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Noticias que pueden salvarles la vida a las mujeres

Muchísimas más mujeres que hombres mueren de enfermedad cardíaca. No tiene que ser así.

In English l “Creo que estoy sufriendo un ataque al corazón”, dijo Georgia Chapman, a quienquiera que pudiera oírla. Dos paramédicos y un médico de la sala de emergencias dijeron que no, que ella estaba bien… que tan solo era una mujer sana, de 55 años de edad, estresada de trabajar en dos empleos. “Vete a casa y descansa”, le dijeron.

La verdadera y sorprendente verdad de las enfermedades cardíacas en las mujeres

Kevin J. Miyazaki 2014

Georgia Chapman sobrevivió un infarto cuyos síntomas fueron inicialmente ignorados.

Chapman no se conformó. “Estamos perdiendo tiempo”, insistió y se plantó allí. Para cuando el cardiólogo la vio y resolvió intervenirla quirúrgicamente sin demora, tres de las cuatro arterias de su corazón estaban completamente obstruidas. Una requirió el implante de una prótesis endovascular, conocida como stent, para restablecer el flujo sanguíneo.

Lamentablemente, no son poco comunes las malas experiencias como la de Chapman. Estudios recientes hallaron que si Georgia hubiera sido George, un hombre de 55 años, probablemente habría sido examinada y tratada inmediatamente. “La primera razón por la que las mujeres son mal diagnosticadas es que no son derivadas para realizarse las pruebas pertinentes”, sostiene la Dra. Noel BaireyMerz, M.D., directora del Barbra Streisand Women's Heart Center del Cedars-Sinai Heart Institute de Los Ángeles, y una de las más reconocidas expertas en enfermedad cardíaca de la mujer. “El médico dirá: ‘Te ves bien; tiene que ser acidez. Tiene que ser tu vesícula’".

Cada día mueren más de 500 mujeres en EE.UU. de enfermedad cardíaca coronaria, en gran medida por ignorancia. Pese a la creciente atención y a las bien financiadas campañas públicas de concienciación (piensa en “Go Red for Women”), el 46% de las mujeres todavía no saben que la enfermedad cardíaca es la principal causa de muerte de mujeres en el país. Ni siquiera los médicos logran reconocer los síntomas en todos los casos. Por cierto, la mujer es siete veces más propensa que el hombre a ser mal diagnosticada, según la revista New England Journal of Medicine. Si BaireyMerz obtiene lo que desea —más investigación, más pruebas y mejor educación en lo que respecta a la salud del corazón—, la tasa de mortalidad para las mujeres aquejadas de enfermedad cardíaca e infartos podría bajar significativamente.

“Nueve millones de mujeres mueren todos los años a causa de enfermedad cardiovascular en todo el mundo”, dice, terminante. “Si apareciera un virus y produjera solo una fracción de esas muertes…”, dice sin terminar, mientras sacude la cabeza. “Es inaudito. La enfermedad cardíaca es la afección más costosa, más prevenible y más letal y, no obstante ello, es en la que menos dinero invertimos en estudios para su detección”.

Siendo una joven médica, BaireyMerz, que hoy tiene 58 años, se preguntó por qué había tantas mujeres con síntomas de infarto de miocardio que no presentaban evidencia de obstrucción coronaria, y por qué tantas de ellas volvían para ser atendidas, a menudo ya discapacitadas o muriéndose a causa de un infarto.

En aquel momento, la mayoría de los médicos seguían pensando que los problemas cardíacos eran poco comunes en la mujer, especialmente en las menores de 65 años. Nada más alejado de la realidad. En EE.UU., durante los últimos 30 años, fallecieron anualmente más mujeres que hombres por enfermedad cardiovascular. Y desde 1998, si bien el número total de muertes por enfermedad cardíaca se redujo casi un 33%, hay una notoria excepción: el índice de mortalidad por enfermedad cardíaca entre las mujeres más jóvenes —las menores de 55 años— continuó aumentando, según la revista Global Heart.

Parte del problema es que el sistema médico no dedica dinero a la investigación de la enfermedad. En EE. UU., todos los años, advierte BaireyMerz, se gastan casi $675 millones en la investigación del cáncer de mama, y tan solo se invierten $173 millones en investigaciones sobre la enfermedad cardíaca en la mujer, que mata a cinco veces más mujeres que el cáncer de mama al año. “La mujer es más propensa a que no le sea detectada la enfermedad debido a que no hemos estudiado a la mujer”, explica BaireyMerz. “Tenemos que reconocer que los últimos 70 años de investigación del corazón han sido llevados a cabo en, para y por hombres, de modo que tenemos vacíos de conocimiento respecto de qué podría ser más eficaz en la mujer”.

Mientras, claramente, se necesita investigar más, BaireyMerz se ha volcado de lleno a la causa. Tiene unos 200 informes de investigación a su nombre y sus oficinas convirtieron en laboratorio de facto para mujeres con síntomas cardíacos persistentes, pero no diagnosticados. Como la ávida corredora y madre de tres niños, de 34 años de edad, cuyas arterias coronarias estaban casi completamente obstruidas, pese a que sus médicos le habían dicho que estaba todo bien. O la enfermera pediátrica a la que 10 cardiólogos le aseguraron que su debilitante dolor de pecho era benigno, antes de, finalmente, recibir un diagnóstico correcto y tratamiento efectivo. También está la paciente que fue sometida a un extenso trabajo dental para tratar su dolor de mandíbula, antes de saber que tenía enfermedad cardíaca avanzada.

Al examinar a estos pacientes, BaireyMerz —junto con un puñado de investigadores— ha hecho progresos fundamentales para determinar por qué esta letal enfermedad ha sido mal diagnosticada por tanto tiempo. Se reduce a lo siguiente: la enfermedad cardíaca se manifiesta de manera tan diferente en hombres y mujeres, que las antiguas pruebas sencillamente no cuentan la historia completa.

Un buen ejemplo: cerca de la mitad de las mujeres con dolor de pecho padecen disfunción microvascular coronaria (CMD, por sus siglas en inglés), una enfermedad cuyo nombre fue acuñado por BaireyMerz. En estos casos, se acumula peligrosamente placa en los vasos sanguíneos más pequeños del corazón, en lugar de hacerlo en sus grandes arterias. (Si bien los hombres también tienen CMD, son más proclives a que se les obstruyan las arterias principales, lo que es más fácilmente detectable). Las pruebas tradicionales, incluidos los angiogramas, pueden no detectar las obstrucciones en las arterias más pequeñas, incluso en estadios avanzados, cuando pueden tapar los diminutos vasos que rodean el corazón. Todas las semanas, BaireyMerz ve a entre cinco y diez nuevos pacientes sospechados de tener CMD; a todos los manda a realizarse más pruebas.

El examen concluyente para la CMD es una prueba de reactividad coronaria, explica BaireyMerz. Similar a un angiograma, permite al médico examinar los vasos sanguíneos más pequeños mientras son expuestos a diferentes estímulos. Si una mujer tiene CMD, BaireyMerz comienza por un tratamiento que haya demostrado aumentar el flujo sanguíneo al corazón —incluidos medicación y cambios de estilo de vida — y luego monitorea su evolución.

Muchas otras pruebas establecidas, como la prueba de estrés estándar, también son efectivas para detectar enfermedad cardíaca en mujeres. Y la mujer muestra patrones diferentes en pruebas de sangre, electrocardiogramas y ecocardiogramas. “Podemos usar las mismas pruebas que usamos con los hombres, pero tenemos que interpretarlos en forma diferente”, dice BaireyMerz. Además, para calificar el riesgo, ella realiza unos cálculos que fueron desarrollados para la mujer, no para el hombre.

Las pruebas diagnósticas más nuevas parecen promisorias. Una prueba de alta sensibilidad de proteína en la sangre que se usa en Europa permitió diagnosticar el doble de mujeres que la prueba de sangre convencional que usan actualmente los hospitales de EE.UU. (Algunos hospitales en Estados Unidos han comenzado a usar esta prueba, cuenta BaireyMerz). En algunos hospitales, los médicos usan una tomografía computarizada para medir los niveles de calcio en el corazón para evaluar el riesgo, y si una mujer presenta un nivel de riesgo elevado, se la trata más agresivamente.

Además de volver a aprender cómo deben interpretarse los resultados de las pruebas para la mujer, los médicos tienen que tener pleno conocimiento tanto de los singulares síntomas del infarto en la mujer como de sus factores de riesgo. Los síntomas directamente ligados al género incluyen dificultad respiratoria (presente en el 48% de las mujeres con la enfermedad, contra el 35% de los hombres), y náuseas y vómitos (el 41% de las mujeres contra el 14% de los hombres). Los factores de riesgo para la mujer incluyen el lupus y la artritis reumatoide, enfermedades autoinmunes que suelen dañar el corazón de la mujer. La pubertad precoz y el síndrome de ovario poliquístico también aumentan el riesgo cardíaco. Y las mujeres que han tenido embarazos con complicaciones (preclampsia, diabetes gestacional) son más proclives a desarrollar enfermedad cardíaca años más tarde.

“El embarazo puede desenmascarar el riesgo que ya presenta una mujer”, sostiene la Dra. Sharonne N. Hayes, M.D., fundadora de la Women's Heart Clinic en la Mayo Clinic de Rochester, Minnesota. “El corazón está sometido a un mayor esfuerzo. Como médica, necesito preguntarle a la mujer sobre sus embarazos. Si tuvo problemas, entonces tal vez deba tratar su hipertensión más que controlarla”.

El shock (choque) severo también puede pasarle factura a la mujer en modos que los investigadores recién están comenzando a comprender. o“El síndrome del corazón roto”, o miocardiopatía de takotsubo, provoca daño cardíaco a veces fatal predominantemente en mujeres menopáusicas y posmenopáusicas que han experimentado un estrés repentino, como la pérdida de una pareja, sufrir un accidente automovilístico o ser víctima de un delito violento, explica el Dr. Randolph P. Martin, M.D., jefe de enfermedad cardíaca estructural y valvular en Piedmont Heart, en Atlanta. “Se creía que era poco común”, nota, “pero ahora sabemos que no lo es. Se ve como si hubieran sufrido un infarto gigante, pero sus arterias no presentan obstrucciones”.

Estos y otros aspectos fundamentales sobre la enfermedad cardíaca de la mujer—los alcances de la enfermedad, la necesidad de recalibrar las pruebas, los factores de riesgo claros— han tardado en trascender a los hospitales comunitarios y consultorios médicos donde miles de mujeres son evaluadas, ignoradas y enviadas a casa, a menudo con resultados trágicos.

Aun cuando se diagnostica enfermedad cardíaca, los tratamientos actuales en su mayoría extienden la vida del sobreviviente. Los programas para dejar de fumar y de ejercicios funcionan bien para la mujer. Se ha demostrado que las dietas especializadas reducen el número de muertes por infarto. El tratamiento agresivo de la diabetes, la presión arterial y los triglicéridos altos arrojan buenos resultados. Las mujeres que han sufrido ataques al corazón e ingresado a un programa de rehabilitación cardíaca que enfatiza la administración de medicamentos y cambios de estilo de vida presentan tasas de supervivencia significativamente altas. “Tenemos cuatro píldoras mágicas”, sostiene BaireyMerz, y las cuenta con los dedos de su mano: aspirina para bebés, estatinas, betabloqueadores e inhibidores de la ECA (enzima convertidora de angiotensina, o ACE, por sus siglas en inglés). “Sabemos que si una mujer sufre un ataque al corazón y toma estas cuatro píldoras, es un 90% más propensa a sobrevivir ese primer año”.

Georgia Chapman nunca tuvo dolor de pecho con su infarto. Sí tuvo, no obstante, otros síntomas comunes en la mujer: dificultad respiratoria, náuseas y vómitos, además de indigestión, vértigo, fatiga inusual, sudoración y dolor de hombro. Ella ignoró los síntomas por días, pensando que se trataba de una infección estomacal, hasta que un extraño aumento de temperatura en el pecho la llevó a llamar al 911.

Chapman, cirujana vascular periférica, dice que sus cuatro meses en un programa de rehabilitación cardíaca le dieron una nueva perspectiva de la vida. “Después de mi infarto, estaba perdida”, expresa. “Me di cuenta de que fui bendecida, pero no sabía por dónde comenzar ni qué hacer”. Ya exfumadora, Chapman cambió radicalmente su dieta, eliminando casi por completo el azúcar y la sal, las grasas saturadas y las carnes rojas. Sus médicos la convencieron de que renunciara a su segundo empleo y se concentrara en reducir su estrés. “Me situaron en el camino correcto”, señala. “Ahora duermo mejor, y me siento más joven”.

Hoy, se manifiesta como embajadora de Heart Truth (la verdad sobre el corazón), educando a la mujer sobre los riesgos cardíacos. Es por eso que supo exactamente qué decir cuando su hermana mayor la llamó describiendo síntomas que resultaron responder a un coágulo sanguíneo. “Le pedí que me hiciera un favor y se sometiera a las pruebas”, recuerda. “Yo advierto a todo el mundo: tienes que expresarte para que te escuchen”.

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