sobre la vacuna contra la COVID-19, pero ahora anima a otros trabajadores de cuidados a largo plazo a que se vacunen.

Finalmente, la administración del hogar de ancianos donde trabaja Ramos sugirió que los empleados que tuvieran preguntas sobre la vacuna llamaran a un número de teléfono para comunicarse con uno de los médicos del centro. Los administradores también se reunieron con los representantes sindicales para hablar sobre las vacunas.

"Pero como trabajadores de la salud, no tenemos mucho tiempo y rara vez tenemos un descanso", dijo Ramos. "La mayoría hacemos turnos dobles de ocho horas o tenemos varios trabajos para salir adelante". Algunos todavía no confían en sus empleadores ni en la nueva administración presidencial de Washington, dijo.

Ramos dijo que muchos de sus compañeros "no querían ser los conejillos de indias, así que estaban esperando a ver quiénes iban primero y ver qué reacciones tenían". Ella investigó por su cuenta antes de convencerse de que la vacuna era segura, y ahora trabaja como delegada sindical en el Service Employees International Union District 1199 New England para informar a sus compañeros de trabajo sobre su experiencia y animarlos a vacunarse.

La American Health Care Association and National Center for Assisted Living —que representa a más de 14,000 hogares de ancianos y centros de cuidados a largo plazo— y LeadingAge —que representa a más de 5,000 hogares de ancianos sin fines de lucro y a otros proveedores— han establecido el objetivo de vacunar al 75% de los aproximadamente 1.5 millones de miembros del personal de hogares de ancianos del país antes del 30 de junio.


Para información actualizada sobre la COVID-19 visita aarp.org/ElCoronavirus


Un mosaico de sistemas estatales

Los empleados de hogares de ancianos siguen teniendo prioridad para las citas de vacunación, tal como recomiendan los CDC. Pero eso puede no significar mucho. Los estados están autorizados a incluirlos en la lista junto con cualquier otra persona que reúne los requisitos para una cita de vacunación. Connecticut es uno de los pocos estados que han adoptado este enfoque.

Otros estados tienen planes y normas diferentes.

Nueva Jersey, por ejemplo, está trabajando en un plan para administrar las vacunas a los residentes y el personal de hogares de ancianos. Hasta que se ponga en marcha, "pueden conseguir las vacunas por su cuenta dondequiera que haya citas disponibles en el estado", dijo esta semana Judith Persichilli, comisionada de salud del estado. Pero conseguir una cita no ha sido fácil.

"Muchos trabajadores de hogares de ancianos en Nueva Jersey aún no se han vacunado y algunos han expresado su frustración por no poder encontrar citas a través de los portales en línea de su condado o en los sitios privados de vacunación", dice Milly Silva, vicepresidenta ejecutiva de 1199 SEIU United Healthcare Workers East, un sindicato que representa a unos 8,000 empleados de hogares de ancianos en 80 establecimientos de Nueva Jersey. "Es probable que esto se deba en parte a barreras tecnológicas y de idioma en esta fuerza laboral diversa y de bajos salarios".

Desde que terminaron las clínicas federales de vacunación, las autoridades de Rhode Island han contratado a dos empresas de ambulancias cuyos técnicos de emergencias médicas visitarán los hogares de ancianos y vacunarán a los residentes, dijo Kathleen Heren, defensora de cuidados a largo plazo de Rhode Island. Pero el plan no incluye a los empleados.

En el estado vecino, Massachusetts, los hogares de ancianos también están vacunando a los nuevos residentes, pero no a los empleados. El sindicato United Healthcare Workers East de SEIU, que representa a casi 3,000 trabajadores de hogares de ancianos en el estado, está en conversaciones con el departamento de salud del estado y los propietarios de los centros "sobre cómo asegurar que los nuevos empleados puedan vacunarse al mismo tiempo", dijo Marlishia Aho, gerenta regional de comunicaciones de SEIU.

Megan O'Reilly, vicepresidenta sénior de Asuntos Gubernamentales, Salud Federal y Familia de AARP, dijo que los centros de enfermería y los estados deben proteger a los residentes y el personal contra el virus: "Instamos a los centros y los estados a trabajar juntos para garantizar que los residentes y el personal sigan teniendo acceso a la vacuna".

Ohio parece ser uno de los pocos estados que está haciendo eso: ha lanzado un programa de mantenimiento de inoculación contra la COVID-19 para los miembros del personal y los residentes que quieran vacunarse después de que termine el esfuerzo federal de vacunación. Los empleados y los residentes que hayan rechazado la vacuna anteriormente podrán recibirla en sus centros, junto con los recién llegados. Los residentes tienen prioridad.

"Debemos seguir poniendo la vacuna a disposición de los residentes y empleados de nuestros hogares de ancianos y centros de vida asistida", dijo este mes el gobernador de Ohio, Mike DeWine, "porque tenemos que seguir protegiendo a nuestra población más vulnerable de adultos mayores contra la COVID-19".

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