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Bryan Cranston: lo que ahora sé

El ‘Sneaky Pete’ de la vida real nos habla sobre su perdurable ética laboral, las picaduras de abeja en un lugar desafortunado y la razón por la que sigue expandiendo su círculo.

El actor Bryan Cranston.

Kwaku Alston

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El verdadero ‘Sneaky Pete’

Mis padres estuvieron casados hasta que yo tenía 11 años. Mi papá solía ser uno de nuestros entrenadores de béisbol infantil o algo parecido. Colgábamos las luces navideñas y jugábamos en el patio con nuestros vecinos. Fue una buena vida hasta que mi papá, quien también era actor, tuvo la típica crisis de la mediana edad. Tuvo amantes; mi madre se volvió alcohólica y dedicaba su tiempo y energía a enamorar a los hombres; era como Blanche DuBois. Para mí era fácil manipularla porque ella no se metía mucho en mi vida. Nunca se fijó en ninguno de mis boletines de calificaciones, ni hablamos de lo que haría después de la secundaria. Mi tío me apodó “Sneaky Pete” (Pete el astuto) [lo que luego inspiró a Cranston a cocrear y desempeñar un papel principal en el programa epónimo de Amazon], porque me las arreglaba para no rendir cuentas. En la secundaria, tuve la osadía de acercarme a un maestro y preguntarle: “¿Qué debo hacer para sacar una C?”. Solo puedo imaginar lo mucho que eso impacta la armadura de un maestro. Me recuerda un momento del episodio piloto de Breaking Bad, cuando levanté la vista y vi aquel mar de alumnos a quienes no les importaba nada.

Vida de motociclista

Mi hermano y yo hicimos un viaje en motocicleta por dos años a mediados de la década de los setenta, durante el cual buscamos trabajo por el camino. Siempre que veíamos una feria ambulante, nos deteníamos. En esos lugares siempre había puestos vacantes porque son tan pasajeros; además, no nos pedían llenar papeles. Los trabajadores de la feria conocen los quioscos de juegos como “joints”. Si usábamos esa jerga, nos contrataban. Hay tres tipos distintos de quioscos. Uno en el que ganar es imposible, pero el premio es muy bueno. Es casi imposible ganar el juego de pegarle a la estrella roja con una ametralladora. Hay otro en el que no es tan fácil empezar, pero puedes seguir intentándolo hasta conseguir un premio bastante bueno. Eso es cuando juegas mucho. Y luego, hay uno en el que piensas: “Oye, puedo hacerlo”, pero el premio vale cinco centavos y gastas un dólar y medio para jugar. Después del horario normal, luego de que cierran la feria, había una especie de festejo sexual alocado.


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Descubrir su vocación

Mi hermano y yo en realidad no tuvimos un padre, y por eso subconscientemente nos acercábamos hacia figuras paternales. Para un joven, los agentes de policía eran algo muy masculino. Yo me metí en el Programa de los Exploradores de la Policía. Parecía una opción hecha a mi medida. Como no tenía dinero, planeaba ir a una universidad de dos años, luego ir a UCLA para seguir estudiando administración de justicia y después ingresar al Departamento de Policía de Los Ángeles. Tomé un curso de actuación. Durante la primera semana, me tocó practicar con una muchacha muy bonita como pareja. El guion decía: “Una pareja joven se besa en un banco del parque”. Nos estábamos besando y pensé: “¿Hacer bien mi trabajo en este curso significa besar y besar a esta muchacha, y lograr que parezca verosímil? Eso nunca pasaba en los cursos de ciencias policiales”.

Trabajar, trabajar, trabajar

Soy de clase trabajadora. De niño, viví con mis abuelos por un año. Me hicieron dejar de ver televisión, y pensé: “Esto será horrible”. Pero no me hizo falta. Tuve un trabajo en la granja de al lado recogiendo huevos, y me encantó tener un empleo y responsabilidades. Donde ellos, se mencionaba un cumpleaños o un logro, y luego se regresaba a trabajar. Nunca nos dimos el lujo de descansar por un logro. Eso me ayudó muchísimo como actor cuando tenía poco más de 20 años. Cuando tienes una audición, siempre habrá otros con más talento. Y siempre habrá otros con menos talento. Y en qué lugar de esa escala te encuentras, ¿quién sabe? Pero lo que puedes controlar es la cantidad de tiempo y energía que le dedicas a tu trabajo. Yo siempre juré que nadie trabajaría más que yo. Que yo siempre estaría preparándome, preparándome, preparándome. Cada vez que oigo de actores que se drogan, consumen alcohol, van a fiestas o se van de vacaciones en vez de dedicarse a practicar para su trabajo, pienso: “Vaya, pues bien. Sigan adelante”.

Encontrar el núcleo de un personaje

Cuando estoy recopilando ideas para interpretar a un personaje, al principio pienso: “Ah, puedo usar este rasgo o aquella pequeña manía”. Y los colecciono casi como si estuviera armando un ramo de flores. Y luego pienso: “Me parece demasiado. Quitaré algunos de estos detalles”. Puede ser el peso, la barba o el bigote, las ojeras debajo de los ojos. Además, siempre escribo una historia de fondo estilo monólogo interior para un personaje. ¿Dónde nació? ¿Cómo era su situación económica? ¿Cómo era su relación con sus padres? Lo escribo en una libreta. De esa forma, me siento más conectado con ese personaje.

Decir que sí (y que no)

Nunca rechacé nada de lo que se inventaban los guionistas de Malcolm in the Middle. Linwood Boomer [creador del programa] me dijo, al principio: “Nunca te pediré que hagas algo que yo no haría”. Pero luego una vez dijo: “A modo de introducción, te digo que yo no haría esto. Pero ¿llevarías puestas 10,000 abejas?”. Contesté: “Vaya. Qué genial”. Durante ese año en el que viví con mis abuelos, teníamos colmenas. Por eso, no tenía miedo. Descubrí que si llevas puestas 10,000 abejas, cuando te pican, no te sorprendes en absoluto. Y la mayor parte del dolor de una picadura de abeja proviene del elemento sorpresa. Pero en Malcolm, una abeja se me metió en los pantalones. El apicultor en el plató había dicho: “Si te pican, avísame para raspar el aguijón”. No se debe apretar un aguijón, porque así entrará más veneno al cuerpo. Dije: “Creo que me picaron”. Y él estaba listo. “¿Dónde?”, preguntó. Contesté: “En los testículos”. Él respondió: “Perdón, pero tendrás que hacerlo por tu cuenta”.

Los competidores llegan a ser colegas

Cuando eres veinteañero, un montón de aspirantes a actor van a Hollywood o Nueva York para intentar conseguir trabajo. A los treinta y tantos años, quedan muchos menos de ellos; a los cuarenta y tantos años, todavía menos. Ahora, a los 66 años, miro a mi alrededor y los que quedan son más que nada amigos. Dices cosas como: “Oye, te vi en ese papel. Estuvo muy bueno. Me alegro por ti”. Es muy probable que yo también haya competido para que me dieran ese papel, pero eso no importa.

Liberarse de la ropa

Mi tío vivía en una comunidad nudista en Florida, donde varias veces fuimos de visita. Le decíamos nuestro tío desnudo. Personalmente, me gusta el hecho de que la mayoría de las personas usan ropa, porque hay muy pocas personas en este mundo a quienes me interesa ver desnudas. Pero entiendo la sensación de libertad de los nudistas y que ellos no quieren tener restricciones. Por suerte, en Tampa el clima era cálido, y era ahí por donde andaban sueltos, en sentido literal y figurado.

Guardar silencio

Cuando me presenté ocho veces por semana en Broadway —una obra de tres horas en la que hice el papel de un Lyndon B. Johnson (LBJ) furioso—, perdía la voz. En esa época, Audra McDonald se presentaba en Porgy and Bess. Le dije: “¿Cómo lo logras, ocho presentaciones por semana, cantando tan alto?”. Ella contestó: “No hables”. Entonces empecé con los “lunes silenciosos”, en los que le escribía notas a mi esposa para comunicarnos y no hablaba. Esos lunes silenciosos me dieron una perspectiva de lo mucho más tranquila que puede ser la vida si no me la paso hablando por teléfono. Mi nivel de energía simplemente bajaba a neutral, casi como estar en un auto que está prendido y en reposo. Una vez, estaba sentado en Central Park. Miré a mi alrededor, y vi una colina y los detalles de un puente en los que nunca me había fijado.

Interpretar el papel de Lyndon B. Johnson

Resulta chistoso; después de interpretar a un personaje, permanece contigo. Cuando oigo decir que LBJ es poco agradable, me enojo. Es como si me estuvieran diciendo a mí que soy poco agradable. Si juzgas a tus personajes, los estás percibiendo de forma objetiva, y eso se debe evitar.

El actor Bryan Cranston sentado en un taburete.

Kwaku Alston

Actualizarse

A medida que envejecemos, nos encontramos cada vez menos en situaciones en las que somos principiantes. Pero es muy importante aprovecharlo, seguir expandiendo tus círculos. La tendencia es cerrar el círculo y decir: “Esto es lo que hago. Y fuera de ese círculo está lo que no hago”. Y tu círculo se empequeñece. Puedes hasta llegar a decir: “A esta hora, me acuesto, y a esta, como”. Es importante seguir expandiéndose para estar dispuesto a tener nuevas experiencias.

Diseñar una casa

Diseñé una casa de playa con certificación LEED Platino. No tiene chimeneas ni aire acondicionado. Tiene puertas de vidrio de 9 pies de altura, y cuando se abren, el mar está ahí mismo. Ya la vendí, y no me arrepiento. El proceso me resulta divertido. No es solo cuestión de llegar a la meta y luego permanecer ahí.

Regalar las cosas

No necesito chaquetas con los nombres de los programas en los que actué. No puedo usarlas porque son como carteles publicitarios cuando ando por ahí, pues llaman la atención. Tengo mis artículos de recuerdo guardados en un lugar. Cuando las organizaciones benéficas me piden algo para subastar, los saco de ahí. Hay tantas cosas que tuve que alquilar un depósito, con estantes en todas las paredes. Todos los meses, voy allá y saco objetos para regalar. A veces, un talismán adecuadamente pequeño me conecta con algo. Sí tengo mi sombrero de Heisenberg de Breaking Bad. Está guardado en un exhibidor en una oficina. Nosotros no colocamos esas cosas por la casa, los premios Emmy y los objetos por el estilo. Todo eso está guardado en una habitación. En algún momento, eso también lo regalaré.

Las calificaciones de Cranston

Gracias a una suerte increíble, ahora en vez de tener que andar buscando proyectos, me los mandan. Asigno puntajes numéricos a cada aspecto de un guion. Eso me ayuda a analizarlo de forma objetiva. La categoría con la máxima prioridad es la historia. ¿Cuenta algo que perdura, o es fugaz? Cualquiera de las dos puede estar bien, porque un arcoíris es lindo. Después, el personaje. ¿Es el personaje alguien a quien puedo interpretar? ¿Es alguien esencial para la narrativa? No se trata del tamaño del papel, sino de su importancia. Porque quiero ser una pieza que haga avanzar la historia. Luego me fijo en el director. ¿Cómo es la visión del director? Después veo quién más está en el elenco. Luego pienso en mi familia. ¿Los afecta, o crea una oportunidad? Si yo estuviera en un rodaje en Europa, Suramérica, Italia o África, ¿podríamos irnos de vacaciones en familia? Creo que el salario ya lo quité de la lista. Si alguien tiene la suerte de contar con seguridad económica, no entiendo por qué tendría que estar persiguiendo un sueldo.

La experiencia vale más que los objetos

A medida que me vuelvo mayor, los objetos cada vez significan menos para mí. Tengo 66 años. Antes tenía archivos para todo. No hace falta que guarde ese material sobre este sendero para caminar. Lo tengo disponible enseguida. Me deshago de toda esa carga para poder andar más rápido por la vida.

En un matrimonio, hay que esforzarse

Llevamos 33 años de casados. Y como cualquier ser vivo, hay que seguir cultivándolo. Robin lee todos los guiones que estoy contemplando, y me da sus opiniones. Ella puede vetar un proyecto.

No siempre se trata de mí

Estoy actuando en una obra llamada Power of Sail. Trata de la conversación que se está dando y que debe continuar para que la equidad entre todas las personas se acoja. Sobre todo para un hombre blanco, es decir: “Debo apartarme y abrir espacio para las voces emergentes a fin de que haya igualdad”. No la hemos tenido. Este no es el momento de que un hombre blanco de mayor edad diga: “Escuchen mi voz”. Es el momento de decir: “¿De qué no me he dado cuenta? ¿Cuáles son mis puntos ciegos?”. Como mencioné antes, es aceptar el desafío de ser principiante.

Un escape es bueno

Tomé la decisión de actuar en Jerry and Marge Go Large (enlace en inglés) mientras estábamos en confinamiento. Me alegro mucho de haberlo hecho, porque es una historia real muy buena que contar sobre Jerry Selbee, un tipo que (junto con amigos y familiares) se inventó una manera legal de ganar un premio grande de lotería. Fue inspirador. Fue dulce. Fue un contraste tan agradable comparado con los problemas actuales de nuestra sociedad. Una forma de entretenimiento con la que el público puede distraerse por un par de horas es verdaderamente valiosa. Unas minivacaciones para el cerebro. Esto no cambiará el mundo, pero puede cambiar las próximas dos horas. Y eso es suficiente.

Según lo relatado a Joel Stein

Bryan Cranston, de 66 años, protagoniza la película Jerry and Marge Go Large con Annette Bening, transmitida por Paramount+.