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10 maneras de utilizar el humor y la risa en el cuidado de otros

Aprende a usar este “antídoto” para la liberar la tensión y elevar el espíritu tuyo y de otros.

10 maneras de usar el humor y la risa en el cuidado de otros

Foto: Novastock / Alamy

Las personas que superan las adversidades con facilidad tienen la capacidad de reírse de sí mismas.

Tal vez hayas oído expresiones como “la risa es la mejor medicina”, o “el antídoto para las enfermedades es el humor”. La ciencia ha podido demostrarnos que reír:

  • Libera la tensión.
  • Disminuye el estrés.
  • Aumenta la energía.
  • Mejora el ánimo y la creatividad.
  • Estimula el sistema inmunológico.
  • Actúa como analgésico.
  • Aumenta la sensación de control, permitiéndonos equilibrar mente, cuerpo, y espíritu.

Como si estos beneficios no fueran pocos, para todos aquellos dedicados a cuidar de sus seres queridos, la risa juega un papel muy importante en las relaciones personales. Nos permite crear relaciones saludables y un sentido de cercanía e intimidad más profundo. Pongo a tu disposición 10 consideraciones para tener en cuenta acerca del uso del humor:

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1. Un buen sentido del humor es clave para aumentar la capacidad de superar adversidades, mientras entendemos las circunstancias de la vida y lo que nos rodea. Es común ver que las personas que superan las adversidades más fácilmente tienen la capacidad de reírse de sí mismas y practican aquel viejo dicho: “Al mal tiempo buena cara”.

2. El humor nos puede ser muy útil para expresar sentimientos de frustración y disipar la tensión y la angustia. Una broma, un comentario jocoso, o lo que llamamos una ocurrencia, pueden ser la gran diferencia entre una explosión de ira y la solución constructiva de un conflicto o desacuerdo. Con tu ser querido podrías llegar al punto de decir: “Estoy convencido que esto es amor: Una palabra de cuatro letras, dos consonantes, dos vocales y dos tontos para estar discutiendo por esto”.

3. El humor suave o sutil puede ayudarnos a resolver asuntos de carácter delicado, como, por ejemplo, visitas de los suegros, relaciones sexuales o asuntos de dinero. Lograr infiltrar una conversación sobre asuntos delicados con algo de humor nos hace recordar que la risa une a las personas.

4. Reírnos de una situación nos ayuda a poner las cosas en perspectiva. La gran mayoría de circunstancias no son tan terribles como parecen si logramos ponerlas dentro de un contexto juguetón y jocoso. Recuerda que muchas veces no tienes control sobre una situación, pero sí lo tienes sobre tu actitud frente a ella. Se han regado las píldoras sobre la mesa, podría pensarse: “Cambio de planes. A aprender a contar de nuevo”, o “Si por lo menos fueran de colores, no sería tan aburrido volver a contar”.

 

5. Una carcajada puede poner fin a la lucha por el poder o el control. El humor puede evitar una pelea si logramos oír activamente lo que dice la otra persona y llevamos la conversación a un punto en el que ambos no tomemos las cosas tan seriamente, aunque el tema de la conversación lo sea. Debemos tener cuidado de evaluar si el humor es apropiado para la situación y no hacer sentir a nadie menoscabado, humillado o ignorado. Debemos conocer bien a la otra persona antes de usar el humor. Por ejemplo, si en medio de la conversación dices: “Me pregunto cómo sería esta conversación si de pronto alguien nos dijera que estamos en el programa Cámara Escondida”. No se está quitando importancia al tema y propicias una oportunidad para un alto en el que el humor pueda fluir.

6. La risa espontánea nos hace ser más creativos y nos permite romper esquemas de pensamiento y comportamiento rígidos. Esto es especialmente importante cuando manejamos conductas disruptivas del adulto mayor o de una persona que vive con demencia. Por ejemplo, es más constructivo el hecho de reírnos ante un episodio en donde terminamos más mojados que la persona a quien estamos ayudando a bañarse. Es mejor reírnos con nuestro ser querido acerca de esto que sentirnos molestos porque debemos cambiarnos de ropa. Lo importante es mantener a salvo a quien cuidamos mientras se baña.

7. El humor puede ser un gran maestro. Cuando está presente tendemos a no estar a la defensiva y a tolerar críticas a nuestra persona. De una forma jocosa podemos oír las cosas en otro tono, en una manera diferente que implica aceptación de la otra persona. Esto nos permite expresar libremente nuestras emociones. Debemos tener cuidado, sin embargo, con el uso de comentarios sarcásticos que, aunque inicialmente pueden tener la intención de cargar humor, pueden percibirse como una falta de respeto. Si de manera casual surge la pregunta: “Querido, ¿cuando me muera, crees que llorarás mucho?” Tal vez la mejor respuesta no sea: “Despreocúpate, que yo no lloro por cualquier tontería”.

8. El humor debe disfrutarse entre todos los participantes. Si el tono de voz, el lenguaje corporal o cualquier otra señal te indica que a la otra persona no le parece graciosa la situación, para de inmediato. Reconsidera tu posición y analiza el contexto del otro. Al ver unos cerdos, una persona podría decirle a su pareja: “¿Familiares tuyos?” Y su pareja podría contestar: “¡Sí, por supuesto, mis suegros!”. Dependiendo del tono de voz en que esta interacción tome lugar, puede ser motivo de risa o de disgusto. Una broma en tono de voz hostil o acompañada de lenguaje corporal despectivo puede hacer más daño que bien. Debes estar preparado para ofrecer una disculpa de inmediato si te das cuenta que has ofendido a alguien. 

9. El humor no es saludable cuando lo usamos para encubrir y evitar emociones o recuerdos dolorosos. La risa puede ser usada por algunas personas para disfrazar sentimientos de temor, ira, frustración y decepción en vez de estrategias constructivas para sobrellevar las situaciones. Por ejemplo, una persona que busca bromear a todo instante y centra su energía en ser el “payaso” del grupo, podría estar escondiendo su estado de depresión. Podemos reírnos de la verdad, pero no debemos usar la risa para esconder la verdad. Esto conlleva a la confusión de sentimientos y a crear desconfianza con las demás personas.

10. No tenemos que ser comediantes profesionales para beneficiarnos del humor. Podemos empezar por reírnos de nosotros mismos, nuestros defectos y nuestros fracasos. Todos los tenemos porque somos seres humanos. La capacidad de reírnos de ellos es saludable. Otras maneras de incorporar el humor a tu vida son:

  • Mira películas o programas de televisión humorísticos.
  • Di lo que las personas pueden estar pensando pero no se atreven a decir.
  • Lee las tiras cómicas de los periódicos.
  • Juega con los animales. Los cachorros, por ejemplo, son muy juguetones.
  • Juega con los bebés y los niños. Los niños son los expertos del juego; podemos aprender mucho de ellos y su forma espontánea de ver las cosas.
  • Canta en la ducha.
  • Baila solo.
  • Sueña despierto.
  • Arriésgate a contar bromas y chistes.

 

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