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Las 12 cosas que nunca (más) haré durante las Navidades

La perspectiva de nuestra ensayista.

In English | Cada año comenzamos cada vez más temprano —algo que, cuando se trata de exagerar, es, por supuesto, redundante—. Monstruos geniales están en exhibición para el Día del Trabajo, y Santa espanta a los zombis de las tiendas antes de que caiga un solo copo de nieve.

Por favor créanme, mis queridos lectores, sé por experiencia lo que es la exageración.

visiting with santa - author Jaquelyn Mitchard does away with certain holiday traditions

Foto por Paul & Lindamarie Ambrose/Getty Images

Algo que no haré más: ir a ver a Santa.

En Navidades pasadas, he decorado los pasillos, pero también los dormitorios. He decorado los baños, aunque no con fundas de ganchillo para el papel higiénico. (Aun cuando no tenía límites, tenía mis límites). En el pueblito donde una vez viví, convencí al cuerpo de bomberos a darse "una pasadita rápida" (bueno, así les dije) con su camión para permitirme usar la escalera y engalanar un árbol perenne del patio con bombillos tan antiguos que, estoy segura, constituían un riesgo de incendio. El tronco de Navidad más largo que he elaborado midió más o menos 30 pulgadas. Y ni hablar de las tres ingeniosas paredes de luces y sonido que junto con mi hijo —que entonces tenía 15 años— sincronizamos con la música de Mannheim Steamroller (tan navideñas pero no tan increíbles como las Christmas Lights Gone Wild (Luces locas de Navidad; enlace a un video en inglés).

La maqueta de mi casita de Navidad toma el espacio de tres estantes para libros. Está compuesta de 92 piezas individuales y 14 figuras que se posan en la nieve; incluyendo una en una patineta y otra que está embarazada.

Pero hoy en día, caramba, soy tan elegante y moderada que no me reconocerían. Pues ahora soy sabia, como los Reyes Magos. Me di cuenta de que era mucho mejor encender sólo una pequeña velita que saltar cuatro fusibles cada noche.

Ahora hago cosas más sabias que jamás había hecho: casi todas están relacionadas con una sola palabrita que empieza con la letra M.

Menos.

Sólo para refunfuñar un poco, voy a compartir unas cuantas cosas que quizás hice alguna vez, pero que ahora no haría ni por un bastón de caramelo mojado en champán.

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1. Ir a ver a Santa. No iría a ver a Santa con mis hijos ni sus hijos al Polo Norte. Ni siquiera a Macy's. El año pasado, Santa llegó en un Dodge Caravan, comiéndose un sándwich de jamón. Mi sobrino, de 7 años, comentó que el Viejito Pascuero debería haber estado fumando esa famosa pipa cuyo humo rodeaba su cabeza como una corona, porque olía como un cenicero.

2. Disfrazarme de duende. No me disfrazaría de duende especialmente si los pantalones del disfraz fueran la parte de abajo de un bikini de duendes. No, no me disfrazaría, especialmente si fuera hombre.

3. No aguantaría que nadie tocara esa canción en la cual los renos arrollan a la abuela. Sí, verdaderamente, y al parecer contradictoriamente, no me disculpo por tocar 20 veces seguidas A Charlie Brown Christmas (La Navidad de Charlie Brown) de Vince Guaraldi o la interpretación de "The Twelve Days of Christmas (Los doce días de Navidad)" de Bob y Doug McKenzie. Y dicho esto, si usted desea escuchar esa canción de los zapatos de Navidad, tóquela en su propio automóvil con las ventanas cerradas. No es lo mismo que escuchar "Scarlet Ribbons (Cintas rojas)". Este es mi ensayo, y por eso puedo decirlo.

4. Hacer que mis hijos se vistan con suéteres iguales. Regalarles a mis hijos suéteres iguales al mío.

5. Regalarle a cualquier niño un animal de peluche. La verdad es que los niños aman a un solo animal de peluche en su vida. Los demás terminan sosteniendo las paredes de las agencias Goodwill.

6. Regalarle un pan amish de la amistad a una persona que yo realmente aprecie, o una torta de frutas o esas cajas gigantescas con cuatro paquetes de ocho panecillos ingleses del tamaño y grosor de los neumáticos de una cosechadora.

7. Insistir que realmente no me importa en lo más mínimo tallar calabazas y elaborar pasteles con su contenido.

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8. Escribir una carta navideña que sólo cuenta la verdad a medias. Estamos encantados de que Connor esté de nuevo en Brown University, con mucha dedicación y una nueva perspectiva de la vida (la novia de Samoa con los siete hijos lo dejó). Y mi madre Erika, presidenta ejecutiva, está trabajando hasta muy tarde desde que la ascendieron (Thor, su musculoso asistente personal, es absolutamente guapo). La pequeña Tannis nos sigue asombrando con sus excelentes notas en su clase de inglés avanzado (papá se trasnocha esperando para ponerse al día con lo que está pasando con mamá y Thor, así que más vale que aproveche esa licenciatura en escritura creativa).

9. Escribir una carta navideña, si vamos al caso.

10. Enviar una postal de Navidad. Estudios han demostrado que una vez recibidas, las postales de Navidad se desechan en menos de 11 segundos.

11. Aconsejar sólo un poco sobre cómo cortar el pavo.

12. Jugar una partida de Twister sin ponerme un cinturón.

Y una última cosa. Nunca dejaré de hacer las galletas navideñas absolutamente más deliciosas de la Tierra: las galletas tutus. Tienen tantos ingredientes como una bomba de hidrógeno, y tendrán el mismo efecto sobre su familia, que rogarán por la receta y se abalanzarán sobre ellas, comiéndoselas todas, asombrados ante su destreza. Entonces usted insiste que no usa una receta… lo tiene todo guardado ahí mismo bajo su gorrito tejido, dentro de su cabecita.

Y aquí está:

Galletas Tutus

5 1/2 tazas de harina

1 cucharadita de bicarbonato de soda

1 cucharada de polvo de hornear

1/4 cucharadita de sal

1/2 taza de cacao en polvo (sin endulzar)

3/4 taza de azúcar granulada

1/2 taza de azúcar morena

1/2 taza (1 barra) de mantequilla

1/2 taza de manteca vegetal

1 taza de nueces picadas gruesas

3 huevos, ligeramente batidos

1 cucharada de extracto de vainilla

1/2 taza de café percolado, a temperatura ambiente

Azúcar o granas de colores para el glaseado

Siguiente: Receta sobre la preparación »

En un tazón grande para mezclar, combine la harina, el bicarbonato de soda, el polvo de hornear, la sal, el cacao, el azúcar granulado y el azúcar morena. Revuelva bien. Agregue la mantequilla y manteca vegetal e incorpórelas con las manos o un mezclador de masa manual, igual que si estuviera elaborando una masa de base para tartas o pasteles, hasta que la mezcla tome la consistencia de harina de maíz gruesa. Incorpore las nueces.

En otro tazón, combine los huevos, la vainilla y el café. Agréguelos a la mezcla de harina. Revuelva bien. Forme bolas de masa de un diámetro de aproximadamente 3/4 de pulgada. Colóquelas en una bandeja para hornear galletas sin engrasar. Hornee a 350 ºF por 10 o 12 minutos hasta que estén ligeramente doradas.

Prepare el glaseado. Tome varias galletas a la vez y báñelas en el glaseado, dándoles vueltas con la mano hasta que queden completamente cubiertas. Sacúdelas y deje escurrir lo que sobra sobre el tazón. Coloque las galletas sobre rejillas de alambre para dejarlas secar de 3 a 6 horas.

Espolvoree sobre las galletas el azúcar o granas de colores inmediatamente después de colocarlas sobre las rejillas.

Glaseado

1/2 taza de leche, 1 1/2 libras de azúcar impalpable (aproximadamente 6 tazas), 1 cucharadita de vainilla

En un tazón, revuelva la leche con el azúcar impalpable. Añada la vainilla. Mezcle hasta obtener una mezcla homogénea. Añada más leche si se necesita para lograr una consistencia clara (un poco más gruesa que el sirope de arce).

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Jacquelyn Mitchard, autora de 21 libros, vive cerca de Madison, Wisconsin, con su familia. Su última novela es Second Nature: A Love Story (Segunda naturaleza: Una historia de amor).

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