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Lorenzo Lamas

Papi boomer criando niño

Lorenzo Lamas, amante latino por excelencia, motociclista nacido para amar la libertad, rompecorazones de la década de 1980 y protagonista, desde el año 2004, de Belleza y Poder (The Bold and the Beautiful) tiene un nuevo papel: el de un papá más maduro.

En sus más de 20 años como actor, Lamas ha encarnado a más de un héroe de acción, interpretando papeles fantásticos que demandan movimientos rápidos, músculos esculpidos y personificaciones poderosas. Pero ahora, por primera vez da vida, en cámara, a un personaje que habla directamente a su corazón: el bombero y padre soltero Hector Ramirez, enteramente dedicado a sus hijos. En su primer papel latino, Lamas busca inspiración en sus propias experiencias como papá de una cuadrilla vivaz: Isabella, 5; Victoria, 7; Alexandra, 8; Peyton, 18; Shayne, 20; y Alvaro Joshua (“A.J.”), de 22 años de edad.

Mi filosofía acerca de la paternidad ha cambiado con los años —cuenta Lamas—. Ahora, mis hijos ocupan un lugar mucho más importante en mi vida. Supongo que esto les sucede, a veces, a las personas que maduran tarde en la vida. Cuando estaba próximo a mis 30 años, me encontraba muy concentrado en mi carrera, y los niños sufrieron por ello. No veían mucho a su padre. Pero a los 40 me di cuenta de que mis hijos, de verdad, necesitan ser lo más importante en mi vida.

“Me he vuelto mucho menos egoísta en mis propios deseos y necesidades, y conozco un poco más las necesidades y emociones de mis hijos”, asegura el actor.

Colocar a sus hijos en un lugar central en su vida significa hacer elecciones disciplinadas respecto de su carrera. Una es trabajar tan cerca de su casa como le sea posible, permaneciendo en la misma zona horaria cuando necesita viajar para mantenerse en contacto más fácilmente. Las recompensas que surgen de ello, dice Lamas, son invalorables: “Lo que más he aprendido de ellos es a descubrir cosas. Los niños viven minuto a minuto. Es realmente alentador ver la pasión que despliegan en cada experiencia. Tienen una visión más positiva de la vida. Y eso es contagioso”.

Esta forma de entender las cosas lo conecta con la faceta “real” de su personaje. Aunque el bombero Hector Ramirez salva vidas, no es un superhéroe. “Tiene una moral estricta. Lucha por tomar las decisiones correctas con relación a su hija adolescente”, dice Lamas, que fue lanzado a la fama en los años 80, cuando interpretó un papel sorprendentemente diferente: el del playboy Lance Cumson, en Falcon Crest.

Lamas es un ex conductor de autos de carrera que ostenta un cinturón negro en tae kwon do y que en sus 20 años vivía de un modo un tanto arriesgado, acelerando a fondo en las pistas de carreras en monoplazas de cabina abierta. Era el príncipe del momento.

En los años que siguieron a Falcon Crest, Lamas protagonizó héroes de acción de televisión, en Renegade y Air America, y su imagen —con el torso desnudo— fue tapa de revistas. Y luego llegaron los avisos publicitarios de ropa interior con el eslogan “En mis BVDs, me he convertido en un rompecorazones de la televisión”.

No obstante, se siente atraído hacia una época pasada más lujosa: la elegante época dorada de la generación de sus padres. Dice que su padre, el astro de cine argentino ya fallecido, Fernando Lamas, fue su narrador preferido y más grande maestro, la persona que le enseñó a ser actor, padre, hombre.

“Mi padre fue el ejemplo vivo de lo que significa ser un hombre en todos los sentidos positivos de la palabra”, relata Lamas, cuyos padres se divorciaron cuando él era un niño pequeño. Lamas creció cerca de ambos volando entre California, donde vivía su padre, y el hogar de su madre, la actriz Arlene Dahl, en Nueva York.

Aún hoy, mucho después de la muerte de su padre, en 1982, Lamas encuentra orientación en su preciada memoria.

“La voz de mi padre es un eco que resuena en mí todos los días —cuenta Lamas—. Nunca dejé de extrañarlo. Una de las cosas más valiosas que aprendí de él es la importancia de tratar a las personas con respeto y dar sin esperar nada a cambio”.

Los recuerdos son tan vívidos que Lamas está escribiendo un libro, un tributo a una relación que él describe como “corta, pero dulce”.

“Guardo los recuerdos de los paseos con mi padre cuando era un niño. Íbamos a la tienda de artículos para automóviles. O a comprar el mejor traje hecho a medida de la ciudad —recuerda Lamas—. Me llevaba a todas partes, pero nunca me trató como a un niño. Me presentaba a las personas como si yo fuera un adulto. Me dio importancia. Tenía la costumbre de hacer que todos se sintieran importantes. Tenía un don increíble, y un gran sentido del humor”.

Lamas le otorga a su padre el crédito de haberle infundido un joie de vivre y un gusto indestructible por la aventura. Pero tuvo que sufrir un accidente de carerras de auto, cuando tenía 25 años, para atemperar su personalidad arriesgada: perdió el control del auto, volcó y se destrozó un hombro y la clavícula. El accidente lo calmó y le trajo un poco de sentido común. El piloto entrenado y motociclista aficionado se dio cuenta de que ser aventurero y ser negligente son dos cosas distintas.

Ahora, cuando quiere escaparse, arranca una “moto grande y ruidosa”, preferentemente una Harley-Davidson. Y lo hace no sólo por diversión, sino también por caridad, recaudando dinero y concientizando sobre la distrofia muscular, la donación de órganos y otras causas relacionadas con los niños.

Al llegar a su casa luego de un día en el plató, Lamas espera ansioso una nueva aventura. Sus niñas más pequeñas —Isabella, “la desafiante”, Alexandra, “la sensible y dulce”, y Victoria, “la artista”— esperan que atraviese la puerta de entrada y se deje caer en la alfombra.

Entonces, saltan sobre él, le hacen cosquillas y le hacen mil preguntas acerca de su día de trabajo. Ahí es cuando ellas escuchan sus historias… y construyen sus propios recuerdos.

Padres adultos mayores en la crianza de hijos pequeños.
Al igual que Lamas, el 9 por ciento de estadounidenses mayores de 45 años está criando a niños pequeños. Conozca sus opiniones:

Richard Saenz: 52

Casado
Hijo, 3

“Quiero ser parte de la vida de mi hijo. Cuando nació, tuve que comenzar a preocuparme por mi salud. Sólo estoy tratando de estar tan activo como pueda”.

José Hernández: 56

Divorciado
Hijas, 7 & 9

“La primera vez, era joven. Un nivel grande de madurez luego tiene lugar. Ahora soy más paciente y comprensivo, y escucho lo que mis hijas dicen, desde su punto de vista”.

Bárbara Gutiérrez: 52

Soltera
Hija, 5

“Me ha equilibrado. Me ha dado la oportunidad de amar y dar forma a otro ser,el conocimiento de que lo importante es el día a día...no lo que pueda venir”.

Victor Flores: 55

Casado
Hija, 2

“Tener a Elena significa un cambio grande y un compromiso, porque yo no pensaba que tener un hijo era necesario para completar mi vida, pero estaba equivocado”.

Helen Jiménez: 49

Casada
Hijas, 5 & 7

“Mis hijas han sacado a mi madre de su jubilación para hacerla jugar a saltar la cuerda. Ella fue una gran ayuda para criarlas. Ella fue la que mantuvo mi estabilidad”.

 

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