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Vota: temas críticos como Medicare y el Seguro Social están en juego

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Cómo salvar el Medicare

¿Puede la reforma del sistema de salud quitar miles de millones de dólares del programa sin recortar los beneficios?

In English | Los partidarios alborozados coreaban “¡Medicare! ¡Medicare!”, después de que la demócrata Kathy Hochul sorprendiera al mundo político con su inesperada victoria, en una elección especial en el conservador distrito electoral 26, por una banca que los republicanos habían conservado durante 154 años con sólo 16 de esos años perdidos. El coro reflejaba el hecho de que Hochul había realizado una enérgica campaña en contra del controversial plan de los republicanos para modificar Medicare. Su triunfo de mayo, que llegó desde atrás, fue ampliamente considerado no sólo como un rechazo a ese plan, aun entre muchos votantes republicanos, sino también como un indicador de que la nueva batalla por Medicare será un tema definitorio en las elecciones del 2012.

Vea también: Reduzcamos el déficit sin afectar al Seguro Social

Los manifestantes contra el corte de Medicare tienen carteles que decían: Cortan las manos de mi seguro de salud.

Foto: Alex Wong/Getty Images

Activistas portan carteles solicitando a los republicanos que no acaben con Medicare.

“Mantendremos la promesa que les hicimos a nuestros mayores, que han aportado a Medicare durante toda su vida, para que puedan contar con atención médica cuando más la necesiten”, declaró Hochul, de 52 años, durante la celebración de su victoria. Inmediatamente, los estrategas demócratas comenzaron a planear cómo hacer campaña en contra del plan del Partido Republicano para Medicare, en los casi 100 distritos que competirán por bancas de la Cámara de Representantes en el 2012, soñando, incluso, con enviar de vuelta a su hogar en Janesville, Wisconsin, a su autor, el presidente del Comité de Presupuesto de la Cámara de Representantes, Paul Ryan.

El plan Ryan

El plan de Ryan —aprobado por la Cámara de Representantes controlada por los republicanos como parte de las propuestas de presupuesto, pero rechazado en el Senado— intenta terminar con Medicare como programa administrado por el Gobierno para todos los que se tornen elegibles para el programa después del 2021, reemplazándolo por un plan de cupones conocido como “subsidio de prima”. Ese sistema proporcionará a los nuevos beneficiarios un subsidio gubernamental para que contraten su propio seguro privado en el mercado abierto.

Ambos partidos ya están maniobrando para presentar el tema según cómo sus respectivos estrategas esperan atraer al votante en las elecciones del 2012. Los demócratas pintan el plan Ryan como “el fin de Medicare tal como lo conocemos” y sostienen que transferirá más costos a los adultos mayores y discapacitados. Los republicanos retratan al plan como el medio necesario para poner freno al gasto gubernamental y reducir la deuda nacional. Hasta ahora, dentro del marco del debate por el déficit actual, el mensaje del Partido Republicano presenta una cruda disyuntiva: terminar con Medicare como un programa al que todos tienen derecho o llevar el país a la quiebra.

Pero, más allá de la retórica política, los expertos en políticas de salud afirman que, si bien es cierto que hay que frenar el gasto de Medicare, eso se podría lograr con soluciones menos radicales. También señalan las ironías políticas inherentes al plan Ryan. Este plan se basa en el establecimiento de intercambios de seguros médicos en los estados y en la provisión de subsidios adicionales para los beneficiarios de bajos ingresos, dos características que están contempladas en la Ley de Cuidado de Salud a Bajo Precio, la nueva ley de reforma del sistema de salud que los republicanos quieren revocar.

Siguiente: Los detalles del plan Ryan >>

“El plan Ryan no es una opción viable”, sostiene Alice Rivlin, experta en políticas fiscales que fue la primera directora de la Oficina de Presupuesto del Congreso y, recientemente, integrante de la comisión bipartidista creada por Obama para el tratamiento de la deuda pública. Sin embargo, “lo primero que hay que reconocer es que efectivamente tenemos un problema. La situación actual no es una opción que pueda mantenerse mucho más tiempo”, agrega.

El último Informe del Consejo de Administración de Medicare predijo que el fondo fiduciario del seguro hospitalario —adonde van los impuestos sobre la renta de los trabajadores— comenzará a quedarse sin fondos para el año 2024. En los próximos 18 años, la generación boomer (los nacidos entre 1946 y 1964) que se jubilará, duplicará el número de beneficiarios de Medicare. Y, a menos que se contengan los costos, el programa se comerá una parte significativa, y cada vez mayor, del presupuesto nacional.

El plan Ryan es “severo” porque Ryan “intenta resolver el problema del déficit en su totalidad, sólo recortando gastos”, señala Rivlin. Sin embargo, “un buen plan bipartidista contemplará una combinación de fuerzas de mercado y regulaciones, recortes en los gastos y aumentos en la recaudación”. John Rotter, vicepresidente ejecutivo de políticas de AARP, concuerda en que “ninguna estrategia única será suficiente”.

Entre otras soluciones propuestas para el financiamiento de Medicare se encuentran: incrementar el fondo fiduciario con un pequeño aumento del impuesto sobre el salario de los trabajadores, que actualmente es del 1,45 %; elevar la edad de elegibilidad por encima de los 65 años; recortar los pagos a los prestadores de cuidados de la salud; y permitir que Medicare negocie en forma directa precios más bajos por los medicamentos recetados.

“Todas estas propuestas son poco atractivas políticamente”, señala Rother, especialmente cuando la dirigencia republicana ha trazado un límite para cualquier aumento de impuestos, e incluso la eliminación de los recortes fiscales de Bush para los sectores de ingresos más altos. “Sin embargo”, añade Rother, “es necesario hacer algo”.

Medicare y el sistema de salud más grande

De un modo más abarcador, Rivlin y otros analistas creen que Medicare debería ser considerado como parte de un sistema de salud defectuoso que debe ser administrado de manera más eficiente en su totalidad. Robert Reischauer, presidente del Urban Institute y exdirector de la Oficina de Presupuesto del Congreso, afirma que para hacer que Medicare sea más eficiente “hay que cambiar el sistema que nos brinda atención médica a todos. Y esto no puede hacerse simplemente implementando cambios en Medicare”.

Algo primordial para esta idea es modificar el sistema de pagos recompensando a médicos y demás prestadores por la calidad de la atención, en vez de hacerlo por la cantidad de prácticas, como sucede actualmente. Este cambio —propuesto durante años por el Comité Asesor de Pagos de Medicare, que asesora al Congreso en relación con el financiamiento de Medicare— fue incluido en la nueva ley de reforma del sistema de salud.

La nueva ley también establece una IPAB (Junta Asesora Independiente de Pagos) con potestad para evaluar los tratamientos médicos y modificar los reintegros a los prestadores a fin de mantener los costos bajos. Los republicanos ven esta junta como un medio para racionar el cuidado de la salud, y a menudo la presentan como la única “solución” de los demócratas para contener los costos, pese a que la ley prohíbe específicamente el racionamiento.

La ley apunta a enlentecer el crecimiento de los costos de Medicare al otorgarles a los prestadores de cuidados de la salud aumentos menores en los pagos anuales, medida que se estima, permitiría ahorrar $500.000 millones ($500 billion) en 10 años, sin recortar los beneficios. Si eso se cumple —y el Congreso no retrocediera ante la intensa presión de los prestadores—, los miembros del Consejo de Administración y el actuario jefe de Medicare, Richard Foster, predicen un mejor futuro respecto de la solvencia a largo plazo del programa. También sostienen que Medicare le costará al Gobierno mucho menos de lo que le costaría en cualquier otra circunstancia.

La nueva ley “implementa algunas reducciones [de costos] muy importantes en el programa, y el debate [actual] parece ignorar por completo este hecho”, señala Reischauer. Del mismo modo, prosigue, el plan Ryan incluye “muchas de esas cosas a las que los republicanos se opusieron en la Ley de Cuidado de Salud a Bajo Precio”, como, por ejemplo, los intercambios de seguros de salud.

¿Qué hay del argumento de Ryan de que su plan no cambiará en nada a Medicare para las personas que actualmente tienen más de 55 años? Los expertos dicen que esto no es del todo cierto. Al revocar la nueva ley de reforma del sistema de salud, el plan eliminaría los nuevos y populares beneficios de Medicare, como los estudios gratuitos, y ya no eliminaría el período sin cobertura, conocido como “doughnut hole”, de la Parte D del programa. Por otra parte, con el tiempo, al reducirse la cantidad de gente para compartir los costos del programa dentro de ese grupo de riesgo, los beneficiarios de Medicare tradicional tendrían que pagar primas más elevadas.

Siguiente: Cincuenta años de lucha sobre Medicare >>

Continúa el “tira y afloja” político

Al final, el futuro de Medicare inevitablemente cae en la política, más que en la póliza. El plan de Ryan “es tan sólo una batalla más en una guerra que lleva 50 años”, afirma Jonathan Oberlander, profesor de Medicina Social y Políticas de Salud en la University of North Carolina, de Chapel Hill, e historiador de las políticas de Medicare. “Es un continuo déja vu”.

Desde que Medicare se convirtió en ley, en 1965, demócratas y republicanos han luchado ideológicamente respecto de su estructura: mientras los liberales apoyan el programa como un sistema de seguro social administrado por el Gobierno, los conservadores prefieren un sistema de seguros privados como alternativa.

Es por eso que, en el 2010, el Partido Republicano fomentó la oposición a la ley de salud del presidente Obama entre los estadounidenses mayores, del mismo modo en que, ahora, los demócratas están intentando incendiar el plan de Ryan para Medicare, que, según recientes encuestas, también se ganó el repudio de la mayoría de los adultos mayores.

Oberlander sostiene que el plan de Ryan es el cambio más radical que se haya propuesto alguna vez, debido a que “destrozaría el valor de Medicare” al exigirles a los beneficiarios que se hagan cargo de un porcentaje del costo mayor que el que pagan actualmente. También reducirá las posibles opciones para los futuros adultos mayores, al eliminar Medicare tradicional como una alternativa, señala.

En la actualidad, tres de cada cuatro beneficiarios eligen el programa tradicional —en el que pueden recibir atención médica de cualquier prestador que acepte a pacientes beneficiarios de Medicare, en cualquier lugar del país— en vez de los planes privados locales o regionales que se ofrecen como alternativas. Estos otros planes, conocidos colectivamente como Medicare Advantage, fueron promovidos por los republicanos, estando ellos en el poder, con la esperanza de que los costos más bajos y los beneficios adicionales que brindaban mantendrían a los beneficiarios alejados de Medicare tradicional, permitiendo que el programa se “marchitara en la vid”, como reza la famosa frase de Newt Gingrich.

Sin embargo, el Gobierno sólo logró los mejores acuerdos pagando a los planes, por cada inscrito, más que lo que pagaba por los beneficiarios en el programa tradicional, y los demócratas, a través de la nueva ley de salud, están reduciendo estos pagos excesivos como otra manera de bajar los costos de Medicare.

La división ideológica es igualmente amplia entre los grupos de expertos que estudian los temas de salud. En tanto la mayoría de los grupos de expertos liberales sostienen que el plan de Ryan es muy extremo, sus contrapartes conservadoras afirman que no profundiza lo suficiente.

De este modo, la guerra filosófica se intensifica, aunque es poco probable que se resuelva antes de las elecciones del 2012, si es que alguna vez se resuelve…. “Creo que, al menos por una década, presenciaremos reiterados enfrentamientos en relación con Medicare”, señala Oberlander. “Esta cuestión no está resuelta”.

Marsha Mercer es una escritora independiente, que cubre temas políticos y de políticas en Washington. Patricia Barry escribe sobre Medicare para el Bulletin.

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