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6 excelentes lugares donde conocer gente

¿Dónde puede estar esa persona maravillosa? En cualquiera de estos sitios.

Excelentes lugares donde conocer gente – Pareja brindando en la playa

Istock

Puedes conocer a una persona especial cuando estás de vacaciones en la playa.

In English | Miles de personas mayores tienen ganas de conseguir pareja, pero no han descubierto la mejor manera de hacerlo. A otros, que salen en citas con frecuencia, les gustaría ampliar sus opciones.

Si formas parte de uno de esos grupos, probablemente tienes esperanzas de encontrar una persona especial y te preguntas: “¿Dónde puede estar?”

Pero no te desanimes si te desagradan los servicios de citas en línea, ya que muchos lugares comunes y corrientes tienen un potencial excelente para conocer gente.

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Puede que tengas que ir más allá de lo que haces normalmente, es decir, quizás debas ponerte en contacto, hacerte valer, ser creativo, actuar de manera estratégica y salir de lo convencional. Sin embargo, si estás dispuesto a hacer todo lo anterior, frecuentar estos seis lugares puede mejorar las probabilidades de que tengas un encuentro productivo:

1. En el trabajo. Se requiere tener cuidado y discreción para mantener una relación en la oficina, o en cualquier otro lugar diario de trabajo.

Para comenzar, ¿qué pasa si no funciona? Puede ser difícil —hasta infernal— verse las caras (solo pregúntale a Bridget Jones). Y si florece el amor, puede ser difícil desempeñar el trabajo mientras están absortos en arreglárselas para pasar “tiempo solos”.

Sin embargo, las relaciones pueden arraigarse y prosperar en este fértil lugar de encuentro. Mi amiga Suzanne, una redactora de publicidad, empezó a salir con Juan, un compañero de equipo en su agencia de publicidad. Ambos estaban dedicados a sus empleos, por lo que mantuvieron el secreto por casi un año, sentándose separados en las reuniones y desplazándose al trabajo por separado, incluso después de que vivían juntos. A la larga, Suzanne y Joe decidieron casarse, lo cual eludió el asunto de la “incomodidad en el ambiente laboral”.

Cuando yo era soltera, en las conferencias y fiestas del trabajo, me acercaba a hombres que parecían estar solos. Salí con un profesor con quien conversé mientras servían canapés de cangrejo en un evento universitario. En otro, comencé una conversación con el barman, un hombre buenmozo y chistoso que también era actor. Pudimos salir a cenar una vez antes de que se fuera para Los Ángeles a trabajar en una película.

2. En eventos con tus hijos. Mientras planeaba la boda de su hija, Jane, una amiga divorciada, se enamoró del florista. Después, con deseos de mantener la conexión, ella fue a su tienda y le agradeció en persona. Él le dio un ramo de rosas. Ella lo invitó a cenar. Llevan juntos 15 años.

Cuando la amiga de mi hija perdió a su madre, invité al padre viudo a un desayuno-almuerzo. Desde el momento en que llegó, se deshizo en elogios sobre su esposa fallecida. ¿Fui yo o fue mal momento? No podía estar segura, pero lo que quedó claro es que él no estaba listo ni disponible.

Años antes, recién divorciada, mientras empujaba a mi hija en un columpio, me fijé en un hombre de buena pinta que estaba con sus hijas. Nos sonreímos, nos sentamos en un banco y comenzamos a conversar. Terminé saliendo con él por dos años.

3. En clases a las que asistes o donde enseñas. La materia debe entusiasmarte —no te inscribas en  una clase de costura si no te gusta la costura—, pero el tipo de clase también debe ser el indicado. En un curso de diseño de sitios web, por ejemplo, Luis, un vecino mío divorciado, se encontró frente a una computadora y una pared vacía; no hubo interacción con los otros estudiantes ni oportunidad de compartir.

Luego, intentó aprender a cocinar comida italiana, con mejores resultados: en la clase, los platos se preparaban con un compañero. Luis escogió el plato fuerte y una compañera soltera. Prepararon berenjena a la parmesana y lasaña vegetariana, entre otras cosas, y luego se inscribieron juntos para una segunda clase de cocina (para preparar sopas). Eso fue hace tres años. Hoy en día, cocinan juntos casi todas las noches.

Como profesora de redacción, tenía una regla incuestionable (sin expresar, por supuesto) contra salir con un estudiante. Un editor que tomó mi curso escribió una linda colección de ensayos sobre la boda de su hijo, el ser abuelo y aprender a vivir solo. Esperé hasta que terminó la última sesión, y di el primer paso. Le pregunte si vendía “alguno de esos escritos”, y “espero que me avises”. De hecho... puedes ponerte en contacto conmigo incluso si no los vendes”. Me llamó la semana siguiente, y salimos hasta que descubrí que en realidad no vivía solo.

4. En las vacaciones. Piensa en compartir el alquiler de una cabaña para esquiar o casa de playa. Es una manera excelente de conocer a personas que piensen como tú, siempre y cuando, por supuesto, te guste esquiar o ir a la playa.

Me encanta esto último, así que por años compré fines de semana de tiempo compartido en casas de playa para familias de n solo padre. Igual que mi regla de “no estudiantes”, nunca salí con un compañero de casa. Sin embargo, cuando jugábamos a las adivinanzas o hacíamos barbacoas con otros en la comunidad, conocí algunos hombres con quienes salí cuando regresamos a la ciudad.

La ventaja de conocer a alguien en las vacaciones es que ambos han “preseleccionado” intereses similares y lo que les resulta cómodo. Una amiga conoció a su futuro esposo al acercársele en la piscina de un complejo turístico y preguntarle: “¿Cómo alguien puede esquiar con esto?” Otra, una ciclista asidua, conoció a su futuro esposo durante un viaje en bicicleta por Francia. (Durante mi único viaje en bicicleta, por Nueva Inglaterra, el único hombre que llegué a conocer fue el conductor del coche escoba).

5. En el trabajo voluntario. Escoge una actividad que te interese y que resulte propicia para la interacción. Leerle a un niño pequeño en un cuarto de hospital puede ser gratificante, por ejemplo, pero también es una actividad que tiende a aislar al voluntario. En comparación, preparar comida en una cocina comunitaria o tocar el piano en un centro para adultos mayores —ambas actividades que he realizado con amigos— brindan muchas oportunidades para conocer a otros voluntarios. Lo mismo ocurre con recaudar fondos, envolver regalos navideños y enseñar nuevas habilidades.

6. En aviones, trenes y automóviles, o esperándolos. Es fácil (o por lo menos lógico) empezar una conversación con un compañero de asiento; por lo menos, tienen en común el lugar a donde se dirigen. O puedes comenzar hablando sobre el libro o la revista que lees, o tus vacaciones a punto de comenzar (o de terminar). Hasta ofrecerte a compartir tus refrigerios para el viaje es una buena manera de romper el hielo.

Mi amiga Leslie conoció a Paolo, su futuro esposo, cuando se sentaron juntos en un avión que iba a San Francisco. Ella iba a una conferencia. Paolo vivía allá. Cuando el avión aterrizó, le preguntó a Leslie si tendría tiempo para cenar o ir de paseo. “Ambas cosas”, le dijo ella. Eso llevó a una relación a larga distancia y una mudanza a San Francisco, donde festejaron su décimo aniversario este año.

Un conocido mío, Bob, estaba sentado en un banco en la Penn Station de Filadelfia mientras esperaba el tren para Washington, y empezó a conversar con una mujer sentada a su lado. Se enteró que ella, una fanática del teatro como él, iba rumbo a Nueva York. Luego descubrieron que ambos eran lectores asiduos y baby boomers a quienes les encantaba la música de los 60. Hablar con ella resultaba tan natural que Bob sintió que le había llegado el momento. En realidad, era el momento de abordar el tren, pero tuvo suficiente sangre fría para pedirle su teléfono. Una llamada, 25 años y cinco hijos después, están casados y todavía conversan (y viajan).

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