La exótica vida de María Montez

Una estrella dominicana que brilló en la era dorada de Hollywood.

Belleza exótica

En la historia de Hollywood hubo pocas actrices tan hermosas como la dominicana María Montez. Su belleza exótica le aseguró una fecunda carrera en el cine de aventuras de los años 40 y participó en producciones escapistas como Arabian Nights, Cobra Woman y Tangier. Falleció muy joven, pero su imagen seductora vive eternamente en las sombras del celuloide.

Silver Screen Collection/Getty

Del Caribe a Irlanda

No se sabe en qué año —dicen que en 1912, aunque en su tumba figura 1918— pero María África Antonia García Vidal de Santo Silas nació un 6 de junio en la ciudad de Barahona. Su padre, Isidoro Gracia García, era cónsul español en la República Dominicana. Su madre Teresa fue hija de refugiados políticos. Cuando su familia se mudó a Irlanda por el trabajo del padre, fue en Belfast que Montez descubrió la actuación y participó en producciones teatrales.

Silver Screen Collection/Getty Images

Un matrimonio fugaz

En 1937, Montez se casó con William McFeeters, un oficial irlandés del ejército de Inglaterra. Su familia política tenía dinero y prestigio, pero Montez aprovechó las prolongadas ausencias de su marido para escaparse a Nueva York y disfrutar de la vida nocturna acompañada de sus amigos europeos. McFeeters viajó a Estados Unidos para salvar su matrimonio, pero su intento fue en vano. El divorcio de la pareja fue criticado como un escándalo por la familia de Montez, devotamente católica.

AP

Contrato con Universal

Liberada de todo compromiso, Montez empezó a trabajar como modelo en Nueva York, soñando con actuar en Hollywood. Cuando se enteró de que un ejecutivo de la productora RKO había reservado una mesa en un lujoso restaurante, logró ubicarse cerca y llamarle la atención. La RKO y Universal se disputaron un contrato con esta belleza latina, a la que imaginaron como reemplazante de Lupe Vélez. Finalmente, Montez eligió a Universal, que le ofrecía un sueldo de $150 semanales.

Corbis

That Night in Rio (1941)

El problema principal de Montez era que solo podía ser contratada en papeles de mujeres que hablaban con un fuerte acento extranjero. Después de participar en algunos largometrajes de bajo presupuesto, la actriz consiguió un papel menor pero memorable en el musical That Night in Rio (1941), junto a Alice Faye y la brasileña Carmen Miranda. Las curvas de Montez dieron que hablar, tanto en la películas como en las revistas de la época.

Peter Stackpole/Getty Images

South of Tahiti (1941)

Ese mismo año, Universal le da a Montez su gran oportunidad actoral. Le ofrecen el papel protagónico de South of Tahiti y la presentan en los títulos como si fuera su debut fílmico. El argumento narra la historia de tres pescadores de perlas que naufragan en una isla del Pacífico y se enamoran de una hermosa lugareña que tiene un leopardo como mascota. Montez es presentada de modo sensacionalista: “Hija de Eva, con el alma de Satán”.

Cortesía Everett Collection

Arabian Nights (1942)

En 1942, el productor Walter Wanger, especialista en la creación de espectáculos exóticos, contrata a Montez como protagonista de Arabian Nights, adaptación del clásico literario Las 1001 noches. Estrenada en Navidad de ese año, la producción recauda cerca de $2 millones y seduce a gran parte de los críticos, que contemplan las dotes actorales de Montez con mayor benevolencia. La actriz comparte la película con los actores Jon Hall y Sabú.

Cortesía Everett Collection

A primera vista

Mientras visita Chicago en octubre de 1942, Montez conoce al actor francés Jean-Pierre Aumont a bordo de un tren. Más tarde, diría en entrevistas que se enamoró a primera vista. La pareja se casó en Hollywood en julio de 1943, en una ceremonia de gran cobertura mediática. Tuvieron una hija,  Tina Aumont (1946-2006), que también fue actriz. Montez y su esposo siguieron casados hasta la muerte de ella.

Silver Screen Collection/Getty Images

Condecorada

En noviembre de 1943, Flor Trujillo, hija del dictador de la República Dominicana, le ofrece a Montez una condecoración por promover las relaciones amistosas entre su patria y Estados Unidos. A su vez, su esposo abandona Hollywood y se une al ejército del general Charles de Gaulle en África. Fue herido dos veces durante la guerra. Montez le confiesa a la prensa que su remedio para combatir la soledad es tomarse una ducha fría todos los días.

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La danza de la serpiente

Ya establecida plenamente en papeles de princesas o hechiceras exóticas con un vestuario que ensalzaba sus sugestivas curvas, Montez personifica a la princesa Amara en Ali Baba and the Forty Thieves (1944). Ese mismo año coquetea con el ridículo en Cobra Woman del veterano director Robert Siodmark, cuyo mejor momento encuentra a la actriz interpretando una sensual “danza de la serpiente”. Montez es recordada con frecuencia por esa escena, filmada en brillante Technicolor.

Cortesía Everett Collection

Una nueva faceta

En 1945, con el final de la Segunda Guerra Mundial, el público empieza a saturarse del escapismo que representaba María Montez y sus personajes. La popularidad de Carmen Miranda había decaído y Lupe Vélez se había suicidado en 1944. Montez decidió presentar una nueva faceta. Se tomó fotos pensativa, tocando el piano, y le comentó a la prensa que escribía canciones y estaba terminando una novela sobre una española enamorada de un fantasma, titulada Forever is a Long Time.

Pictorial Press Ltd/Alamy

Tangier (1946)

Después de protagonizar Sudan (1945), interpretando a una princesa egipcia, Montez lanza una campaña pública para que Universal le dé un papel contemporáneo que le permita demostrar sus supuestas dotes actorales. Dirigida sin mucha convicción por George Waggner, Tangier (1946), un drama de espionaje en blanco y negro, es el fracaso más grande de su carrera.

Cortesía Everett Collection

Críticas

Luego del regreso de su esposo a Hollywood y del nacimiento de su hija, Montez trabaja con el extraordinario director alemán Max Ophüls en The Exile (1947) y es criticada salvajemente por su acento hispano como la protagonista de Pirates of Monterey (1947), su última película en colores. Aconsejada por su esposo, Montez decide no renovar su contrato de siete años con Universal.

Cortesía Everett Collection

Siren of Atlantis (1949)

En 1949, se estrena Siren of Atlantis, un estrepitoso fracaso comercial protagonizado por Aumont y María en el papel de la reina de la Atlántida, el continente perdido. Hartos de Hollywood, los dos actores se habían mudado a Francia, donde Aumont todavía era famoso y Montez pudo disfrutar de una lujosa mansión de tres pisos en el barrio de Suresnes, cerca de París.

Cortesía Everett Collection

Il Ladro di Venezia (1950)

Su presencia en Europa le permite a Montez actuar en películas de países vecinos. Filmada en los canales de Venecia, Il Ladro di Venezia (1950) es una película de aventuras en que la actriz muestra todo lo que había aprendido en Hollywood y resulta en el papel más sólido y logrado de toda su carrera. Enfatizando su deseo de ser una actriz seria, Montez hace su debut en los escenarios de París con la obra teatral L'Ile heureuse.

Getty Images

Ocaso

Montez regresó de Italia quejándose de unos dolores cerca del corazón. El viernes 7 de septiembre de 1951, cenó en un conocido restaurante parisino junto a sus hermanas, Anita y Teresita, y su esposo. A la mañana siguiente, sus hermanas la encontraron sumergida en la bañadera mientras tomaba su acostumbrado baño caliente de inmersión. Los bomberos intentaron revivirla, pero había fallecido de un ataque al corazón. Aumont continuó con su carrera actoral hasta su muerte en el 2001.

Cortesía Everett Collection

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