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Cómo manejar los síntomas en la etapa final de la vida

El proceso de morir es natural y debe entenderse así.

In English | Cuando se aproxima el final de la vida, pueden aparecer un montón de síntomas. Habla con el médico de tu ser querido acerca de estos síntomas, de ser posible, en presencia del paciente. Pregúntale qué servicios de atención en el hogar pueden llegar a servir y, en caso de haber alguno, si puede prescribirlo. Pregúntale si los cuidados a domicilio para enfermos terminales serían adecuados, si es que su ser querido estuviera dispuesto a recibirlos. Como prestador de cuidados, usted no tiene que aprender a ser un enfermero, recurra a profesionales de la salud e integrantes de su círculo cercano en busca de ayuda, asesoramiento y apoyo.

Fatiga
La fatiga crónica, el tipo de fatiga que afecta a la mayoría de las personas que se acercan a la muerte, puede tener distintos orígenes, como:

  • Una enfermedad
  • Anemia
  • Mala alimentación
  • Deterioro del estado físico (fuera de forma por falta de ejercicio)
  • Efectos secundarios por tratamientos como quimioterapia o radiación

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El agotamiento persistente afecta la vida de la persona en todos sus aspectos: psicológico, físico y emocional. Pídele al médico de tu ser querido que ajuste su medicación o que intente con tratamientos que no sean farmacológicos, como ejercicios suaves. Una caminata alrededor de la manzana puede ayudar. Si no se trata, la fatiga puede perjudicar la calidad de vida del paciente

Pérdida del apetito y sed
Al aproximarse el final, las ganas de comer y beber disminuyen. Ya sea porque no necesita tantos nutrientes o porque no puede absorberlos, el organismo deja de pedir. Sigue la pérdida de peso. Ten en cuenta que es parte del proceso natural de la muerte, y el paciente no está sufriendo. Ni familiares ni médicos deben forzar a un paciente terminal a comer o beber. Si no pide comida ni bebidas, ofrecele, frecuentemente, pequeñas porciones de comidas de alto contenido calórico y proteico, o agrégale suplementos nutricionales. Ten hielo molido a mano, pues alivia dos síntomas característicos, como la deshidratación y la sequedad bucal.

Para aquellos que quieran considerar medidas más fuertes, como el uso de sondas nasogástricas o vías intravenosas, consulta previamente con el médico, enfermero especializado o profesional médico de cabecera respecto de sus ventajas y desventajas.

Escarificación cutánea
Cualquier persona que esté confinada en una cama por períodos largos está expuesto a sufrir escaras, también conocidas como úlceras de decúbito. Por lo general, se producen en los brazos, piernas, pies y espalda, sitios en los que el peso del cuerpo genera puntos de presión contra la cama. La falta de circulación hace que la piel se agriete en esos puntos. Para proteger la piel y prevenir infecciones, prueba lo siguiente:

  • Cambia la posición de la persona que cuidas cada dos horas. Pídele al profesional médico que te muestre cómo hacer esto sin riesgos.
  • Haz lo posible para asegurar que tu ser querido esté bien alimentado.
  • Pregúntale al médico si una cama o colchón especiales podrían ayudar.
  • Si tu ser querido desarrolla escaras, pregunta cómo tratarlas a un médico, enfermera a domicilio u otro profesional de la salud. Si no puedes cambiarle los vendajes, busca a alguien que pueda hacerlo.

Cambios cognitivos
Hasta el 85% de los pacientes terminales sufren cambios cognitivos durante sus últimos días de vida. Entre las afecciones más comunes se encuentran la confusión, el delirio y la agitación. Estos síntomas se producen por diferentes causas, como la enfermedad en sí misma, infecciones, la medicación e insuficiencias renales y hepáticas. El consuelo de familiares y amigos puede jugar un papel fundamental para ayudar a alguien que presenta problemas cognitivos. Discute estos cambios cognitivos con el equipo médico. Algunos medicamentos de larga data, como el haloperidol, pueden ayudar con la agitación y la confusión.

Problemas digestivos
Para los enfermos terminales, los problemas digestivos son algo frecuentes. Los más comunes son:

  • Estreñimiento: Los pacientes que están confinados en una cama y no reciben una dieta regular normalmente se estriñen. Muchos medicamentos la empeoran, así que habla con el médico o enfermera de tu ser querido sobre posibles formas de prevenirla y curarla.
  • Obstrucciones intestinales: Sumamente incómodas, las obstrucciones impiden que el paciente pueda defecar. Un médico u otro profesional de la salud debe ser quien diagnostique la obstrucción y tratarla lo antes posible.
  • Náuseas y vómitos: Las náuseas atormentan al 60% de los pacientes terminales, en tanto los vómitos hostigan a otro 30%. Al igual que sucede con el estreñimiento, son varios los medicamentos que empeoran estos cuadros, así que habla con el médico para cambiar la medicación o para que prescriba algún antiemético (fármaco que sirve para contener el vómito).

Dificultad para respirar
Si el paciente experimentara dificultad para respirar, avísale al equipo médico de tu ser querido. Hay medicamentos que pueden relajar la respiración; el oxígeno también puede ayudar (ya se trate de tubos fijos o equipos portátiles). Si la intervención sanitaria no mejora la respiración de tu ser querido, prueba lo siguiente:

  • Trata de mantenerlo sentado, apoyado sobre almohadas, el mayor tiempo posible, en vez de acostado.
  • Abre una ventana o enciende un ventilador. Esto puede ayudarlo psicológicamente.
  • Hazle masajes en las manos o los pies. La relajación puede ayudar a calmar una respiración agitada.

Expectativas emocionales del prestador de cuidados
Quienes reciben los cuidados, sus prestadores de cuidados y familiares pueden esperar un torbellino de emociones durante el proceso terminal. A veces, estas emociones pueden impedirte aprovechar el valioso tiempo que queda para compartir con tu ser querido. Es importante que respetes tus sentimientos y no muestres un estado de ánimo o felicidad forzados, ya que ello puede resultar alienante para la persona enferma. A veces, está bien demostrar tristeza, pues hará que tu ser querido sienta que tú lo quieres y lo extrañarás.

Habla con tus familiares, con el equipo médico, un asistente social o sacerdote sobre cómo te sientes. Trata de resolver las cuestiones pendientes, y experimentarás una sensación de cierre y tranquilidad. La depresión y la ansiedad son emociones comunes en este proceso, pero no deben ser parte inevitable del final de la vida, ni para el paciente ni para quien lo cuida.

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