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Historias personales del costo humano de los altos precios de los medicamentos recetados

Por qué AARP continúa en la lucha por controlar cuánto gastas en medicamentos.

Mike McMichael, Pat Munn y Vincent Burns

Cortesía de Mike McMichael, Pat Munn y Vincent Burns

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En tan solo dos años, Vincent Burns ha gastado unos $40,000 en medicamentos vitales para mantener su cáncer bajo control, lo que ha agotado sus ahorros. Patricia Munn no entiende por qué paga tanto por las dos insulinas que toma todos los días para mantenerse viva. Y William “Mike” McMichael ha visto cómo el costo del anticoagulante que necesita ha acabado con la pequeña pensión que recibe después de ser un técnico en emergencias médicas y bombero voluntario durante más de tres décadas.

Estas tres personas están inscritas en Medicare. Pero todos se han enfrentado a los altos costos de los medicamentos recetados que, según dicen, aumentan sin previo aviso y que tienen dificultades para costearlos.

AARP ha estado luchando para convencer al Congreso de que permita que Medicare negocie el precio de los medicamentos recetados directamente con los fabricantes, limite los costos anuales de bolsillo de los medicamentos y penalice a las farmacéuticas por aumentar los precios más que la tasa de inflación.

Las encuestas revelan que el público apoya estas posturas. Una encuesta de AARP del 2021 entre votantes de 50 años o más encontró que el 87% están a favor de permitir que Medicare negocie los precios de los medicamentos recetados. Y una nueva encuesta de Gallup encontró que alrededor de 18 millones de personas en el país no podían pagar por lo menos un medicamento recetado.

¿Estás cansado de los altos precios de los medicamentos?

Dile al Congreso que es hora de que Medicare negocie precios más bajos por los medicamentos.

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Como parte de su iniciativa Fair Drug Prices sobre precios justos para los medicamentos, AARP ha pedido a los adultos mayores que compartan los recibos de sus medicamentos recetados, con lo que se busca mostrar a los legisladores el impacto que los precios, que son constantemente altos, están cobrando sobre ellos. Estas son tres historias que ilustran las dificultades que enfrentan las personas para costear los medicamentos que necesitan.

El medicamento para el cáncer es más costoso en el hogar que en el hospital

Cuando Vincent Burns fue diagnosticado por primera vez con cáncer hace cinco años, comenzó a recibir su tratamiento de quimioterapia como paciente ambulatorio en un hospital. Las infusiones estaban cubiertas por la Parte B de Medicare, que ayuda a pagar las visitas al médico y otros servicios ambulatorios, como la administración de ciertos medicamentos.

Pero cuando los médicos decidieron que el mejor curso sería que el trabajador jubilado de oficina comercial de 68 años, residente de Matawan, Nueva Jersey, se administrara su medicamento en casa —en forma de pastilla en lugar de una infusión— el costo aumentó a $1,000 al mes.

“Al principio me alegré de no tener que lidiar con tres horas en un centro y solo tener que tomar una pastilla en casa”, le dijo Burns a AARP. Pero lo que no entendía era por qué, simplemente al cambiar cómo y dónde recibía su medicamento, pasó de no tener ni un gasto de bolsillo a pagar miles de dólares cada año.

La manera en que funciona el sistema es, cuando los pacientes con cáncer, por ejemplo, reciben quimioterapia u otros tratamientos administrados en un centro ambulatorio de un hospital u otra clínica, el costo lo cubre la Parte B de Medicare y cualquier seguro complementario que puedan tener. Pero si toman una pastilla, eso está cubierto por un plan de medicamentos recetados de la Parte D, que puede tener copagos altos o cargos de coseguro.

Burns pagaba $2,800 al mes cuando hizo el cambio por primera vez. Ahora sus costos se han reducido a $1,000 al mes. Pero en dos años ha superado los $40,000, y para fin de año el dinero que había estado ahorrando para ayudar a pagar los gastos de atención médica durante la jubilación —y financiar las primas del seguro de salud de su esposa hasta que cumpla los requisitos para Medicare— se habrá agotado.

Burns ha considerado preguntarles a sus médicos si puede volver a recibir el medicamento como paciente ambulatorio de nuevo debido al costo.

“Es más que estúpido que pueda ir a un hospital y no pagar nada de mi bolsillo, pero el mismo tratamiento en casa cuesta $1,000”, dice. Espera que el Congreso apruebe una propuesta bajo consideración de los legisladores, la cual limitaría los costos de bolsillo de los medicamentos.

Los precios de la insulina afectan su vida

Patricia Munn tiene que administrarse cuatro inyecciones de insulina cada día para controlar su diabetes tipo 1. Y ese es solo uno de los ocho medicamentos que toma para tratar su enfermedad.

La secretaria jubilada de 76 años de Southampton, Nueva Jersey, vive de un ingreso fijo, y en el punto más alto de la pandemia, el costo de su insulina aumentó de $80 por un suministro de 90 días de dos insulinas a casi $800. Desde entonces, sus gastos de bolsillo han disminuido, pero todavía paga $210 cada tres meses, más del doble de lo que pagaba antes de que aumentara el precio.

Munn tiene Medicare, un plan complementario y cobertura para medicamentos recetados de la Parte D, pero el seguro solo cubre cierta cantidad.  El precio de lista para solo una de sus insulinas, dice, es de $1,500.

“No sé por qué la insulina se disparó de esa manera”, dice Munn.

Todo esto ha afectado la capacidad de Munn para pagar sus cuentas. “Vivo en una comunidad para personas de 55 años o más en un pequeño rancho. Todo es eléctrico y mi factura de electricidad es extremadamente alta”, dice, y también señala otras facturas de servicios públicos. También ha visto subir el costo de la comida y otros artículos esenciales. El resultado es que ella tiene una deuda alta con tarjetas de crédito solo para poder llegar a fin de mes.

“Realmente no puedo permitirme hacer nada ni ir a ningún lado”, dice Munn. “Y no puedo decidir no tomar mis dos tipos de insulina. Eso pondría en peligro mi salud. Tengo dos hijos y dos nietos, y quiero seguir viviendo por mucho más tiempo”.

“Es más que estúpido que pueda ir a un hospital y no pagar nada de mi bolsillo, pero el mismo tratamiento en casa cuesta $1,000”.

— VINCENT BURNS

Elegir un medicamento puede ser costoso

El cardiólogo de Mike McMichael le recetó Eliquis para tratar su enfermedad cardíaca. El técnico en emergencias médicas jubilado y bombero voluntario durante más de tres décadas se enfureció cuando el farmacéutico le dijo que el costo sería de $380 por un suministro de 30 días.

“No acepté la receta, aunque sabía que mi salud podría estar en peligro”, dice McMichael, de 68 años, de Delaware City, Delaware. Él y su médico decidieron que podía tomar warfarina, un medicamento genérico que es un anticoagulante menos costoso. Pero eso significaba que necesitaría análisis de sangre mensuales, algo que no es necesario con el medicamento más costoso.

En febrero del 2021, McMichael decidió volver a cotizar Eliquis para ver si podía pagarlo. Se enteró de que podía recibir el medicamento por menos, pero cada vez que llamaba a la farmacia de pedidos por correo para reordenarlo, el precio era diferente. Primero pagó $125 por un suministro de tres meses, lo cual podía manejar. Luego, cuando intentó volver a ordenarlo, le dijeron que el precio había subido a $261 por tres meses del mismo medicamento. Después de quejarse, le dieron una receta de un mes por $45. Pero al mes siguiente, ese trato cambió y le cobraron $74 por el suministro de un mes.

“Si no me equivoco, pensaría que esto es una estafa”, dice McMichael, quien ahora está considerando pedirle a su médico que le vuelva a recetar el medicamento menos costoso, incluso con la necesidad de una prueba de laboratorio mensual.

McMichael dice que el Seguro Social representa casi todos sus ingresos. El costo de su medicamento, dice, consume la pensión mensual de $125 que recibe del servicio de bomberos del estado.

“Debería haber algún tipo de regulación para hacer que estos medicamentos sean más factibles, especialmente para los adultos mayores que no pueden costearlos”, dice McMichael. “Tiene que haber algún tipo de tope, algún tipo de límite en el que digan que solo puede aumentar hasta cierto punto”.

Dena Bunis informa sobre temas relativos a Medicare, atención de la salud, políticas en materia de salud y el Congreso estadounidense. Además, es autora de la columna “Medicare Made Easy” para AARP Bulletin. Galardonada por su labor periodística, Bunis trabajó durante décadas para periódicos en grandes ciudades. Entre los puestos que ocupó se incluyen los de jefa de la oficina de Washington del Orange County Register y reportera sobre temas de salud y entorno laboral para Newsday.