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¿Debo seguir tomando Fosamax para mi osteoporosis?

Compare los riesgos con sus potenciales beneficios.

Frasco de pastillas

Tooga/Getty Images

Evalúe las ventajas y desventajas de tomar Fosamax para tratar la osteoporosis.

In English l P. Soy una mujer de 62 años con osteoporosis (según lo indica mi densitometría ósea, que arrojó un 2,87). Estuve tomando Fosamax junto con calcio y suplementos de vitamina D durante los últimos cinco a seis años. En ese período sufrí tres fracturas por sobrecarga en mis pies. Me preocupa la osteoporosis, pero también me preocupa que el Fosamax me vaya a traer nuevos problemas de salud, dado que hay cada vez más evidencia que sugiere que podría derivar en fracturas femorales e incluso cáncer. ¿Puede orientarme al respecto?

R. No hay dudas de que la osteoporosis —una disminución de la densidad ósea que contribuye a la ocurrencia de más de 300.000 fracturas de cadera al año— es una enfermedad que debe tomarse con seriedad. Pero ¿son los fármacos de venta bajo receta conocidos como bifosfonatos —como el risedronato (Actonel), ibandronato (Boniva), alendronato (Fosamax) y el ácido zoledrónico (Reclast)— la propuesta adecuada para tratar la enfermedad?

Los ensayos clínicos que evalúan los bifosfonatos han mostrado solo una ligera efectividad en la prevención de fracturas de cadera, inclusive en mujeres posmenopáusicas de alto riesgo. Por ejemplo, cuando Merck, el fabricante de Fosamax, dice que el fármaco puede reducir ese tipo de fracturas en más de un 50 %, se refiere a un estudio publicado en 1998 en la revista Journal of the American Medical Association que mostró una pequeña reducción del riesgo absoluto entre quienes tomaban Fosamax.

Entre los miles de mujeres que integraban el grupo de estudio, solo el 1 % de las que tomaban Fosamax sufrió fracturas de cadera, en tanto esa cifra ascendió a 2,2 % entre las que recibían un placebo (pastillas de azúcar). Dado que 1 % representa el 44 % de 2,2 %, Merck puede decir que su producto reduce las fracturas en un 56 %. El mismo estudio indicó que, entre las mujeres posmenopáusicas sin osteoporosis, el riesgo relativo de fractura de cadera aumentó un 84 % con el tratamiento con Fosamax.

Más aún, un análisis sistemático de 33 estudios de bifosfonatos publicado el año pasado por la prestigiosa Therapeutics Initiative “no halló una reducción significativa de fracturas de cadera o muñeca” en mujeres sin antecedentes de fracturas ni compresiones vertebrales, que constituyen la mayor parte de las mujeres tratadas con bifosfonatos. En mujeres de mayor riesgo, el análisis halló pequeñas reducciones del riesgo absoluto: 1 % para fracturas de cadera y 1,3 % para fracturas de muñeca, lo que indica a las claras que hasta esos datos estadísticos se basan en “un subgrupo potencialmente tendencioso” de pacientes que participaron de los estudios. Además, ni los médicos que recetan bifosfonatos ni las compañías que los fabrican pueden decir durante cuánto tiempo deberían tomarlos los pacientes. Como señala el American College of Physicians (en inglés), la “evidencia es insuficiente para determinar la duración apropiada de la terapia”.

Por otra parte, los bifosfonatos pueden tener efectos secundarios adversos, como:

Dolor musculoesquelético; problemas gastrointestinales: desde acidez, reflujo ácido y otros eventos gastrointestinales suaves hasta, en raras oportunidades, inflamación crónica y úlceras.

Fracturas espontáneas y deterioro maxilar.

Le recomiendo que le pida a su médico que le haga un buen estudio de riesgo. Dicho estudio —que podría tener en cuenta su edad, peso, antecedentes de fracturas, antecedentes familiares y otros factores de riesgo— es, desde el punto de vista predictivo, muchísimo más útil que una densitometría ósea. También le pediría a su médico que verifique si hay algo más, aparte de la edad, que pudiera estar provocando la pérdida ósea. A menudo lo hay.

El uso prolongado de muchos medicamentos puede provocar pérdida ósea, incluso algunos que son prescritos regularmente a adultos mayores. Entre ellos figuran los esteroides, que son usados para tratar una variedad de enfermedades inflamatorias; diuréticos de asa de acción limitada, generalmente indicados para el tratamiento de hipertensión (alta presión sanguínea) y edema (retención de líquidos); e inhibidores de la bomba de protones, como el esomeprazol (Nexium), lansoprazol (Prevacid), omeprazol (Prilosec) y pantoprazol (Protonix), usados por lo general, para tratar los síntomas de la GERD (enfermedad de reflujo gastroesofágico).

También le recomiendo que lea un informe del Director General de Salud Pública de EE. UU. (puede descargarlo gratis, solo en inglés) sobre el mejor modo de promover la salud ósea y prevenir la osteoporosis y las fracturas, que es la meta a la que siempre apunto con mis pacientes. Estas son las principales estrategias:

Una buena dieta. Asegúrese de estar dándole a sus huesos las mayores probabilidades de mantenerse fuertes, ingiriendo suficiente calcio (las personas adultas deberían tomar un complemento de citrato de calcio —no carbonato de calcio—), vitamina D y otros nutrientes óseos.

Ejercitarse. Asegúrese de ejercitarse regularmente. Los ejercicios de soporte de peso —caminar, trotar o cualquier otra cosa que pueda hacer con sus pies— son mejores. Asegúrese de consultar a su médico antes de comenzar un nuevo régimen de ejercicios.

Reducir el riesgo de caídas y fracturas. Es importante recordar que las caídas —que inciden en alrededor del 90 % de las fracturas de cadera— deberían ser su mayor preocupación.

De modo que yo les aconsejo a mis pacientes que tomen algunas sencillas y sensatas precauciones en su casa para reducir el riesgo de fractura: cosas como, por ejemplo, deshacerse de alfombras sueltas y agregar luces activadas por movimiento (especialmente en baños y escaleras, y en sus proximidades).

También le presto especial atención a los medicamentos que puedan afectar negativamente el equilibrio y la estabilidad (como benzodiazepinas, antihistamínicos, antidepresivos y antipsicóticos).

Como reza el dicho, más vale una onza de prevención que una libra de cura.

“Consulte al farmacéutico” es escrito por Armon B. Neel Jr., PharmD, farmacéutico geriátrico acreditado, en colaboración con el periodista Bill Hogan. Ambos son coautores de Are Your Prescriptions Killing You? (¿Lo están matando sus medicamentos?), que fue publicado en julio por Atria Books.

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