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Estrés financiero en la familia

Pautas que pueden ayudarlo a aquietar las aguas en tiempos difíciles.

In English | En épocas de estrés financiero los valores se ponen a prueba, y los actuales boomers están en la línea de fuego. Es difícil encontrar una familia estadounidense que no haya sido tocada por la Gran Recesión, ya sea por recortes en los salarios, desempleo, la pérdida del seguro de salud, una ejecución hipotecaria o una disminución de los ahorros para la jubilación.

Súmele a esto las presiones normales que esperan a las personas que están entre los 50 y 60 años: el divorcio de un hijo o padres ancianos que necesitan atención.

“El hogar es el lugar donde, cuando llegamos, tienen que recibirnos”, escribió el poeta Robert Frost. Pero ¿es esto cierto? ¿Y cómo se decide?

Las familias que funcionan bien responden a estos desafíos con amor, consejos y apoyo emocional. Pero el asunto se dificulta cuando lo que se necesita es dinero. En qué medida ayude usted a su familia financieramente dependerá no sólo de sus ingresos y ahorros, sino también de sus relaciones familiares y  cuáles usted siente que son sus obligaciones.

La familia multigeneracional está retornando a escena. El Pew Research Center informa que, en el 2008, el 16% de la población (49 millones de personas) vivía en hogares de dos generaciones adultas, o con sus nietos. En 1980, solo el 12% lo hacía (28 millones de personas).

La recesión está acelerando está tendencia. Los adultos mayores que pierden sus empleos o se quedan cortos de ahorros tal vez no tengan otra opción que no sea la de mudarse con sus hijos. Esto incluye a viudas cuyos maridos no les dejaron suficiente dinero para vivir, y a personas mayores delicadas de salud que no pueden costear un servicio de cuidado independiente en sus propios hogares.

Los boomers tienden a pensar que la ayuda se mueve en un solo sentido: desde ellos hacia sus padres o hijos adultos.

Sin embargo, según estudios realizados por Berit Ingersoll-Dayton, profesora de trabajo social en University of Michigan y por sus colegas, la ayuda familiar también se mueve en el otro sentido.

Los abuelos pueden cuidar a los niños, hacer tareas del hogar, cocinar o llevar a la familia a comer afuera; actividades que ayudan a sus hijos a reducir los gastos. Podrían contribuir con el fondo universitario de un nieto, hacer regalos en efectivo en fiestas especiales, o pagar una renta si se mudan con sus hijos.

Al mismo tiempo, la recesión también está persiguiendo a los adultos jóvenes que han regresado a casa de mamá y papá, especialmente hombres de entre 25 y 34 años. En una encuesta de Pew Research, el 13% de los padres con hijos adultos sostuvo que la recesión había obligado a su hijo a regresar al hogar paterno en 2009, después de haber vivido en forma independiente.

Una encuesta  realizada por la firma Charles Schwab, halló que el 41% de los padres brindan algún nivel de apoyo financiero a sus hijos de entre 23 a 28 años.

Aquí es donde entran en escena los valores familiares. En lo que respecta a ayudar a hijos adultos, tal vez padres e hijos  no piensen del mismo modo.

Un estudio titulado "Ayudando a los hijos", dirigido por Frances Goldscheider, actualmente con el Maryland Population Research Center, analizó lo que los hijos y las madres creen que son sus obligaciones financieras bajo diversos escenarios.

A usted no le sorprenderá saber que, en general, los adultos jóvenes esperaron recibir ayuda más frecuentemente que lo que sus madres esperaron brindársela.

Las dos generaciones están de acuerdo en brindar apoyo para la educación, y que los hijos deberían pagar una renta si viven con ellos. Sin embargo, difieren en cuánta ayuda se les debe a los hijos que se casan o que no están estudiando.

Según el estudio, entre un cuarto y la mitad de los hijos pensaban que debía recibir alguna ayuda financiera al comenzar su nueva vida, independientemente de sus circunstancias.

Si se casaban, un poco menos de la mitad de los hijos esperaban dinero para los gastos básicos; casi una tercera parte de las hijas también pensaba así. No debe sorprender que menos de una sexta parte de las mamás estuviera de acuerdo.

¿A quiénes les dan dinero los padres con mayor agrado? Según un estudio conducido por Karen Fingerman, profesora de estudios familiares en Purdue University, los padres están más de acuerdo a hacerlo con los adultos más jóvenes, tales como los recién egresados, o a los hijos que están pasando alguna necesidad, como, por ejemplo, aquellos que tienen problemas financieros o de salud.

Sin embargo, a la hora de brindar apoyo emocional, el cuadro cambia. Los padres ofrecen más amistad, consejos y charlas a los hijos que perciben que tienen mayor potencial. Resulta más satisfactorio hablar con los "hijos buenos",  prueba real de que han sido buenos padres.

Dejando de lado la necesidad, la gran pregunta es: ¿Cuánto dinero puede dar? No es muy costoso el que un padre o un hijo se muden con usted, si hay espacio suficiente. Pero dar dinero en efectivo es otra cuestión. Usted no puede darse el lujo de vaciar su cuenta de jubilación, desviar los aportes regulares que hace a su 401(k) o cuenta personal de jubilación, ni dejar a su cónyuge corto de dinero si usted muere. Tampoco les hará ningún favor a sus hijos si se declara en quiebra cuando sea mayor.

Si le piden dinero, no responda —ni sí ni no— enseguida. Piénselo y háblelo francamente con sus hijos. A continuación, le presentamos algunos consejos que podrían ayudarlo:

Matrícula universitaria. No se endeude por una costosísima “universidad de ensueño”. Usted también tiene una universidad de ensueño: se llama Universidad de la Vejez Segura. No ofrece becas, y nadie lo ayudará con los gastos.

No firme en forma conjunta un préstamo para la universidad que no pueda pagar. ¿Qué sucedería si quedara desempleado y su hijo no pudiera pagar? Tendría que devolver cada centavo. Si firmara conjuntamente un préstamo privado, tendría que pagarlo, incluso si su hijo quedara discapacitado o falleciera, algo que muchos padres desconocen.

Hijos bumerán. Si los hijos vuelven al hogar para quedarse por un tiempo prolongado, negocie las condiciones: alquiler, quehaceres domésticos, horarios, auriculares para escuchar música y si se permite que “amigos con beneficios” pasen la noche allí. Los cónyuges tal vez tengan que negociar entre sí cuáles deberían ser las reglas. Las tensiones aparecen cuando los padres no se ponen de acuerdo.

Las deudas de tarjetas de crédito de los hijos. Por lo general, a los padres les desagrada rescatar a los hijos adultos que han gastado de más. Por otra parte, quizás usted desee ayudarlos a salir de un agujero, especialmente si acaban de salir del colegio, están subempleados o la tasa de interés es muy alta. Podría decir: “Esta única vez y nunca más”, o: “Yo pagaré la mitad y tú, el resto”, o: “Yo no puedo costearlo, pero te ayudaré a armar un presupuesto para que tú mismo puedas pagar la deuda”.

Deudas médicas de los hijos. Sea proactivo respecto del seguro médico de sus hijos. Si tienen menos de 26 años, puede ponerlos en su propia póliza colectiva o privada. Si son mayores de 26, considere contratarles un seguro de salud con bajas primas y deducibles altos. Es riesgoso dejar a los hijos sin seguro. Si llegaran a padecer una enfermedad severa o crónica, podría perderlo todo para poder pagar la atención médica.

Ejecuciones hipotecarias. No utilice sus ingresos ni sus ahorros para ayudar a su hijo adulto a evitar una ejecución hipotecaria. Una vez el deudor se atrasa seis meses en el pago de la hipoteca, es casi imposible que se recupere. Su hijo estará mejor dejando la casa y mudándose.

Manutención obligatoria. ¿Qué sucede con las familias que están enemistadas? Veintiún estados tienen leyes civiles de "apoyo filial" que pueden obligar a alguien a ayudar a un padre o hijo indigente, incluso cuando no se hayan hablado por años. Por lo general, estas leyes no se hacen cumplir, pero están atrayendo mayor atención a medida que el presupuesto de Medicaid se vuelve más ajustado.

Tome como ejemplo el caso de Pensilvania, donde se está experimentando con la manutención obligatoria. Allí, los hogares para el cuidado de personas mayores utilizan la ley para facturarles a sus hijos adultos la atención médica brindada a padres que no resultaron elegibles para Medicaid, señala Katherine Pearson, profesora de derecho de Pennsylvania State University.

Una cosecha de gratitud. Los investigadores han descubierto una fuerte conexión entre el dar y el recibir: los adultos que brindan más cuidados a sus parientes mayores o a sus hijos, por lo general reciben más a cambio de parte de ellos, económicamente, si tienen necesidad, o a manera de compañía y cuidados.

Jane Bryant Quinn es experta en finanzas personales y autora de Making the Most of Your Money NOW. Su columna, Financially Speaking (Hablemos de finanzas), se publicará mensualmente en el  Bulletin y en línea.

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