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Cambiarse a un sitio más pequeño tras jubilarse

El alto costo de mudarse es monetario y también en preocupaciones.

In English | Mudarse a un sitio más pequeño después de jubilarse puede ser traumático. No sólo eso, sino costoso. Lo sé muy bien. Mi esposa, Sara, y yo lo hemos hecho dos veces.

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Ursula Klawitter/Corbis

Una mudanza puede ser muy costosa, a menos que tenga nietos que lo ayuden.

La primera vez fue cuando nos mudamos de una casa de cinco dormitorios a un apartamento de dos dormitorios en una comunidad para jubilados. Andábamos por los 60 años, trabajábamos muchas horas en empleos muy exigentes. Sara estaba cansada de todo el trabajo que exige una casa grande. Yo no quería tener que seguir podando el césped, recogiendo hojas y quitando la nieve.

Ahora, 20 años más tarde, hemos simplificado nuestra vida una vez más. Ahora alquilamos un apartamento de una habitación en una residencia de vida independiente que incluye las comidas. Ya no tenemos que preocuparnos por ir al supermercado ni por cocinar.

Pero nos costó bastante llegar a eso, tanto en dinero como en preocupación. A continuación algunas cosas que deben tenerse en cuenta antes de hacer un cambio similar.

Su antigua casa. Si es dueño de su vivienda actual, es posible que tenga que venderla o alquilarla antes de mudarse. Pero, debido a la crisis del mercado de bienes raíces, vender no será muy fácil. Piense muy bien sobre el peligro de tener que pagar dos hipotecas al mismo tiempo, si decide mudarse antes de vender su casa. Sara y yo nos libramos de ese problema cuando decidimos alquilar nuestro apartamento en lugar de venderlo, y logramos conseguir un inquilino en poco tiempo.

Costos de una mudanza. A menos que tenga una docena de nietos dispuestos a ayudarlo a empacar y a mudarse, va a tener que contratar a profesionales. El costo dependerá de cuántas cosas quiere mudar y a qué distancia. Sara y yo nos mudamos a una distancia de apenas 10 millas. Pero nos llevamos la mayor parte de nuestros muebles y 90 cajas de cosas. También contratamos a una empresa para desembalar todo, colocar los muebles en su sitio y colgar cuadros en las paredes. El costo total: unos $4.500.

El nuevo sitio. Una vez que usted se mude a su casa más pequeña, prepárese para gastar algo de dinero para que sea más cómoda. En nuestro nuevo edificio, pagamos para construir estantes adicionales y más percheros en los closets para colgar la ropa. También compramos un horno de microondas nuevo, una nueva TV y una nueva peinadora. Eso sumó unos $3.700.

Sus pertenencias. Reducir el número de objetos puede ser la parte más difícil — decirle adiós a posesiones que hemos adquirido con cariño a lo largo de los años es una tarea mezclada con tristeza y desilusión. Todavía me duele cuando recuerdo que en la primera mudanza eché a la basura docenas de álbumes con recortes de artículos políticos que había escrito para mi periódico durante 15 años.

Una vez más, en esta mudanza habíamos seleccionado las cosas que queríamos guardar y las que podíamos desechar. Era obvio que queríamos conservar los objetos relacionados con acontecimientos importantes de nuestra vida, como el nacimiento de los hijos, graduaciones, bodas y viajes de vacaciones inolvidables.

Lo siguiente: recuerdos políticos y una casa de muñecas. >>

Menos importantes eran nuestros libros. Teníamos cientos de ellos, por eso donamos la mayoría a la biblioteca local. Una excepción: libros escritos por amigos y autografiados por ellos. Entre esos estaba State of the Union, un libro de caricaturas por Herbert Block quien fue por muchos años el caricaturista del Washington Post — conocido en el mundo como Herblock. En la hoja de guarda escribió: “Para Stan, amigo y colega, con los mejores deseos de Herb Block”.

Luego, estaba mi colección de recuerdos políticos. Durante 15 años cubriendo las noticias políticas, reuní botones, distintivos, afiches, libros, programas de convenciones y más. Valoraba mi distintivo de periodista de la campaña de 1960 de Jack Kennedy.

Por suerte, mi hijo Larry y su esposa, Denice, se dieron cuenta de mi dolor y se ofrecieron para guardar la colección en su casa.

Algo parecido sucedió con la casa de muñecas de Sara, que mide 6 pies de largo, 3 pies de altura y casi dos pies de ancho. La casa está totalmente amoblada con miniaturas de calidad artesanal coleccionadas durante los últimos 10 años.

Felizmente, la familia nos salvó con esto también: mi hijo Alan y su esposa, Gina, se ofrecieron para mudar la casa de muñecas y su contenido a su casa, donde la están cuidando como un tesoro de familia.

Las pequeñas decisiones al achicar nuestra vivienda fueron demasiadas para contarlas. Por ejemplo, si vamos a vivir a un sitio donde nos dan la mayor parte de las comidas, ¿necesitamos en realidad 37 ollas, sartenes y moldes de torta? Muchos de ellos los donamos a instituciones de caridad.

¿Y qué hacer con las pinturas y las fotos en marcos? Varias de nuestras pinturas las había hecho mi madre. ¿Quién quiere regalar las pinturas de su madre? Yo no, con toda seguridad. Conservamos las pinturas de mi mamá y regalamos las otras.

Pero, aun ahora, sentado frente a mi escritorio en mi nuevo apartamento, me pregunto si hubiera podido ser más enérgico en mis esfuerzos por achicarnos. Estoy mirando mi taza de café, que es un recuerdo del concierto de Barbra Streisand en 1994. En mi antiguo escritorio tenía docenas de lápices y bolígrafos que nunca utilicé. Cuando me mudé, me deshice de los lápices y los bolígrafos pero me quedé con la taza.

Pienso que algún día quizás sea valiosa.

Stan Hinden, quien por mucho tiempo fue reportero y columnista del Washington Post, escribe el Buzón sobre Seguro Social para el AARP Bulletin.

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