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Cómo manejar las críticas negativas

El cuidar de un ser querido puede acarrear quejas, aprende a contrarrestarlas con firmeza y cortesía.

Mujer madura discute problemas con un pariente.

Daisy-Daisy/Getty Images

Es mejor invertir energía en el cuidado de tu ser querido y en tu bienestar, que “tomar a pecho” lo que piensen y digan los demás.

Ser objeto de críticas negativas no es placentero, especialmente cuando sabes que has dado lo mejor de ti en el cuidado de tu ser querido. Las críticas que no son constructivas pueden ser difíciles de manejar, en particular cuando vienen de amigos o familiares que no están involucrados en las tareas diarias de cuidado. Oír las críticas y las quejas de quien “no camina en nuestros zapatos” y no ayuda es un reto del que puedes salir airoso, con tu autoestima intacta y sin entrar en conflicto ni enfrentamiento. Aplica estos consejos básicos, la mayoría explicados en más detalle en el Stress-Busting Program for Family Caregivers™ (Programa para eliminar el estrés de las personas que cuidan a sus familiares):

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1.     Respira profundo. Respira de nuevo y haz un esfuerzo por mantener la calma, aunque te sientas atacado. Mientras respiras profundo, escucha. Controlar la respiración hace bajar la presión arterial y lentifica los latidos de tu corazón. Respirar profundo conlleva beneficios, tanto físicos como emocionales.

2.     Escucha con atención a la otra persona. El tiempo que tomas escuchando te ayudará a no ponerte a la defensiva inmediatamente. Reaccionar de inmediato, quejarse, reclamar, o iniciar una discusión a gritos no va a lograr que desaparezcan las críticas.

3.     Hazle saber a la persona que la has escuchado y te gustaría oír sus sugerencias. Tal vez no te interese su opinión, pero puedes evitar un disgusto. Generalmente quien critica sabe que sus críticas pueden generar peleas; así que cuando escuchas y pides sugerencias, puedes hacer que la persona cambie el tono completamente. Por ejemplo, si tu hermano dice: “¿Cómo se te ocurre estar bañando a papá solo dos veces a la semana? ¡Un hombre que fue siempre impecable y aseado y se bañaba todos los días toda su vida! ¡Qué negligente con tu parte!”. Tú puedes contestar, “Veo que papá te preocupa. La hora del baño le produce ansiedad, teme caerse. Su médico me explicó que bañarlo dos veces a la semana es suficiente mientras no haya estado incontinente. ¿Tienes alguna sugerencia para evitar que papá esté tan ansioso o pueda disfrutar más la hora del baño?”.

4.     Aprovecha esta oportunidad para pedir ayuda. Quien fácilmente critica tus labores de cuidado no es propenso a prestar ayuda. Pedir ayuda de esta persona puede hacer que sus críticas disminuyan. Por ejemplo, tu hija dice, “Papá, se supone que estés sacando a caminar a mamá todos los días para que se canse más y duerma mejor. Tú, también, dormirías mejor si ella lo hace, y ya te lo han dicho sus médicos”. Tú puedes contestar, “Me alegra que estés pendiente de tu madre y te importe su bienestar. Entre supervisar que no se salga de casa sola, lavar la ropa, darle sus medicamentos, cocinar, pagar las cuentas y tener la casa limpia se me pasa el tiempo tan fácilmente. ¿Qué días te gustaría venir a ayudarme para que yo pueda sacarla a caminar? ¿O preferirías salir a caminar con ella? Mira, aquí tengo una lista de todas las cosas con las que necesito ayuda; escoge las que prefieras”. Si la persona decide no ayudarte, no lo tomes de manera personal. No te está rechazando a ti sino a la idea de ayudar.

5.     Repite lo que escuchaste y hazle saber a la persona cómo te hacen sentir sus palabras. Algunas personas no miden sus palabras y no se dan cuenta de cuán hiriente puede ser lo que dicen. Esta es la oportunidad de ser asertivo. Mantén la calma y usa oraciones en primera persona (“yo” o “me”) para que, sin iniciar una pelea, puedas dar el mensaje de que lo que te acaban de decir es inaudito. Por ejemplo, tu hijo dice: “¿Por qué insistes en que ya es tiempo de pensar en un hogar geriátrico para mi padre?  Él no necesita eso, él es una persona educada y sociable y se va a sentir muy mal en uno de esos sitios. No entiendo qué te cuesta tenerlo aquí, si al fin y al cabo tú estás aquí todo el tiempo”.  Tú puedes contestar, “Cuando me dices cómo crees que debo hacer las cosas y lo que es mejor para tu padre, me siento mal y acusada. Me gustaría que aprendieras más acerca de la enfermedad de tu padre y la gravedad de nuestra situación. Así podríamos ser un equipo más efectivo. Entenderías por qué necesito ayuda y por qué se está convirtiendo en un peligro para ambos que sea yo quien lo cuide sola”.   El énfasis de esta respuesta debe estar en el “yo” para poder entablar una conversación positiva y no defensiva ni agresiva.

6.     Ten el valor de defenderte con firmeza y cortesía. Lo cortés no quita lo valiente. Algunas veces las críticas son inaceptables y hasta irrespetuosas. Entre más cortés y calmada sea tu respuesta, más grande será el impacto en la otra persona, que no se atreverá a repetir la situación. Por ejemplo, tu sobrina dice, “Pobre abuelita, estás siendo tan negligente con ella. ¡Mira nomás, tiene ese pañal mojado y este cuarto está tan desordenado! ¿No se te ha ocurrido limpiar de vez en cuando?”. Hablando despacio y en un tono de voz bajo, tú puedes contestar, “Me hace sentir muy poco valorada cuando te enfocas en las cosas que no están en su lugar y en los quehaceres que faltan por hacer, en vez de fijarte en todas las otras cosas que hago por mi madre. Cambio su pañal tan pronto veo que lo necesita; gracias por avisarme que está mojado. Hago lo mejor que puedo para que esté limpia, alimentada y segura”.

7.     Si te preguntas si estás haciendo un buen trabajo de cuidado de tu ser querido, contesta los siguientes cuestionamientos:

  • ¿Estoy haciendo lo mejor que puedo?
  • ¿Le estoy dando un ambiente seguro al ser querido a quien cuido?
  • ¿Estoy cumpliendo con las necesidades básicas de ese ser querido, como alimento, agua, e higiene?
  • Sin importar lo que me digan los demás o la persona que cuido, ¿lo sigo intentando cada día?

Si contestaste estas preguntas afirmativamente, haz caso omiso a las críticas de los demás. Estás haciendo un buen trabajo de cuidado, y tenlo siempre presente, por el bien de tu salud física y emocional. Ten en cuenta que es mejor invertir energía en el cuidado de tu ser querido y en tu propio bienestar, que “tomar a pecho” lo que piensen y digan los demás. Sin embargo, si te das cuenta que las críticas son justificadas y existe un déficit en las labores de cuidado, se honesto contigo mismo, escucha, acepta y actúa. Tal vez la primera acción a seguir sea pedir ayuda, o tal vez sea hora de buscar un relevo

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